Jordi Pujol en tres episodios

En paralelo a los últimos acontecimientos en Cataluña, en torno a Jordi Pujol, en este artículo recordaré algunos episodios, creo que poco conocidos, sobre quien durante veintitrés años fue Presidente de la Generalidad de Cataluña; con el tratamiento de Molt Honorable, que ahora acaba de perder junto con toda una serie de sinecuras procedentes de su antiguo cargo.

La primera pieza de mi relato se relaciona con otra figura política bien distinta: Jesús Monzón, todo un personaje, que tuvo variadas experiencias vitales en la guerra civil, las luchas intestinas en el PCE, las acciones militares de los maquis o guerrilleros dentro de la España de Franco. Y en 1945 la invasión del Valle de Arán, donde por unos días fue el máximo mando de la que se preveía nueva República Española.

Luego Monzón acabaría en la cárcel -se dice que por alguna delación desde el propio PCE-, a lo que siguió un largo exilio, con vuelta a España, para fijar su residencia en Palma de Mallorca, que es donde yo le conocí. En el año 1971, como organizador de una escuela de negocios, siguiendo, servata distantia, el modelo del IESE de Barcelona, que él había conocido por una experiencia previa en México. Fue así como con gran eficacia montó el Instituto Balear de Economía de la Empresa, con la eufónica sigla del IBEDE.

Y precisamente en el IBEDE, entre 1972 y 1974, asistí como profesor a una serie de clases de Máster, y también, como participante, a algunas reuniones de debates económicos y políticos que organizó Monzón. Y fue en uno de esos encuentros donde coincidieron dos personalidades de fuerte talante: por un lado Jordi Pujol, fundador de lo que sería Convergencia Democrática de Cataluña, desde la cual se autopostularía claramente como el futuro Presidente de la Generalidad de Cataluña. Del otro lado estaba José María González Ruiz, un teólogo malagueño de mucha personalidad, que escribía con gran soltura, y que se situaba próximo a la corriente de la teología de la liberación.

En el referido encuentro, se hicieron muchos comentarios sobre la situación económica, política y social de España, y en un momento dado, José María González Ruiz, no pudo contenerse, y dirigiéndose a Pujol, le dio a entender que los banqueros (Jordi era presidente, por entonces de Banca Catalana) tenían muchas cosas de las que responder:

 Los banqueros, son Vds. muy especiales, y utilizan el dinero del prójimo no siempre en el interés general, sino en el particular de Vds. mismos.

Jordi Pujol debió quedarse un tanto estupefacto ante tal invectiva, pues por entonces como presidente de Banca Catalana, tenía ya no pocas dificultades en su negocio. De modo que tras su asombro inicial, replicó a José María González Ruiz:

 Y Vd., un sacerdote de la Iglesia católica, con qué autoridad se dirige a mí para hablarme de esa manera. ¿Es qué acaso estoy en pecado mortal…?

Fue entonces cuando José María González Ruiz tuvo una inspiración notable. Se dirigió a Pujol y le hizo la siguiente admonición.

 No sé si está Vd. en pecado mortal, porque ni le he confesado, y no lo diría si lo hubiera hecho. Lo que sí puedo decirle delante de todos los aquí reunidos es que Vds. los banqueros están en pecado estructural.

Se armó la marimorena: gran algarabía, aplausos por un lado y pitidos por el otro.

El segundo episodio que referiré de Jordi Pujol se produjo cuando ya era Presidente de la Generalidad de Cataluña, desde diez años antes, en torno a 1990. Yo por entonces colaboraba con Antonio Herrero en la COPE, en su tertulia mañanera. Y por aquel tiempo, la citada red de emisoras era muy criticada en Cataluña, por los continuos comentarios que hacíamos sobre las pretensiones de Jordi Pujol, en su fase ya más nacionalista, aunque siendo presidente de la Generalidad nunca llegó al soberanismo.

El caso es que al sentirse Don Jordi muy atacado, el presidente de la COPE, Salvador Sánchez Terán -que había sido Gobernador Civil de Barcelona justo al principio de la transición y luego tres veces ministro con Suárez-, organizó un almuerzo en honor del Molt Honorable en el restaurante Horcher, muy cerca de la emisora, en un reservado. Allí pude apreciar, al entrar y vernos, que al Presidente de la Generalidad de Cataluña no le gustó demasiado verme en ese encuentro, pensando quizá que yo no era un comensal políticamente correcto para lo que podrían ser sus planteamientos.

El convivium discurrió con relativa tranquilidad hasta el momento en que Pujol, sin hablar de la palabra independencia -en contra de lo que sucede prácticamente ahora a toda CiU, que cubre sus inoperancias y latrocinios con demandas de soberanía-, comentó escuetamente:

 No hay más remedio que volver al status de 1714…

 Antes de los Decretos de Nueva Planta… -completé yo la frase.

Mi apostilla no pareció gustarle, pero como si no hubiera oído nada, la reconfirmó:

 Antes de los Decretos de Nueva Planta, Cataluña fue una pieza importante, y respetada de la confederación de la Monarquía de los Austrias, lo cual duró hasta 1699. Se mantenían los plenos derechos de la Generalidad, que quisieron inculcarse en 1640 con los proyectos del Conde Duque de ir a la centralización de la monarquía… pero a la postre, esos derechos se mantuvieron, hasta que Felipe V en 1714 los retiró por completo…

El debate subsiguiente se tornó bastante agrio, cuando yo me permití subrayar que la estructura económica había cambiado mucho, y que en nuestro tiempo, resultaba impensable ir a un sistema confederal en un país como España, que funciona en régimen de mercado único; momento en que Jordi Pujol ya me mostró una cierta hostilidad, como si mi título de tertuliano no fuera suficiente para estar en la reunión de tan alto nivel como pensaba que iba a ser aquella.

Ante esa situación, Antonio, por gestos, me pidió que aplacara mis comentarios, a fin de llegar a un ten con ten en las relaciones de la COPE con los catalanes más significados. Y en esos términos algo más conciliatorios concluyó la reunión; según parece, con resultados bastante buenos para los propósitos de templar gaitas, como coloquialmente se dice; aunque mi presencia no fuera precisamente la más conducente a esa situación.

 La verdad, Ramón, es que le has cantado a Pujol las verdades del barquero… Pero comprenderás que yo estaba en la obligación de tranquilizar el patio… -ese fue lo que en voz baja me dijo Antonio antes de irnos.

El tercer y último episodio que referiré hoy es el más reciente, pero se relaciona con los tiempos en que elaboramos la vigente Constitución española (1977/78), un tema al que me he referido con cierta extensión en mi libro “¿Adónde vas, Cataluña? Cómo salir del laberinto independentista” (Ediciones Península, 2014). Para señalar que en la preparación de ese trabajo me planteé si Cataluña había tratado el tema del pacto fiscal (formalmente solicitado por la Generalidad en 2012).

Ese pacto fiscal significaría disponer de un concierto similar al vasco o al navarro, a efectos de administrar prácticamente todos sus recursos fiscales de manera directa. Cuestión respecto a la cual evoca con frecuencia la oferta que a Cataluña hizo, según se dice, Adolfo Suárez: de un concierto tipo vasco en los tiempos constituyentes de 1977/78. Y que al parecer fue rechazado por CiU a través de su representación en la ponencia constitucional de los siete padres de la Constitución.

Para saber lo que de verdad pudiera haber en la cuestión, tuve una conversación (8.I.2014) con Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, quien me dio algunas pistas sobre el tema: “No me consta que la mencionada propuesta llegara a existir. Lo que sí sé, es que en la ponencia constitucional, Miguel Roca Junyent, representante de la minoría catalana y de la vasca, rechazó manifiestamente una vía foral como la del País Vasco o la de Navarra para Cataluña, al entender que las relaciones económicas con el resto de España eran mucho más complejas”.

Sobre esa preferencia del representante de la minoría catalana en la ponencia constitucional -sigue el testimonio de Herrero-, Jordi Pujol, en un discurso pronunciado en 1979, se lamentó de que Cataluña no hubiera optado por un concierto económico y fiscal al estilo vasco. Opinión que según el propio Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, vertió el Molt honorable en un discurso en el Parlament de Cataluña, editado por la Generalidad de Cataluña y después en folleto, titulado “El Estatuto, pacto de Estado”1.

Ese folleto, lo estuve buscando en la página web de la Fundación Jordi Pujol sin poder encontrarlo. Por lo cual recurrí al director gerente de esa entidad, Miquel Calsina, quien muy amablemente me respondió que la publicación referida no figuraba entre las obras de Jordi Pujol de la Fundación. Si bien me comentó que hablaría con el propio presidente de la Fundación, para tratar de conseguirla2. Sin que recibiera del Sr. Calsina ninguna observación más al respecto. A los dos días sin tener noticias de la referida Fundación, recibí una llamada del propio Jordi Pujol, reiterándome que no encontraban la referida publicación, y que si la encontraba, no dejara de enviársela, como así le prometí.

La llamada no dejó de extrañarme, y llegué a pensar que el Molt Honorable tenía interés por saber si subsistía la evidencia, supongo, de su queja por la labor del representante de la minoría catalana en la ponencia constitucional al no haber aceptado ir a un pacto fiscal tipo vasco para Cataluña. En cualquier caso, lo que está superclaro es que nadie en las Cortes Constituyentes de 1977/78 pidió para el Principado un concierto fiscal, cuando podrían haberlo solicitado; y cuando incluso fue ofrecido por el presidente Suárez.

Después de los tres relatos anteriores, el autor queda a disposición de los lectores de Republica.com, como siempre, en castecien@bitmailer.net.

1 Jordi Pujol, L’Estatut d’Autonomia, pacte d’Estat. Discurs del Presidente de la Generalitat al Parlament de Catalunya en el debat general sobre l’Estatut, febrero de 1987, Generalidad de Cataluña, Servicio Central de Publicaciones, Barcelona, 1987.

2 Cruce de correos electrónicos de los días 8 y 9 de enero de 2014

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