Antecedentes, creación, y problemas actuales de la Unión Monetaria Europea (yIII)

Los lectores de Republica.com ya fueron informados de que este artículo sobre la Unión Monetaria Europea, consta de varias entregas; concretamente, tres. Lo iniciamos el pasado jueves 6 de diciembre, con un primer argumento sobre las uniones monetarias europeas en los siglos XIX y primer tercio del XX (sección 1), y a los intentos de una moneda universal en las mismas dos centurias (sección 2). En la segunda entrega, se incluyó el ya casi olvidado “Acuerdo Tripartito sobre tipos de cambio de 1936″ (sección 3), y un espacio dedicado al FMI (sección 4), con el comienzo de la “senda del euro” (sección 5).

Terminamos hoy el artículo, ocupándonos de “El euro en acción” (sección 6), y “El futuro de las cuestiones monetarias” a escala mundial (sección 7).

6. EL EURO EN ACCIÓN

La Unión Monetaria constituyó para Europa una revolución mental, política y económica, al consagrarse la definitiva independencia del dólar1 en analogía a lo que en Estados Unidos respecto a Inglaterra en el año 1776, para luego marcar la senda hacia un dólar único, que definitivamente se implantó en 1792, según vimos anteriormente2.

Además, con el euro se creó un efecto diferencial a favor de los Estados miembros de la Eurozona frente al resto del mundo; al suprimirse una parte muy notable de costes de transacción (en la terminología de Ronald Coase3); esto es, las comisiones de cambio, lo cual generó un incentivo considerable para recrecer los intercambios intracomunitarios. De esa manera se contribuyó a hacer aún más efectivo el mercado único, y no sólo para las mercancías sino también para los factores y los servicios de todo tipo. Al tiempo, se facilitó al máximo la comparación de precios entre los distintos países de la Unión, creándose condiciones de competencia mucho mejores.

Pero está claro que la moneda no es ninguna panacea un fin en sí misma, sino simplemente un medio común para ahorrar, invertir y realizar pagos. Y en ese sentido, desde la creación de la Eurozona, se apreció que en su conjunto, la Eurozona crecería a mayor o menor ritmo, en función de políticas económicas, pero no por el hecho de haberse creado el euro como moneda común; que en principio tiene carácter neutral y que no supone per se un mayor potencial de expansión.

Pacto de Estabilidad y Crecimiento

De cara al futuro, una vez cumplidos los criterios de Maastricht, para el ulterior funcionamiento de la Eurozona, se estableció el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC); déficit público no mayor del 3 por 100 del PIB, inflación por debajo del 2 por 100 respecto al año anterior, y expansión del agregado monetario M-3 (dinero en manos del público más cuentas bancarias) a una velocidad no mayor del 4,5 por 100 anual4.

Ese PEC pronto se vio incumplido, efectivamente; por las dos potencias centrales de la Eurozona. En el caso de Francia, los motivos del incumplimiento radicaron en el hecho de que en los primeros tiempos de la Unión Monetaria, en vez de mejorarse la productividad, se dio luz verde a su declive, con la decisión de reducir la semana laboral a 35 horas, que en realidad acabó siendo de 30.

En el caso de Alemania, la situación era más compleja, pues siendo el país en que se dieron los pasos pioneros para el Estado de bienestar (Bismarck, en 1885, con el primer sistema de seguridad social), llegó a niveles de protección laboral difíciles de mantener en el mundo globalizado con mucha competencia. De ahí las reformas plateadas por el Canciller Schröder, que resultaron harto irritantes para el sindicalismo, pero que fueron indispensables para evitar, en el medio y largo plazo lo que habría sido una lenta eutanasia industrial de Alemania5.

