La ecología es para el verano (y III)

El jueves 20 de agosto iniciábamos este artículo, que hoy se termina con la tercera entrega, en la que vamos a centrarnos en los efectos del calentamiento global sobre la salud para apreciar luego el tempo del alza de temperaturas, y fijarnos en el año 2014 como un caso para la esperanza.

6. Efectos en la alimentación y en la salud

La revista científica The Lancet ha insistido en la urgencia de plantar cara al cambio climático, esgrimiendo un argumento que a menudo se deja de lado, el de la salud pública[1]: "no hay tiempo que perder", porque el cambio climático no sólo tiene consecuencias directas bien visibles sobre la salud de las personas, sino que además comporta una larga cadena de efectos indirectos que amenazan hasta al más sólido de los sistemas sanitarios.

La denuncia de The Lancet, firmada por 45 especialistas, no sólo advierte de los peligros de dejar que el modelo energético siga basándose en los combustibles fósiles, sino que también aporta luz sobre cómo afrontar la que considera "la mayor oportunidad en salud del siglo XXI": a través de diez recomendaciones, propone a gobiernos y autoridades políticas de todo el mundo un nuevo modelo.

Más en concreto, en el tema de la salud, el caso de la India es preocupante, pues casi la mitad de los 4,4 millones de escolares de Nueva Delhi sufren daños pulmonares irreversibles como consecuencia de la toxicidad de la atmósfera urbana[2]; pues según la OMS, el aire de Nueva Delhi está dos veces más contaminado que el de Pekín. Y Sarath Guttikunda, una de las principales investigadoras sobre contaminación en la India, es muy clara al respecto: “Si tienen la opción de vivir en otro sitio, no deberían criar a sus hijos aquí”.

Pero además, sucede que el aire no es el único elemento perjudicial en la India. Al menos 600 millones de hindúes, la mitad de la población total, defeca en el exterior de sus viviendas, y la mayor parte de los residuos se vierten a los ríos sin tratar. Y si además se suman los perros, los monos y el ganado callejero, los excrementos se hacen casi omnipresentes, y sobre ellos se posan los insectos que luego se fijan sobre las personas o la comida, produciendo contagios.

En cuanto a China, cabe subrayar que fuman la mitad de los hombres, al tiempo que las ciudades se cubren periódicamente de smog tóxico, por lo que se espera que millones de personas en el país desarrollen enfermedades respiratorias en los próximos años. En ese sentido, Linde, la empresa industrial y de gases medicinales alemana, prevé la necesidad masiva de oxígeno y otras terapias respiratorias en el país más poblado del mundo[3].

Pero los problemas de salud también se dan en los países más desarrollados. Así, en el Reino Unido, se llevan incumpliendo los límites de contaminación atmosférica de la legislación europea: los ciudadanos de Londres, Leeds o Birmingham, respiran aire sucio, en una situación que podría perdurar hasta 2030. Ante lo cual, el Gobierno británico se verá obligado a diseñar de inmediato nuevas medidas para luchar contra la polución atmosférica, que ocasiona miles de muertes prematuras cada año: el Tribunal Supremo ha dictaminado, por unanimidad de cinco jueces, que deben ponerse en marcha nuevos planes concretos “antes de acabar 2015”[4].

La sentencia a que nos referimos llegó tras cinco años de lucha de los activistas de ClientEarth, una ONG de abogados medioambientales que decidieron recurrir a la Justicia ante la inanición del Gobierno: “La contaminación atmosférica mata a decenas de miles de personas cada año en este país –fue su argumento principal—. Los ciudadanos tenemos derecho a respirar aire limpio y si las autoridades no hacen lo suficiente por garantizarlo, si no se puede confiar en ellas, recurrimos a los jueces”, señaló Alan Andrews, abogado de ClientEarth. Por ello, la Administración británica no sólo está obligada a elaborar nuevos planes de calidad del aire, sino también a que sean ambiciosos y eficaces.

7. La evolución del calentamiento global

Los perniciosos efectos del cambio climático que hemos ido viendo, no son ni cuentos de caminos, ni tampoco alarmas para temerariamente aterrorizar a nadie. Se trata de secuelas científicamente constatadas, aunque en muchos casos no se disponga aún de gran precisión ni por mucho tiempo. En cualquier caso, el gráfico 3 es bien expresivo de que el calentamiento global está al alza:

Claro es que ese gráfico necesita una aclaración: la ralentización del fenómeno que nos ocupa, observada en los años 1950-1980, que se conoce como hiatus climático y se ha atribuido a muchos factores, como cambios en el vapor de agua en la atmósfera, a las erupciones volcánicas y también al poderoso Océano Pacífico, que durante ese tiempo estuvo enviando grandes bolsas de agua fría a la superficie.

