Calentamiento global y cambio climático en nuestro tiempo. Una cuestión capital ahora y de cara al futuro (y II)

El pasado jueves 9 de octubre, iniciábamos este artículo sobre calentamiento global y cambio climático, con una introducción, seguida de la definición del problema y de la resistencia de los mayores países (China y EE.UU.) a entrar en la aplicación del Protocolo de Kioto.

Hoy terminamos el artículo con una amplia referencia a las consecuencias del calentamiento global, y una previsión de las posibilidades que ofrecerá el futuro acuerdo de París de diciembre de 2015.

4. LAS CONSECUENCIAS: GRAVES DISTORSIONES EN LA BIOSFERA

A la pregunta de cuáles son las consecuencias del calentamiento global y del cambio climático, podamos responder con una serie de respuestas lo más concisas posible:

 Fusión de los hielos polares, especialmente de los glaciares de Groenlandia en el norte, y de la Antártida en el sur. Con el resultado previsible de que se irá a un nivel de la superficie marítima mucho más alto, con serios peligros para la población que vive en las áreas costeras; lo que podría afectar, en el futuro, a un tercio de la actual población mundial.

 Menor salinidad de los mares, como consecuencia del aflujo de grandes masas de agua dulce, resultado de la mencionada fusión de hielos polares. Lo que generaría cambios dramáticos en las corrientes oceánicas, contribuyendo así a situaciones climáticas difícilmente previsibles.

 Ingentes emisiones de metano, como resultado del calentamiento de los mares (donde hay enormes reservas de dicho gas congelado en sus fondos), y también del permafrost de las regiones polares en el hemisferio norte. Lo que podría ser origen de grandes incendios en las superficies marítimas y en las tundras.

 Desertificación más allá de cualquier idea imaginable, especialmente en el área africana del Sahel, algunas partes de Sudamérica y los vastos desiertos que hoy existen en Asia, en la Península Arábiga, Irán y en el de Gobi. Todo ello con un impacto muy negativo, también, en las zonas semiáridas que son esenciales para la producción de alimentos.

 Polución de la atmósfera por encima de los niveles del presente, según se va midiendo mediante sensores en las áreas más sobrepobladas del mundo. Con impactos muy nocivos en la salud humana, y en muchos aspectos de la flora y de la fauna. Lo cual es el caso de grandes ciudades de China que tienen los problemas más serios en sus aires contaminados.

 Acidificación de los mares y océanos, por la acumulación de gases de efecto invernadero, y especialmente CO2, dentro de ellos. Con incidencia muy grave en la vida marítima, con lo cual podría recrecerse el ya amplio catálogo de especies en peligro de extinción, lo que significará pérdidas de biodiversidad hasta ahora no conocidas en los tiempos de la civilización humana.

 Agravamiento de algunos fenómenos climáticos: sequías más largas e intensas, huracanes y tifones más frecuentes y violentos que nunca, con el resultado de daños muy elevados a las infraestructuras públicas y otros dispositivos de la vida humana.

 Y para terminar, no siendo lo menos importante algo que todavía no es bien conocido: las interacciones de los antes mencionados aspectos del calentamiento global y del cambio climático, que podrían crear nuevas y negativas sinergias en el ambiente mundial.

5. ¿HAY SOLUCIÓN?

Mucha gente considera que las mencionadas amenazas al planeta Tierra, provenientes del calentamiento global y del cambio climático, no están científicamente verificadas. A pesar de que hay numerosos estudios de campo y modelos prospectivos que dicen lo contrario. Y lo más inquietante quizá es que hay otros muchos que, convencidos de los daños que se avecinan, estiman que hemos hecho demasiado poco para prevenirlos, y es demasiado tarde para aplicarlos (TL2, por su expresión inglesa), con el resultado final de que la situación seguirá agravándose.

Las dos mencionadas actitudes son diferentes, pero ambas coinciden casi en que lo lógico es no hacer nada, y no buscar soluciones a un problema que no existe según los primeros, o que ya es muy tarde para abordarlos, según los segundos. Pero a pesar de tales manifestaciones, está claro que podemos adoptar gran número de buenas medidas, que per se son favorables a una mejor manera de vivir, a una civilización técnica que no nos sojuzgue, y a una sociedad que no ataque su propia biosfera.

Dicho lo anterior, debemos subrayar que, frente a los escépticos climáticos, una filosofía como la que estamos exponiendo no es ningún sustituto de Dios, al hacer del medioambientalismo una auténtica religión. Pero no se trata de religión de ninguna clase, sino de un vasto movimiento científico y de solidaridad, en favor de las generaciones venideras, en la senda de una ética ecológica diacrónica, esto es, a través del tiempo y hacia el futuro.

