La transición española como expresión de cambio político pacífico de la dictadura a la democracia (IV)

Carrillo y Suárez

El pasado jueves 14 de mayo, iniciábamos este artículo, ya en su cuarta entrega, sobre la Transición española a la democracia, que tiene tantos defensores, y también no pocos detractores. Esto último, sobre todo, entre las promociones emergentes de políticos de apariencia izquierdosa que se refieren al candado de la Constitución de 1978. Y precisamente para contrapesar ideas tan antihistóricas como agoreras, he preparado este trabajo, no tanto para defender la Transición como para exponer en qué consistió.

5. LAS ELECCIONES DEL 15 DE JUNIO DE 1977

A pesar de todo el perfil de la reforma Suárez de 1976, destinada a favorecer a los votantes de la derecha y del centro, puede decirse que los resultados de las elecciones del 15 de junio de 1977, para los viejos partidos de la oposición democrática, fueron mucho más favorables de lo que se pensaba poco tiempo antes de los comicios.

La izquierda llegó al Parlamento con una votación popular importante. Y así se comprueba si se suman los sufragios del PSOE, PSP, PCE/PSUC, y el resto de la izquierda. Agrupaciones que consiguieron en total el 43,78 % de los votos válidos, un resultado superior a la suma del centro y la derecha (UCD + AP) del 42,02 %.

En definitiva, la no unión, en las elecciones, de las fuerzas democráticas prohibidas bajo el franquismo, hizo posible, que con sólo un 33,86 % del voto popular, la UCD lograra el 47,11 % de los escaños. En tanto que el PCE/PSUC sólo consiguió 20 diputados, muchos menos de los esperados, en cierto modo porque la palabra socialismo había sido machacada por el régimen, y todo lo relacionado con lo comunista había sido objeto de sistemática trituración.
A propósito de lo cual, extraigo de mi libro Más que unas Memorias, algunos párrafos, de la conversación que tuve en un encuentro en París, en 1967, con el Secretario General del PCE, a quien hice una propuesta no seguida:

 De cara al futuro, Santiago, creo que deberíamos pensar en cambiar el nombre del partido, porque con la propaganda franquista de los últimos 30 años, la palabra comunista le suena mal a mucha gente. Desconfían de una referencia política que asocian al stalinismo y a la falta de democracia en la URSS y en todos los países de planificación central Europa Oriental. Por otro lado, los heroísmos del PCE durante la guerra civil o se han olvidado o han caído también bajo el rulo de la propaganda... En cambio lo del socialismo, a pesar de que también es atacado por el franquismo, tiene mejor prensa. Porque casi siempre, y a veces varios a la vez, hay un gobierno socialista en los países europeos, con buena ejecutoria democrática... Sinceramente creo que deberíamos ir con otro nombre, como Partido del Trabajo, o Laborista... Como comunistas vamos a tener pocos votos…

 Entiendo lo que dices, Ramón -me dijo Carrillo en un tono con-descendiente para lo que en otras circunstancias habría sido considerado como una provocación-, pero no ha llegado el momento de lo que tú propones... Quizá más tarde, podríamos promover una gran asociación a otras fuerzas de izquierda y entonces tendríamos que buscar ese nombre nuevo que dices...

Y así quedó el tema.

Evidentemente, lo que pasó el 15-J-77 dio completa razón a lo que habíamos previsto algunos: muchos menos votos de los esperados, y la mayoría para el centro-derecha. Con todo, en la retro-perspectiva histórica, no cabe duda de que en lo esencial las elecciones de junio de 1977 permitieron abrir definitivamente el proceso constituyente, y empezar a plantearse (en los Pactos de La Moncloa) una serie de medidas económicas y sociales.

Al amparo de lo dispuesto en el artículo 3.° de la Ley para la Reforma Política de Suárez, el Congreso de los Diputados, formado en las elecciones generales de 15 de junio de 1977, hizo uso de su derecho de iniciativa constitucional, y en vez de aceptar la propuesta de don Adolfo de estudiar un proyecto de Constitución ya elaborado por su propio encargo, impulsó el acuerdo global de formar una ponencia para redactar un proyecto de la Constitución enteramente nuevo; que tras el amplio debate parlamentario y el referéndum constitucional del 6.XII.1978 quedó aprobada el siguiente 29 de diciembre.