Lo mucho que queda por hacer

Desde el principio de la crisis que se inició en 2007 se apreció que las instituciones y sus capacidades en la Unión Monetaria Europea eran insuficientes. En la época de relativa bonanza, nadie se preocupó por crear los mecanismos necesarios para afrontar las posibles dificultades de tiempos más revueltos. Así las cosas, desde 2008 hubo que ir introduciendo una serie de mecanismos para afianzar la moneda común, con ayudas del Eurogrupo a los países en peor situación; mediante instrumentos manejados por el BCE: crédito masivo a la banca privada de toda la Eurozona, no solo para mantenerlos en vida, sino también para permitirles comprar deuda soberana de los Estados con mayores déficit 6.

Luego, al arreciar la tormenta de la deuda soberana, Grecia, Irlanda y Portugal hubieron de ser rescatadas. Para lo cual en 2010 se creó el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), entidad de carácter temporal para financiar el rescate de Grecia y los siguientes. Una entidad que se cancelaría después, al entrar en vigencia en 2012 el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), de carácter permanente y dotado de 500.000 millones de euros; suma a la que en caso de necesidad se incorporan recursos del FMI7.

De ahí que para vigilar las intervenciones, en los países rescatados o a punto de ello, naciera también la institución de la Troika; formada por las representaciones de la Comisión Europea, BCE y FMI, para vigilar si se cumplen las condiciones impuestas y autorizar o no, en consecuencia, los créditos autorizados.

Ulteriormente, para reforzar la moneda única, fueron tomándose dentro del Eurogrupo una serie de acuerdos que esquematizamos:

Marcha hacia la unión Fiscal, con la regla de oro a alcanzar en 2020 del déficit cero en los estados de la Eurozona.

Supervisión por Bruselas de los propuestos de los Estados miembros de la Unión Monetaria (desde 2012), a fin de cumplir la aproximación gradual a la regla de oro.

Progreso en pos de la Unión Bancaria, con dos ideas de fuerza:

Supervisor único, para supervisar el funcionamiento de todos y cada uno de los bancos.

Fondo de Garantía de Depósitos para toda la Eurozona.

 Necesidad de una Secretaría del Tesoro de la UE con capacidad para emitir eurobonos, y facilitar así el apoyo a países en dificultades –a cabio de compromisos de consolidación fiscal y reformas estructurales— y también para estimular el crecimiento global8.

En el desarrollo de todas esas medidas —en el contexto de un gran debate—, la postura de Alemania fue muy criticada por su actitud rigorista, exigiendo más y más austeridad, y rechazando una y otra vez las posturas planteadas por los países periféricos de la Eurozona.

Eurización: cuatro microestados, catorce países africanos, etc.

La Eurozona, que hoy consta de diecisiete Estados miembros de pleno derecho9; más otros cuatro con acuerdos que le vinculan a Andorra, Estado Vaticano, Mónaco, y San Marino. En tanto que en expectativa de ingreso se hallan, siete de los Estados restantes de la UE; con la exclusión del Reino Unido y Dinamarca que de una u otra manera manifestaron su rechazo a ingresar lo cual se les reconoció por la UE con las clausulas de opción a mantener su statu quo. En tanto que Suecia se mantiene fuera del euro, técnicamente por no haber estado nunca, previamente, en el SME… y también porque no lo ha solicitado.

A los ya citados Estados 17 miembros presentes en la Eurozona y a los futuros del euro, han de agregarse catorce Estados africanos que tienen su moneda común referenciada al euro (el franco de la Comunidad Financiera Africana, CFA) establecida en tiempos coloniales para el África Occidental (AOF) y el África Ecuatorial Francesa (AEF), con la creación entonces de dos bancos centrales, uno para la unión monetaria de AOF y otro para la unión monetaria de AEF. Al crearse el euro y desaparecer el franco francés en 1998, los catorce países africanos aludidos adoptaron el euro como referencia con un tipo de cambio fijo.

Además, el euro es la referencia también para las Agencias Monetarias de Bulgaria, Estonia, Lituania (países miembros de la UE) y de Bosnia, aspirante a entrar en la UE.

Por lo demás, en gran parte del resto del mundo, el euro circula abundantemente en el día a día, en una clara operativa de eurización análoga a la dolarización. Al tiempo que son muchos los bancos centrales que además del dólar tienen ya en sus reservas cantidades importantes de euros.

En definitiva, la simplificación monetaria está produciéndose en torno a las dos monedas más importantes del mundo, el dólar y el euro. Con fuertes oscilaciones en el cambio entre ambas monedas desde 80 centavos de dólar por euro en 1998 a 1,55 dólares por euro en junio de 2008.

7. EL FUTURO DE LAS CUESTIONES MONETARIAS

Actualmente, puede haber la falsa ilusión de que en los últimos tiempos ha habido una evolución altamente satisfactoria hacia la simplificación monetaria, por la importancia del dólar, euro, renminbi y yen. Que sería premonitoria de una situación apropiada para disponer nuevamente de un auténtico sistema monetario internacional, que contribuiría a facilitar el desarrollo económico, el aumento del comercio internacional, y la estabilidad financiera.

Sin embargo, esa expectativa está aún lejos en el horizonte de las racionalizaciones, pues lo que está configurándose más bien un panorama de mantenimiento de la situación actual, con dos monedas principales (dólar y euro), otra en vías de internacionalizarse (el renminbi), varios signos monetarios más o menos respetables (libra, franco suizo, dólar canadiense); y una larga cola de países menores y menos desarrollados en estado de dolarización o eurización más o menos intensa, con monedas nacionales que ni siquiera sirven cabalmente en los propios mercados nacionales.

Pero a pesar de la distancia en el tiempo que todavía pueda mediar hasta una moneda global, parece claro que una economía ya muy globalizada en tantos aspectos como la actual, requiere una verdadera política económica común con la que se busquen soluciones reales para la inmensa mayoría de los países. Eso significa que es ineluctable dar paso, un día, a la moneda global, porque, además, sólo una decisión así podría confirmar todos los demás avances posibles en materia de globalización económica; en sus facetas esenciales de cooperación e integración.

Ante tales apreciaciones, habrá muchos que califiquen la posición del autor de quimérica; o como poco, de utópica. Para acto seguido, pronunciarse por mantener la situación convencional; de monedas nacionales, con las que puedan seguir manejándose las situaciones desde los bancos centrales propios, con modulación del crédito, devaluaciones competitivas, etc.

Pero todo eso es ya una visión de viejo orden, superada por la globalización en todas sus facetas, excepto precisamente en la monetaria. A lo que debe agregarse, como obstructor del cambio, el hecho de que siguen pesando mucho los antiguos criterios de soberanía y hegemonía en materia de dinero y tributos.

Pero tal situación, insistimos, no podrá mantenerse por mucho tiempo, a poco que las nuevas tendencias mundiales (importancia creciente de los emergentes, pérdida de protagonismo de los desarrollados maduros) impriman la marcha hacia una nueva situación que ya se vislumbra. De modo que desde la primera de las tres placas tectónicas que hoy presenta la economía mundial, la monetariamente conformada en torno al dólar y al euro sería bueno impulsar la idea de una unión monetaria mundial, como algo efectivamente posible y deseable; antes de que los cambiantes escenarios y los conflictos cambiarios obliguen a ir a ese mismo objetivo en condiciones mucho menos favorables.

Ultimado el artículo en el día de hoy, el autor queda, como siempre, a disposición de los lectores de Republica.com, para informaciones complementarias, aclaraciones, objeciones, etc. en castecien@bitmailer.net. Y como la próxima aparición en esta multicolumna de Universo Infinito será el próximo jueves 27 de diciembre, aprovecho la ocasión para desear a todos los lectores una feliz Nochebuena y un buen día de Navidad; recordando lo que ambas fechas suponen en nuestra tradición y en las circunstancias actuales.

