Crecimiento y desigualdad: la polémica sobre los desequilibrios del capitalismo en el siglo XXI (II)

El pasado jueves 23 se publicó en esta sección de “Universo infinito”, la primera entrega del artículo sobre desigualdad económica en el capitalismo actual, un tema en el que el autor está trabajando actualmente, con vista a un pequeño libro que me ha propuesto mi editor de Ediciones Península (Grupo Planeta), Ramón Perelló.

En la primera entrega iniciábamos el tema con apreciaciones sobre la creciente desigualdad y la Gran Recesión y su origen. Hoy seguimos con la misma materia global, entrando en las cuestiones de concentración según la Reserva Federal y los efectos de la globalización en la desigualdad.

3. INTRODUCCIÓN GENERAL AL CASO DE LA CONCENTRACIÓN SEGÚN LA RESERVA FEDERAL DE EE.UU

¿Desde qué momento debe preocuparnos el crecimiento de la desigualdad? Es una pregunta moral y política, que puede tener una primera respuesta razonable: desde el punto y hora en que esa desigualdad genera serios males económicos y problemas sociales agudos. En esa dirección, EE.UU., la mayor economía del mundo -hasta 2014 en términos de paridad de poder adquisitivo, ppp, ya con un PIB menor que el de China- presenta una de las mayores desigualdades, con datos alarmantes. Más en concreto, según informes de la Reserva Federal para 2013, el 3 por 100 de la población con mayores rentas recibió el 30,5 por 100 de ingresos totales, y el siguiente 7 por 100 percibió el 16,8 por 100. Lo que indica que casi la mitad (47,3) de ingresos totales fue a parar el primer decil demográfico. En tanto que el 90 por 100 restante hubo de conformarse con el 52,7 por 100. Por lo demás, el 3 por 100 de la cúspide es el único grupo que vio crecer sus percepciones desde principios de la década de 19901.

Otro dato significativo en EE.UU. es el de que el número de milmillonarios se multiplicó por 40 en los 25 años anteriores a 2007; y en paralelo, la riqueza total de los 400 norteamericanos más ricos aumentó de 169.000 millones hasta 1,5 billones de dólares. Después, la crisis que se inició en 2007 fue muy selectiva en el reparto de sus males, pues en 2011 el número de milmillonarios en EE.UU. siguió adelante con su riqueza2.

En cuanto a la explicación de esa desigualdad, un estudio de Morgan Stanley fija entre las causas del aumento de la desigualdad: la proporción creciente de empleos poco cualificados y mal pagados y de carácter temporal. En tanto que las retribuciones resultan crecientes para la gente con mayor preparación profesional y académica. A lo que debe agregarse el hecho de que los impuestos y la política presupuestaria de gastos ha sido menos redistributiva que en el glorioso tridecenio keynesiano 1945/19753.

Por lo demás, en lo que respecta a las consecuencias políticas de la desigualdad creciente, según el Prof. Fukuyama, estriban en que las instituciones políticas que permitieron a EE.UU. convertirse en una democracia moderna comienzan a decaer4, debido a que los dos grandes partidos políticos se han polarizado a lo largo de ciertas líneas ideológicas muy rígidas, y los grupos de interés más poderosos aplican sistemáticamente su veto contra las políticas sociales que no les gustan; degenerándose así hacia una “vetocracia” en los problemas más graves (inmigración ilegal, educación, servicios sociales), lo que tiende a configurar una sociedad “neopatrimonial”, en la que las pudientes dinastías controlan el poder y la información política5.

Además, será interesante destacar que hay grandes diferencias en cuanto a la percepción de la desigualdad. En ese sentido, los europeos son más pesimistas, mientras que los estadounidenses siguen imbricados, sin grandes razones para ello, en el American dream, creyendo que su sociedad es socialmente más justa de lo que realmente es.

En definitiva, la subida de la renta y la desigualdad de riqueza en décadas recientes amenaza el tejido social de las economías avanzadas y el crecimiento estable y sostenido. Janet Yellen, presidenta del Fed, en un discurso en octubre de 2014 censuró la creciente desigualdad, aunque con notoria sapiencia, no prometió que la Reserva Federal fuera a hacer algo al respecto6. Porque la conexión causal entre desigualdad y QE (quantitative easing, política de compra de bonos de bancos y empresas por la Reserva Federal) sigue sin probarse; y aunque esa conexión fuera determinante, lograr una situación más equitativa de ingreso y riqueza no debería ser algo a conseguir con la política monetaria, pues para eso, como ya se ha visto, hay otros instrumentos fiscales, de gastos redistributivos para promover empleo, salario mínimo, etc. De modo y manera que la utilización de política monetaria podría crear confusión adicional para los objetivos existentes de los bancos centrales, que deben ocuparse, ante todo, del crecimiento y de la estabilidad financiera y de precios.

