Cuatro tornamundos (VI)

El pasado 26 de septiembre iniciamos la publicación de la presente serie de “Cuatro tornamundos”, de la que hoy presentamos su sexta entrega, en la que se hace referencia a una intervención del autor en la Universidad Nacional de Australia, y a la subsiguiente velada iberoamericana que hubo en la Embajada de España en Canberra.

Australian National University (ANU), Canberra: Crisis económica en la Eurozona y contexto mundial

Mi cuarta jornada australiana, el jueves 29 de agosto, tuvo un aire casi festivo, como de vacaciones dentro un largo viaje, pues muy de mañana, un conductor fue a recogerme al hotel para conducirme aeropuerto de Sídney; desde donde, en un pequeño avión De Haviland, volamos a Canberra, que los australianos pronuncian con acento en la primera a, y con n, en vez de m y sin tilde de tono, como normalmente hacemos los españoles.

Durante el viaje, en un día muy claro, pude apreciar el paisaje montañoso en torno a la capital, amarilleando por la larga sequía en curso en sus extensas zonas de pastizales. Y a la llegada a la terminal del aeropuerto, el efusivo saludo del Embajador de España, Enrique Viguera, con quien tengo una larga amistad reforzada por el parentesco que une a su esposa, Marta Altolaguirre, con la mía, Carmen; ambas zaragozanas y del mismo entronque familiar de los Roumier.

El subsiguiente almuerzo en la residencia del Embajador donde me alojé aquella noche, fue muy grato, no solamente por la compañía de Marta y Enrique, sino también por los temas de conversación; destacando en ella el embajador la creciente presencia de empresas españolas en Australia. Sobre todo en lo concerniente a infraestructuras, tema en el que destaca ACS, que desarrolla gran actividad en todo el continente; merced a una filial de la empresa originariamente alemana Hochtief hace años adquirió ACS. Inevitablemente, la conversa también se extendió a las complejidades de la realidad española en lo político y lo económico. Y ya de sobremesa, el efecto del cambio de tantos husos horarios a lo largo de mi viaje se dejó sentir en un denso cansancio físico, resultando muy reparador el descanso subsiguiente. Siempre lo he dicho: una siesta razonable permite duplicar la actividad de cada jornada.

Repuesto de mi cansancio viajero, el Embajador Viguera y yo nos fuimos a la que es considerada primera universidad australiana en el ranking de calidad: la ANU (Australian National University), y más en concreto, a su Instituto de Estudios Europeos, donde había de dar otra conferencia, también en inglés, sobre la “Situación económica en Europa, con especial referencia a los problemas en la Eurozona”. Una sesión que me resultó de lo más estimulante, en línea con lo ya comentado al referirme a la Universidad de Sídney, en cuanto a proximidad entre orador y auditorio.

Por otra parte, en mi conferencia no oculté la situación especialmente difícil por la que ha atravesado España, detallando una serie de problemas pendientes y al tiempo algunos primeros indicios, que no brotes verdes de recuperación. Poniendo de relieve que por encima de las medidas técnicas, lo que se echa de menos es un verdadero proyecto de país.

Aunque no esté bien que yo lo diga, al final parece que la conferencia fue un éxito según manifestó de manera elocuente la directora del Instituto de Estudios Europeos, Jacqueline Lo; quien en sus palabras de clausura del acto hizo una verdadera laudatio del orador, por lo cual, al finalizar con sus parabienes, me dirigí a ella y sonriendo le pregunte:

- May I kiss you now?

La pregunta desató las risas del respetable, que creo disfrutó del buen ambiente creado en el debate. Con numerosas preguntas, entre ellas algunas formuladas por embajadores allí presentes de la UE, México, El Salvador, Ecuador, y Portugal. Luego, con el Embajador ecuatoriano, Raúl Gongotena, tuve ocasión de hablar largo y tendido, en lo que fue premonición de una ulterior relación epistolar.