NOTA BENE: Precisamente, en los últimos días se me han solicitado algunas aclaraciones, que doy a continuación con mucho gusto para general conocimiento de los lectores de Republica.com

From: Miguel Peinado
Sent: Thursday, December 13, 2012 11:20 AM
To: castecien@bitmailer.net
Subject: Comentario sobre el Euro

Estimado señor Tamames, sigo siempre con mucho interés sus acertados análisis e informes económicos en República.com, no obstante en mi carrera universitaria (Ciencias de la Información-rama Periodismo) tuve que “desmenuzar” sus estructuras económicas Nacional e Internacional. Pero al grano, en su segunda entrega de los “Antecedentes, creación y problemas actuales de la Unión Monetaria Europea” ya menciona usted el surgimiento del euro a propuesta de Kohl.

 

Mi pregunta es sencilla y simplemente para satisfacer mi curiosidad, ¿por qué se descartó el nombre de Ecu para la moneda, cuando en un principio parecía que ésa iba a ser su denominación? Aquí, en Granada, existe una cervecería muy popular que se llama “Ecu”, porque su propietario quería “adelantarse” para ser más original. Sin embargo, no conozco ningún establecimiento público con el nombre de “Euro”.

Muchas gracias por anticipado

Miguel Peinado Lorca

From: Ramón TAMAMES

Sent: Thursday, December 13, 2012 2:09 PM

To: Miguel Peinado

Subject: R. TAMAMES

Sr. Don Miguel Peinado:

Muchas gracias por su carta de hoy y por su interés en los temas que voy planteando en Republica.com. En cuanto a su pregunta, mi respuesta podría ser más o menos la que sigue:

Primero de todo: la voz Ecu tenía dos versiones no oficiales. Para los angloparlantes era European Currency Unit, esto es, Unidad Monetaria Europea; una unidad de cuenta, porque nunca llegó a ser moneda en el sentido circulatorio.

La otra versión del Ecu, para los francoparlantes, era la de Escudo. Que fue una moneda que funcionó en varios países en otros tiempos, y que luego se convirtió, también en moneda de cuenta, con su equivalencia en un número de maravedises que ahora no recuerdo.

Además, el Ecu no tenía, por así decirlo, una nominalidad definitiva, sino meramente transitoria. Puesto que incluso su composición, siendo una moneda-cesta fue cambiando a lo largo del tiempo, mientras duró el Sistema Monetario Europeo entre 1979 y 1998.

En cambio, cuando se presentó en Madrid en 1985 el Canciller Kohl, entre sus muchas propuestas traía la de un nombre para la nueva moneda: el Euro. Acertó de lleno y consiguió la unanimidad, porque siendo Europa el territorio de la nueva Unión Monetaria, la raíz euro era indiscutible. Después, que este nombre se asocie más o menos a determinadas desdichas —que se deben a otras causas— es “harina de otro costal”.

Espero que mi contestación le resuelva sus inquietudes, y si no le parece mal, la incluiremos en la próxima entrega del artículo en curso.

Muchas gracias y un saludo muy cordial

1Así lo dije en la sesión de la Acción Jean Monnet celebrada en Bruselas, en el otoño de 1998.
2Ramón Tamames, Este mundo en que vivimos: globalización y ecoparadigma, Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 2003, págs. 55-56
3Ronald Coase, “The problem of social costs”, The Journal of Law and Economics, 1960, págs. 1-44.
4Ramón Tamames, La Unión Monetaria y el Euro: en la recta final, Espasa, Madrid, 1998.
5Andrew Mccathie, “La reforma laboral alemana, un ejemplo para la Europa en crisis”, La voz de Galicia, 29.III.2012.
6Ramón Tamames, “¿Cuándo y cómo acabará la crisis?”, Madrid, 2011.
7Ramón Tamames, “La crisis de la deuda soberana en la eurozona. España, un proyecto de país”, Turpial, Madrid, 2012.
8Según la propuesta presentada por el Presidente de la Comisión, Durao Barroso, en un documento de 51 páginas y con la previsión de ir a esa Tesorería Común en un plazo de 18 meses, Financial Times, 29.XI.2012.
9Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Países Bajos y Portugal.

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