Las cuatro claves: un nuevo libro de RT (y II)

El pasado jueves, iniciábamos este artículo de dos entregas, con las cuatro claves del libro que estoy terminando, de las que ya dimos buena cuenta, eso creo, al referirnos a la Ecología y la Economía. Hoy nos tocan las otras dos claves: No Hegemonía, y Armonía.

Y para empezar por la No Hegemonía, cabe recordar aquel latiguillo de “siempre ha habido guerras y siempre las habrá”. Una afirmación -cargada de pesimismo- que se oye con frecuencia. Pero, obviamente, hoy la guerra entre las dos únicas superpotencias que hay en el mundo -EE.UU. y China-, podría ser nuclear. Lo que cambia todo el panorama de las antiguas contiendas, pues un conflicto atómico, significaría la muerte del planeta azul; o por lo menos un cambio traumático, con la posible desaparición de la civilización humana.

La explosión de los dos pequeños artefactos atómicos lanzados sobre Japón en 1945, Hiroshima y Nagasaki, son una evidencia previa de que con la dimensión actual del arsenal nuclear y la potencia unitaria de sus especímenes de hidrógeno, bastaría y sobraría para destruir la vida humana en el planeta por lo menos dos o tres veces; a causa de la onda térmica, la radiación, el invierno nuclear, etc. De ahí que en el intento de explorar las tensiones actuales entre las dos superpotencias, hemos de hacer, ante todo, una evaluación de lo que han sido sus relaciones en los últimos tiempos; con aspectos indudablemente positivos frente a lo que fue el anterior antagonismo URSS/EE.UU.

Como también hemos de apreciar la trayectoria de posible entendimiento entre los dos superpoderes, en una confrontación que muchos consideran inevitable. Lo que obliga a examinar toda una serie de cuestiones en el caso de China, que es la gran fuerza ascendente, aspirante, vis à vis EE.UU., a ocupar una posición hegemónica en las más diversas cuestiones mundiales.

Como es lógico, no se trata sólo de examinar relaciones y las fricciones entre los dos Imperios de hoy, sino también de ver cómo pueden evolucionar en función de un número importante de variables; como son el PIB, las tecnologías de defensa, y las propias tratativas en curso en el escenario mundial para resolver problemas por la vía diplomática. Y de esta última posibilidad destacaremos el precedente, de gran importancia, de antes de la primera guerra mundial, cuando la terrible contienda de 1914-1918 podría haberse evitado si hubiera habido las negociaciones preconizadas en el Memorándum Crowe de 1907; que sigue siendo un precedente a considerar en el momento actual.

Por lo demás, está claro que hoy las tensiones entre EE.UU. y China se manifiestan fundamentalmente en el Océano Pacífico, una cuenca mayor que todas las tierras emergidas del planeta: un escenario dominado enteramente por EE.UU. desde hace más de un siglo, y ante el cual China está tomando posiciones más que notorias frente a los demás países ribereños de la orilla asiática del Pacífico.

Y dentro del análisis que estamos haciendo, hay que tener en cuenta igualmente las nuevas relaciones entre Rusia y EE.UU., y de Moscú y Pekín; permitiendo estas últimas la escenificación del concepto de una Eurasia enfrentada a Occidente.

Lógicamente, luego viene la identificación de los importantes cambios institucionales que están produciéndose en el escenario económico y financiero del Pacífico, que dan pie a una visión optimista del problema, sobre todo por su posible desarrollo futuro.

Pero todo eso -y mucho más- exige un esquema global de organización de la comunidad internacional, en pro de una concordia general, poniendo fin a la sangrienta historia de la humanidad. Que llegó a lo inimaginable con las dos guerras mundiales del siglo XX, y que ahora, también inspira preocupación por el rearmamentismo manifiesto en los primeros tres lustros del siglo XXI, tanto en cantidad como en capacidades letales de las nuevas tecnologías bélicas. Y precisamente para solucionar todo eso, resulta ineluctable la cuarta clave: la paz perpetua, la misma idea que Inmanuel Kant ofreció, precozmente, a la sociedad de su tiempo. Cuando en 1795 publicó su ensayo de ese título, un escrito quizá no tan enjundioso como las tres Críticas (de la razón pura, de la razón práctica, y del juicio), pero sí su trabajo de mayor influencia; por haber servido de base para crear la Sociedad de las Naciones, primero, y las Naciones Unidas ulteriormente, ya en el segundo caso, de cara a un posible gobierno mundial.

Para el esquema de paz perpetua que preconizamos en la parte final de este libro, contamos con los precedentes examinados en las claves 1, 2 y 3, lo que nos permite hacer un planteamiento no poco ambicioso: la paz duradera es posible a la altura del siglo XXI si se resuelve un problema fundamental, cual es pasar del sistema todavía vigente de las soberanías de los Estados nacionales a un concepto de soberanía mundial; del que ya existen importantes atisbos, aunque todavía sin suficiente consistencia.

Dicho de otra forma, se trata de ver si la evolución de la comunidad internacional tiene ya suficiente recorrido como para auspiciar un esquema de solución en la línea de la ideada por Kant hace más de dos siglos. Pero ciertamente, en un mundo muy diferente: con una población casi diez veces la de entonces, y un producto social -dentro de las posibilidades de comparación- por lo menos cien veces mayor que el de 1795. Y sobre todo, con una aceleración tecnológica: el factor más importante a la hora de apreciar si el utópico planteamiento kantiano tiene virtualidad en nuestro tiempo.

To be or not to be: That is the question. Y en ese sentido, todos los esfuerzos deberían polarizarse para alcanzar la concordia, para superar el antagonismo con la fuerza de la razón; sin dejarnos arrollar por la pretendida razón de la fuerza.

Y como siempre, el autor se ofrece para cualquier observación, objeción, pregunta, o reprimenda, a sus lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *