La exploración del universo (y II): los nuevos grandes observatorios astronómicos

El pasado jueves 24 de abril, se publicó la primera entrega de este artículo que terminamos hoy, otra vez en la línea de esas ventanas maravillosas que se están abriendo al universo para su mejor conocimiento: los observatorios astronómicos y astrofísicos, altamente especializados, que están sirviendo para auténticas proezas científicas.

4. UN OBSERVATORIO MULTINACIONAL: EL SKA

Otro gran sistema de observatorio astrofísico es el SKA, o conjunto del kilómetro cuadrado, un proyecto en el que trabajan 70 instituciones de 20 países, que desde diciembre de 2011 tienen su sede en Manchester. Los países socios son siete: Reino Unido, Holanda, Italia, Sudáfrica, China, Australia y Nueva Zelanda.

Con el SKA será posible viajar en el tiempo, hasta solo 150 millones de años después del Big Bang, lo que permitirá, según los promotores del SKA, conocer mejor la expansión del universo en sus primeros tiempos; así como la naturaleza de la misteriosa energía oscura, y cómo se formaron los primeros agujeros negros y estrellas. Y podrá cartografiarse la distribución del hidrógeno, que en aquella época era la única materia. También se analizará el magnetismo cósmico y la naturaleza de la fuerza de la gravedad en relación con la teoría de la relatividad general de Einstein.

El gran telescopio SKA se considera uno de los mayores proyectos de radioastronomía, pues tendrá algo más de 3.000 antenas de 15 metros, en dos continentes: África y Australia. Con toda una nueva tecnología. Eso es lo que opina José Carlos Guirado, radioastrónomo y profesor de la Universidad de Valencia: pues además de descubrirse cómo trabaja el hidrógeno a nivel cósmico, también podría detectar señales de extraterrestres. En definitiva, el SKA se considera que será como el mayor ojo cósmico del mundo, cuando esté a pleno rendimiento en 2024. Será 50 veces mayor y se moverá 10.000 veces más rápido que cualquier telescopio hoy existente en el planeta (excluido el ALMA), y su coste supera los 1.500 millones de euros; con un superordenador capaz de almacenar 1.500 petabytes de datos útiles al día.

5. OTROS GRANDES OBSERVATORIOS: HIPPARCOS, GAIA, DOMO

En agosto de 1989, la Agencia Espacial Europea (ESA) puso en órbita el primer satélite dedicado íntegramente a la astrometría; esto es, a medir las distancias, movimientos y posiciones de las estrellas. El satélite se llama Hipparcos, por filósofo el griego que 1.600 años antes que Copérnico ya supo apreciar que los Tierra gira alrededor del Sol. Un satélite artificial que en sus primeros cuatro años de misión hizo mediciones 200 veces más precisas que las conseguidas anteriormente, de casi 120.000 estrellas. Hasta llegar, a configurar 24 años después de su lanzamiento, un catálogo fundamental para cientos de trabajos en astronomía, astrofísica y cosmología.

El 19.XII.2013, la ESA lanzó el sucesor del Hipparcos mucho más preciso y potente: el satélite Gaia que en sus cinco años de vida útil mapeará, con un grado de precisión inusitada, el brillo, temperatura, composición, posición y movimiento de más de mil millones de estrellas: el 1 por 100 que se calcula tiene la Vía Láctea. Será un gran censo estelar que permitirá elaborar un mapa tridimensional de la Vía Láctea, para por fin averiguar en qué clase de galaxia vivimos1.

No está claro cuántas estrellas tiene la Vía Láctea, oscilando las estimaciones entre 100.000 y 400.000 millones. Ahora, el Gaia, realizará sus mapas en tres dimensiones de altísima resolución; tanta que permitiría ver desde la Tierra la pupila del ojo de una persona que estuviera en la Luna. Todo ello según el astrónomo Jordi Torra, catedrático de la Universidad de Barcelona e investigador principal de la participación española en la misión. Se trata de investigar la historia y evolución de la Vía Láctea, estudiar sistemas estelares múltiples y exoplanetas… Gaia incluso verá asteroides del sistema solar y permitirá tomar medidas muy ajustadas de la relatividad general de Einstein2.

Otro telescopio de gran interés es el DKIST, sigla en inglés de Telescopio Solar de Tecnología Avanzada (Daniel K. Inouye Solar Telescope), del Observatorio de Haleakala de la isla de Maui (Hawai); para estudiar la radiación solar, el viento solar y una serie de fenómenos meteorológicos adversos relacionados con la actividad del sol. La casa de ese telescopio fue fabricada en España. El domo, como se denomina, es una estructura móvil de 500 toneladas, de 27 metros de diámetro y 22 de altura.

Con su espejo de cuatro metros de diámetro, el DKIST permitirá realizar observaciones del Sol más ambiciosas y precisas que las actuales del observatorio McMath-Pierce de Arizona; que con su espejo de 1,6 metros, era hasta el momento el más grande de los existentes a tales efectos. «Hay menos telescopios solares que nocturnos, y habitualmente el diámetro de su espejo principal es más pequeño, porque no necesitan recoger mucha luz. En este caso se ha decidido construir un telescopio de cuatro metros para conseguir más resolución, lo que permitirá detectar formas en la superficie del Sol (a 150 millones de km de la tierra) de tan sólo 30 km de diámetro3.

6. COLOFÓN CÓSMICO

En definitiva, hemos recorrido una serie de aspectos verosímiles, y también algunas suposiciones, aún inciertas, de la cosmogonía; percibiéndose en todo su desarrollo un orden indiscutible, unas leyes inexorables, pero con un devenir futuro aún impredecible. En definitiva, el universo tiene un sentido en el proceso seguido desde el aparente caos inicial al presunto orden en su desenvolvimiento ulterior; con una energía no inagotable desde el big bang, que podría tener su fin; para volver a empezar a concentrarse, o para enfriarse y observarse por entero en un universo desintegrado.

Pero en caso de haber un big crunch, estamos ante un universo oscilante sin memoria de nada. Como ya se ha indicado, sería una intrigante amnesia cósmica. Lo cual no quiere decir, tampoco, que en un futuro incierto el recuerdo de universos anteriores no sea recuperable: tal vez esté escrito y todavía no hayamos dado con esa información, que podrían encontrarse los primeros nanosegundos del big bang, en el nacimiento del cosmos.

Así pues, con no pocas limitaciones, ya tenemos una cierta idea de cómo se formó la vida física del universo en que vivimos. Lo cual nos lleva a abordar la fase siguiente de nuestro íter: la vida biológica, valga la aparente redundancia. Todo ello en la senda de contestar a la primera de las tres preguntas que constituyen el título de mi libro: ¿De dónde venimos, qué somos, adónde vamos?, del que este artículo es una versión preliminar.

Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net. Feliz puente del Día del Trabajo, de la Fiesta de la Independencia, y de las dos jornadas adicionales que lo convierten en una pieza de ingeniería social poco frecuente.

1 José Manuel Nueves, “Gaia. El satélite que revelará los enigmas de nuestra galaxia”, ABC, 20.XII.2013.

2 Alicia Rivera, “El mapa de la Vía Láctea en 3D”, El País, 18.XII.2013.

3 Teresa Guerrero, “Una gran cúpula made in Spain para el mayor telescopio solar”, El Mundo, 11.III.2014.

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