Cuatro tornamundos (y VIII)

Terminamos hoy el largo artículo en el que el autor narra su última vuelta al mundo. Y aprovecho para informar a los lectores de República.com que si quieren el texto completo de las ocho entregas, con hermosas ilustraciones sobre los temas de que hemos ido tratando, pueden pedirlo -en preedición del propio autor y gratia et honore– a mi correo electrónico, que se cita al final de este escrito de hoy.

Y pasamos, sin más, a la parte final del relato de cuatro tornamundos.

Panamá: “Centro del mundo, Corazón del universo, Espejo de las Américas”.

Finalmente, al anochecer el largo día de San Ramón en Los Angeles, subí a bordo de la aeronave de COPA para Panamá, para después de un lapso de seis horas aterrizar en Tocumen, ya amanecido, el domingo 1 de septiembre. Llegué así a un aeropuerto al que ya había arribado mucho tiempo atrás, cuando en la explanada ante el pequeño edificio central de entonces, había un dibujo floral con la mención Panamá, centro del mundo, corazón del universo, espejo de las Américas.

Mi tornamundo 2013, o 4.VAM, tuvo en Panamá su secuencia final, pero no por ello menos importante que las anteriores. Además, a mi cabeza fluyeron los recuerdos de mi primer viaje a las Américas, en 1966, cuando fui contratado por el Gobierno Constitucional del Presidente Marco Aurelio Robles, para hacer un estudio sobre Relaciones entre Panamá y el Mercado Común Centroamericano. Tema al que me refiero ampliamente en Más que unas Memorias, por lo que aquí no voy a insistir en ello en este pasaje. Pero si diré que mis viejas reflexiones sobre la posibilidad de una relación más estrecha de Panamá con las otras cinco naciones de América Central (los centroamericanos), pueden haber tenido su eco muy recientemente. Por la decisión del actual Presidente Martinelli, quien a principios del 2013 firmó la adhesión de Panamá al Sistema de Integración Centroamericano (SICA).

El caso es que después de 46 años regresaba a Panamá, un país profundamente transformado por varias razones. La primera de ellas, por las negociaciones Torrijos/Carter, que condujeron a la entrega del Canal a la República de Panamá el 31 de diciembre de 1999. Un hecho realmente prodigioso en la historia mundial, sólo posible por la inteligencia y la generosidad de Carter: uno de los presidentes más rectos de EE.UU., y sin duda el mejor de sus ex presidentes, por sus continuas campañas humanitarias. El entendimiento entre Torrijos y Carter permitió resolver un pleito casi centenario, que había culminado en 1964 con las manifestaciones estudiantiles, contra las que dispararon los soldados norteamericanos produciendo terror y muerte: los mártires para quienes en 2014 se prepara una gran conmemoración considerándolas como la llave que abrió paso para que el país recuperara la Zona del Canal.

La segunda de las transformaciones panameñas en tantos años, fue el cambio drástico de la ciudad capitalina, convertida en una especie de punto intermedio de Miami y Singapur, por sus bosques de rascacielos frente al mar tropical. En gran parte -me dijeron-, debido a la alta densificación de Miami, que condujo a su municipalidad a establecer un impuesto especial para los apartamentos, comenzando, para los más pequeños. Lo cual produjo un parón en la ulterior expansión de la ciudad, con incidencia muy favorable en Panamá.

El caso es que tras un breve lapso para instalarme en el Hotel Bristol, el mismo conductor de la Comisión Nacional del V Centenario del Descubrimiento del Pacífico,-organización responsable del Congreso al que yo había de asistir – me llevó en una visita rápida a ver las obras de ampliación del Canal del lado del Pacífico. En verdad impresionantes, por los nuevos cortes en curso, con grandes movimientos de tierra, y con grandes muros de cemento. Todo para erigir las nuevas esclusas que permitirán el paso de los grandes buques de hasta 375 metros de eslora, 25 de manga y 19 de calado; que podrán transportar contenedores por un volumen de 14.000 TEUs frente a los 4.000 máximos que permiten las instalaciones originarias.

