El caso de Grecia: tercer rescate o Grexit (I)

  1. INTRODUCCIÓN

Lo de Grecia, si acepta o no los términos de un acuerdo para un tercer rescate, o si se marcha del euro, es el auténtico culebrón económico del 2015, fundamentalmente porque Syriza y el Sr. Tsipras complican todo, hasta límites increíbles, haciendo muy difícil cualquier arreglo. Y además, en medio de toda clase de lindezas, como llamar criminales a los agentes del FMI o terroristas a algunos miembros de la Comisión Europea.

Eso sí, luego vuelven a las salas de reuniones, descorbatados y con una desfachatez impresionante, casi haciendo valer que el trío de Sócrates, Platón y Aristóteles obliga a la Unión Europea a rendirse en las Termópilas, y hacer lo que santamente crean mejor en las inmediaciones de la Acrópolis.

En ese contexto entre tragedia de Esquilo y comedia de Aristófanes, hemos preparado un informe para los lectores de Republica.com sobre el caso griego, que esperamos sea de su interés. Por cierto, un tema que empezó, casi con el comienzo del siglo XXI, cuando los helenos ingresaron en la Eurozona, falseando su gobierno los datos presentados, a efectos de demostrar que cumplían los criterios de Maastricht; como paso indispensable para ingresar en la Unión Monetaria.

Y casi en paralelo a ese trance de engaños y fraudes, se prepararon los primeros juegos olímpicos modernos de Grecia, en 2004; a lo largo de los cuales, el ejecutivo de Atenas se embarcó en una fase de gastos disparatados y derroches múltiples, entreverados de toda clase de corrupciones; se creó así una situación financiera que acabó estallando en la que llamamos «crisis de nunca acabar», comenzada en 2008[1].

  1. LOS DOS PRIMEROS RESCATES

Así las cosas, en 2010, la Unión Europea hubo de crear instituciones ad hoc para asistir a Grecia en sus políticas de caída dramática de ingresos públicos y endeudamiento. Nació de esa forma, primero, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), así como la tan denostada Troika, que integran la Comisión de la UE, el BCE y el FMI, para vigilar los memorandos de entendimiento que sucesivamente fueron acordándose. Y de ese modo se produjo el primer rescate: la ayuda de la Eurozona a la Hélade actual, que alcanzó la cifra de 110.000 millones de euros, además de una fuerte primera quita de su deuda soberana.

Pero esos males, abordados para su pretendida solución en 2010, lejos de resolverse con las euroinyecciones, se agravaron aún más. Entre otras cosas, porque, como dijo Papandreu antes de dar paso en 2011 al gobierno tecnocrático de Lucas Papademos: «aquí nadie paga impuestos, todo el mundo defrauda, tenemos la productividad más baja de la UE, la oligarquía se lleva los capitales de Alemania a EE.UU., y sufrimos el Estado más burocrático e ineficiente». Y ahí sigue todo eso y mucho más, sin apenas haberse tocado nada: y esa es «la madre del cordero» de una crisis inacabable e insoluble de forma convencional… porque los griegos de hoy no se parecen tanto a los del siglo de Pericles en cuanto a sabiduría y ética.

Inevitablemente, llegó el segundo rescate, en 2011, con el cual se ha acumulado al día de hoy la impresionante cifra de 340.000 millones de euros de aporte desde la UE: la suma de los 110.000 millones de la primera ayuda, 130.000 de la segunda, y el resto de quitas. A pesar de lo cual, Grecia sigue teniendo hoy un débito estatal del 176 por 100 del PIB del país; con un 27 por 100 de paro, un Estado que gasta el 58 por 100 del PIB (España el 44), y el doble de funcionarios que España en términos comparativos. Con todo eso, y sin llevar a cabo las reformas, el pueblo sufre por los recortes, en tanto que la recuperación sólo comenzó a vislumbrarse de manera firme con el último gobierno Samarás, caído por las elecciones del 31.I.15 que ganó Syriza. La razón de ese estado de cosas, insistimos, es que los sucesivos gobiernos griegos incumplieron todo lo que prometieron.

  1. GREXIT Y SU ALTERNATIVA: EL TERCER RESCATE

La salida de Grecia de la Unión Monetaria Europea, una hipótesis que se ha dado en llamar «Grexit» (por el término anglosajón exit, salida), crearía una situación de desastre, volviendo a la dracma como moneda nacional, con una devaluación de por lo menos el 50 por 100 frente al euro, de la noche a la mañana la deuda pública se multiplicaría por dos. Y los bancos del país, sin liquidez proveniente de la ayuda comunitaria o directamente del BCE, tendrían que cerrar de inmediato en una situación caótica. Y sin ingresos provenientes de la Eurozona, el Estado griego estaría abocado a la bancarrota, sin posible pago a funcionarios, pensionistas, etc. Al final, y para abreviar la secuencia de negros augurios, resultaría que de los 10,993 millones de griegos, no sería impensable que en dos o tres años, por lo menos un tercio acabaran emigrando al resto de Europa; porque Grecia se iría del euro, pero no de la UE.

La única opción plausible, por tanto, era y es llegar a un acuerdo entre el Eurogrupo y el nuevo gobierno griego surgido de los comicios del 31-I-15 es que el nuevo ejecutivo de Atenas reconozca -cierto que con un lenguaje más eufónico que el de antes-, los incumplimientos y las obligaciones. Y esa senda es la que se abrió con el acuerdo Atenas/Eurogrupo alcanzado el 21-II-2015, por el que Grecia se comprometió a no adoptar «ninguna medida ni cambio unilateral que pueda afectar negativamente a los objetivos fiscales, la recuperación económica o la estabilidad financiera, según el análisis de las instituciones». Lo cual equivalía a impedir que el gobierno de Syriza aprobara nueva legislación contradictoria con las previsiones de un convenio[2]. Pero a partir del referido acuerdo preliminar del 21 de febrero, todo se complicó al máximo, hasta el punto de que sólo el domingo 12 de julio podrá saberse si finalmente habrá una decisión greco-comunitaria que ponga un primer fin al culebrón heleno de nuestros días.

Seguiremos la próxima semana, y en el interim, los lectores de República.com pueden comunicarse con el autor en castecien@bitmailer.net.

[1] Ramón Tamames, «Grecia: ¿tragedia o comedia?», La Razón, 19.II.2015.

[2] Miguel Roig, «El Eurogrupo llega a un acuerdo con Grecia pero lo condiciona a un plan de reformas», Expansión, 21.II.2015.

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