El rey Felipe VI en perspectiva (y IV)

El pasado jueves 10 de septiembre publicamos la primera entrega de este artículo, que tiene su origen en las contestaciones que le di a José María Íñigo, para su libro Cien españoles y el Príncipe, publicado en 2010. Ahora, como en las tres primeras entregas, además de las contestaciones al cuestionario de hace un lustro, van unos complementos al día de hoy.

9. ¿En algún momento de los últimos treinta años [1979-2009] ha visto en peligro la Monarquía en España?

Los momentos más peligrosos para la monarquía borbónica en España se dieron, como es bien sabido, 1868 y 1931. Sobre todo en el primer caso, pues si el General Prim en vez de ponerse a buscar un Rey por toda Europa (ocasionando, entre otras cosas la guerra franco-prusiana y la ulterior proclamación del Imperio Alemán de Bismarck), se hubiera postulado como presidente de una primera República Española, seguramente el nuevo régimen se habría mantenido sine die.

En cualquier caso, tras el reinado pintoresco y penoso de Amadeo de Saboya, y la vida efímera de una República traída a contramano, el retorno de los Borbones resultó inevitable en 1875. Hasta 1931, cuando por la falta de sentido democrático de Alfonso XIII y otras razones, la familia real entera, otra vez, hubo de salir del país.

En tiempos más recientes, el máximo peligro de la monarquía se dio en el 23-F de 1981, pero el tema acabó resolviéndose; tal vez después de vacilaciones varias y con zonas obscuras y controvertidas, pero el hecho principal es que el efecto Constantino no funcionó.

Desde entonces, aunque no pueda decirse que todo haya sido coser y cantar, lo cierto es que no ha habido ningún momento de tanta gravedad como la de aquella larga noche. En la que muchos diputados estuvimos en el Congreso bajo la efímera férula de un Tejero que sólo trataba de hacer, a su particular modo, lo que previamente había discernido un elefante blanco que nunca apareció nítidamente en la ulterior escenificación judicial del caso.

La popularidad del rey Juan Carlos ha tenido y tiene sus ciclos, y aparte de algunas amistades peligrosas, debería darse cuenta de que ya no es ningún mocito. Item más, la reina Sofía ha cumplido con su papel mejor que nadie, en lo familiar y de cara a la sociedad española. Se ve en ella la gran figura aglutinante en los momentos más difíciles de su familia; que no han sido, ni son, ni serán pocos.

Poco ha de agregarse a lo anterior, salvo que la última frase del párrafo final, se vio corroborada por los hechos con ocasión de abdicar Juan Carlos I, tras los cinco primeros meses de 2014 ,a lo largo de los cuales se acumularon toda una serie de circunstancias aciagas para el hoy rey emérito. Tanto desde el punto de vista clínico, como de carácter personal; sobre todo, en esas fechas, la imputación de la infanta Cristina por el “Caso Urdangarin”.

No es extraño que en esos difíciles momentos, el rey se sintiera más que abrumado. De modo que los rumores de abdicación -después de las realizadas en el Vaticano, Holanda y Bélgica-  se hicieron más y más sonoros. Hasta que finalmente llegó la declaración de abdicación del 2 de junio de 2014.

Fueron meses de peligro, no inminente para la Monarquía, pero sí de muy negativo impacto en los índices de popularidad de la institución. Algo que cambió radicalmente con la proclamación de Felipe VI, remontando el vuelo a una aceptación del 75 por 100.

10. ¿Cree Vd. que Don Felipe será un buen Rey de España?

Si llega, que creo llegará, y si se manifiesta siempre como se espera que lo haga, creo que sí, que Felipe podrá ser buen Rey. En esa perspectiva, sus funciones de simbolizar a la Nación, ser Comandante de las Fuerzas Armadas (con las restricciones del caso), y de moderar el funcionamiento de las instituciones [todo según el artículo 56 de la Constitución], son vitales para que el país siga adelante. Sobre todo en una nación tan complicada como la española, que procede de los cinco reinos que figuran en su escudo nacional (León, Castilla, Aragón, Navarra y Granada). El futuro Rey, como le sucede al actual, no podrá gobernar, eso está claro. Pero igual de claro luce que ha de reinar; y que lo hará lo mejor posible.

Algo importante que agregar a lo manifestado en 2009: el Príncipe llegó efectivamente a Jefe del Estado constitucional, reconocido como tal por más del 80 por 100 de los diputados y aún mayor porcentaje de los senadores: los mismos que aprobaron la Ley de Abdicación y de facto la ulterior proclamación del nuevo monarca. Una circunstancia poco destacada por los comentaristas, y sin embargo de lo más trascendente. Por el hecho de que en las Cortes Generales, los representantes de la Soberanía Nacional de facto eligieron a Felipe como Rey de España. Cosa que no sucede en ningún otro país con monarquía parlamentaria.

Y por si eso fuera poco, en los alegatos que se oyeron en el debate, hubo la máxima libertad de expresión. Y a ese respecto, creo que en mi vida no he visto ni oído una catilinaria -casi siempre infundada- como la que pronunció el diputado Sabino Cuadra, representante de Amaiur, la formación política vasca emparentada con ETA. Un alegato que fue escuchado en absoluto silencio y con respeto, a pesar de sus dramáticos y a veces esperpénticos pronunciamientos contra Juan Carlos, Felipe, y la Monarquía.

FINAL. Terminamos así el artículo de cuatro entregas sobre el actual rey de España Felipe VI, a quien desde aquí deseamos lo mejor para su reinado. Que buena falta hace en un país tan complicado como hemos hecho el nuestro, y con tantas reivindicaciones y tan pocas autoexigencias de aportación solidaria al común.

Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.

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