La importancia del renminbi y su devalución

La semana pasada nos ocupamos de una de las facetas de lo que llaman crisis china (es dudoso que lo sea), concretamente el estallido de la burbuja bursátil de los mercados de Hong Kong, Shanghái y Shenzhen. Y hoy dedicaremos nuestra atención a otro aspecto de la economía de la República Popular, la devaluación de su moneda, el  renminbi (Rmb) o yuan, que se encuentra en un largo recorrido para ganar en importancia en los mercados de divisas internacionales.

¿Por qué China decidió romper el gran tabú y el 11 de agosto devaluó su moneda cuando no había ninguna crisis económica amenazadora a escala mundial? Pero antes de contestar, será bueno un poco de historia; recordando que desde 1995 y hasta 2005, la divisa china estuvo ligada (pegging) al dólar, con una banda de fluctuación del 2 por 100 respecto al billete verde. Y en esa circunstancia, durante la crisis financiera asiática de 1997, cuando Tailandia, Taiwán, Corea del Sur, etc., un país tras otro, devaluaron sus respectivas monedas, China fue modélica al mantener el tipo de cambio del Rmb pegado al dólar[1].

Pero a partir de 2005, en su senda de la internacionalización de su valuta, la cotización del Rmb pasó a relacionarse con una cesta de monedas constituida ad hoc por el Banco Central de China; en el que, sin un conocimiento exacto de su estructura, todo indicaba que el dólar de EE.UU. seguía teniendo un peso dominante. Y debido a sus controles de capital, es el único país con dos diferentes cotizaciones para su moneda: off y on shore, frente al dólar estadounidense; siempre en cotización más alta la modalidad off shore que la on[2]. Pero como dice el analista de Credit Suisse, Koonhow Heng, los dos mercados están convergiendo en sus cotizaciones, lo que podría significar un día el fin de los arbitrajes comerciales entre las dos expresiones de la valuta.

El caso es que durante la crisis mundial 2008/2013, en China el Rmb se apreció en 39 puntos básicos frente al dólar; y en 2014, solo en un 13 por 100 frente a la cesta de monedas de sus principales socios comerciales, creándose así dificultades para la exportación. Por tanto, la devaluación del Rmb en agosto de 2015 resultó ciertamente muy moderada, y no tendría que haber tenido tal estela de conmociones. Que en realidad se debieron a que los mercados consideraron la posible existencia de otras razones para la corrección bajista[3].

En cuanto a la mecánica del fixing cotidiano del tipo de cambio, China lo gestionaba a través del Banco Central, como una media de la referencia de las operaciones diarias. Y establecía el valor dentro de la banda de fluctuación de un máximo del 2 por 100 diario. Un sistema que ha cambiado, según lo que se dijo el 12 de agosto de 2015, al día siguiente de la devaluación. El regulador monetario expuso el nuevo sistema de fixing, que oficialmente se ha configurado con el objetivo de que el tipo de cambio “refleje mejor las fuerzas del mercado”, de manera que en lo sucesivo el tipo se fijará en el punto medio diario de la banda de fluctuación del día anterior[4].

Para los referidos cálculos, el Banco Central tiene en cuenta a 35 creadores de mercado (los bancos e instituciones financieras más importantes de China) seleccionados al efecto, a los que cada mañana se les pide información sobre la cotización frente al dólar en el cierre de la víspera; como igualmente se les solicitan las condiciones de oferta y demanda y la evolución del cambio de otras divisas importantes para China. En definitiva, las autoridades monetarias chinas presentaron la devaluación como una medida ordenada en una transición gradual del Rmb a una moneda convertible y que puede formar parte de la cesta de los Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI.

No obstante lo anterior, lo que parece claro es que con la decisión de devaluar se persiguieron dos objetivos: por un lado, ajustar el valor de la divisa con arreglo al mercado tras una fuerte reapreciación desde 2008.

El segundo objetivo al devaluar en agosto de 2015 tuvo un sentido más estratégico: China quiere convertir el Rmb en una moneda de reserva internacional y, a largo plazo, en un serio competidor del dólar de EE.UU. a nivel global, para lo cual se necesita entrar en la cesta de monedas del DEG. Sin embargo, el FMI, tras la devaluación, manifestó que esperaba de Pekín algo más ambicioso: “Creemos que China puede y debe tratar de lograr un sistema de tipos de cambio flotante con eficacia en dos o tres años”. Además, el FMI dijo que los cambios hechos por Pekín no tenían las implicaciones necesarias para cumplir con los criterios de determinación de si una moneda debe incluirse en la cesta del DEG: “un tipo de cambio más orientado al mercado facilitaría las operaciones de introducir en los DEG”[5].

En cuanto a los efectos de la devaluación en el futuro del comercio exterior de China, los positivos no están demasiado claros: “La depreciación de la moneda para estimular el crecimiento de las exportaciones no es ni útil ni necesaria -dijo Qu Hongbing, economista jefe de HSBC en China-, pues los exportadores de toda Asia se enfrentan al mismo reto, lo que sugiere que el problema de fondo es la escasa demanda en los mercados”[6]. En parecida forma se manifestó el Financial Times con un artículo editorial-, la devaluación no hará sino exportar deflación: “con precios bajos durante 41 meses consecutivos y con fuertes capacidades industriales ociosas, la devaluación más bien amenazará a los fabricantes del Oeste, y también a los intentos de Japón para escapar de la caída de precios”[7].