Quizá, a lo largo de mi conferencia, o por lo menos eso pensé al principio, no subraye de manera suficiente la circunstancia de que la defensa del euro como moneda única, trasciende de cualquier visión eurocentrista. Porque después de tantos esfuerzos como están haciéndose para mantener su vigencia, e incluso expandir el número de los países que lo tienen como valuta oficial (17 del total de 28 en la UE), la formación de la Eurozona constituye una experiencia muy útil a escala universal; para prever cómo podría avanzarse en la senda de la moneda global, con procedimientos muy distintos de los que se asumieron en la conferencia de Bretton Woods de 1944, cuando se creó el patrón de cambios oro-dólar del FMI.

Sin embargo, mis presunciones sobre desatención al tema, no se confirmaron, pues uno de los intervinientes en el coloquio que planteó cómo podría acabarse con las guerras cambiarias actuales: yen japonés en rápida depreciación; dólar con las mismas pretensiones; actuaciones revaluatorias monetarias de Brasil, ajustes en India, etc. Y personalmente, en la respuesta me referí al caso del euro, para directamente plantear el tema de la moneda global. En el que estoy trabajando hace años, y para la que he propuesto la denominación de Cosmos, que podría ser, digámoslo así, el Euro de todo el mundo; a base de crear una cesta de monedas, y seguir las pautas que se marcaron en el Tratado de Maastricht para llegar a la moneda común. Aunque desde luego, también habría que aprender los problemas del Euro-sistema durante la crisis iniciada en 2007.

La sesión académica en la ANU se prolongó con un vino australiano, que duró más de una hora, durante el cual hable con varios conocimientos españoles de 34 años antes en Canberra; de mi primer viaje a la isla-continente, un reencuentro entrañable. De aquellos camaradas, uno, gallego muy elocuente, se lamentó diciendo:

- La colonia española en la capital australiana ha disminuido a menos de una cuarta parte de lo que era en 1979, cuando superaba la cifra de 10.000 personas. Aunque también, por la crisis en estos tiempos, está volviendo a crecer.

Una velada iberoamericana y algunas reflexiones inter-patrias

En la noche del mismo jueves 28 de agosto, más trabajo. Porque Enrique Viguera, que es infatigable -y tanto o más lo es su esposa, Marta-, habían preparado una cena de Embajadores iberoamericanos; en la que estuvieron de Norte a Sur, el de México (Beatriz López Gargallo), El Salvador (Manuel Alfredo Gutiérrez Ruiz), Venezuela (Nelson Dávila Lamela), Colombia (Clemencia Forero-Ucros), Cuba (Pedro Monzón Barata), Ecuador (Raúl Gangoneta Ribadeneira), Chile (Pedro Pablo Díaz Herrera), Argentina (Raúl Villagra Delgado), Uruguay (Alberto Fajardo Klappenbach); amén de los jefes de las misiones diplomáticas de Brasil (Rubem Correa Barbosa) y Portugal (Pablo Jorge Sousa Dacunha Alves).

Allí cenamos todos, 21 personas, en un amplio y luminoso comedor; en convivium al principio muy bullicioso, como es habitual en las reuniones hispanas. Hasta que en un momento dado, el Embajador Viguera, tras tintinear su copa para presentarme, abrió la conversación global, dándome la palabra para exponer uno de los temas ya comentados en este Informe: Balboa y el Mar del Sur. Y una vez terminada la exposición, hubo todo un coloquio, expresivo de la admiración por quienes se atrevieron a navegar por los grandes mares ignotos con tan limitados medios.

Estaban allí los embajadores de Portugal y Brasil y por ello mismo, con todo respeto por Magallanes, me permití subrayar que su proyecto era llegar a las Islas de las Especies por el hemisferio español; atravesando el Océano descubierto por Balboa y designado como Mar del Sur. Un tránsito en el cual Magallanes perdió la vida en las actuales Islas Filipinas, siendo Elcano quien realmente concibió la idea de circunnavegar el planeta. Pues habiendo llegado a las Molucas, y ya con la nao Victoria cargada de especies, se decidió a atravesar los mares del hemisferio luso: el Indico y el Atlántico Africano, para tras una serie de episodios altamente peligrosos en Cabo Verde (de dominio portugués) llegar a Sanlúcar de Barrameda en 1522.

