El entorno político de la economía china: tragedia de Tianjin y gran parada militar

Es obvio que el análisis que estamos haciendo en las últimas semanas de la economía china, necesita de una imbricación con el entorno político de ese inmenso país. Y en esa dirección ha de señalarse la convergencia de la crisis bursátil y de la devaluación, con lo ocurrido el 12.VIII.2015: la fuerte explosión que se produjo en la ciudad portuaria de Tianjin en la que perdieron la vida más de un centenar de personas, con miles de viviendas destruidas o seriamente dañadas y miles de millones de euros de pérdidas en instalaciones y mercancías.

Ese nuevo cisne negro en la vida de China, tiene una serie de explicaciones de fondo; empezando por el hecho de que el rápido crecimiento económico desde 1978 impulsó toda una cultura de enriquecimiento, anteponiéndose el dinero a cualquier otra cosa; incluso a la más elemental prudencia en las actividades productivas. Surgieron así numerosos talleres o empresas negras o ilegales; trabajando, en los primeros tiempos, con maquinaria anticuada y que imponían largas horas laborales a sus empleados, con la subsiguiente fatiga y daños mentales, y todo en medio de penosas insuficiencias de formación profesional y de regulación adecuada de la seguridad e higiene en el trabajo[1]. Cuestiones que en gran medida perduran al día de hoy.

En lo sucedido en el puerto de Pekín, la corrupción desempeñó el papel más patético: los empresarios recurren a los funcionarios del caso para extralimitarse en todo, y después en un país donde los tribunales están supeditados al PCCh, la débil sociedad civil no cuenta con instancias que ayuden a reclamar con eficiencia. En ese sentido, Geoffrey Crothall, director de Comunicaciones del China Labour Bulletin (CLB), apunta a otro factor: “los trabajadores, aunque cada vez cuentan con más poder a la hora de negociar con sus empresas, tampoco dan prioridad a las condiciones de seguridad, y prefieren centrarse en lo que les parece más urgente: mejorar los salarios y conseguir complementos”.

Lo de Tianjin superó cualquier suceso anterior en materia de negligencias y corrupciones: el almacén de la empresa Ruihai Logistics International, donde se produjeron las explosiones, careció durante largo tiempo de los permisos necesarios para manejar sustancias peligrosas. Y sus dos principales propietarios ocultaron con testaferros sus conexiones con el poder, que utilizaron sin reparo, para esquivar los controles de seguridad. Uno de ellos, Dong Shexuan, resultó ser hijo del exjefe de la Policía del propio puerto de Tianjin; en tanto que el presidente de la compañía, Yu Xuewei, fue directivo de la empresa Sinochem, controlada por el Estado.

Además, Tianjin generó algo que no se puede contabilizar tan fácilmente: la pérdida de confianza en las autoridades[2]. Contra ella hubo protestas de residentes afectados directamente por el desastre; personas cuyas viviendas resultaron dañadas por la onda expansiva y los incendios; y que, una vez confirmada la presencia de cientos de toneladas del peligroso cianuro de sodio en los almacenes, se resistieron a volver a sus casas.

Además de mayor transparencia por parte de los empresarios desaprensivos y corruptos, los residentes dañados de Tianjin reclaman indemnizaciones por las pérdidas. “Ningún propietario puede aceptar que se arregle el problema con mera reparación de los edificios. Exigimos que el Gobierno se haga cargo de nuestras pérdidas con la compra de nuestros apartamentos”, se leía en un documento firmado por los residentes propietarios.

Así pues, tras las turbulencias de la economía china, que sacudieron a los mercados globales Bolsas y cambios de moneda, se agregó la tragedia de Tianjin, que acabó tocando la fibra política del PCCh[3]. Y en Pekín, las conversaciones sotto voce plantearon si Li Keqiang caería de su cargo político por su mala gestión. “La posición del primer ministro, ciertamente se ha vuelto más precaria como consecuencia de la crisis actual” -manifestó el Prof. Willy Lam, experto en política china de la Universidad de Hong Kong-. De modo que si la situación empeora y si llega un punto en el que realmente Xi Jinping necesita un chivo expiatorio, entonces Li tendrá que salir”. Sobre todo, porque Li, con Ma Kai, viceprimer ministro, fue el principal artífice de un plan luego desacreditado para rescatar a los mercados de valores de China a principios de julio de 2015.

Pero está claro que la cosa no es tan fácil: la expulsión de Li del poder sería muy perjudicial para el prestigio del PCCh y también para la credibilidad del propio Xi. Por lo que es prácticamente seguro que el primer ministro permanecerá en el cargo, por lo menos hasta el próximo Congreso del PCCh en 2017; aunque su poder efectivo se verá reducido por las actuaciones de docenas de “grupos principales” que desde el PCCh están bajo las órdenes directas de Xi.

Así las cosas, el PCCh buscó la recuperación de su prestigio con la parada militar -ciertamente preparada desde tiempo atrás, pero sin duda reforzada por los episodios comentados- del 3 de septiembre: la primera vez que en la capital de China se conmemoraría la victoria en la Segunda Guerra Mundial sobre Japón con una exhibición armamentística de alto nivel[4]. Sobre todo de siete tipos de misiles de medio, corto y largo alcance, y nuevos aviones; y señaladamente, un misil Killer, más veloz que cualquier antimisil, y que dicen sería capaz de hundir un portaaviones (¿norteamericano?) a gran distancia.

Con el desfile en cuestión, se pretendió mostrar los nuevos éxitos en defensa y en modernización de China, para así elevar el orgullo nacional y alejar malos pensamientos sobre el PCCh. Eso opinó Wu Taihang, profesor de la escuela del partido en la provincia de Sechuan, y en ese sentido, la parada militar fue una manifestación importante: volver a un espectáculo de masas disciplinadas, evocadora de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de 2008. El 25 de septiembre pude ver la filmación hecha sobre el macrodesfile en la Embajada de China en Madrid; como parte de la celebración, anticipada, del día de la fiesta nacional del 1 de octubre: impresionante de verdad.

Seguiremos la próxima semana, y entre tanto, el autor espera los comentarios de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

[1] Macarena Vidal Liy, “La inseguridad industrial, un problema endémico en China”, El País, 23.VIII.2015.

[2] Alma López Figueiras, “Del escepticismo a la indignación”, El Mundo, 18.VIII.2015.

[3] “Rout puts premier’s position in jeopardy”, Financial Times, 26.VIII.2015.

[4] Macarena Vidal Liy, “Un verano aciago empaña la exhibición de poderío de China”, El País, 31.VIII.2015.

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