Portugal en la guerra civil española (IV)

Seguimos hoy con la serie de entregas del largo artículo sobre Portugal en la guerra civil española. Con referencias a los refugiados republicanos en Portugal, y a la propaganda salazarista en pro de Franco.

5. REFUGIADOS REPUBLICANOS EN PORTUGAL[1]

Millares de refugiados republicanos (andaluces y extremeños sobre todo), entraron en número imposible de cuantificar con exactitud, a lo largo del verano de 1936 en Portugal. Se les instalo en campos de concentración, y en establecimientos carcelarios y militares diversos, casi siempre en la idea de devolverlos a España a seguir su triste suerte.

De especial relevancia fue la ayuda que a los fugitivos republicanos de Badajoz se prestó en la localidad fronteriza portuguesa de Barrancos, situado a pocos kilómetros de la raya[2].

Las tropas franquistas habían entrado por el sur en la provincia de Badajoz, de modo que muchos pacenses vieron en la frontera la posibilidad de fuga para huir de las crueldades de la guerra. De modo que, siguiendo el curso del río de Ardila (un afluente del Guadiana que sirve de raya en un tramo de casi veinte kilómetros) de la Raya, muchos fugitivos llegaron a Barrancos[3]. Un municipio muy pobre en aquella época, que los acogió como si fueran hermanos; creándose para ellos dos campos de refugiados a los que diariamente llevaban víveres. Además, muchas familias escondieron en su propia casa a varios de los perseguidos para evitar que los militares españoles los detuvieran y, muy probablemente, los fusilaran.

Unos 1.500 extremeños procedentes de pueblos como Oliva de la Frontera, Jerez de los Caballeros, Villanueva del Fresno, Valencia del Mombuey y Fregenal de la Sierra salvaron su vida gracias a esta muestra de solidaridad tanto del pueblo de Barrancos como de los guardias portugueses que tenían la misión de vigilar la frontera. Al frente estaba el teniente António Augusto de Seixas, que se enfrentó a sus superiores y se jugó su puesto al considerar una injusticia la situación de los refugiados que llegaban del otro lado.

Barrancos organizó los dos aludidos campos de refugiados: Coitadinha y Russiana. Ambos ubicados en un paraje de singular belleza y que ha sido promovido a Parque Nacional. El primero era legal y conocido por las autoridades portuguesas, mientras que el segundo fue un invento del propio teniente Seixas para dar cobijo a los españoles, sin que el Gobierno del dictador Salazar tuviera inicialmente.

Los campos de los refugiados españoles, se clausuraron a las pocas semanas, y los españoles se trasladaron en camión hasta Lisboa y de allí al puerto de Tarragona, según un acuerdo al que llegaron las autoridades portuguesas y el Embajador de España. El teniente Seixas fue castigado por su actuación con dos meses de suspensión y el paso obligatorio a la reserva. Sin embargo, gracias a su humanidad, más de mil extremeños salvaron su vida. Para ellos, los habitantes de Barrancos se convirtieron en héroes anónimos de la guerra que les tocó vivir[4].

6. LA PROPAGANDA SALAZARISTA Y EL MITO DEL ALCÁZAR DE TOLEDO

Tras la eclosión de la guerra en España, la diplomacia salazarista puso en marcha toda una orquestada campaña contra la República Española, a la que acusaban de promover la “revolución internacional” y de ser un satélite de Moscú, con claras pretensiones territoriales sobre Portugal; resucitándose de esa manera el viejo mito del “perigo espanhol”. Prensa, radio y cine portugués se pusieron del lado insurgente contra la República, prácticamente desde el primer día de guerra.

El ya mentado embajador español en Portugal, Claudio Sánchez-Albornoz, denunció las infamias de estas campañas de las que él era un objetivo clave, y destinadas a provocar el corte de relaciones oficiales entre ambos países, que finalmente se produjo el 23 de octubre de 1936.

Precisamente, según las consignas propagandísticas de los diarios portugueses, el Estado Novo era el modelo que pretendía instaurar el general Franco en España, mitificado como el “Salazar español, que admiraba la obra del dictador portugués y seguía sus pasos”. La figura de Salazar era la de un padre protector, bondadoso, trabajador incansable, austero, y que sabía lo que convenía a los portugueses.

En cuanto al cine, el gobierno portugués se mostró, al principio, reticente a la proyección de documentales sobre la guerra, pero pronto empleó las producciones propias y su Cinema Popular Ambulante para hacer propaganda anti-comunista; pueblo por pueblo, por las zonas fronterizas de Portugal con el fin de impedir el contagio “revolucionario” del bando leal. En ese sentido, hay que citar el largometraje de Aníbal Contreiras A Caminho de Madrid, excelente regalo propagandístico para los facciosos; así como la colaboración entre Cifesa y Lisboa Film, a partir de 1937, fundamental para que el bando insurgente pudiese contar con títulos propios al margen de la cinematografía alemana e italiana.

A su vez, el cine franquista, no ocultó la alianza con la dictadura de Portugal, lo que se reflejó en la realización de la cinta Homenaje a Portugal (1936). El Estado Novo, por su parte, difundió en España el largometraje A Revoluçâo de Maio (1937), todo un símbolo del salazarismo en los años treinta, que fue utilizado como principal exponente de la propaganda de Salazar en aquellos años[5].