Haciendo un resumen y observando los grandes peligros que pueden venírsenos encima, es inaceptable que la actual dramática situación no sea asumida por los responsables de los gobiernos del mundo. Con lo cual no asumen su obligación de hacer todo lo posible para el bienestar de sus gentes, y de sus ciudadanos futuros.

¿Cuáles son las expectativas de este momento, octubre de 2014, para una acción positiva? Hay muchas y muy importantes, pero ante todo debemos enfatizar que no tendría que haber excusas de ninguna clase para frenar esas iniciativas largamente esperadas. En otras palabras, las dificultades económicas ubicuas, los problemas políticos como los que enfrentan a Rusia con Ucrania, las cuestiones del terrorismo generalizado en el Oriente Próximo y Medio, las confrontaciones en el Mar de la China Meridional, o muchas otras cuestiones financieras, monetarias y sociales, no pueden ser obstáculo para el acuerdo final que ya puede apreciarse se tomará en París, en diciembre de 2015. Al que pasamos a referirnos a continuación.

6. LA META DE PARÍS 2015

Podemos decir que en estos momentos hay esperanzas fundadas para mitigar y resolver los problemas planteados, pues las partes contratantes de la Convención del Clima están trabajando para su encuentro parisino, donde podría firmarse un nuevo tratado. Para sustituir el Protocolo de Kioto, de modo que los 193 países de las Naciones Unidas lo aplicaran correctamente, incluyendo, desde luego, a los máximos contaminadores que, como hemos visto, son China y EE.UU. Ese protocolo debería estar aplicándose en 2020, después de los actos de ratificación parlamentaria de los Estados firmantes.

Ese propósito de actuar ya con decisión y sin más esperas, se declaró, una vez más, y no sin relevancia simbólica, el 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York, con una manifestación pública que unió a más de 300.000 personas de todas clases sociales, razas y nacionalidades. Con el apoyo, en la sede de las Naciones Unidas, de oradores como Ban Ki-Moon, Leonardo di Caprio, Al Gore, los presidentes Obama y Hollande -éste anfitrión de París 2015-, y el Rey de España, Felipe VI. Todos coincidieron en que el acuerdo de 2015 podría ser un auténtico tratado de paz entre la humanidad y la biosfera.

Con todo, quedan algunos problemas para llegar al acuerdo de París 2015 y ratificarlo en 2020. Fundamentalmente, una serie de cuestiones técnicas sobre los diferentes métodos de bajar los niveles de carbono, a base de: recorte de emisiones de gas, mayor eficiencia energética, reciclado de residuos, e incluso geoingeniería; que ofrece muchas posibilidades, pero siempre con interrogantes sobre sus consecuencias, que podrían ser irreparables.

Y hay un punto más: los Estados miembros más ricos de la Convención del Clima tienen que transferir los fondos necesarios, y las tecnologías más convenientes, a los países en vías de desarrollo. De manera que éstos puedan recibir recursos suficientes para cubrir las metas que se les asignen en el nuevo tratado.

Mis palabras últimas en el Congreso FIDIC en Río 2014 fueron para pedir a los ingenieros que se sientan motivados por los problemas y soluciones que se relacionan con el calentamiento global y el cambio climático. E insisto en esa esperanza, porque sé, positivamente, que hay muchos escépticos en las filas de la gente joven; que se fijan sobre todo en la lucha por la vida, al modo darwinista, entendiendo ésta como una aventura individual o de grupo, con un egoísmo escéptico sobre los grandes cambios que se avecinan. Sin apreciar que es necesario adquirir una nueva conciencia, en favor de una ecosolidaridad auténticamente universal.

Antes de terminar, déjenme decirles que el tema expuesto en esta intervención creo que merece mayor atención en los congresos de ingenieros, porque el futuro de la humanidad depende de lo que vayamos a hacer, o no vayamos a hacer, todos juntos, en los próximos años. Está sonando la hora de la verdad, aquí, entre nosotros, y todos deberíamos reflexionar sobre qué debe hacerse para transmitir a nuestros herederos de la Tierra un mundo mucho mejor.

Y los ingenieros, no deberían ser una excepción en este tema. Por el contrario, deben percatarse de su papel muy importante en este asunto capital: Vds. hablan mucho de infraestructuras, y también deben hablar de las cambiantes, no siempre para mejor, infraestructuras de la naturaleza.

Termina así nuestro artículo y el autor, como siempre, dará su bienvenida a cualquier clase de observaciones que quieran hacérsele, a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

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