España ante la crisis china

Con algún paréntesis entre ellas, a lo largo del último mes hemos hecho una serie de entregas sobre la situación económica en China, que tanto dio que hablar y escribir en China durante el verano último y parte del otoño, en relación con su economía y, sobre todo, a causa de la preocupante evolución de las bolsas de Shanghái, Shenzhen y Hong Kong, y asimismo acerca de la devaluación de la moneda nacional china, el renminbi. Como también en esos sucesivos artículos vimos las reacciones de EE.UU., Japón y la UE frente a los mencionados acontecimientos en la República Popular.

Hoy terminamos la referida secuencia de noticias sobre China, en una situación de mayor calma, y en un ambiente en el que el terrorismo islamista ha pasado a ocupar la atención internacional. Y dedicamos el artículo a la visión de los temas referidos desde la óptica de España, para la que el comercio y las inversiones relativas a China tienen una importancia creciente.

El número de empresas españolas que exportan a China se ha doblado desde 2010, hasta 13.697 en 2014 según el ICEX, con exportaciones nuestras de bienes por valor de 4.080 millones de euros[1], un 3,5 por 100 más que en 2013. En tanto que de China importamos por valor de 19.766 millones, un 13,5 por 100 más que en 2013[2].

En el contexto del comercio entre los dos países y de cara a su futura evolución, con la economía china en ciertos problemas, Luis de Guindos, Ministro de Economía y Competitividad, manifestó en septiembre de 2015: “El ministro chino Li Keqiang ha dado unas explicaciones razonables” [en la reunión del G-20 en Ankara del citado mes]: “La economía china está en un periodo de transición, en la cual su crecimiento se reducirá hasta niveles más normales del 6 o el 7 por 100 desde otros más elevados que tuvo en años anteriores. Ha habido una situación de exceso de inversión y endeudamiento y, obviamente, va a llevar tiempo limpiar tales excesos. La exposición española, desde el punto de vista comercial, no es excesiva, aunque indirectamente sí podría influirnos por su efecto en países con los que tenemos mayores relaciones comerciales como los latinoamericanos”[3].

En cambio, el Gobernador del Banco de España, Luis María Linde, advertía el 23.IX.2015 en la Comisión de Presupuestos del Senado, que “la crisis de grandes países emergentes, como China y Brasil, con su repercusión en los mercados internacionales, puede repercutir en el actual crecimiento de España. China es la segunda economía del mundo y la caída de su demanda afecta al comercio internacional y a todos sus factores. Un hecho que obligaría a revisar a la baja las previsiones”[4]. En este contexto, Linde explicó que si bien “es pronto para aquilatar el alcance de la volatilidad en los mercados financieros y su posible impacto sobre las perspectivas de crecimiento de la economía española, está claro que han aumentado los riesgos de desviación a la baja de sus anteriores perspectivas”.

Por su parte, Sixto Rodríguez, director del segmento de empresas de Deutsche Bank en España, observó, a propósito del tema que nos ocupa, que las compañías españolas con presencia en el mercado chino ya han comenzado a sentir la depreciación del renminbi. Y Miguel Torres, el veterano presidente de las Bodegas de su mismo nombre, hizo unas observaciones parecidas: “Perderemos algo de competitividad que nos obligarán a bajar los precios”, reconociendo que la devaluación del renminbi tendrá efectos negativos, para luego agregar: “Si la devaluación llegase a ser de doble dígito sí sería más preocupante”. De la misma opinión fue Fernando Villamor, gerente de Bodegas Patrocinio, que vende 100.000 botellas cada año en China. “Si el Rmb cae más, empezaríamos a inquietarnos”, reconoce.

Y si alguien tiene experiencia en China es Alsa, la pionera entre todas las empresas españolas. Aterrizó allí en 1984, y hoy transporta viajeros por todo el país. “El efecto directo de la devaluación será pequeño, pero encarecerá la compra del combustible, que realizamos fuera de China”, afirmó Andrés Cosmen, presidente de Alsa en el gigante asiático. Y también el grupo Mondragón, con fuerte presencia en China, desde hace décadas, estimó que la devaluación afectará a su competitividad.

Algo similar ocurre con el Grupo Cosentino, una firma de Almería, noble fabricante de encimeras de silestone, que factura en China una parte de sus ventas. “Puede incidir más el efecto contagio de otros países asiáticos, que también podrían devaluar sus divisas para competir con China”, destacó su vicepresidente de exportación, Ginés Navarro[5].