Dentro de lo que fue la intensa propaganda desde los dos bandos de la guerra, cabe resaltar lo que en Portugal significó el caso muy particular del Alcázar de Toledo, una fortificación –construida por Carlos V en el siglo XVI—, que fue conquistado a los republicanos por Franco. En lo que fue una muy controvertida decisión militar, pues mandó desviar las columnas que se dirigían a Madrid hasta Toledo, para levantar el sitio del Alcázar, donde resistía, desde dos meses atrás, el coronel Moscardó, a la cabeza de una guarnición de varios centenares de guardias civiles, y nueve miembros de la Academia de Infantería y falangistas; con sus familias, que contaban con todo el arsenal militar de la fábrica de armas de la capital del Tajo. En total eran unas 1.800 personas.

La oportunidad propagandística que brindaba el acontecimiento que referimos, fue seguramente un atractivo decisivo para que Franco se decidiese a desviar las tropas hacia Toledo, en vez de lanzarse directamente al asalto de Madrid; llegando a reconocer el propio caudillo –en entrevista concedida al corresponsal luso Armando Boaventura—, que militarmente la operación fue un error. Pero, políticamente, significó todo un éxito por su enorme rentabilidad política para él, apareciendo ante la opinión pública internacional como el salvador de los héroes asediados.

En Portugal, el Alcázar de Toledo se convirtió en un mito empleado para mostrar una imagen cobarde y bárbara del bando leal a la República: “Sus milicianos eran crueles dinamiteros a los que no les importaba la vida de las mujeres y los niños encerrados en aquel emblemático edificio”. Mientras, los rebeldes luchaban con heroísmo hasta la muerte sin importarles más que la Patria. Ese fue el mensaje de la propaganda que los medios de comunicación portugueses, machaconamente repetido por el Rádio Club Portugués, que, además, prestó un excepcional servicio a los sitiados, ya que éstos conocían la marcha de los acontecimientos por sus emisiones.

En los diarios portugueses de aquel tiempo, hay extensa información sobre los homenajes públicos en honor a los cadetes de Toledo. En ese aspecto, la Iglesia portuguesa participó en la consagración de los “héroes españoles con la celebración de liturgias que atribuyeron a la defensa militar, definitivamente, la condición de milagro”.

Entre la producción bibliográfica sobre la gesta de Moscardó destaca el opúsculo editado en portugués, alemán, italiano y español por el diplomático Álvaro Teixeira y redactado por el ya citado Annando Boaventura titulado, como no podía ser de otra manera, El Milagro de Toledo (1936). Folleto que tuvo una notable difusión en España y Portugal.

Seguiremos la próxima semana, para poner punto final al artículo sobre Portugal en la guerra civil española, con la entrega número V. Y como siempre, el autor queda pendiente de los comentarios de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

 


[1] César Oliveira, “Portugal e a guerra civil de Espanha”, en Ramón Tamames, A guerra civil de Espanha, Ediçôes Salamandra, Lisboa, 1986. También Maria Dulce Antunes Simôes, Barrancos en la encrucijada de la Guerra Civil Española, Club de Lectura y Cine “Leer en imágenes”, Mérida, mayo de 2011.

[2] Rocío Sánchez Rodríguez, “1.500 extremeños se salvaron en Barrancos”, Hoy, 22.III.2009.

[3] Es sede de un municipio con 168,43 km² de área y hace frontera al norte y al este con los municipios españoles de Oliva de la Frontera y Valencia del Mombuey (provincia de Badajoz) y de Encinasola (provincia de Huelva), al sur y al oeste con el municipio de Moura y al noroeste con el municipio de Mourão. Barrancos posee grandes conexiones culturales con España, ya que la localidad de Encinasola está a tan sólo 9 km de Barrancos, mientras que la localidad portuguesa más cercana (Santo Aleixo da Restauração), está situada a 21 km. Las manifestaciones más visibles de este “parentesco” cultural son el dialecto que allí se habla, y la supervivencia hasta nuestros días de la “tourada” en las que se ejecuta el toro. La villa de Barrancos es el único sitio en Portugal donde es legal esa ejecución del animal en la arena. Esta excepción fue consagrada en la ley portuguesa en 2002. La gente de Barrancos, una pequeña localidad alentejana de 2.000 habitantes, a tres kilómetros de la provincia de Huelva, saltó en 1998 a las páginas de la prensa internacional por hacer caso omiso al despliegue policial que todos los años intentaba evitar la muerte del toro en la plaza en sus corridas de estilo español, una práctica prohibida en Portugal desde 1928, y legalizada para Barrancos en 2002. Begoña Pérez, “Portugal también grita ¡olé!”, El Mundo, 31.VIII.2002; www.wikipedia.org; www.portaltaurino.net

[4] Tras su salida del cuerpo, el Teniente Seixas se mantuvo como empresario en Sines, falleciendo en 1958. La historia ulterior fue desvelada por el historiador pacense Francisco Espinosa Maestre en su obra La columna de la muerte, dando a conocer por primera vez en una obra literaria los hechos acaecidos. En abril de 2010, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, inauguró en la localidad de Oliva de la Frontera un monumento en honor al teniente Seixas en agradecimiento por la ayuda prestada a los refugiados extremeños en 1936. www.wikipedia.org

[5] De gran interés son las crónicas de los combates portugueses en Extremadura y Andalucía durante los meses de julio a diciembre de 1936, recogidos en la obra de Manuel Burgos Madroñero “Crónicas portuguesas de la Guerra Civil 1936. Los informes consulares de Andalucía y Extremadura”, Estudios Regionales, nº 15/16 (1985/86), pp. 425-489.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *