Reacciones europeas, de EE.UU. y Japón frente a la crisis china

Seguimos hoy, tras el paréntesis de la semana anterior sobre la Cumbre del Cambio Climático en París, que empieza el 30 de noviembre -ahora con todas las incertidumbres por la horrenda matanza del terrorismo el 13-N-, volvemos a las cuestiones de China que hemos estado considerando en nuestros últimos artículos para Republica.com.

Obviamente, frente a la pretendida crisis económica de este verano en la República Popular, tenía que haber reacciones en Europa, EE.UU. y Japón. Y en el caso de la UE, nos referiremos primeramente a Pierre Moscovici, Comisario de Asuntos Económicos y Financieros, Fiscalidad y Aduanas de la UE. Quien en Bruselas, el 2.IX.2015, manifestó que no esperaba una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento de la Unión por tales episodios. “Se seguirá con un 1,8 por 100 de expansión en 2015 y un 2,1 por 100 para 2016; expectativas relativamente bajas en términos absolutos, pero nada despreciables a la vista de lo experimentado en los últimos años”. Moscocivi se mostró optimista ante los efectos de lo ocurrido en los meses de julio y agosto[1]:

No habrá mayores problemas, porque las autoridades chinas tienen los mecanismos para afrontar la situación, y además las economías europeas son robustas. Siempre hay riesgo en un euro fuerte, pero los bajos niveles de precios del petróleo y de los tipos de interés, así como la intervención del BCE, deberían bastar para neutralizar las peores perspectivas. El paro sigue siendo alto, pero ya está al nivel de 2011. Hay un sabor agridulce en Europa, y ciertamente hacen falta muchas acciones: una segunda generación de reformas laborales para que aumente la productividad y que permita extraer mejor el capital humano europeo.

Tampoco el Presidente del BCE, Mario Draghi, dramatizó con los sucesos de China, y vio los precios del petróleo como la principal causa de la deflación en Europa, que todavía tiene que recuperar mucho del terreno perdido durante la crisis que comenzó en 2008. Y más en concreto, y ya con ciertos matices de inquietud, anotó la posibilidad de un debilitamiento de las perspectivas economías generales, “por sus efectos: uno, a través del comercio… y otro por la desconfianza creada en las bolsas de valores y en el resto de los mercados financieros”[2].

Adicionalmente, y para contrarrestar el efecto China, Draghi dijo en su momento que el programa de compra de deuda que el BCE lanzó a principios de marzo de 2015 (el QE a la manera europea), podría ampliarse en sus límites, y ser prolongado hasta que fuese necesario. Así, en esa esperada rueda de prensa -coincidiendo con el día de su 68 cumpleaños-, no faltó una nota hasta cierto punto contradictoria con lo dicho pocos días antes por el Comisario Moscovici: la revisión a la baja de las expectativas de crecimiento, y también de la inflación[3].

Como es lógico, no dejó de haber críticas a Draghi, especialmente por parte de Axel Weber, antiguo presidente del Bundesbank, que nunca fue amigo de la política monetaria de Supermario. Y en ese sentido, se manifestó durante la conferencia anual de “Bancos en Transición”, organizada por el periódico alemán Handelsblatt de Fráncfort. Allí, el ex presidente del Buba, y actualmente presidente del Grupo UBS, acusó a Draghi de estar dañando la estabilidad de Europa[4]: “es un error fijarse tan sólo en el cumplimiento de unas determinadas metas de inflación a la hora de diseñar la política monetaria, y no tener en cuenta otra serie de indicadores mucho más relevantes a largo plazo dentro del ciclo financiero. De ese modo, se genera una política monetaria excesivamente expansiva y asimétrica”.

Según Weber, el problema de fondo es que “ahora los economistas entienden la inflación como aumento de los precios de consumo, en vez de como una reducción del valor del dinero derivada de un aumento excesivo de la oferta monetaria [tesis típica del Bundesbak]. Y para colmo, los bancos centrales niegan sistemáticamente cualquier responsabilidad por otros precios, como son las commodities, los inmuebles, las acciones, los bonos y, quizá lo más importante, los tipos de cambio”. Una lista de sugerencias que en cualquier caso no deja de tener interés, agregamos por nuestra parte.

