La ecología es para el verano (I)

Desde hace muchos años, cuando llega el verano, tiendo a escribir algo sobre cuestiones ecológicas que tengan un carácter permanente, y sobre las cuales podamos meditar en la tranquilidad que encontramos a veces en el estío. Y este año, pensando en la gran Conferencia del Clima que va a celebrarse en París en diciembre, presentaré a los lectores de Republica.com una serie de cuestiones sobre los efectos del cambio climático en la biosfera y otros temas colaterales.

1.Lo que puede venírsenos encima

El Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC), la entidad creada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA), estima que el actual estado de acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, ha llegado a las 400 partes por millón (ppm). Un nivel 40 por 100 superior a los 280 ppm de la era preindustrial; todo ello según investigaciones hechas sobre la base de las burbujas de aire de los hielos de otros tiempos, en Groenlandia y en la Antártida; existiendo la posibilidad, según previene el propio IPCC, de que si se doblan los actuales 400 ppm, podría llegarse a una temperatura de 4,5ºC por encima de la preindustrial.

Las alteraciones comentadas podrían generar situaciones irreversibles de características trágicas[1]. Hasta el punto de que el científico Mark Lynas, que ha estudiado la cuestión en su libro Six Degrees[2], se refiere a ese horizonte como al sexto círculo que Dante asignó al infierno en su Divina comedia[3].

 2.Cuatro características del cambio climático

Sintéticamente, cabe decir que el cambio climático, a diferencia de otros problemas ambientales, tiene características de ser único en una serie de aspectos: es global, al abarcar a todo el planeta como una sola entidad; se plantea a largo plazo, de siglos en muchas de sus predicciones; resulta absolutamente irreversible en cuanto a que la acumulación de GEI no podrá ceder espontáneamente según lasprevisiones más fundadas; y está lleno de incertidumbres por la combinación de las características anteriores en modelos de propagación hacia el futuro aún insuficientemente sofisticadas[4].

La primera de las características mencionadas del cambio climático, la de ser global, proviene del hecho de que una serie de impactos pueden ser de ámbito regional. En esa dirección, el problema del extenso agujero en la capa de ozono sobre la Antártida no tuvo un ámbito planetario; y lo mismo puede decirse de la biodiversidad, o la deforestación; que también son problemas regionales, centrados sobre todo en los trópicos. Por el contrario, el cambio climático tiene una globalidad que se traduce en temperaturas en elevación, que afectan a toda la Tierra; por la acumulación cada vez mayor de GEI en la alta atmósfera.

En cuanto al factor largo plazo, puede decirse que los efectos de lo que hoy estamos emitiendo a la atmósfera seguirán incidiendo en tiempos lejanos en el futuro, sin que todavía pueda precisarse con verosimilitud ese horizonte de tiempo. Así pues, la mitigación en las emisiones de GEI es un problema a atacar pensando en las generaciones venideras.

Y el hecho de que el cambio climático sea irreversible también parece claro, por lo menos dentro de las pautas cronológicas en que actualmente se mueve la sociedad humana: la fusión de los hielos polares, de Groenlandia y de la Antártida, no podrán detenerse en los próximos tiempos, seguramente siglos, por la inercia que desde décadas atrás impulsar ese fenómeno. Es un proceso que parece imparable, lo cual no es óbice para que las predicciones climáticas, a pesar de su tendencia de crecimiento permanente, fluctúan a lo largo del tiempo; y de ahí la década –véase el gráfico 3 sobre la segunda mitad del pasado siglo— que se pensó podría significar una cierta reversibilidad. Pero los quince años transcurridos del siglo XXI, han acabado enteramente con tal posibilidad.

En definitiva, todos los factores anteriores, conducen a una confirmación del efecto antrópico, pero con muchas incertidumbres en cuanto al ritmo. Que todavía no han podido resolver los modelos de cambio climático, basados fundamentalmente en el aumento térmico en los océanos y en la fusión de los glaciares de montaña; pero que hasta hace bien poco no incluían la fusión de los hielos de las regiones polares del Norte y de la Antártida. Hay, pues, mucho de desconocido dentro de lo que no sabemos.

