La ecología es para el verano (II)

El pasado 20 de agosto publicamos para Republica.com la primera parte de este artículo, con la mención de algunos aspectos del cambio climático, y con la forma de medir los cambios de temperatura del planeta. Hoy intentamos hacer un balance del mecanismo de calentamiento y, sobre todo, valoramos sus más importantes impactos.

4. El símil de la bañera

Wagner y Weitzman, han utilizado el símil de la bañera para explicar el fenómeno de acumulación de los GE. Y en ese sentido, cabe comparar todo el volumen de la atmósfera con la capacidad de un recipiente de baño: que tiene su grifo de entrada, y su desagüe. El primero, para dar paso a las emisiones de GEI derivadas de la actividad humana; y el segundo, para dar salida a esas mismas emisiones acumuladas, al espacio exterior.

La bañera funcionó sin problemas durante millones de años, con sus puntas de temperatura de la Tierra mayores o menores. Pero desde que la población humana empezó a quemar masivamente carbón[1], y luego otros hidrocarburos como petróleo y gas, el grifo dio paso a recrecidas emisiones de GEI, haciéndose insuficiente el desagüe de la bañera para dar salida a tanto volumen; empezando, entonces, la acumulación progresiva de GEI en el baño[2].

Está claro, pues, que para normalizar la situación, no basta con estabilizar el flujo de entrada de GEI en la bañera; lo que debe hacerse es disminuir radicalmente la cantidad de emisiones que fluyen a la bañera, para incluso acabar cerrándoles el grifo, haciendo posible así estabilizar la acumulación en el depósito.

La bañera es un buen símil sobre lo que está pasando. Y naturalmente, está claro que en su entrada de GEI, llevará mucho tiempo reducir el flujo del grifo; y aún más años cerrarlo por completo (¿hacia 2100?). Y tal vez hayan de transcurrir cientos de años para ver cómo lo acumulado de GEI en el baño empieza a disminuir. Al tiempo que durante ese lapso, los efectos del cambio climático seguirán siendo evidentes y dañinos: seguramente cada vez más.

El cambio climático hace, pues, que hayamos de asumir sus tendencias con una forma de pensar completamente nueva; en la idea de que los ajustes van a ser muy lentos, y que por mucho que trabajemos para descarbonizar la sociedad, los efectos de lo ya acumulado van a dejarse sentir, con todas las incertidumbres antes comentadas. Y lo que está aún más claro: si no actuamos decididamente en los próximos años y décadas, se alcanzará el nivel de los 6ºC por encima de la era preindustrial, con las aludidas consecuencias dantescas.

5. Impactos más importantes del calentamiento global y del cambio climático

Tratando de resumirlo, los principales efectos del doble fenómeno en cuestión, son los siguientes:

 

-Fusión de hielos, y significativamente de los glaciares de la Antártida y de Groenlandia, lo que en el largo plazo significará una elevación del nivel de mares y océanos; con graves consecuencias para los litorales marítimos de todo el mundo, donde viven dos tercios de la población del planeta. En ese sentido, los efectos del calentamiento global no son un futurible. El océano devora terreno, y centenares de miles de personas son testigos de cómo sus tierras se sumergen bajo las aguas. Kiribati, un archipiélago del Océano Pacífico, es uno de los casos más acuciantes: si no se toman medidas el país puede volverse inhabitable en 2050 y acabar por desaparecer[3]. De ser ciertas las previsiones de la comunidad científica, se perderían 13 millones de kilómetros cuadrados de territorio costero, residencia de más de dos mil millones de personas.

Ciudades afectadas por la elevación de las aguas. En Europa, serían aglomeraciones urbanas como Londres, Venecia, Barcelona, Lisboa o Roma, mientras que países como Holanda y Dinamarca quedarían prácticamente inundados. Al otro lado del Atlántico, la península de Florida desaparecería del mapa. Tampoco se librarían Nueva York, Washington, San Diego, San Francisco y Los Ángeles. El deshielo destruiría Buenos Aires, Río de Janeiro, Montevideo o Lima, mientras que en Asia lo haría con Pekín, Shanghái, Tokio, Seúl, Hong Kong, Manila o Singapur. África sería el continente que mejor resistiría a la subida del nivel del mar, pero los efectos perversos del cambio climático llegarían al norte hasta Túnez y El Cairo, así como a la costa oeste arrasando con ciudades como Dakar.

Aceleración de las fusiones: Científicos en Australia y China, tras una serie de investigaciones han llegado a una nueva concepción de cómo el cambio climático y el calentamiento de los océanos están reduciendo las extensas plataformas de hielo de los mares que circundan la Antártida: están desapareciendo con mayor rapidez de lo inicialmente esperado, por su fusión desde abajo; por el agua recalentada, que separa los estratos de hielo del fondo de la tierra en que se asientan. Lo que permite el desprendimiento de icebergs mucho más extensos y con mayor frecuencia que antes[4].

-Si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando, los glaciares del Himalaya y del Hindu-Kush podrían experimentar cambios dramáticos las próximas décadas. Así lo indica un equipo de investigadores en Nepal, Francia y Países Bajos, que ha alertado del impacto del calentamiento futuro sobre los glaciares del Everest y de toda la cordillera. La pérdida de hielo a lo largo del siglo XXI se considera probable, según la investigación publicada en La Cryosphere, una revista de la Unión Europea de Geociencias; con graves consecuencias para las disponibilidades de agua en los países cuyos principales ríos se alimentan de los glaciares, Ganges, Bramaputra, Iravady, Mekong, Yan Tse Kiang, y Río Amarillo[5].

Perdida de salinidad de los mares, a causa de la entrada masiva de agua dulce como consecuencia de la fusión de los hielos polares. Lo que, según algunas hipótesis, tendría como resultado cambios drásticos en las grandes corrientes marinas. Habiéndose llegado a sugerir que en Europa habría alteraciones climáticas espectaculares como resultado de una cierta desviación de la Corriente del Golfo.

Acidificación de océanos y mares, al hacerse mayor su contenido de CO2 y otros GEI, con efectos muy negativos para gran número de especies marinas, que tendrían dificultades de supervivencia. Y eso es así porque la mayor parte del CO2 eventualmente emitido, acaba subsumiéndose en los océanos, con el efecto de la acidificación de éstos; habiéndose demostrado que ésta es hoy un 10 por 100 mayor que en 1990, cuando empezaron las mediciones ad hoc de manera sistemática. Y se estima que el nivel actual es un 25 por 100 mayor que en la era preindustrial. Lo cual es una mala noticia, sobre todo para la fauna y la flora marinas[6].

Liberación del metano (CH4) de los suelos marinos, como efecto del calentamiento del agua del mar. Con su posible combustión en la superficie marítima, habida cuenta de la alta facilidad de ignición del citado gas; que hoy permanece congelado en las zonas abisales de océanos y mares. Además, podría producirse una situación similar con los fuertes depósitos de metano en el permafrost; especialmente en las extensas áreas de tundra del hemisferio norte. El CH4 se genera a partir de la quema de combustibles fósiles, así como en toda una serie de actividades agrícolas, en la ganadería, y en el manejo de una gran diversidad de residuos. Y cualquiera que sea su origen, contribuye al efecto invernadero, con un potencial de calentamiento, referido al CO2, de veintiuna veces. Con la diferencia de que si el CO2 permanece en la atmósfera entre 100 y 500 años, el metano sólo se mantiene entre 7 y 12. En otras palabras, tiene un fuerte impacto inmediato, aunque se diluye al espacio exterior con rapidez[7].

El metano de Siberia y Canadá. El problema radica en que con el calentamiento global, las grandes masas de metano congelado en los fondos marinos y en las tundras siberianas y de Canadá, se liberan a la atmósfera, y siendo fácilmente inflamable, su ignición ocasionaría gravísimos problemas. Una hipótesis formulada hace tiempo, que se corrobora con las últimas noticias: en el Océano Ártico ruso, el verano de 2014, los científicos comprobaron que ya hay emanaciones de metano que borbotean en la superficie del mar para configurarse en altísimas columnas. Falta una comprobación científica de esas informaciones, que aún tienen suficiente consistencia. Pero si efectivamente se confirman, estaríamos ante una nueva muestra dramática de lo que está sucediendo en el planeta azul por la incidencia antrópica, con un agravamiento de las situaciones previsibles. Lo que habrá de tenerse en cuenta en la futura Conferencia del Clima (COP-21), a celebrar en París en noviembre/diciembre de 2015. Estamos, pues, ante una nueva cuenta atrás para tomar grandes decisiones.

Desertificación aun mayor de la existente. Como ya se evidencia en zonas de gran extensión del Sahel, determinadas zonas de Asia meridional, y en la ampliación de los ya grandes desiertos de Gobi, Kalahari, etc.

Contaminación del aire por encima de los niveles aceptables, que hoy miden los sensores; superándose en mucho los topes actuales de tolerancia para la salud humana y a efectos de otros aspectos ambientales.

Mayor frecuencia de incendios, y con más fuerte intensidad, en toda clase de bosques (las grandes fábricas de oxígeno del planeta). Y sobre todo en los espacios húmedos tropicales, con efectos muy nocivos para la biodiversidad y la estabilidad del clima; lo que a su vez contribuiría a un mayor impulso al deterioro de la calidad del aire en todo el mundo.

