Las cuatro claves: un nuevo libro de RT (I)

En los últimos tiempos, estuve trabajando en una serie de cuestiones, que luego he podido colegir están en una relación lo suficientemente estrecha, como para establecer un conjunto de cuatro claves explicativas de lo que tenemos que hacer para conseguir un mundo nuevo mucho mejor. Se trata de cuestiones que se pueden abordar desde una visión cosmológica de la ECOLOGÍA, con una serie de ajustes que nos ofrece la ECONOMÍA, y en un mundo en el que es preciso abandonar cualquier idea de HEGEMONÍA, para finalmente llegar a la CONCORDIA de una paz perpetua. Y precisamente las palabras que he puesto con todas sus letras mayúsculas, son las cuatro claves que exploro en la publicación a que me refiero, para la que ahora estoy buscando editor; en la idea de que esta primera salida en Republica.com podría ayudar a tal encuentro.

El tema de la visión cosmológica de la ECOLOGÍA, se relaciona muy directamente con la ubicación del planeta en que vivimos dentro del cosmos. Y en ese sentido, la primera vez que el autor tuvo conciencia directa, clara y personal de que vivía en un mundo único en medio del universo, fue en el lejanísimo año 1945. Cuando con dos de mis hermanos (Rafael y Juan), un amigo habitante de nuestra misma casa (Gonzalo Sol), y un servidor de ustedes, subimos a la terraza en una noche de verano sin luna, para escrutar el firmamento.

Allí, con una claridad que hoy ya no existe en la atmósfera de nuestras ciudades lumínicamente contaminadas, y con unos prismáticos de diez aumentos y un mapa circular de la cúpula celeste, de esos que se ajustan según fechas concretas para una latitud determinada, que había facilitado a mi padre un paciente suyo -alemán, muy versado en constelaciones y planetas -, recorrimos la bóveda celeste entre exclamaciones y eurekas.

Con los rudimentarios conocimientos que habíamos adquirido en las noches estrelladas de nuestras correrías montañeras por las Sierras de Guadarrama y de Gredos, identificamos las constelaciones más conocidas: Osa Mayor, Osa Menor, Dragón entre ellas dos, Casiopea, Cinturón de Orión, etc. Y fuimos compartiendo nuestros hallazgos, pasándonos los prismáticos, y buscando más cuerpos siderales del mapa circular.

Luego mis conocimientos de astronomía fueron ampliándose, y durante mis viajes fuera de España siempre visité los planetarios de París y Londres, admirando la dimensión del universo, que se nos ofrecía con sonoras explicaciones de voces en off. Con datos que por entonces eran más inciertos que ahora, cuando ya tenemos las mediciones precisas del Big Bang (13.800 millones de años hasta entonces) y del diámetro del cosmos, de 45.000 millones de años.

También todavía muy joven, me hice con un libro de Isaac Asimov titulado precisamente El Universo, que definitivamente me abrió los ojos, para ya no cesar en leer todo lo que caía en mis manos (y lo que buscaba), en la medida que podía entender tales informaciones; lecturas en verdad apasionantes.

Después, me han ido interesando otros aspectos ya más próximos a nuestra actividad cotidiana en el planeta azul en que vivimos. A lo que dediqué mis libros Ecología y desarrollo sostenible (primera edición en 1985) y posteriormente El grito de la Tierra (2010); respondiendo así a inquietudes, que nunca dejé de sentir, para ahora centrarme y profundizar en la mencionada primera clave del nuevo libro; y más específicamente en el tema del cambio climático, un problema arduo, por la creciente incidencia antrópica en el cambiante clima del planeta.

En la actualidad, ya tenemos suficiente conocimiento de los niveles de riesgo que significa las mutaciones climáticas que apreciamos con toda una serie de evidencias. Como también se saben los medios de que podríamos disponer para frenar el deterioro que se está introduciendo, antes de que se entre en una fase irreversible.

Y eso es, lo que desde diversos enfoques se aborda en el primer capítulo de mi nuevo libro, comprobando cuánto se ha progresado y lo que queda por hacer, que es mucho más. Con la pregunta final, de si tendremos tiempo para conjurar los negros augurios que evocan los más pesimistas.

