La cumbre del clima en París y el futuro de la sociedad humana baja en carbono

Hacemos hoy un paréntesis de urgencia en los trabajos que teníamos en curso, sobre los cambios socioeconómicos de China, en el intento de hacer una síntesis sobre un encuentro celebrado el pasado miércoles, 11 de noviembre, en Madrid; sobre la Conferencia del Clima que tendrá lugar en París del 30 de este mes al 12 de diciembre, con más de 50.000 asistentes de los 193 países que integran las Naciones Unidas. Y seguro que será con la presencia desde los dirigentes de China y EE.UU. hasta la Unión Europea, con el broche de oro tal vez del Papa Francisco. Y todo con el objetivo de salvar el Planeta Tierra de los amenazantes acosos del calentamiento global y el cambio climático.

El referido encuentro madrileño de esta semana, celebrado en el auditorio de la Comisión Europea (bajo los auspicios de Anpier, la Asociación Nacional de productores de energía eléctrica de origen fotovoltaico, que cuenta con 62.000 asociados), intervinieron cuatro ponentes con desarrollos que presentamos seguidamente.

El Prof. Fernando Díaz Pineda, Catedrático de Ecología de la Universidad Complutense de Madrid, manifestando que los cambios denunciados como ‘crisis ambiental’ desde finales de los 60 se perciben hoy como un súbito y preocupante Cambio Global. Este cambio implica dos circunstancias esenciales: 1, una modificación importante de la dinámica atmosférica del Planeta (‘cambio climático’) y 2, una acelerada transformación de las relaciones de las sociedades humanas entre sí y con el ambiente biofísico (cambio socioeconómico). En ese sentido, lo primero se debe a un cambio antropogénico de la composición química del aire, dada la brusca liberación de la energía de origen biológico almacenada en la Tierra. En otras palabras, la difusión de varios gases, algunos de ellos captadores de la radiación emitida por la Tierra, comporta el calentamiento global de la atmósfera, con un efecto similar al de un invernadero para todo el globo.

Por su parte, el segundo ponente de la Jornada Anpier que comentamos -Alejandro López-Cortijo, de la Fundación BlacktoGreen-, mencionó que los escenarios del IPCC (Panel Internacional del Cambio Climático) predicen que las mayores emisiones de CO2 comportarán el aumento de la temperatura de la atmósfera hasta más de 2°C sobre la correspondiente a la era preindustrial. De modo que sólo si se acepta que en 2050 no se quemarán hidrocarburos (una transición rápida), funcionando el planeta con energías limpias, podrá salvarse la biosfera tal como hoy la conocemos.

Así las cosas, la transición energética está en marcha, y por ello mismo, las poderosas empresas energéticas deben cambiar de modelo de negocio; cosa que ya saben, pero ante la cual se resisten, por lo que significa rediseñar modelos de negocio radicalmente, con todo lo que eso significa en términos de abandonar inversiones que aún consideran no amortizadas, y proyectos de inversión en nuevos escenarios de combustibles fósiles.

La tercera ponencia del señalado encuentro del 11 de noviembre de 2015 en Madrid, fue de Miguel Ángel Martínez Aroca, Presidente de Anpier, quien manifestó con toda claridad que las barreras para lograr la implantación de un modelo energético renovable, ya no son simplemente tecnológicas, sino, sobre todo, empresariales y políticas.

Dicho de otra forma, las energías renovables, que son limpias, seguras, inagotables, autóctonas, que reducen las importaciones de combustibles fósiles y evitan servidumbres geopolíticas, además de resultar baratas y generar empleo, están obstaculizadas hoy en su desarrollo pleno, por una serie de barreras de grupos de intereses que no dan su brazo a torcer.

Pero a pesar de todo -con excepciones muy negativas, como la de España-, la fotovoltaica es una fuente de generación eléctrica que está modificando el modelo energético convencional, y desplazando las inversiones de los combustibles convencionales hacia la generación distribuida con energía solar, que será cada vez más objeto de almacenamiento.

Por último, como coordinador de la Jornada Anpier a que estoy refiriéndome sobre la COP-21 el 11 de noviembre, me correspondió el turno de intervención en la forma que sintéticamente expongo a continuación.

Desde el último tercio del siglo XX, el mundo, además de enfrentarse al peligro de una tercera guerra mundial nuclear, percibió el claro deterioro de sus grandes equilibrios ecológicos. Lo que en las postrimerías de la centuria llevaría a poner gran énfasis en la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático.

Actualmente, esas dos cuestiones constituyen el mayor problema a medio y largo plazo de la humanidad, pues de no ir hacia una sociedad descarbonizada, la subida de las temperaturas más allá de dos grados por encima de la era preindustrial, nos haría entrar en una situación irreversible: la biosfera dejaría de ser un hábitat hospitalario de todas las especias, para convertirse en un mundo cada vez más inhabitable.

El clima de la Tierra nunca ha sido el mismo, y dentro de él ha habido cambios espontáneos importantes a lo largo de los cientos de miles de años de que se tienen registros de temperaturas y de contenidos de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Sin embargo, las transformaciones que ahora se están analizando, ya no se deben a fenómenos naturales -como las alteraciones en la radiación solar, o la mayor o menor inclinación del eje planetario-, son, definitivamente, de origen antrópico. En un mundo que ya no es el del Neolítico, con poco más de diez millones de seres humanos, sino que se trata en un planeta hominizado que camina aceleradamente hacia los 11.000 millones de terrícolas en 2100.

En ese mundo cambiante, a partir de 1992, con la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, y desde 1997 con el Protocolo de Kioto. Lo cual no significa que las soluciones estén ya en el horizonte; pues la acumulación de CO2 es cada vez mayor, y el calentamiento y otras alteraciones climáticas no dejan de crecer. Ante lo cual, esa es la esperanza, empieza a haber una conciencia ecológica, así como el diseño de los mecanismos para controlar la situación. En la expectativa de que aún podemos llegar a tiempo: con una serie de acuerdos y decisiones que se estudian en estas páginas, de cara a la promisoria Conferencia del Clima de París (COP-21) de noviembre/diciembre de 2015.

El debate se centra ahora, pues, en la citada COP-21, que se celebrará entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre del año en curso. Con la previsión de que en ese encuentro se alcance un acuerdo global, de los 193 miembros de las Naciones Unidas, para poner los medios en busca de un nuevo paradigma energético, en pro de una sociedad baja en carbono.

No sabemos todavía, como dijo Cervantes refiriéndose al más grande episodio de su propia vida, si nos hallamos “ante la mayor ocasión que vieron los siglos y que verán los venideros”. Pero lo cierto es que si en París hay un consenso para un nuevo protocolo superando las limitaciones del texto de Kioto (1997), estaremos entrando en una nueva fase: un pacto por la preservación de equilibrios fundamentales en el planeta Tierra. Y también un covenant que contribuirá, en el más alto grado, a apreciar que todos vivimos en un solo mundo, y que no hay un plan B para superar las dificultades actuales: solo el proyecto decidido de entrar en la era de una sociedad baja en carbono.

Habrá que volver sobre el tema, con los amigos de Anpier, que están librando una batalla por la defensa de las energías fotovoltaicas (las más promisorias de las alternativas), enfrentándose a un muro de ceguera política y de negacionistas del cambio climático, cual es una reducción de tarifas de dos tercios por lo menos, que ha paralizado las inversiones en España; en contra de lo que sucede en todo el mundo, y de lo que está por venir tras la Conferencia del Clima de París.

Y dejamos aquí la cuestión por hoy, y al tiempo que recuerdo como siempre mi correo electrónico (castecien@bitmailer.net), también facilito el de los colegas de Anpier (secretaria@anpier.org), por si los lectores de Republica.com tienen interés en ampliar conocimientos en un frente tecnológico y ambiental del mayor interés.

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