El estudio se apoya en decenas de millones de mediciones de temperatura y salinidad tomadas en todo el planeta por medio de boyas, flotadores y barcos, y los datos, que cubren, desde la superficie hasta los 1.500 metros de profundidad, han permitido a los investigadores calcular el contenido de calor del agua y comprobar cómo ha cambiado con el tiempo. De modo que los resultados vienen a demostrar que durante el parón climático, el océano Atlántico ha estado absorbiendo el calor que de otro modo hubiera calentado la superficie terrestre.

Pero a pesar de esa desaceleración del calentamiento global, el IPCC subrayó, en marzo de 2014, que no sólo hay muchas pruebas abrumadoras que evidencian el origen antrópico del cambio climático, sino que además cabe apreciar el rápido ascenso de las emisiones de GEI desde 2007 (gráficos 7 y 8)[5].

Las olas de calor de los últimos veranos en el hemisferio Norte, irán al alza en frecuencia e intensidad, según el aviso conjunto de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), ambas dependientes de Naciones Unidas[6]. Tan solo en las últimas semanas de junio de 2015, India y Pakistán se vieron afectadas por canículas que ocasionaron miles de víctimas mortales, que recordaron el verano de 2003, cuando la hipertermia produjo en Europa la muerte de decenas de miles de personas; en tanto que los incendios forestales y la contaminación del aire asociada a ellos, asolaron Rusia en el verano de 2010.

8. Las emisiones de GEI en 2014: una esperanza

En cualquier caso, lo expuesto hasta aquí sobre el aumento de las emisiones de GEI, podría inclinar al lector al más negro pesimismo sobre lo qué podrá suceder en el futuro. Por eso mismo, conviene integrar aquí lo sucedido muy recientemente, muy buenas noticias, en 2014: las emisiones mundiales de dióxido de carbono no aumentaron, un hecho que se da por primera vez en 40 años, según informó la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que tiene su sede en París, contigua a la de la OCDE, al manifestar[7]:

La caída de las emisiones de GEI es una verdadera sorpresa, y no lo habíamos previsto –manifestó el economista jefe de la AIE, Fatih Birol, recientemente nombrado director ejecutivo de la Agencia—. Los grandes cambios de consumo de energía en China, la mayor contaminadora de carbono del mundo, es una de las razones del dato mencionado, que resulta tan alentador, que en 2014, redujo por primera vez en tiempos recientes su consumo de carbón, una de las mayores fuentes de emisiones de GEI, instalando más energía hidroeléctrica, eólica y solar. Además, el ritmo de crecimiento anual del consumo de electricidad en la República Popular ha caído del 10 al 4 por 100; lo que en buena parte se atribuye a los nuevos estándares de eficiencia en la utilización de la energía para la industria, con el cierre de las fábricas más obsoletas para combatir el cambio climático.

Otra razón importante para el cese de las emisiones de GEI, estriba en que los países de la OCDE (y sobre todo la UE) han desarrollado políticas para promover un crecimiento más sostenible, desacoplando su expansión económica del aumento del consumo de carbono; al ser cada vez más productivas las plantas de energías renovables. A lo que se une la regulación, con normas muy estrictas, del consumo energético en toda clase de áreas industriales: desde automóviles a electrodomésticos. Una senda de actuación que se refleja en el hecho de que en los últimos cinco años (2010-2014), las economías de los países de la OCDE crecieron cerca del 7 por 100 en PIB, mientras que sus emisiones cayeron a un 4 por 100; siempre según la AIE.

El consumo energético en los 28 países de la Unión cayó en 2013 a los niveles de 1990, con un consumo de 1.666,2 millones de toneladas equivalentes de petróleo (toe), según Eurostat. En definitiva, actualmente la UE consume menos energía que hace 25 años; y queda un 9,1 por 100 por debajo de 2006, antes de la crisis, cuando se alcanzó el pico de consumo en los 1.832 Mtoe[8].

