De dónde venimos, qué somos, adónde vamos (y II)

El pasado jueves iniciamos el presente artículo sobre un libro que tengo en el telar desde hace años, y que lleva por título el que aparece en el epígrafe de esta segunda entrega, tras los primeros pasos que dimos en la primera, al ocuparnos de la pregunta de dónde venimos, seguida que fue del comienzo de respuesta a qué somos. El tema del capítulo 5 del libro, donde nos ocupamos de la especie humana como la dominante en el planeta.

Somos el Homo sapiens, producto de la naturaleza; pero también de una Historia que fue moldeando nuestro perfil de especie en lo individual y lo colectivo -la senda de los primates, revolución neolítica, era clásica, renacimiento, revolución industrial, etc.-, a través de una larga secuencia evolutiva; no sólo biológica sino también social. Y a juicio del autor, con una clara componente teleológica; o teleonómica, si se prefiere. Porque si la idea general de que todo puede tener una finalidad es discutible, en lo que respecta al qué somos en el contexto de la Historia, no cabe tal discusión: la sociedad humana va convergiendo hacia un punto determinado; se llame omega o de cualquier otro modo, en un devenir que conduce a una integración progresiva.

En cuanto a la inteligencia artificial, tema central del encuentro en la UIMP, su idea surgió a mediados del siglo XX, a partir de matemáti-cos como Claude Shannon, Norbert Wiener, John von Neumann y Alan Turing. Quienes primeramente sentaron las bases de la teoría de la computación: el progreso haría posible disponer un día de máquinas de mayor capacidad de inteligencia que las personas; y que además, llegarían a gozar de la posibilidad de vivir sin tener que contar con la especie humana que las creó: las máquinas idearían y materializarían su propia civilización, tal como premonizó el novelista de ciencia ficción Arthur Clarke en Cita con Rama.

Muy probablemente nada o casi nada de lo que aquí puede decirse sobre robots y otros mecanismos, existiría hoy sin el trabajo de Alan Turing, el matemático británico cuyos cien años de nacimiento se conmemoraron en 2012. En ese sentido, Turing posee muchos títulos: el genio que descifró los mensajes encriptados de los submarinos nazis durante la Segunda Guerra Mundial con la máquina Enigma; y también se convirtió en el autor de las bases teóricas sobre las que ha crecido la informática.

Moviéndonos en el área de la IA, inevitablemente hemos de mencionar a los robots, los trabajadores no humanos a los que Karel Čapek dio nombre a partir de su lengua checa. Y desde esa primera notoriedad, de los años 30 del siglo XX, la robótica ha avanzado mucho, hasta el punto de que Hiroaki Kitano, uno de los directores del Sony Computer Science Lab, en Tokio, a principios de los años noventa del siglo XX, ya soñaba con crear robots humanoides, capaces de competir con hombres y mujeres. ¿Ambicioso? ¿Utópico? Nada de eso, porque en robótica, los sueños son un motor potente. Y en esa senda, el propio Kitano creó el perro Aibo, uno de los grandes éxitos comerciales de la robótica de Sony; y posteriormente diseñó a QRIO, el primer bípedo artificial capaz de correr. Pero, ¿cuán lejano se está todavía del robot humanoide de las películas de hacer de todo? ¿Del compañero androide capaz de compartir su vida con las propias personas?

Volviendo ahora al hilo conductor del libro, y todavía tratando de contestar la pregunta de “¿qué somos?”, el capítulo 6 -Condición humana y designio-, creo que sirve para llegar a la conclusión (siempre provisional, como todo), de que no venimos de la nada, ni tampoco volvemos a la nada. Por la presunción de que hay una filogenia cósmica y una inteligencia de la propia naturaleza. Lo que nos lleva a plantearnos si un día la humanidad conquistará amplias regiones del universos, a lo cual da pábulo el avance científico y tecnológico; aunque con enormes dificultades por vencer en el futuro la distancia a los exoplanetas, en los que, en principio, sería posible algún tipo de vida (cosa que el autor duda mucho).

Entramos así en la tercera parte del libro -”Adónde vamos”-, con el capítulo 7 (Ciencia y trascendencia), que se refiere a la especial controversia, sobre Creencias y pensamiento científico. Constatando que si bien la especie humana pertenece a la escala zoológica, presenta características que la diferencian del resto de los seres vivientes. Algo que origina el más arduo debate entre quienes piensan que puede haber una inteligencia superior que estableció las bases del todo, y quienes desde el ateísmo opinan que venimos de la nada, y que volveremos a ella. O si se prefiere, en palabras del poeta Miguel Hernández: “después del amor, la tierra; después de la tierra, nada”. Lo que nos lleva también a examinar las teorías más o menos relacionadas con el llamado diseño inteligente, el gran objeto de debate entre creyentes y ateos, muchos de ellos militantes.

En el capítulo 8 abordamos el siempre complejo tema de las realidades de la religión, con un ensayo sobre lo que constituye un sistema de creencias que tienen su interpretación y razón de ser; y que ha superado todas las previsiones sobre su definitiva desaparición, asegurada desde hace más de tres siglos, sin que tal predicción se haya hecho realidad. Así las cosas siendo cierto que muchos dan ya por segura la muerte de Dios, la opinión contraria tiene una pero más que considerable.

Por último, en el capítulo 9, Senda de futuro humano hacia la paz perpetua, vamos más allá de las preguntas y respuestas anteriores, fundamentalmente científicas, para entrar en una visión esquemática de la situación actual de la humanidad, de sus retos y posibles soluciones. Se trata de una síntesis en la que apreciamos los grandes problemas: peligro de desglobalización económica, amenaza nuclear y armamentismo, deterioro de la biosfera, y pobreza de masas. Son los cuatro obstáculos principales a una humanidad en verdadero equilibrio, en la esperanza de que seamos capaces de juntar y potenciar las fuerzas existentes; no para combatir entre las naciones, sino para lograr una verdadera integración planetaria.

Y ya como postreras palabras de este comentario a la nueva obra que tengo en su recta final, diré que no me considero físico teórico por formación (sí me intereso por ese área, en razón a muy antiguas inquietudes), ni antropólogo experimentado (por mucha vocación que tenga de ello). Y aunque algo he estudiado y producido en cuestiones políticas, ecológicas, y más aún económicas, lo que en este libro se expresa cubre un amplio espectro interdisciplinario. Lo cual hoy resulta más factible que antes, pues disponemos de redes de conocimiento, potentes y próximas, y cada día más manejables.

Seguiremos con nuestros temas -todavía no sé cuál- la próxima semana, y hasta entonces, el autor se ofrece a comunicarse con los lectores a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

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