Reformas económicas… y cambio de modelo de crecimiento en China

Desde hace varias semanas, estamos dando un repaso al tema de la situación económica de China, y en esa senda hemos visto temas como la crisis bursátil, la modificación del fixing del renminbi, así como las relaciones entre economía y corrupción, tomando como botón de muestra la tragedia de la explosión de Tianjin en el pasado agosto. Y después de esas apreciaciones, hoy nos ocuparemos del modelo de crecimiento chino en su conjunto y sus posibles transformaciones.

En ese sentido, aunque casi nadie discrepa de que fue un enorme éxito el crecimiento chino desde 1978 hasta bien entrado el siglo XXI, son cada vez más los escépticos frente a China y su futuro; pronosticándose que 2016/2025 podrá ser una década difícil; por los retos económicos que han de afrontarse, con una larga serie de transformaciones importantes[1].

Para empezar, lo más notable: la economía china ha tenido la principal característica, en su proceso de desarrollo, de haberse alcanzado elevados volúmenes de inversión pública. De modo que si bien son muchos los comentaristas que suelen caracterizar el modelo como impulsado por el comercio exterior (export-led growth strategy), lo cierto es que lo suyo ha sido, sobre todo, un investment-led growth; cierto que muy ayudado por el saldo favorable del comercio exterior.

Para apreciar mejor lo indicado, debe observarse que el PIB chino experimentó grandes avances por su fuerte cuota de inversión, que en el 2000 era el 35 por 100, y que se incrementó hasta el 42 en 2007; provocando que los analistas se alarmasen ante semejante deriva. A pesar de lo cual, durante la crisis económica de 2008, la inversión siguió subiendo para escalar hasta el 48 por 100 en 2013. Y de modo que con el consumo, por razones obvias, sucedió exactamente lo contrario, llegándose a apenas el 50 por 100 del PIB (y de ese 50 por 100 solo el 36,5 por 100 de consumo privado, siendo el resto público).

En otras palabras, el crecimiento medio anual del PIB real de los últimos 13 años tuvo lugar merced a un incremento muy fuerte del peso de la inversión. No es extraño, pues, que el debate sobre el reequilibrio de la economía china se centre en las implicaciones de esa inversión; anotándose por la mayoría que a la larga ese modelo no es viable, al ser muy intensivo en deuda pública.

De esa evolución, hay abundantes referencias históricas, como explica Michael Pettis -profesor de finanzas en la Escuela Guanghua de Administración de la Universidad de Pekín, y el economista que ha presentado más críticas al modelo chino-: las economías que han seguido un modelo parecido al chino de los últimos años, siempre han acabado en profundas crisis, de las que tardaron aaños en recuperarse, dado lo dolorosos que suelen ser los procesos de desapalancamiento. La lista es larga: EE.UU. en el siglo XIX, la economía alemana en la década de 1930, el Brasil de la década de 1970, México en la de los 80, y, más recientemente, muchos países asiáticos, como Japón con sus dos décadas pérdidas desde 1990.

Y si el cambio de modelo parece necesario, la pregunta a formular está bien clara: ¿es posible una transición suave (softlanding) desde una economía guiada por la inversión, a una economía favorecedora de mayor consumo? En ese sentido, Pettis no es nada optimista, y apuesta por una tasa media de crecimiento de sólo del 3 al 4 por 100 hasta 2023.

La posibilidad de un softlanding pasa por un gran incremento del gasto de consumo y un fuerte impulso a las exportaciones (un chino exportó de promedio en 2014 la mitad que un español y la cuarta parte que un alemán), y tal cosa no es factible tan fácilmente en las circunstancias actuales y predecibles a medio plazo. De ahí que la tentación de continuar con el modelo actual podría hacerse irresistible; algo que se aprecia en los últimos intentos de alumbrar nuevas inversiones gigantescas[2].

En la transición que se vislumbra, late el riesgo de que la economía se desacelere mucho más rápidamente de lo esperable. De forma que el arte del gobierno radicará en la decisión de ir a un capitalismo más dinámico, con menor intervención pública en todo. Y esa sería la misión del PCCh, que ha dejado de ser comunista, pero que es más leninista que nunca; por su centralismo democrático autoritario, y por su falta de libertades personales, ausencia de Estado de Derecho, etc., al menos según los modelos democráticos occidentales.

De modo que hoy por hoy el mejor enfoque al problema que nos ocupa podría ser el siguiente: continuar con las reformas, tratar de poner más poder adquisitivo en manos de los consumidores, reducir gradualmente la inversión pública, introducir verdaderas mejoras en un medio ambiente despreciado hasta hace bien poco, etc. Esa sería una respuesta en consonancia con las necesidades de China, cediendo parcelas de poder económico a los nuevos empresarios y al funcionamiento de un mercado efectivo.

China se halla, pues, en una fase de transición, pero ya con toda claridad situada en el “club capitalista”, por mucho que en los medios oficiales se hable del mercado del socialismo, y por mucho también que preconice seguir estudiando marxismo. ¿Para qué? ¿Para constatar que ya se está en el capitalismo puro y duro aunque sea con el acompañamiento de un Estado que puede estar lastrando tantas cosas?[3]

Por otra parte, en la senda de la desaceleración económica y de otros avatares, China debe recurrir a los avances tecnológicos en todas las facetas, además de mejorar la formación de sus trabajadores y cuidar más de su salud. Como igualmente han de acelerarse las medidas para aumentar el consumo interno que, como vimos, es muy inferior al de otros países[4].

Dejamos aquí la cuestión hasta el próximo jueves, y como siempre, el autor está a la disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net.

[1] Javier López Bernardo y Félix López, “Un poco de aritmética desagradable para la economía china”, 14.VI.2015. http://www.eoi.es/blogs/the-spanish-paradox/2015/06/14/un-poco-de-aritmetica-desagradable-para-la-economia-china/

[2] Martin Wolf, “China risks an economic discontinuity”, Financial Times, 2.IX.2015.

[3] Christophe Donay, “Pese al frenazo chino, la economía global sigue su curso”, Expansión, 10.IX.2015.

[4] Michael J. Boskin, “Qué debería hacer China”, Expansión, 31.VIII.2015.

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