La caída de emisiones de GEI en 2014 es muy importante, pues según la propia IAE, sólo ha habido tres ocasiones, en cuatro décadas, en que las emisiones de GEI disminuyeran o dejaran de subir: después de la crisis de los precios del petróleo y la recesión de Estados Unidos a principios de 1980; en 1992, tras la disgregación de la Unión Soviética; y en 2009, a causa de la crisis financiera global que se ha dado en llamar la gran recesión.

Por tanto, 2014 ha sido el primer año en que sin mediar crecimiento negativo, hubo una caída de las emisiones de GEI coincidiendo con una fase de crecimiento económico; pues en el ejercicio citado, la economía mundial creció un 3 por 100, mientras que la cantidad de CO2 emitida a la atmósfera se mantuvo en el mismo volumen de 32,3 gigatoneladas (miles de millones de toneladas) del anterior 2013. “No puede haber mejor noticia para la Conferencia del Clima de París de diciembre de 2015", comentó Fatih Birol.

La importante caída en el consumo energético de la UE se debe en parte importante a los esfuerzos de descarbonizar, con políticas como las que se reflejan en el Séptimo Programa de Acción de Medio Ambiente, un paquete de medidas previsto para aplicar de cara al 2030. Además, con los mismos propósitos están en marcha la Estrategia Europa 2020 y el Programa de investigación e innovación Horizonte 2020[9]. Todo ello en pro de hacer efectivo el objetivo de «vivir bien, respetando los límites de nuestro propio planeta».

Por otro lado, el citado informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) apunta a que si bien cabe esperar que la calidad del aire siga mejorando, sin embargo muchos países de la Unión aún no cumplen la legislación comunitaria de calidad del aire. Como también avisa la AEMA de que los fenómenos naturales cada vez más virulentos motivados por el cambio climático —inundaciones, sequías...— se agravarán. Finalmente, se cita la exposición al ruido como “un problema de salud de primer orden” a causa del tráfico en un 90 por 100; lo que contribuye a la muerte prematura por enfermedades coronarias o accidentes cerebrovasculares[10].

Claro es que orillando ahora OCDE y UE, cabe la posibilidad de que el cuarto mayor emisor de GEI del mundo, que es India, con sus 1.200 millones de habitantes y muchos de ellos sin acceso a la electricidad. De modo que si se quiere resolver tal situación –como lo pretende el dinámico Primer Ministro Narendra Modi—, será necesario construir más de un centenar de centrales eléctricas de carbón, fuente principal de contaminación en la Unión india[11].

Pero con todo, el mayor problema radica en la idea que sustentan muchos científicos: ya no basta con estabilizar las emisiones de GEI. Sencillamente, porque el CO2 es un gas de efecto de larga duración, de manera que con lo ya emitido hasta ahora, tenemos suficiente para problemas muy diversos durante los próximos centenares de años.

Ultimamos así el artículo La ecología es para el verano, quedando el autor al servicio de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net.

 

[1] Cristina G. Lucio, “La ‘emergencia sanitaria’ del cambio climático”, El Mundo, 23.VI.2015.

[2] Gardiner Harris, “El aire mata en Nueva Delhi”, The New York Times. El País, 18.VI.2015.

[3] Chris Bryant, “Linde eyes growth from China’s smog and smokers”, Financial Times, 17.VI.2015.

[4] Elena G. Sevillano, “El Supremo obliga a Reino Unido a limpiar el aire”, El País, 1.V.2015.

[5] Araceli Acosta, “El océano Atlántico consigue ralentizar el calentamiento global”, ABC, 22.VIII.2014.

[6] A. Acosta, “Las olas de calor serán cada vez más frecuentes e intensas, según la ONU”, ABC, 2.VII.2015.

[7] Ramón Tamames, “Baja el CO2, sube la esperanza”, A tu salud. Verde, La Razón, 31.V.2015. Pilita Clark, “Climate boost as CO2 emissions growth grinds to a halt”, Financial Times, 13.III.2015.

[8] Belén Tobalina, “Retroceso de 25 años. Cae el consumo energético de la UE a niveles de 1990”, A tu salud. Verde, La Razón, 15.II.2015.

[9] AEMA, El medio ambiente en Europa: Estado y perspectivas 2015 – Informe de síntesis, Oficina de Publicaciones de la Unión Europea, Luxemburgo, 2015.

[10] AEMA, El medio ambiente en Europa…, ob.cit.

[11] Pilita Clark, “Stabilising output of greenhouse gas simply not enough, warn scientists”, Financial Times, 13.III.2015.

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