Horizontes de la ética en economía y ecología (y III)

El pasado jueves 3 de abril, dimos comienzo el presente artículo, que hoy terminamos con la tercera entrega. En la cual continuamos con los modelos éticos, haciendo referencia expresa al homo ecologicus, como superación de los planteamientos del sistema aristotélico-tomista, del capitalismo manchesteriano, y de los planteamientos marxianos.

3.5. El homo ecologicus

Fue en 1868 cuando Ernst Haeckel (1834-1919), el principal discípulo alemán de Charles Darwin, se refirió a la Ecología como “el conjunto de relaciones de una población determinada con su medio, integrado por otras poblaciones animales y vegetales, y por una larga serie de situaciones abióticas, constituidas por todo un entorno de recursos naturales, clima, etc”.

En definitiva, lo que trato de resaltar es que no cabe una compartimentación de lo humano; que hay todo un campo, mucho más extenso, de las relaciones recíprocas entre las personas, y de la humanidad con el resto de la Naturaleza. De este modo, si a finales del siglo XVIII y en la primera parte del XIX los componentes de la peligrosa secta de los economistas pretendían -como dijo Josef Schumpeter- “revelar a la humanidad el sentido oculto de sus luchas”, en la actualidad, la no menos peligrosa secta de los ecologistas aspira a revelar el sentido oculto de las luchas de la humanidad con la Naturaleza. Es decir, se pone de relieve la relación conflictiva entre el hombre y su medio. Y preconiza el cambio en las propias relaciones entre los hombres, para asegurar un equilibrio indefinido humanidad/Naturaleza, garantizando así la combinación amor-interés-cooperación, sin caer en las aberraciones del pasado.

En el caso de la Economía, se hace referencia a la administración de la casa pequeña (la antigua economía doméstica, sobre la que escribió hace 2400 años Jenofonte). Y por mucho que esa visión se haya ensanchado con el enfoque macroeconómico, lo cierto es que la casa pequeña de la Economía debe situarse dentro de la casa grande de la Naturaleza y, en fin de cuentas, de la Ecología.

4. LA ÉTICA ECOLÓGICA DE HOY: DESARROLLO SOSTENIBLE CON SOLIDARIDAD SINCRÓNICA Y DIACRÓNICA

Se ha adelantado mucho en la senda de las formulaciones precisas que relacionen el campo de la Economía con el de la Ecología, que permitirán presentar el campo unificado de ambas ciencias, dando así nueva fundamentación a los estudios que se refieren a las relaciones entre los hombres, a las relaciones entre la humanidad y la Naturaleza, y a las relaciones no humanas dentro de la Naturaleza. E. F. Schumacher y Barry Commoner son dos autores de cita obligada.

El concepto de desarrollo sostenible, que como podría decirse “ya estaba en el aire” desde muchos enfoques anteriores, se consagró por la Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente, creada ad hoc por las Naciones Unidas en 1987. Para establecer las bases de “nuestro futuro común”, con los trabajos que presidió la primera ministra de Noruega, Harlem Brundtland, y que estableció el objetivo de legar a las generaciones venideras un planeta en condiciones no peores de las recibidas por las actuales. En términos más concretos, el desarrollo sostenible podría cifrarse en los siguientes principios:

 Asociación con la naturaleza, en vez de explotación de sus recursos sin ningún criterio conservacionista.

 En las empresas, internalización de los costes de capital natural –como cualquier otro gasto de retribuciones salariales, financiación, proveedores, etc.-, a fin de reponer los deterioros de la naturaleza y mantenerla en condiciones estables.

 Estudios de impacto ambiental para las inversiones de una cierta cantidad, a fin de prever los impactos negativos en el medio, y desistir de tales inversiones, o compensar los posibles efectos negativos con otros positivos de igual monto.

 Presupuestos de la naturaleza en todas las entidades públicas y privadas, para asignar los recursos necesarios a fin de no menguarlos en su disponibilidad. Y en el caso de los no renovables estableciendo sistemas de reciclado.

La ética ecológica supone la solidaridad diacrónica a través del tiempo (complementaria de la solidaridad sincrónica, o solidaridad entre coetáneos), esto es, con las generaciones venideras, de modo que lo recibido del pasado no nos pertenece sino en usufructo; pues hemos de legarlo a las generaciones venideras. Nacen así, en la evolución política de la sociedad humana, los derechos ecológicos, como derechos de la sociedad en su conjunto, al lado de derechos humanos de los individuos, y de los derechos sociales de las distintas formaciones sociales. Y surge, en definitiva, una auténtica ética ecológica.

5. A MODO DE SÍNTESIS: UNA VISIÓN GLOBAL DE GOBIERNO MUNDIAL

La síntesis que finalmente propongo, es la que planteé en mi Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (RACMP), el 29 de enero de 2013, con un Modelo Paxinterra-20 que presenté en el texto escrito, con un total de dieciocho ecuaciones; sobre datos de partida del PIB mundial presente y futuro, cálculo de las transferencias para erradicar la pobreza, presupuesto de conservación de la biosfera, coste total del cambio de modelo de desarrollo, recursos necesarios y efectivamente disponibles; y ecuaciones de ajuste para flexibilizar flujos y resultados.

Esas 18 ecuaciones permiten plantear un iter racional, un flujo de fondos desde la reducción de los gastos militares al 1 por 100 del PIB mundial (caso de Japón), para librar recursos más que suficientes a efectos de preservar la biosfera, erradicar la pobreza, e impulsar el desarrollo global. En un lapso previsiblemente no tan largo, y de forma más equilibrada que hasta ahora.

Sería factible, con un esquema de gobierno mundial –reviviendo la idea de Kant, en su Ensayo sobre la Paz Perpetua (1795)-, dar respuesta a los cuatro grandes retos detectados. Lo que en el Discurso impreso de la Real Academia citada, expuse gráficamente con las imágenes del hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci: representando en ellas las posibles soluciones, sobre la base de la solidaridad que ha de sustentar la verdadera soberanía mundial en sus diferentes facetas:

Anticrónica, de acción común contra el ciclo, a fin de evitar las fases contractivas de la recesión y la depresión, que impiden el crecimiento económico, a veces por largo tiempo.

Pancrónica, en todo momento y erga omnes, contra los peligros permanentes que significan el arma nuclear y las demás formas de armamentismo. Lo cual exigirá un acuerdo internacional de supresión de las armas nucleares y de freno en los presupuestos militares, en la idea final de un solo sistema mundial de fuerzas armadas.

Diacrónica, a través del tiempo, pensando que el mundo en que vivimos es un patrimonio no sólo de las generaciones presentes, sino también y sobre todo de las venideras. Lo que exige más pronto que tarde un convenio mundial sobre el cambio climático, al objeto de frenar el calentamiento global, abarcando todos los países, y con mayor eficiencia, el Protocolo de Kioto.

Sincrónica. La que podría asegurar la convivencia entre coetáneos, para acabar con el fuerte dualismo de la pobreza y el hambre de masas, erradicando la miseria. Lo cual será posible con una reducción del armamentismo, que hoy representa el 2,5 por 100 del PIB mundial, equivalente a casi 100 veces lo que supone la ayuda oficial al desarrollo.

Pueden estar seguros de que el Discurso de ingreso en la RACMP lo preparé con no poco entusiasmo. Debiendo recordar aquí que tal palabra procede del griego: en-theos, significando que llevamos un dios dentro de nosotros. Que nos impulsa a proponer soluciones que pueden parecer utópicas, pero que a la postre, como vino a decir Erasmo en su Elogio de la locura, resultan las únicas verdaderamente razonables.

Cabe recordar también a Victor Hugo en su previsión de que “la utopía [la que se plantea en el modelo Paxinterra] es la verdad de mañana”. Y a Lamartine, cuando percibió que “las utopías no son sino las verdades prematuras”. Como también lo utópico y lo racional se relaciona con la figura de Sigmund Freud; en su libro El futuro de una ilusión. Donde subrayó que “todos los terrores, sufrimientos y crueldades de la vida se alejarán cuando se perciba la visión de la ciudad radiante; junto a las promesas de la ciencia, en una componente utópica. Elementos que pueden permitir restablecer una cierta armonía para situar al hombre en un horizonte de serenidad”.

Y traeré también a colación unas palabras de Nicolas Berdiaev, llenas de esperanza: “cuando se hayan resuelto los problemas angustiosos de la infraalimentación, de la pobreza, y del dolor físico, estaremos acercándonos a la solución del problema existencial”.

Y todo ello, planteando que, lejos de la idea de que la Economía es una ciencia lúgubre al modo que significó Carlyle, en realidad constituye una llave para abrir el futuro. Como de hecho vino a proponer Schumpeter, al referirse al papel de los economistas: decir la verdad por muy cruda que sea y por muy utópica que pueda parecer.

Y así termina el artículo escrito a propósito de la invitación del “Foro Larramendi” de San Sebastián, un acto que me pareció de gran interés, y con un ambiente muy cálido por el público asistente. Y todo bajo la batuta de Jose María Urkía y José María Echeverría, secundado después en un estupendo convivium, por Félix Maraña.

Para cualquier observación, el autor queda a la expectativa de sus lectores en castecien@bitmailer.net. Y aprovecho para desear a todos una estupenda Pascua florida.

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