En cuanto a la rentabilidad futura de la ampliación del Canal, los opositores al proyecto sostienen que su cálculo se basó en proyecciones con mucha incertidumbre sobre el comercio marítimo y la economía mundial. E incluso llegaron a afirmar que las proyecciones económicas y financieras se basaban en datos manipulados. Por el contrario, la Administración del Canal de Panamá (ACP) considera que las nuevas esclusas son financieramente rentables, con una tasa interna de rentabilidad (TIR) del 12 por 100; suficiente para que el proyecto sea autofinanciable y no necesite que el Gobierno garantice los préstamos asumidos por la ACP para la ejecución del proyecto. Claro es que para aprovechar las grandes ventajas que supone la ampliación del Canal y la disponibilidad de un inmenso espacio como es la antigua Zona que ocupaba EE.UU., será necesaria una gran estrategia de desarrollo urbano e industrial, comercial, etc.

– En realidad, querido Guillermo -le dije un día al Dr. Chapman- lo que vosotros necesitáis en Panamá es un nuevo Lee Kuan Yew, fundador del Estado-Isla de Singapur, que supo escoger los medios para el gran desarrollo de lo que actualmente es uno de los puertos más importantes del mundo y un centro financiero internacional de gran nivel; amén de tener desarrollos tecnológicos culturales y de ocio más que impresionantes.

Tras la visita relámpago a la ampliación del Canal, nos dirigimos hacia Portobelo, donde me incorporé a la expedición completa de los asistentes al Congreso Académico sobre el Pacífico. En un viaje en el que hubimos de atravesar todo el istmo, desde el Pacífico al Caribe, yendo por la antigua Zona que controlaba EE.UU.; con una cubierta vegetal selvática prácticamente incólume, que la Republica de Panamá está decidida a conservar en su situación originaria; porque su deforestación podría conducir a una fuerte caída de las precipitaciones, y por lo tanto a la insuficiencia de agua en el Lago Gatún, con efectos más que negativos en el funcionamiento del Canal.

En Portobelo estuvimos visitando la zona de las antiguas ferias donde llegaban los grandes cargamentos de los galeones españoles, desde Perú y Chile, para luego cruzar el istmo y navegar hacia España. Y de esa visita conservo una sensación general de desasosiego, por el abandono que allí vi: el fuerte de murallas semiperdidas y de cañones por los suelos, y el gran edificio de la Real Aduana en estado muy mediano de conservación; a pesar de que hace años España facilitó los recursos para total restauración. Dicen que la Joven República va a ocuparse de mejorar la situación.

En Portobelo, tuvimos un refrigerio a la orilla del mar, en un chiringuito tropical, propiedad de Lourdes Gutiérrez, una mujer simpática, de aire inteligente, que nos proveyó de buen vino blanco -argentino, Chardonnay- y de marisco de la zona. Y allí estuvimos hablando de lo que fueron las célebres Ferias de Portobelo y de lo mucho que significó en la Historia universal. Y para terminar, ya en la vuelta a la Ciudad de Panamá, en el autobús, me situé en la última fila, donde dormí como un tronco: los cambios de 16 husos horarios desde mi salida de Madrid.

Congreso Académico del Pacífico: Economía Internacional, hoy

El lunes 2 de septiembre lo empecé en el Hotel Bristol, bajando a desayunar, y allí, en un comedor gélido por el aire acondicionado (Panamá es el país donde más frío paso), me encontré con Hugh Thomas, asistente al mismo congreso que yo. Estuvimos hablando largamente -nos conocemos desde hace 50 años por lo menos-, y en la conversación surgió la posibilidad de que yendo a presentar él su tercer volumen del monumental El imperio español, que le publicará Planeta, me llamará para participar en el acto. Después nos vimos varias veces en el Congreso, junto con su esposa Lady Vanessa Jebb. Y estuvimos hablando de más cosas, entre ellas, de la posibilidad de formar una plataforma de hispanistas ingleses, en pro de la devolución de Gibraltar a España. Por las mismas razones que Adam Smith sostiene en su Riqueza de las Naciones al recomendar tal retorno, para consolidar “la amistad de las Monarquías de Inglaterra y de España”.

Luego, puntualmente y desde el Hotel, nos trasladamos a la llamada Ciudad del Saber, en un distrito de antiguos cuarteles militares y edificios administrativos de EE.UU. en la Zona del Canal, de gran prestancia arquitectónica y bien conservados después de más de un siglo de funcionamiento.

Fue en ese marco en el que se inició el Congreso Académico sobre el Océano Pacífico. A cuya apertura procedió la Sra. Marta Linares de Martinelli, Primera Dama de la Republica de Panamá, en lo que fue un discurso conciso, de agradecimiento a los presentes; con unas palabras previas de Francisco Linares, Director del Congreso Académico en el que esbozó los contenidos y propósitos del mismo.

Acto seguido comenzó el Encuentro, que en su primera jornada (la única que pude asistir) se desarrolló con intervenciones de indudable interés. Empezando por una visión general de la jornada, a cargo del Doctor Felipe Fernández-Armesto, de la Universidad de Notre Dame de Indiana, llena de entusiasmo por haber reunido tantos expertos sobre un tema histórico tan importante como el de Balboa-1513.

Siguió la exposición a cargo del Prof. Alfredo Morales, que, entre otras cosas se ocupó de la interesante y un tanto fantástica visión de un hispano-filipino, Vicente Meninje, que en 1761 presentó en la Universidad de Manila una tesis doctoral sobre el Imperio Español en su conjunto, con una especie de creación dirigida por la Providencia.

El siguiente orador fue el Prof. Alfredo Castillero Calvo, que mostró una erudición, que debió ser casi exhaustiva, sobre la cartografía en la era de los grandes descubrimientos. Para terminar esa primera sesión con una exposición a cargo del Embajador Diego Chou, de Taiwán, que destacó la gran importancia que para China tuvo el Galeón de Manila, en términos comerciales y monetarios.

Yo participe en la sesión de la primera tarde, presidida y moderada por mi viejo amigo Guillermo Chapman Fábrega, actualmente Director de la Junta Directiva de la Administración del Canal de Panamá. Y que a lo largo de su vida de economista, despeñó importantes cargos y estuvo al frente de notables misiones. Entre los primeros, fungió de Ministro de Economía y Planificación, y entre los segundos, participó muy activamente en las primeas negociaciones sobre la transferencia del Canal de Panamá, en 1966.

La ponencia que yo desarrollé en este congreso, se centró en La economía internacional en la era de la globalización, un estudio que tiene su base en el trabajo que en 2012 dirigí para la Revista Mediterráneo, de Cajamar. Si bien le di un enfoque mucho más dinámico, planteando el protagonismo que todavía tienen en la economía mundial las grandes potencias; para seguir después con las principales formas de relación económica (cooperación e integración). Y todo ello en la dinámica de los ciclos y las grandes transformaciones.

Terminé mi exposición con planteamientos extraídos de mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas: los cuatro retos de la Comunidad Internacional (desglobalización, armamentismo, subdesarrollo y deterioro de la biosfera) y las cuatro respuestas convergiendo en la idea de una paz perpetua para el siglo XXI. Tema recurrente en mi pensamiento, y al que habré de volver, para contribuir a que se haga creíble en nuestro tiempo el gran proyecto en 1795, de quien fue uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos, Inmanuel Kant.

La sesión continuó con otras dos conferencias. Una presentación a cargo del Doctor Javier Wrana -viajero incansable y que todavía joven ha dado, 13 vueltas al mundo-, que versó acerca de que el Galeón de Manila o Nao de la China, podría verse parangonado actualmente con un ingente tráfico comercial desde las Filipinas a las Américas.

Cerrando la sesión, escuchamos a la Catedrática de la Universidad de Sevilla Enriqueta Vila Villar, Presidenta de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, que hizo una exposición magistral sobre el tráfico comercial y de metales preciosos entre las Indias, España y el resto de Europa, entre los tiempos del descubrimiento y la emancipación de las repúblicas hispanoamericanas.

Viejas y nuevas amistades en Panamá la verde

Durante mi estadía en Panamá, pude hacer otras muchas cosas que las referentes al Congreso. Entre ellas, renovar mi vieja amistad con Graciela Quelquejeu de Eleta, viuda de Don Fernando, Ministro de Asuntos Exteriores de Panamá, con quien trabajé el año 1966 (en el tema antes referido sobre relaciones de Panamá con el Mercado Común Centroamericano).

Precisamente en aquellos tiempos de mi trabajo en Panamá, en 1966, conocí al hermano del ministro de Asuntos Exteriores, Carlos Eleta; que era músico y había compuesto varios boleros y cumbias, entre los primeros, “Historia de un amor”; mundialmente famoso, por su profunda y romántica sinceridad. Y ahora, pensé yo, ahora podría escribirse “Otra Historia de un Amor”, relacionando a personas que tras los avatares de la vida se encuentran y se funden en un solo querer.

De mis viejos amigos de Panamá siempre estuve en contacto con Guillermo Chapman, con quien me vi en España en varias ocasiones. La última, en Santander, a principios de agosto de 2013, al participar Guillermo en el ya citado Encuentro España y el Pacífico, ayer, hoy y mañana, que dirigí en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en el que Chapman presentó una excelente ponencia sobre el Canal; actuando como un auténtico embajador de su país, al lado de los de Chile, México y Filipinas, y del propio Embajador Bravo, de España.

Volviendo a Panamá, durante mi breve estancia allí, Graciela nos convocó a un grupo de amigos a cenar en su casa, el último día de mi estancia en la ciudad, y allí fui con Guillermo, en un largo recorrido hasta el barrio residencial Costa del Este, realmente extraordinario por sus altos edificios y ajardinamientos. La cena fue toda una muestra de hospitalidad gastronómica y de amistad, y en ella hablamos de todo lo divino y humano… incluyendo, naturalmente, amplias referencias al Papa Francisco. Allí trabé nuevas amistades, entre ellos el socio de Guillermo en consultoría estratégica, Marco Fernández, y la señora Beatriz Valdés; escritora panameña de gran cultura y elocuencia y autora de un reciente ensayo sobre Aldous Huxley.

Mi despedida en la cena en Costa del Este, se completó al día siguiente, en el almuerzo que me ofreció el Embajador de España, Jesús Silva, en el que también estuvieron presentes el Jefe de la Oficina Económica y Comercial de España, Bernardo Fernández, y asimismo el Director de la Fundación Areces, Raimundo Pérez-Hernández Torrá. La muy interesante conversación discurrió sobre el futuro de Panamá, la posibilidad de un nuevo Canal en Nicaragua, y otros temas.

Y pondré punto final a este informe, señalando que el mismo día 3 de septiembre, ya en la tarde, tomé el avión de Iberia para un vuelo a Madrid de 11 horas y media. Un trayecto en el que fui pensando en lo mucho que dejaba atrás de mi viaje tornamundo. Que he tratado de registrar en este Informe, expresivo de mi gratitud a quienes me ayudaron a hacerlo realidad. Gracias y fin de trayecto.

Y como siempre, el autor, queda a disposición de los lectores de República.com en su correo electrónico castecien@bitmailer.net, al que deben dirigirse si quieren la versión completa e ilustrada de los ocho tornamundos.

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