Recapitulando ahora todo lo expuesto sobre China en los últimos artículos que sobre el tema hemos ido escribiendo en las últimas semanas, cabe decir que los problemas de tres importantes centros financieros (Hong Kong, Shanghái y Shenzhen) llamaron primero la atención por expresar la ruptura de una burbuja especulativa en los mercados de valores. Lo cual se exacerbó, con posiciones aún más críticas, al producirse la devaluación del renminbi, que tantas repercusiones tuvo en la economía mundial. Y por si fuera poco, ambos episodios se entreveraron en los días más cálidos del estío con la trágica explosión de Tianjin, que tanto incidió al sancta santorum del propio Partido Comunista.

La convergencia de los tres eventos indicados, precipitó una ola de pesimismo que, afortunadamente, no se ha confirmado ulteriormente en los niveles de inquietud del primer momento. Y es que China tiene grandes activos para combatir las adversidades: no sólo sus reservas internacionales y de oro, sino sobre todo su nuevo empresariado, sus trabajadores mejor formados, unas infraestructuras muy avanzadas, etc. Con todo eso y la relación cada vez más intensa que mantiene con la comunidad económica internacional, la República Popular evitará un colapso, en el que ya nadie piensa: la idea más generalizada es que desde Pekín se superarán las dificultades.

Claro que no para volver al crecimentismo de dos dígitos de los tiempos entre Deng Xiaoping (1978) y Hu Jintao (2003/2012). Pero sí para hacer efectiva la normalización que oficialmente se predica; con tasas de expansión más adaptadas a lo que es posible mantener en un futuro de largo recorrido, simultaneando ese progreso con profundas reformas que no pueden esperar mucho tiempo más.

En la dirección indicada, de lo que nadie duda es de que se hace preciso un cambio de modelo; no bruscamente de un día para otro, sino a lo largo de varios años. Con mayor influjo del sector privado de la economía, frente a unas industrias estatales que ya no disfrutan de la mejor prensa; por su voracidad de subvenciones y créditos, que contribuyen a su ineficiencia comparativa con los emprendedores independientes, que no gozan de tales ventajas. Y que por ello mismo son más dinámicos y promisorios.

Por otro lado, habrá de frenarse el volumen de inversiones públicas, incentivar que una mayor parte del ahorro se transforme en consumo, y que la redistribución de la renta y la riqueza sean menos extremadas que hoy. Como también, el PCCh tiene que darse cuenta de que ha dejado de ser un partido comunista, pero que a pesar de ello conserva las esencias del leninismo; en términos del llamado centralismo democrático, que no admite críticas y réplicas más allá de aspectos superficiales; y que es un freno para muchos cambios, que más pronto que tarde, reconocerá como indispensables.

En definitiva, China va a seguir creciendo, y tras algunas dificultades transitorias, seguirá haciéndolo a mayor velocidad que los países occidentales. Su penetración comercial en todo el mundo se está completando ahora con grandes inversiones ubicuas -ahí está toda la trama del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda- que harán de China una verdadera estructura global con grandes capacidades más allá de sus fronteras. Con presencia económica en todos los países del planeta; cosa que hasta ahora ninguna potencia había conseguido.

Y tras una dedicación a China que estimamos puede haber sido interesante para los lectores de Republica.com, y de cara a otros muchos problemas que se ciernen en los horizontes de la realidad internacional y española, pasaremos en las próximas semanas a otros temas. Y como siempre, el autor queda pendiente de las observaciones de quienes sigue qué pasa en el mundo a través de Republica.com, vía castecien@bitmailer.net.

[1] A. Roa y N. Salobral, “Empresas que contienen el aliento por la caída del yuan”, Cinco Días, 15-16.VIII.2015.

[2] Álvaro Sánchez e Ignacio Fariza, “Las empresas españolas reconocen que la crisis del yuan les pasará factura”, El País, 15.VIII.2015.

[3] Andrés Mourenza, “España espera que la crisis china no frene su economía”, El País, 6.IX.2015.

[4] M. Valverde, “Linde alerta del ‘riesgo’ que puede tener para España la crisis de China”, Expansión, 24.IX.2015.

[5] B. Carrascosa, “Las secuelas de la crisis china: menos turistas y más bazares de todo a un euro”, La Razón, 16.VIII.2015.

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