Políticamente, la desigualdad tiene sus consecuencias: la economía de los EE.UU. ha vuelto a crecer desde 2011, pero los ingresos de las capas sociales más bajas, no; originándose así un resquemor populista contra Barack Obama, que amenazó con barrer a los Demócratas en futuras elecciones7. “Los ingresos medios decrecientes en una serie de Estados de la Unión crean dudas entre los votantes sobre las posibilidades de que sus hijos vayan a vivir mejor de como lo hicieron sus padres”, dice Guillermo Galston, de la Brookings Institution de Washington, rompiéndose así el sueño americano.

4. EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN EN LA DESIGUALDAD

¿Y qué relación guarda la globalización con el fenómeno de la desigualdad creciente? Cabe decir que gracias a ella, en el último cuarto de siglo se ha producido un fuerte aumento de la renta promedio en los países emergentes, por el crecimiento de las exportaciones y la inversión de capitales extranjeros en sus sistemas productivos; derivándose de todo ello -más los impulsos internos— un crecimiento global muy considerable; que, desde luego, beneficia sobre todo a las grandes corporaciones pero que permite a muchos trabajadores acceder a situaciones mejores. En ese sentido, el coeficiente Gini, que mide la desigualdad entre ricos y pobres de la forma que luego veremos, muestra que la desigualdad entre los ingresos medios de los países ricos y los pobres, está reduciéndose. Y dentro de cada uno de esos países (sea rico o pobre) sucede que la desigualdad entre sus ciudadanos está aumentando.

En algunos casos como Brasil, se han puesto en marcha en los últimos tiempos medidas originales contra la desigualdad: el Gobierno de Ignazio Lula da Silva, decidió dar dinero a las familias más pobres, con la condición de que mantuvieran a sus hijos en la educación hasta los 17 años y los vacunaran debidamente en su momento; ideas que están tratándose de introducir en algunos países de África. Como asimismo parece funcionar el tema de conectar los barrios marginales de las grandes ciudades con un mejor transporte público a los lugares donde hay trabajo, para así acortar tiempos muertos a efectos laborales8.

También por lo que respecta a la globalización, se ha comprobado que la deslocalización productiva por gran número de multinacionales en los países (antaño) industriales, beneficia a sus trabajadores más cualificados, dejando en peor situación a los que tienen menor formación. Y eso ocurre tanto en los países emergentes (donde para muchos trabajos es exigido saber inglés) como en los más ricos. En estos últimos, porque se ha trasladado parte de la fabricación tradicional a los países emergentes, mientras en las sedes originarias permanece el core of competencies de las empresas externalizantes.

Dejamos hoy la cuestión, pendientes de seguir el próximo jueves, avanzando en un tema que está hoy en el cénit de las inquietudes económicas generales, y en el ínterin, el autor está a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.com.

1 Martin Wolf, “Why inequality is such a drag on economies”, Financial Times, 1.X.14.

2 Zygmunt Bauman, “¿La riqueza de unos pocos beneficia a todos?”, Elites, nº 186, 2014.

3 Ellen Zentner y Paula Campbell, “Inequality and consumption”, Morgan Stanley & Co, 22.IX.2014.

4 Francis Fukuyama, “Political order and political decay: from the industrial revolution to the globalization of democracy”, Farrar, Straus and Giroux, Londres, 2014.

5 The Economist, “Francis Fukuyama. The end of harmony”, 27.IX.2014.

6 Editorial, “The risk that QE will generate inequality. Asset prices have risen but this cannot affect central bank policy”, Financial Times, 25/26.X.2014

7 Robin Harding, “Income drop Stokes anti-establishment mood”, Financial Times, 25/26.X.2014.

8 Eric Maskin, “¿Cómo reducir la desigualdad?”, XL Semanal, 14.IX.2014. un caso muy especial es la mejora del transporte entre El Alto (4.010 m. de altitud) y La Paz (3.500 m) en Bolivia, merced a tres teleféricos de gran capacidad.

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