- ¡Y pensar que Australia -dijo uno de los embajadores- podría haber sido un dominio español, si se hubiera insistido en las navegaciones de Quirós, que fue el padre del nombre del continente, con la palabra Austrialia. Tras las navegaciones un lugarteniente de Quirós, Torres, mapeó el estrecho de su nombre: con la costa sur de Nueva Guinea y la norte de Austrialia. Tras lo cual, no habría sido tan difícil enviar una expedición desde Filipinas. Pero eso no sucedió: el Imperio Español de tiempos de Felipe III estaba quedándose exhausto. De manera que la atención hispana en el Pacífico se polarizó en La Nao de la China o Galeón de Manila.

En larga velada que siguió a la cena, tuve ocasión de hablar extensamente con la Embajadora de México, que se sintió muy complacida por mis referencias al comercio entre Filipinas y la Nueva España a través del Galeón de Manila o Nao de la China; un tema que los mexicanos tienen, con toda la razón, como propio. E igualmente tuve oportunidad de conversar con la Embajadora de Colombia, dama muy versada; con quien platiqué sobre las negociaciones entre el gobierno del Presidente Santos y las FARC, y cuyos resultados se hacen esperar.

Cuando ya avanzando la noche y quedamos menos conversantes, la conversación se movió por otros derroteros, entre ellos el Papa Francisco. Respecto a quien hubo diversidad de opiniones, algunas de ellas críticas de su a veces desconcertante compostura… El resto de la noche resultó relajante, y a ello debió contribuir la fuerte tormenta que cayó sobre Canberra, de la que yo no llegue a percibir ninguna sonoridad, sin duda por la fatiga que estaba compensando con el sueño.

Ya al levantarme el viernes 30 de agosto, y pensando en la velada de la noche anterior, no pude por menos de plantearme la comparación de España con Inglaterra. Calibrando lo bien que se tratan los países de la Commonwealth entre sí, y el general respeto que inspira el Reino Unido como primus interpares. Algo que no es la regla en el caso de los iberoamericanos, y que podría ser resultado, en gran medida, de la Leyenda Negra a que me he referido antes. Reforzada por toda una serie de planteamientos indigenistas, que exacerban sobre todo quienes son herederos de los antiguos criollos de la independencia; que maltrataron a los nativos originarios de sus países de forma autoritaria y excluyente, muy lejos del espíritu de las Leyes de Indias; que aunque no eficaces, si aspiraban a inculcar el respeto de los derechos de los aborígenes americanos.

También me pregunté a mi mismo por qué la Conferencia Iberoamericana de Naciones, que está funcionando ya más de 20 años, no ha tenido el éxito que se merecía. Como agrupación de concordia y esfuerzo en común, en vez de ser escenario de las viejas querellas; renovadas de tiempo en tiempo por la inseguridad jurídica y los planteamientos que hacen algunos gobiernos de tendencia autoritaria y excluyente. Naturalmente todas estas cuestiones no son para resolverlas en un documento como éste.

Ya avanzada la mañana del día 30 de agosto, el Embajador y su esposa me acercaron al aeropuerto, atravesando toda la zona diplomática de la capital federal. Incluyendo una breve visita a la cancillería española, de corte arquitectónico moderno y luminoso, configurada como un cuadrado sobre un círculo, lo que también contribuyó, creo, al título del presente trabajo sobre la cuadratura del círculo. Nos acercamos luego al parlamento federal casi recién inaugurado, con un montaje metálico inmenso sobre el edificio para arriba del todo flamear la bandera del Lucky Country; el cuartel de la Unión Jack y la constelación de la Cruz del Sur en el centro.

En ese recorrido también pude apreciar la magnificencia de una serie de centros culturales y universitarios, todo ello en un campo con frecuentes bosques y jardines sin fin; donde la sensación de efectivamente estar ubicados en un país de dimensiones formidables.

Ya casi con un pie en el estribo, en el aeropuerto, me quedé profundamente impresionado. De propiedad privada, no he visto nunca un edificio más liviano más luminoso y que aparentemente cumpla mejor las condiciones de un gran puerto aéreo. Y allí mismo la despedida de Marta y Enrique: hasta pronto, en España o en otro lugar del mundo. ¡Gracias por vuestras estupendas acogida y hospitalidad!

Seguiremos la próxima semana, con la séptima entrega, y hasta entonces, el autor queda a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net

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