Cuatro Tornamundos (V)

El pasado 26 de septiembre iniciamos en República.com, en esta sección de “Universo infinito” la publicación de un largo artículo sobre cuatro tornamundos. Y hoy en la quinta entrega, nos seguimos ocupando de una serie de temas relacionados con la estancia del autor en Australia.

El buque transporte Cantabria de la Marina Española

La segunda jornada de mi estadía en Sídney, creo que no fue menos provechosa que la primera: por la mañana, en el hotel, estuve preparando mi conferencia, sobre “Globalización y soberanía mundial: un ensayo sobre la paz perpetua en el siglo XXI”; una versión, abreviada, en inglés, de mi discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que pronuncié el 29 de enero de 2013, en sesión extraordinaria que presidió la Reina Sofía.

Repasé el texto traducido a la lengua de Shakespeare, y de Mark Twain, por mi amiga y colega Sarah Dague. Y en la nueva lectura del texto que hice pude apreciar que, además de reducirlo por la lógica limitación de tiempo, aún quedaban muchas expresiones evocadoras del original español. Me percaté, pues, de que Sarah y yo habremos de seguir trabajando ese escrito, para que su latido sea definitivamente anglosajón.

Hechas mis anotaciones para la presentación de la tarde, junto con el Dr. Luis Salvador-Carulla, nos acercamos a la zona portuaria de la Marina Real Australiana para visitar el buque Cantabria, atracado en el espacio más espectacular de la bahía de Sídney, con un horizonte único: el perfil del distrito financiero de la ciudad, el jardín botánico, la célebre opera con sus blanquísimas cubiertas asemejando velas de barco, y el puente de hierro que conecta dos partes de la ciudad; que si mal no recuerdo fue una de las grandes obras que se acometieron en tiempos de la Gran Depresión, en los años 30 del siglo pasado.
Con el Comandante Nieto -que estaba acompañado de uno de sus oficiales, Héctor Piñeiro López, antiguo alumno mío en la Universidad Autónoma de Madrid- recorrimos buena parte de las dependencias del Cantabria, cuyo nombre se debe a la la sugerencia hecha por Miguel Ángel Revilla, cuando era presidente de la comunidad de Cantabria; quien solicitó al entonces presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, que un buque importante de la Armada llevara el nombre de su región.

El propio Revilla me lo contó así unas semanas antes, el 2 de agosto, con ocasión de oficiar él como presentador de mi último libro Mas que unas Memorias, en la librería Gil de Santander. Y me dijo que la petición de ese nombre no la hizo por ningún capricho especial, sino por una razón histórica de peso indudable:

- Ramón, tú lo sabes: los barcos de las villas marineras de Castro Urdiales a San Vicente de La Barquera, pasando por Santander, fueron los que integraron la primera Marina de Castilla. Que de manera fundamental contribuyeron a la reconquista de Sevilla por Fernando III, pues los barcos llegados desde el Norte rompieron las cadenas que daban nervio a los dos puentes de barcas sobre el Guadalquivir, que los moros habían construido entre Sevilla y Triana. De esa forma, divide y vencerás, la ciudad se quebró en dos y fue reconquistada.

El barco Cantabria me pareció consistente y eficaz, y según manifestaciones de su comandante, corroboradas por varios oficiales australianos allí presentes, el navío está causando gran impresión. Y es posible que después de su manejo en cooperación durante un año, por las dos Marinas, los aussies se decidan a adquirir un buque de las mismas características; para atender el transporte de combustible y otras vituallas de su Marina a toda una serie de puertos y buques en navegación, a lo largo de los más de 20.000 kilómetros de costa del cuarto continente.

Universidad de Sídney: pensando en la Paz Perpetua

El miércoles 28 de agosto, después de la visita al buque Cantabria, y según habíamos convenido previamente, tuve ocasión de invitar a almorzar al Dr. Luis Salvador-Carulla y a su esposa, Paula, escogiendo para ello el ya mentado restaurante El Pez Volador. Donde nuevamente nos atendió Angelina en lo que fue un almuerzo deleitoso, tanto por lo gastronómico como por contemplar a la luz del día el paisaje intuido la noche anterior.

Ya en la tarde, con el Director del Instituto Cervantes Victor Ugarte, nos trasladamos a la Universidad de Sídney, a su campus central. Construido en el último tercio del siglo XIX y en verdad imponente: espacioso con su gran patio de hierba ultraverde, rodeado por un edificio neogótico al estilo de algunos de los colegios -esos si realmente góticos de las universidades de Oxford y Cambridge. Allí, me hice cargo de una conferencia-coloquio organizados por el eminente Prof. John Keane, Director del Instituto para la Democracia y los Derechos Humanos (IDHR), y que además dirige la Tribuna Sídney Ideas donde se discute de todo lo divino y humano1.

La reunión se celebró en un aula muy amplia y de fuerte inclinación en sus bancadas -para que todos los alumnos vean el escenario donde diserta el profesor-, con buena asistencia de docentes y estudiantes, me sentí como en mi propia casa, y expuse mis tesis sobre “Globalización y soberanía mundial: la paz perpetua en el siglo XXI”. Y manera que a medida que fui avanzando en mi exposición fui tomando más confianza, y ya en la fase del coloquio, me permití pasear por el escenario y acercarme, a los intervinientes. En parte, porque, he de confesarlo, el acento australiano me resulta algo difícil de entender; y sólo estando próximo a mi interlocutor, e incluso viendo el movimiento de sus labios, podía saber cabalmente a que estaban refiriéndose.