Weber, conocido como el jefe de los halcones, acusó, en definitiva, a Draghi de haber convertido el BCE en algo irreconocible, y de llevar a cabo una política monetaria centrada en el IPC. Lo que genera una distorsión estructural, impide la destrucción creadora [schumpeteriana] que favorece al crecimiento, y crea un grave riesgo moral, sembrando semillas de inestabilidad futura en el valor del dinero.

Dentro de la UE, destaquemos la actitud del Reino Unido, con su Secretario del Foreign Office, George Osborne, que no vaciló en dar todo su apoyo a China, apareciendo en la propia Bolsa de Shanghái un buen día en septiembre de 2015, para restar importancia a todo lo malo que se dice sobre China; y confirmando su incisivo deseo de enlazar las bolsas de Shanghái y Londres[5].

Subrayemos finalmente, antes de pasar a las reacciones en EE.UU., la propuesta china que llegó a Europa para mejorar la situación en las relaciones recíprocas, interesante a medio y largo plazo: aumentar el comercio mutuo a través de un tratado de libre comercio (TLC) chino-europeo. En lo cual, Bruselas no parece tener ninguna prisa. Estando bien claro, eso sí, que las dos partes deberían formar ya sus equipos para discutir tal TLC; o bien, podrían trabajar la cuestión dentro del formato de las conversaciones de la UE con EE.UU., es decir, en las negociaciones comerciales y de asociación transatlántica de inversiones[6].

En el caso de EE.UU., el impacto de la crisis china también ha sido importante, complicando el proceso de lo que en otro modo habría sido la primera subida de tipos por la Fed en EE.UU. en más de nueve años. En ese sentido, como muchos otros oponentes, William Dudley, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York (que actúa como agencia ejecutiva de la Fed), consideró que tomar una decisión así en la reunión de septiembre del Comité de Mercado Abierto, era menos imperiosa a causa de la crisis china[7].

Ese comentario lo hizo Dudley un día antes de comenzar el simposio de los banqueros centrales mundiales en Jackson Hole (Wyoming), que se celebró en un momento de extrema volatilidad, por las dudas sobre la República Popular. Y al final, el 17.IX.15, la Fed, oyó los mensajes que reclamaban paciencia y prudencia y decidió mantener sin cambios los tipos de interés en la mayor economía del mundo[8]. Todos los miembros del Comité, presidido por Janet Yellen, apoyaron la decisión, excepto Jeffrey Lacker, Presidente del Banco de la Reserva Federal en Richtmon (Virginia), partidario de elevarlos en un cuarto de punto de manera inmediata.

En su comunicado, la Fed insistió en las dos variables que guiaron su decisión: la inflación y el empleo, que podrían requerir durante un cierto tiempo tipos de interés en niveles bajos. En ese sentido, conviene saber que el paro en EE.UU. se sitúa en el 5,1 por 100 (agosto 2015), la menor cota desde antes de la crisis que empezó en 2008, y muy lejos del máximo del 10 por 100 registrado en 2009. Sin embargo, la inflación está aún lejos del objetivo del 2 por 100, debido, entre otras cosas, a los precios del petróleo.

Pero la debilitación de la economía china fue lo que especialmente influyó en la decisión de la Fed. “La situación en el exterior aconseja una vigilancia estrecha”, aseguró Yellen en la rueda de prensa posterior a la decisión del banco central. Y la presidenta de la Reserva Federal reconoció, además, que las “exportaciones netas habían supuesto un freno a la actividad económica como resultado de la apreciación del dólar en los últimos meses”; y agregó que los factores transitorios que se encuentran por debajo de la mínima inflación, todavía tardarán un tiempo en desaparecer totalmente. En ese plan, la Fed podría retrasar su decisión, para sólo subir tipos en 2016: trece de los diecisiete miembros del Comité de Mercado Abierto juzgaron que los tipos deberían subir en lo que queda de 2015; dos menos que en el encuentro de junio.

La prudencia, pues, ganó la partida en el Open Market Committee, en contra de lo que podría haber sido la primera subida en casi una década, siete años después del hundimiento de Lehman Brothers[9]. De ese modo, la reunión de la Fed volvió a ser una nueva representación de la Fábula de Fedro;o como es más conocida la parábola, “los montes parieron un ratón”[10].