Veinticinco años más tarde, en 2003, en el prólogo que hizo el propio Adolfo Suárez a la novena edición de mi libro Introducción a la Constitución Española[1], tituló nuestra Ley de Leyes con esta frase: “Una Constitución desde el consenso y para seguir en el consenso”. Palabras que resumen el espíritu de la Transición.

6. LOS PACTOS DE LA MONCLOA: CÓMO SE CONCIBIERON

Pero si aquel proyecto de Constitución y su negociación durante meses marcó una serie de fases de la Transición, cabe decir que fueron los Pactos de La Moncloa los que contribuyeron, en alto grado, a que esa Constitución llegara a nacer, como podrá comprobarse seguidamente, en la línea de lo que fue un acuerdo económico que apaciguó los ánimos en un país que de otra manera se habría exaltado con la crisis económica y el paro.

Todo el proceso que llevó a los Pactos de La Moncloa, empezó por la «Declaración programática», del 11 de julio de 1977, del nuevo gobierno de Suárez; planteada desde una posición inicialmente nada pactista, con la puesta en marcha de lo que pretendía llamarse Plan de Urgencia Económica del Gobierno. Del cual ya se había tomado la decisión más urgente: la devaluación de la peseta en un 19,7 por ciento; al pasar el fixing del Banco de España de 70,09 a 87,33 pesetas por dólar. Una operación inevitable, en razón al fuerte proceso inflacionista, y una primera muestra de lo que luego se llamarían devaluaciones competitivas.

En la Declaración Programática del 11 de julio había lagunas importantes, que fueron objeto de críticas públicas inmediatas. Y la propia del PCE se manifestó en la sesión celebrada en el Palacio de La Moncloa, el 13 de julio de 1977, en la que el Presidente del Gobierno estuvo acompañado del vicepresidente económico Fuentes Quintana y de Manuel Jiménez de Parga, a la sazón ministro de Trabajo. En tanto que la representación del PCE la formamos Santiago Carrillo, Tomás García (Juan Gómez en su nombre de la clandestinidad) y yo mismo.

Cuando entramos en el despacho del Presidente, éste nos esperaba con sus dos citados ministros, para desarrollarse inmediatamente un encuentro de gran cordialidad, en el que fue perfectamente factible las observaciones muy críticas que hicimos a los proyectos del gobierno para fijar nuestra posición. Que llevábamos escritas en un breve documento, poniendo de relieve que en el Plan de Urgencia Económica presentado por el Ejecutivo, predominaba el cortoplacismo; con el claro propósito de situar los ingresos salariales por detrás de los precios a base de congelar las retribuciones durante 1978 en un nivel del 17 por 100 sobre el año anterior. Cuando se suponía que los precios subirían un 23. Se trataba, pues, de una minoración potencial de salarios de siete puntos. ¡Demasiado para la incipiente democracia![2]

Una a una fuimos repasando las diferentes cuestiones planteadas por el Gobierno y por nosotros mismos, y creo que se produjo el doble efecto que buscábamos en nuestra visita:

— Dar sensación de que estábamos decididos a colaborar en la solución de la grave situación del país.

— Dar a entender que era necesario un consenso sobre política económica, renunciando a un enfoque unilateral del gobierno, algo que todavía recordaba los tiempos autoritarios.

A la hora de despedida de aquella reunión, Adolfo Suárez me dio personalmente las gracias por el envío que le había hecho unos meses antes, en diciembre de 1976, de dos libros míos:

— Gracias, por tu novela, Historia de Elio con su inspiradora dedicatoria, Ramón, -me dijo tomándome del brazo-. La leí de un tirón en un fin de semana. Y también gracias, demoradas, por tu libro ¿Adónde vas España? Útil, de verdad.

Seguiremos el próximo jueves en lo que, como ya se ha dicho, es un relato para explicar algunos rasgos fundamentales de la Transición. Y en el interim hasta nuestra nueva entrega, los lectores de Republica.com pueden contactar con el autor a través de castecien@bitmailer.net.

[1] Ramón y Laura Tamames, Introducción a la Constitución Española, 9ª edición, Alianza Editorial, Madrid, 2003.

[2] Anticipamos aquí que el resultado final de los Pactos fue 22 por 100, tanto para masa salarial como previsión de precios.

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