La segunda clave que contemplo en mi próxima publicación es la forma de producción y reproducción de la vida a través de la ECONOMÍA que es el capitalismo. Un sistema que está, hoy por hoy, en una aparente senda de triunfo definitivo; desde 1989, por la caída del Muro de Berlín, que comportó la ulterior disgregación de la URSS, y por el hecho de que ya antes, desde 1978, Deng Xiaoping impulsó el movimiento decisivo para pasar en China del maoísmo de la pobreza igualitaria, a una economía que al final está haciendo capitalista a toda la República Popular.

Y precisamente por lo sucedido a partir de esas dos fechas, lo poco que hoy queda de regímenes no capitalistas en el mundo, se reduce a dos casos bien tristes, de escasa dimensión y que ya carecen de fuerza proselitista: Cuba y Corea del Norte; pues Vietnam y otros Estados ex-comunistas tipo soviético o maoísta, avanzan en la misma dirección que los chinos, hacia una economía de mercado.

En cualquier caso, el sistema capitalista, cuyas raíces se hunden en la Grecia antigua - será bueno recordar el libro de Jenofonte To oikonomikos, escrito hace 2.400 años -, ha evolucionado en sus diferentes formas; hasta la realidad de hoy, en la que se evidencia un variado mosaico de casos, con mayor o menol nivel de desarrollo y con renta más o menos elevada; pero con todas las teselas de ese conjunto claramente relacionadas con el sistema capitalista.

Por lo demás, el capitalismo, ya en la Edad contemporánea cubrió un iter bien conocido, desde la fase manchesteriana de Karl Marx, a mediados del siglo XIX, hasta llegar a la actual situación, caracterizada por Paul Samuelson como sistema de economía mixta (por su dualidad pública/privada); flanqueado que está actualmente, en las economías más avanzadas, por el estado de bienestar socializante de una serie de servicios básicos para la ciudadanía.

En tales circunstancias, en la historia presente no hay argumentos serios como para sostener la posibilidad de un sistema alternativo al capitalismo. Como igualmente parece que la idea de la socialdemocracia no pasa de ser un liberalismo administrado desde la izquierda cuando ésta accede al poder. En consecuencias, quienes pretenden que sí es verosímil la posibilidad de ir a un sistema alternativo, se mueven entre la demagogia y el populismo.

En cambio, tiene más interés la crítica que ahora se hace al capitalismo; por su tendencia - en la distribución de riqueza y renta - a una mayor desigualdad entre los diferentes estratos sociales. Un tema que ocupa una parte principal del capítulo 2 del libro de “Las cuatro claves”, en el que se analizan las diferentes tesis sobre una pretendida ley de bronce de desigualdad creciente. A cuyos efectos presentaremos los datos más significativos sobre la cuestión, así como las distintas actitudes reformistas. Y todo ello, dentro del gran sociodrama en que nos movemos, que resulta ser más complejo de lo que suponen algunos; con sus tesis simplistas a lo Piketty.

Y cabría preguntarse al final si el propio capitalismo de que disfrutamos - o que sufrimos - será capaz de ayudar a resolver la gran cuestión tratada en el capítulo 1, de si la actual civilización humana sobrevivirá en un planeta amenazado por los abusos que inciden en la biosfera. Como también hemos de aclarar si ese capitalismo reformado coadyuvaría a evitar una gran conflagración en la lucha por la hegemonía mundial, cuestión que se abordará en el capítulo 3 del libro que todavía está por publicarse.

Dejamos aquí el tema de las cuatro claves, para ocuparnos de las dos últimas en la próxima entrega de este artículo. Y hasta entonces, el autor, como siempre, queda a disposición de los lectores de Republica.com.

1 comentario
  1. PalomaArranz says:

    Se me despierta el interés por descubrir esas cuatro claves, especialmente la segunda. Debería abrirse un debate intelectual y erudito a gran escala sobre la problemática de la desigualdad creciente que genera el sistema capitalista. Necesitamos una economía sostenible. Pero ¿cuál?

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