En fin de cuentas, la perspectiva de una moneda china más débil conmocionó a los inversores que vivieron los últimos cinco años en la expectativa de un Rmb cada vez más fuerte. Por eso, a partir del 11 de agosto de 2015, y ante el temor a que siguiese la depreciación, muchas empresas chinas se apresuraron a liquidar sus deudas en dólares, y las multinacionales extranjeras se dedicaran a cambiar reservas de efectivo de renminbis por otras monedas. En tanto que los inversores extranjeros cancelaron muchas posiciones en moneda china[8].

Otro efecto, tampoco nada positivo que se derivó de la devaluación: cada vez que el Banco Popular de China vende dólares a cambio de Rmb -para sostener el cambio-, la oferta monetaria de China se contrae. Ante lo cual, si bien el Banco Central puede compensar permitiendo que los bancos chinos reduzcan sus reservas obligatorias de moneda nacional, podría haber una disminución de liquidez: lo último que necesita la economía china para no acentuar su desaceleración.

¿Estamos ante una guerra mundial de divisas? Esa es otra pregunta frecuente, que se hizo durante la crisis de agosto, y para la cual bien merece buscar una contestación. Que ya quiso darse por China el 9 de septiembre de 2015 -ya con mayor tranquilidad en los mercados-, cuando el primer ministro chino, Li Keqiang manifestó, en el Foro Económico Mundial de Dalian (en la provincia de Liaoning, parte de la región que en España llamamos Manchuria), que las perspectivas de la economía china eran positivas y que por consiguiente no había motivos para una devaluación continuada del renminbi. Como era lógico, Li aprovechó para reiterar el compromiso de su gobierno con las reformas y los estímulos económicos en curso desde noviembre de 2013.

Ante esas palabras, los mercados, entendiendo un cierto compromiso de las autoridades chinas, experimentaron alzas importante; con máximos en Shanghái (+2,32 por 100), Hong Kong (+4,10 por 100) y sobre todo en el Nikkei de Tokio, que logró la mayor subida (+7,71 por 100) desde 2008. Todos los grandes parqués acabaron en positivo, y el Ibex-35 ganó un 1,74 por 100, cerrando por encima de los 10.000 puntos[9].

Más concretamente, en el encuentro en Dalian, Li señaló que su país quiere evitar una guerra de divisas y aseguró que para ello, el Rmb se mantendría a un nivel razonable. Para acto seguido argumentar que China ha sido injustamente criticada por la gestión de su moneda y frente a esa acusación aseguró: «No queremos estimular las exportaciones a través de la depreciación. Una guerra de divisas sólo haría daño a China». En la misma dirección que Li Keqiang se había manifestado poco antes el Financial Times:

Todas las guerras de divisas son contrarias a los intereses de sus combatientes. Cuando un país se reduce drásticamente el valor de su moneda para impulsar las exportaciones, se desencadenan inevitablemente las otras devaluaciones competitivas, de sus socios comerciales, frenando así el motor de una ventaja inicial. Por lo tanto, es poco probable que China tenga intención de entrar en escaramuzas con sus socios comerciales para luego ir a una guerra a gran escala[10]. Los defensores de la interpretación de la reforma del fixing chino señalan que la devaluación de China no sigue el guión habitual guerra de divisas, a diferencia de lo que sí sucede con la Abenomics en Japón: el Banco Central de China no está por la creación de dinero y su venta en el mercado[11].

Pese a las anteriores declaraciones, los expertos temían una caída más agresiva de la moneda china: “Esperamos más presión a la baja, pero el ritmo de depreciación es difícil aventurarlo, dada la opacidad de las decisiones políticas en el país”, explicó Patrice Gautry, Economista Jefe de la Union Bancaire Privée (UBP). No obstante, tampoco va en beneficio de China que el Rmb descarrile: “Las autoridades no querrán que la moneda se deprecie bruscamente, pues eso dañaría el objetivo de internacionalizarlo, y además alimentaría la fuga de capitales”, indicó Bhaskar Laxminarayan, director de investigación en Singapur de la firma financiera Pictet WM[12].

Dejamos aquí la cuestión, sin renunciar a continuar ocupándonos de la economía china en algún próximo artículo dentro de esta sección de “Universo Infinito”. Y en el interim, el autor está a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

[1] Jamil Anderlini, “Weakened foundations”, Financial Times, 20.VIII.2015.

[2] Jeanny Yu, “Bejing to open up forex market”, South China Morning Post, 14.VIII.2015.

[3] Lorenzo Bernaldo de Quirós, “¿Qué pasa con China?”, El Mundo, 6.IX.2015.

[4] Shawn Donnan, “IMF cautiously welcomes China currency move”, Financial Times, 13.VIII.2015.

[5] Benjamin J. Cohen, “El valor real que tiene la devaluación del yuan”, Expansión, 24.VIII.2015.

[6] Gabriel Wildau, “China’s fiscal challenges extend far beyond currency”, Financial Times, 17.VIII.2015.

[7] Editorial, “Devaluation with Chinese characteristics”, Financial Times, 15.VIII.2015.

[8] Peter Thal Larsen, “The real reason to worry about China’s FX reserves”, Arabian Business, septiembre 2015.

[9] Victoria Pascual, “China insinúa más estímulos para estabilizar su economía”, La Razón, 10.IX.2015.

[10] Editorial, “China devaluation raises spectre of currency wars”, Financial Times, 12.VIII.2015.

[11] Gabriel Wildau, “Challenge for China after devaluation. Move tests commitment to free markets and forces hard choices amid risk of rampant depreciation, Financial Times, 14.VIII.2015.

[12] D. Badía, “El mercado teme la caída acelerada”, Expansión, 13.VIII.2015.

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