3.Cómo se miden las temperaturas cambiantes

Anteriormente ya se indicó que los datos sobre el cambio climático se conocen a partir de los hielos polares, un tema en el que Richard Alley es un gran experto. Por lo cual me pareció interesante incluir aquí la transcripción de una entrevista que Miguel G. Corral le hizo para el diario El Mundo:

¿Así que los testigos de hielo son el ADN de la Tierra?[5]

Sí, es fantástico. Es como leer su diario. Podemos volver atrás en el tiempo y leer lo que escribió nuestro tatarabuelo. En el día más cálido de mitad del verano en el centro de la Antártida hace -20ºC. Así que el hielo no se derrite, pero la nieve se acumula de manera diferente durante los veranos y los inviernos. Sólo con la nieve ya podemos contar los años. Pero además de nieve, también hay polvo y pequeños trozos de micrometeoritos y divertidos isótopos creados por los rayos cósmicos y hay burbujas de aire todo ello atrapado en la nieve año tras año. Así que podemos contar un relato maravilloso sobre el pasado del clima.

¿Hay diferencias entre el cambio climático actual y los que ha habido del pasado?

Cuando miramos los testigos de hielo, vemos muchísimas cosas que afectan al clima. Está afectado por el Sol, por volcanes que bloquean la luz solar, por movimientos de placas geológicas que provocan cambios lentos en las corrientes marinas… Pero los cambios en la atmósfera parecen ser el factor más importante que controla el clima. Cuando la naturaleza aumenta el CO2 a través de las emisiones de los volcanes o de otros cambios, el clima se calienta. Pero también vemos que cuando el clima cambia, la vida cambia. Hay una línea y un montón de especies mueren en esa línea. Pero en el presente, hace cerca de 30 años que el Sol tiene una actividad baja, no hay volcanes que bloqueen el Sol y las órbitas del planeta no han cambiado demasiado. Hemos aumentado el CO2 y su efecto sobre el clima explica lo que ocurre. La naturaleza está cambiando y nuestra huella dactilar está en ello.

¿Quiere decir que la vida que conocemos cambiará?

Sí, con un muy alto grado de confianza, si cambiamos el clima, la vida también cambiará. Ya hemos visto como se están produciendo cambios en la época de floración de algunas plantas y que están ocurriendo algunas cosas raras. Pero el cambio climático que hemos causado hasta ahora está aún por debajo de 1ºC. Pero, si continuamos quemando fuentes fósiles, después de vendrán los 2ºC, y luego los 3ºC y luego los 4ºC… Podemos empezar a ver lugares que estarán más cálidos que cualquier lugar que conozcamos hoy en todo el planeta, y eso será muy duro.

¿Los dos grados centígrados son la última frontera o nos podemos permitir un aumento de 3ºC?

Podemos realmente llegar a eso y mucho más si continuamos quemando fuentes fósiles. Y ésta es la media global, y debido a que la tierra se calienta mucho más que el océano, casi todos nosotros viviremos en condiciones más cálidas que esa cifra global. Pero podemos contener el calentamiento si realmente queremos hacerlo. Si somos serios en las negociaciones internacionales, podemos contener el aumento en dos grados. O, en caso contrario, nos podemos ir a tres, cuatro o más, sabiendo que cada uno de esos grados será más costoso y más peligroso que el anterior.

¿Confía en que en París se llegue a un acuerdo que logre controlar el aumento de temperatura en dos grados?

No confío, ya veremos. Es posible. Estamos en un momento muy interesante, con la encíclica del Papa…

¿Son buenas señales?

Sí, muy buenas. Es muy interesante el texto del Papa. La ciencia en la que se basa es muy sólida.

Y aquí terminamos la primera entrega del artículo La ecología es para el verano (I), en la idea de seguir el próximo jueves. Y en el interim, como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

 

[1] Ese guarismo de 4,5 se ha convertido en lo que en inglés se llama climate sensitivity, y que ad pedem literae, podríamos traducir como sensitividad climática. Gernot Wagner y Martin L. Weitzman, Climate shock. The economic consequences of a hotter planet, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2015, pág. 13 y sig.

[2] Mark Lynas, Six Degrees: Our Future on a Hotter Planet, Harper Perennial, Nueva York, 2008.

[3] En función de tan dramáticas previsiones, la Unión Europea ha puesto en marcha un proyecto conocido como Helix (High-end climed impacts and eXtremes), que empezó en noviembre de 2013, considerado como “un juego de casos verosímiles y coherentes sobre impactos regionales de la subida térmica a 2, 4 o 6 grados por encima de la era preindustrial”.

[4] Gernot Wagner y Martin L. Weitzman, Climate shock. The economic consequences of a hotter planet, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2015, pág. 7.

[5] Miguel G. Corral entrevista a Richard Alley, Catedrático de Geociencias en la Universidad de Pennsylvania, “El riesgo del cambio climático en España es muy preocupante”, El Mundo, 29.VI.2015.

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