Agudización de algunos fenómenos climáticos, generándose sequias más frecuentes, intensas y duraderas en determinadas zonas; con mayor numero y violencia de huracanes y tifones, con incidencia dramática para la seguridad de las personas, y particularmente para la agricultura y el propio patrimonio inmobiliario de zonas de fuerte concentración poblacional, así como establecimientos turísticos costeros en zonas tropicales. En esa materia de efectos del cambio climático, la pregunta del millón todavía no se ha contestado cabalmente[8]: la ola de calor de 2003 en Europa, las inundaciones de Bangladesh de 2014, o la sequía que asola a California[9] ¿son consecuencias directas del calentamiento ocasionado por las actividades de los seres humanos?[10]. Al respecto, hasta hace bien poco, la ciencia del clima no podía analizar ningún posible paralelismo causal identificable entre aumentos de temperatura y sucesos climáticos más o menos extremos, considerados como anormales. Por ello mismo, es del mayor interés la investigación realizada por el Instituto de Ciencias del Clima y la Atmósfera, de Suiza, dirigido por Reto Knutti, según el cual, y por primera vez, se ha desarrollado un modelo para evaluar hasta qué punto está incidiendo el cambio climático en la ocurrencia de olas de calor, lluvias torrenciales, etc. Y los resultados de tal investigación resultan en verdad sorprendentes: el 75 por 100 de los eventos de temperaturas extremas y el 18 por 100 de los grandes aguaceros, podrían ser atribuidos al cambio climático[11].

Interacción de los fenómenos anteriormente descritos, con posibilidades de complicaciones ahora inimaginables, que significarían una gravedad mucho mayor de los problemas suscitados.

Y aquí terminamos la segunda entrega del artículo La ecología es para el verano (II), en la idea de terminar el próximo jueves. Y en el interim, como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

 

[1] En Europa Occidental el consumo ya importante de carbón empezó en el siglo XIII, y originaba tal contaminación atmosférica, que el Rey Eduardo I estableció una comisión sobre aire contaminado en 1285, y en 1306 se hizo ilegal la quema de carbón, llegando incluso a castigarse ciertas infracciones de dicha Ley con la pena de muerte. Ulteriormente la Ley fue derogada, y la quema de carbón no dejó de crecer desde entonces.

[2] Gernot Wagner y Martin L. Weitzman, Climate shock. The economic consequences of a hotter planet, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2015, pág. 15 y sig.

[3] Laura Zamarriego, “Desaparecer del mapa”, Ethic.es, julio 2015.

[4] “Los investigadores revelan los motivos de la rápida desaparición de las plataformas de hielo de la Antártida” (ABC News, 6 de marzo), Abengoa News, abril 2015.

[5]”Las señales del cambio futuro son claras: la continuada y, posiblemente, acelerada pérdida de masa de los glaciares es probable”, manifiesta Joseph Shea, un hidrólogo de glaciares del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, en Katmandú (Nepal), y líder del estudio. El modelo usado por Shea muestra que el volumen de los glaciares en la región de Hindu Kush, podría reducirse entre un 70 y un 99 por 100 para el 2100. Antonio Cerrillo, “La amenaza del deshielo llega al techo del planeta”, La Vanguardia, 10.VI.2015.

[6] Gernot Wagner y Martin L. Weitzman, Climate shock. The economic consequences of a hotter planet, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2015, pág. 42.

[7] Ramón Tamames, “Liberación de metano”, A tu salud. La Razón, 15.II.2015.

[8] María Martín, “Tres horas de agua”, El País, 18.V.2015.

[9] Análogamente a lo que sucede en California y todo su entorno en EE.UU., el sureste de Brasil vivió la segunda mitad de 2014 y la primera de 2015 la peor sequía de los últimos 84 años, con los principales embalses en mínimos. La escasez de lluvia durante 2014 en el estado de Sao Paulo casi ocasionó el colapso del sistema de abastecimiento de una megalópolis de 20 millones de personas, de modo que el gobierno paulista se vio obligado a ejecutar apresuradamente obras que no estaban previstas sino para el 2020.

[10] Miguel G. Corral, “Un planeta de extremos climáticos”, El Mundo, 28.IV.2015.

[11] Revista Nature Climate Change, 28.IV.2015. Sobre el mismo tema un artículo de gran interés en The Economist: “Is it global warming or just the wather: Scientists are getting more confident about atributting heatwaves and droughts to human influence”, The Economist, 9.V.2015.

 

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