En cualquier caso, esos movimientos por el aula fueron muy apreciados por los asistentes, y al final tuve una gran ovación. El Prof. Keane, con aire de sinceridad, me dijo:

- En esos debates casi nunca se aplaude a nadie, y Vd., Prof. Tamames ha tenido la rara virtud de engancharnos a todos con su discurso… También, es cierto, que la controversia que ha suscitado ha venido ayudar. Créame, todo lo que nos ha dicho ha sido del mayor interés…”.

Pero aparte de que mi intervención tuviera más o menos éxito, mi meditación de aquella noche, ya en la tranquilidad del hotel, es que el tema de la paz perpetua, sigue considerándose como un imposible. En la mente de muchos, aún prevalece, el si vis pacen, para bellum, o el pseudoforismo de Hobbes, homo homini lupus, o el sonsonete de Clauwsevitz, aquel de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Y a pesar de no pocos intentos actuales o históricamente recientes (y recordemos la propuesta de Einstein a las Naciones Unidas de forjar una Federación Mundial de Estados, 1947), los excursos que se hacen sobre la cuestión, son académicamente muy admirativos pero muy poco apreciadores de que sea una realidad posible. Pero, el tiempo no perdona, y ese sentido, mi opinión es que si no hay un acuerdo en el G-2 (también Chin-USA, o Chimérica) antes de que China doble en PIB a EE.UU., la situación podría hacerse muy difícil, en términos de una posible nueva guerra fría de dimensiones y consecuencias incalculables.

Meditaciones que no sé si estaban en la mente del distinguido auditorio, aunque es cierto que al terminar la sesión, se me acercaron varios estudiantes españoles para comentarios. Entre ellos, dos chicas sevillanas que algo emocionadas se hicieron una foto conmigo. Y cuatro estudiantes de Gerona, muy sonrientes, contentos de haber estado en la sesión académica; que me hicieron algunas preguntas sobre el llamado “derecho a decidir”, y en relación con la diada del 11 de septiembre de 2013.

Lo que no comenté con aquellos jóvenes gerundenses tan sonrientes -pues fue algo que supe después-, es que en 1934, el estado de Australia Occidental, que ocupa casi un tercio del continente, celebró un referéndum en el que los partidarios de la independencia, consiguieron más votos que nadie. A pesar de lo cual, los australianos occidentales continuaron dentro de su Commonwealth, por decisión doble: del Parlamento británico, que aún tenía poderes sobre los dominios -como Canadá, Nueva Zelanda, Australia y la Unión Sudafricana-, y también porque en la propia constitución australiana no figuraba el llamado derecho a decidir. Otro argumento más en la dialéctica frente a las pretensiones de los nacionalistas a ultranza de Cataluña.

También un australiano prominente se me acercó para dar continuidad a nuestro contacto: Chris Hamer, Presidente de la World Citizens Association of Australia, una importante ONG que se dedica a promover el universalismo; algo en lo que yo insistí en mi intervención.

Hubo después una cena en un restaurante próximo a la universidad que presidió el Prof. Keane. La conversación fue interesante y se centró en buena parte en las elecciones generales previstas para el 7 de septiembre en Australia -el primer Ministro Rudd frente al candidato Abbot-, en una situación de bonanza económica, aunque con ciertos signos de desaceleración y de fuerte dependencia de las exportaciones a China, algo que preocupa a muchos. Como también es un tema electoralmente complicado la inmigración ilegal de muchos navegantes que desde Asia meridional y el Sudeste pretenden llegar a Australia. Desde donde, si son retenidos, se les reembarca a Papua-Nueva Guinea.

En otro pasaje de la conversación, en la que intervinieron activamente Ugarte y Salvador-Carulla, Keane se refirió a un libro de Donald Horne sobre Australia, que tiene el expresivo título de The lucky country y que ha dado mucho que hablar en el país. Porque si bien es cierto que los aussies tienen suerte, también planean sobre ellos algunos problemas a veces no suficientemente analizados.

Ya en los postres, John Keane me preguntó por mi colega en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Adela Cortina, Catedrática de la Universidad de Valencia. Y muy complacido nos mostró, del archivo de imágenes de su teléfono móvil, una serie de fotos con el trasfondo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de la capital del Turia: pura marca España que diría un optimista.

Ya volviendo al hotel, en un paseo alrededor del hotel, en la tranquilidad de la noche, estuve pensando en todo lo que habíamos hablado durante la cena, y dediqué alguna reflexión al futuro de Australia, entre EE.UU. y China. Los primeros apoyando al cuarto continente para evitar que se vaya escorando hasta convertirse en un país surasiático. Entre otras cosas por la ya referida dependencia económica de China -que no irá sino en aumento- y también por el abandono de su anterior política de inmigración, que en mi primer viaje de 1979 aun se palpaba: Keep Australia White. En fin de cuentas todo está pendiente de la forma en que se llegue o no a una verdadera paz perpetua. Pero está claro que para los asiáticos, Australia es un objeto de deseo por sus enormes riquezas.

Dejamos aquí nuestra narración, para proseguir la semana próxima. Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net.

1 Recientemente, el Prof. Keane ha desempeñado la cátedra Karl Deutsch en Berlín, como también ha codirigido una comisión europea para la promoción de la sociedad civil, asistiendo además como miembro a un tanque de talento del Institute For Public Policy Research. Y con muchos más méritos en su currículo, la Comisión de la Radio de Australia (ABC) ha descrito al Prof. Keane como “uno de las grandes exportaciones de Australia”.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *