Calentamiento global y cambio climático en nuestro tiempo. Una cuestión capital ahora y de cara al futuro (I)

1. INTRODUCCIÓN

El artículo que empieza hoy con su primera entrega para los lectores de Republica.com, se corresponde con un trabajo realizado bajo el patrocinio de Typsa, una de las mejores empresas españolas de ingeniería, fundada por Pablo Bueno Sainz, y de la que actualmente es Presidente Ejecutivo su hijo, Pablo Bueno Tomás.

Ese estudio, de ciertas proporciones (un original de 44 páginas de ordenador), se preparó de cara al Congreso de Ingeniería Mundial (FIDIC) a celebrar en Río de Janeiro, entre los días 29 de septiembre y 1 de octubre. Encuentro al que tuve ocasión de asistir, para exponer, en inglés, un documento mucho más breve que el trabajo previamente realizado (solamente unos siete folios), y que es el que aquí vamos a presentar en español, por constituir una síntesis que puede ser de interés para todos los que sienten preocupaciones por el futuro del planeta.

2. DEFINICIÓN DEL PROBLEMA

El principal instrumento del que nos valemos para nuestros propósitos a lo largo de la vida es la empresa: la estructura de ideas, hombres y mujeres, y otras cuestiones, que nos permiten la posibilidad de construir las nuevas realidades al nivel de nuestro tiempo.

En esa dirección, son necesarios recursos financieros y humanos para alcanzar las metas que inscribimos en nuestras agendas, en el día a día, o más a largo plazo, en nuestros proyectos planificados. En cualquier caso, siempre con la intención de mejorar las condiciones de vida, contribuir a la paz social, y también, naturalmente, conseguir unos resultados económicos que compensen los esfuerzos en marcha.

Pero a demás de la empresa, hay algo aún más necesario, y que frecuentemente se olvida. Tenemos que mantener la salud del planeta en que vivimos y trabajamos. En la idea de garantizar que las futuras generaciones van a disfrutar la rica biodiversidad de la Tierra; con sus océanos, tierras, bosques, ciudades, y todas las posibilidades maravillosas que nos ofrece la naturaleza.

En esa línea de pensamiento y acción, actualmente, cuando se están haciendo tantos nuevos descubrimientos, debemos recordar que la única vida inteligente que conocemos en el universo, está aquí, entre nosotros. Y que por eso mismo tenemos que salvaguardar el gran tesoro que hemos recibido, en las mejores condiciones, para perpetuar nuestro papel (difícilmente cuantificable), de ser los observadores cabales de todo el cosmos.

Con el planteamiento que hacemos, debemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿los conocimientos ecológicos que tenemos están trabajando de manera óptima en el contexto económico que hemos organizado? Aún más: ¿nos damos cuenta de lo que está pasando y va a pasar en el futuro próximo en tantos equilibrios de la Tierra que en el pasado se consideraron seguros para siempre?

Sin duda, hay una primera contestación a lo anterior: la infraestructura natural del mundo está experimentando grandes cambios; aunque la mayoría de los observadores humanos no ven, o no quieren ver -en este último caso con gran desdén- la envergadura de tales transformaciones.

A propósito de lo que decimos, sucede que mucha gente está en la actitud de pensar que las cuestiones a medio y largo plazo pueden esperar cualquier cantidad de tiempo; suponiendo, erróneamente, que siempre será posible encontrar soluciones más tarde, sin ninguna previa instrumentación frente a la complejidad de tantas cosas. Contra lo cual cabe decir que, la ciencia nos lleva hoy a apreciar que muchos sucesos previsibles han de ser tenidos en cuenta con tiempo suficiente. Si es que no queremos entrar en toda clase de turbulencias que, a la postre, impedirían soluciones reales si posponemos la necesidad de aproximaciones científicas a los problemas.

Ese es el tema que se plantea en este escrito. El calentamiento global y el cambio climático están trabajando actualmente de forma muy activa: de manera silenciosa, sin descanso, sin ruido, desapercibidos por la mayoría de la gente; atacando a los propios fundamentos de la actividad de la biosfera. Con serios trastornos en el estrecho estrato que nos da vida, tierra y aire, en el Planeta Azul en que se desarrollan nuestros quehaceres.

3. EL CALENTAMIENTO GLOBAL

La cuestión de que la Tierra se calienta más y más es algo que se aprecia desde el siglo XIX, cuando el profesor sueco Svante Arrhenius se dio cuenta de que la temperatura de la atmósfera estaba elevándose más y más, a causa de lo que hoy llamamos gases de efecto invernadero; y especialmente el CO2, debido al funcionamiento de los sistemas productivos, marcándose así un origen antrópico de tales derivaciones.

Después de Arrhenius, un siglo más tarde, Wallace Broecker publicó su estudio “Cambio climático: ¿estamos en el trance de ir a un calentamiento global creciente?” (1975). Un texto que marcó el comienzo de una larga serie de nuevas investigaciones por doquier.

El caso es que las evidencias cada vez más numerosas del carácter antrópico del proceso a que nos referimos, fueron finalmente contextualizadas por las Naciones Unidas en la “Cumbre de la Tierra de Río-1992″. Una reunión impresionante a la que el autor de este discurso tuvo ocasión de asistir como miembro de la delegación del Club de Roma. Ocasión en la que en la misma ciudad de Río del Congreso FIDIC de 2014, se consiguió la firma de la “Convención Marco sobre Cambio Climático”; creándose así un esquema internacional para que las perversas tendencias del calentamiento global fueran controladas por la propia humanidad.

Para hacer breve la historia, podemos decir que el Convenio Marco, tras largas negociaciones, permitió el alumbramiento del Protocolo de Kioto, que comenzó a funcionar en 2005. Con mecanismos para recortar las emisiones de gases de efecto invernadero, en la idea de superar la llamada “tragedia de los bienes comunes”. Esto es, en el caso concreto que nos ocupa, evitar que la atmósfera pueda seguir siendo expoliada por todos, por la falta de un control común. Se suponía, pues, que con el Protocolo de Kioto se conseguiría una sistema de administración conjunta de los bienes comunes, que pasarían a ser bienes globales, precisamente a través del dispositivo creado por el propio Protocolo.

Desgraciadamente, y a pesar de las evidencias sistemáticas suministradas por el panel internacional sobre el cambio climático (dependiente de la Organización Meteorológica Mundial), todavía hay una elevada proporción de observadores que no aceptan la idea de que hayamos de confrontarnos a un problema gigantesco e intrincado. Lo cual se debe no al simple hecho de creer o descreer las evidencias referidas, sino a intereses crematísticos; principalmente el mantenimiento de los combustibles fósiles, en función de los grandes beneficios económicos que de ellos se derivan a corto plazo. En vez de cambiar a las energías alternativas, bajas o carentes de toda clase de carbono, en las sociedades más desarrolladas.

Debido a esa mentalidad, y a otros complejos motivos, los más importantes contaminadores del planeta, China y EE.UU., no aplican el Protocolo de Kioto. Lo cual hace posible que siga creciendo la acumulación de gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera. Con lo cual la temperatura de la superficie de la Tierra podría superar los dos grados Celsius que se consideran tolerables en aumento, respecto a la situación anterior a la revolución industrial. Subiendo dos grados más, hasta un total de cuatro, se alcanzaría una situación dramática, con toda clase de consecuencias irreversibles, muy negativas para la vida de la humanidad y de las más diversas especies, tal como hoy existen.

Seguiremos la próxima semana con el resto de este trabajo, y en el interim, el autor dará su bienvenida a cualquier clase de observaciones que quieran hacérsele a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

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