A pocos días de la decisión del Open Market Committee, y durante la visita de estado de Xi Jinping a Washington DC, en el encuentro que tuvo el 25.IX.2015 con el Presidente Obama, contrajo el compromiso de respaldar la candidatura de la República Popular para la inclusión del Rmb en la cesta de los DEG, “siempre y cuando sea declarado apto por el FMI”[11]. Al tiempo, y aunque nada explícito se dijo sobre la devaluación del Rmb en agosto, con esa referencia al DEG se apoyó implícitamente la decisión china; cosa que ya se había hecho anteriormente en el marco del G-20, según vimos.

Como contrapartida de ese apoyo, Pekín hizo una declaración de respeto al Banco Mundial, aclarando que la creación del Banco de Desarrollo de los países BRIC y la formación del Banco Asíatico de Inversiones en Infraestructuras, promovido por China, no significarían ningún propósito de competir con el Banco Mundial. Al tiempo, Pekín prometió aumentar sus contribuciones financieras al grupo del Banco Mundial, empezando por su principal agencia, la Asociación Internacional de Fomento, que concede préstamos en condiciones más favorables que el mercado a los países más pobres. El compromiso se extendió a los bancos regionales de desarrollo de África, Asia, y al Interamericano.

En la conferencia de prensa que siguió al encuentro, el presidente chino y el de EE.UU. reiteraron sus propósitos de intensificar su cooperación en las áreas del G-20, el Banco Mundial, y el FMI.

Tras haber examinado las reacciones de la UE y de EE.UU., pasamos al caso de Japón, que en el segundo trimestre de 2015, ya registró una caída del PIB del 1,6 por 100; un retroceso temporal, tiene visos de poder terminar en una nueva recesión. “Ahora que el crecimiento japonés empezaba a repuntar después del impacto de la subida del IVA de 2014, un nuevo golpe a la economía: las dudas sobre China”, aseguró Alicia García-Herrero, economista jefe del BBVA para la región de Asia-Pacífico[12].

Y es que lo que pase en China resulta tanto o más importante para Japón que lo que pueda suceder en EE.UU.: en 2014 las exportaciones niponas a EE.UU. suponían el 18,6 por 100 de su total frente al 18,3 por 100 de China. Pero con más peso real para la última, por su conexión con el resto de las economías asiáticas: China es un factor más clave, valga la expresión, para el comercio exterior nipón, pues en 2014, Japón ya exportó el 54 por 100 de su total a los mercados de Asia.

Dejamos aquí el tema de la economía china en sus turbulencias recientes y, como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

[1] Pablo R. Suanzes, “China tiene los mecanismos para afrontar la situación”, El Mundo, 3.IX.2015.

[2] Claire Jones, “Draghi opens door to more QE in face of global tremors”, Financial Times, 4.IX.2015.

[3] Itziar Matamoros, “Draghi promete más estímulos si la crisis de China va a más”, La Razón, 4.IX.2015.

[4] Rosalía Sánchez, “Weber: el BCE está dañando la estabilidad”, El Mundo, 4.IX.2015.

[5] Editorial, “China: crisis? What crisis? Says Osborne”, Financial Times, 23.IX.2015.

[6] Fu Jing, “Time for EU and China to act on a free-trade deal”, China Daily, 14-20.VIII.2015.

[7] Sandro Pozzi, “Un miembro de la Fed aleja la expectativa de alza de tipos”, El País, 27.VIII.2015.

[8] C. Ruiz de Gauna, “La Fed mantiene los tipos en EE.UU. ante la inestabilidad internacional”, Expansión, 18.IX.2015.

[9] Amanda Mars, “EE.UU. aplaza de nuevo la subida de tipos por la incertidumbre global”, El País, 17.IX.2015.

[10] Javier Santacruz, “¿Un dólar más caro o más barato?, El Mundo, 18.IX.2015.

[11] Shawn Donnan, “US calls truce in battle against Chinese lender”, Financial Times, 28.IX.2015.

[12] Alicia González, “El frenazo chino amenaza el éxito de la ‘Abeconomía”, El País, 21.IX.2015.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *