Antecedentes, creación y problemas actuales de la Unión Monetaria Europea (II)

Los lectores de Republica.com recordarán que este artículo, que constará de varias entregas, lo iniciamos el pasado jueves 6 de diciembre, con unas primeras referencias a las uniones monetarias europeas en los siglos XIX y XX (sección 1), así como otro espacio dedicado a “Intentos de una moneda universal” en las mismas dos centurias (sección 2).

Seguimos hoy con el artículo, con su segunda entrega, que incluye el acuerdo tripartito sobre tipos de cambio de 1936 (sección 3), un amplio espacio dedicado al FMI (sección 4), y el comienzo de la senda del euro (sección 5).

3. EL ACUERDO TRIPARTITO SOBRE TIPOS DE CAMBIO DE 1936

Con el ya definitivo abandono sistemático del patrón oro clásico desde 1931, la situación de fluidez en los pagos internacionales cambió radicalmente. Todas las monedas dejaron de ser convertibles en oro, y el comercio internacional pasó a realizarse en buena parte a través del sistema de clearings; para compensar pagos entre unos países y otros, evitando así en lo posible los movimientos monetarios. Todo ello, en conexión con tratados de comercio de cuotas y contingentes muy rígidos, debido al proteccionismo reinante. Toda una carrera en la que el bilateralismo prevaleció frente al anterior librecambio.

De esa situación no cabía salir sino a través de dos vías: la vuelta a la convertibilidad oro de las monedas restaurando el viejo patrón, o el establecimiento de algún tipo de disciplina monetaria internacional1. Y como la primera vía no era factible, se marchó por el segundo camino; concebido en 1936 como una reglamentación monetaria internacional que se denominó «Acuerdo Tripartito sobre tipos de cambio», concluido el 25 de septiembre de aquel año por EE.UU., Reino Unido y Francia, justamente tras la devaluación del franco francés2. Lo cual equivalió a la retirada definitiva del dólar del patrón oro.

Con ese Acuerdo Tripartito -no confundir para nada con el ulterior de carácter militar ofensivo de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón autoritario- al que más tarde se unieron Bélgica, Holanda y Suiza, se acordó mantener tipos de cambio fijos entre las monedas de los países adherentes al Acuerdo; así como no recurrir a las devaluaciones como arma competitiva. Se estableció de esa forma un primer registro internacional de las paridades, precedente del sistema que más adelante supondría el Fondo Monetario Internacional.

Los intentos de extender el Acuerdo Tripartito no tuvieron éxito, lo cual no resultó extraño en una época de tensiones internacionales como fueron los años 1936 a 1939. Y que el 1 de septiembre de ese último año se transformó en contienda bélica generalizada. Fue precisamente a lo largo de ésta, y sobre la base del núcleo anglosajón y de sus aliados, como empezó a prepararse algún tipo de cooperación monetaria internacional para la posguerra.

4. FONDO MONETARIO INTERNACIONAL (FMI) Y SISTEMA MONETARIO INTERNACIONAL (SMI)

Ya en las postrimerías de la SGM, los propósitos de contar con un nuevo sistema monetario internacional adquirieron una perspectiva verdaderamente global en 1944, con la Conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, EE.UU3.

El sueño de Bretton Woods

De la Conferencia de Bretton Woods surgió el Fondo Monetario Internacional (FMI), como un patrón de cambios oro/dólar. Consistente en una convención de que cada Estado miembro había de asumir en su moneda una doble paridad frente al dólar y al oro. Por ejemplo: en el caso de España al ingresar en el FMI en 1959, la doble paridad fue de 60 ptas.=1 dólar, y 1 pta. =0,014 g. de oro. De ese modo se establecía un tipo de cambio prácticamente fijo, con una oscilación permitida en los mercados de un 1 por 100 en más o en menos. Naturalmente, para mantener la paridad era necesario aplicar una política económica de estabilidad financiera, cuidando los niveles de presión fiscal, gasto público, oferta monetaria, etc.

El sistema monetario internacional (SMI) del FMI funcionó prácticamente como una unión monetaria para sus Estados miembros. Teóricamente, desde 1944; si bien es cierto que sólo a partir de 1958 lo hizo realmente, con la plena convertibilidad de las monedas europeas al dólar4.

Será bueno insistir en que desde 1940, ya en plena SGM, John Maynard Keynes estuvo trabajando en la preparación de una unión internacional de clearing (con la inspiración del economista alemán Funk), que pudiera emitir su propia moneda, como un “banco central de los bancos centrales”5, a la que él mismo daría el nombre de bancor. Una propuesta frente a la cual EE.UU., en Bretton Woods formuló un planteamiento bien distinto, basado en el informe que para el Secretario del Tesoro de EE.UU., Henry Morgenthau, preparó Henry Dexter White. Ambos planes, el de Keynes y el de White, fueron debatidos en Bretton Woods en julio de 1944 con el resultado final de la creación del FMI. En cierto modo, Mr. White vino a decirle a J.M. Keynes: Mire Vd., sus ideas de un banco central mundial y de una moneda global ya son realidad; el primero, la Reserva Federal de EE.UU., la segunda, el dólar.

El FMI, como organismo especializado de las Naciones Unidas tuvo la misión de desempeñar tres clases de funciones interrelacionadas: establecer y hacer funcionar el sistema monetario internacional (hasta 1972), prestar asistencia financiera en determinados casos a los países miembros, y actuar como órgano consultivo de los gobiernos. Y a los efectos del presente Discurso, lo más importante es señalar que entre 1948 y 1971 funcionó como una unión monetaria mundial de facto, con una soberanía monetaria mancomunada y única; cierto que dominada de facto por EE.UU.

El final del SMI: los cambios flotantes

En 1971 el SMI del FMI dejó de funcionar por una serie de razones; fundamentalmente porque EE.UU. difundió con sus empresas multinacionales y sus gastos militares gran volumen de dólares en el exterior; con la imposibilidad técnica de garantizar la convertibilidad oro desde 1955. Dificultad solo superada con acuerdos voluntarios entre el Tesoro de EE.UU. y los bancos centrales de los países del FMI; excepto Francia que prefirió seguir acumulando oro, en función de la tesis de Jacques Ruef, apoyada por el General De Gaulle, de volver un día al viejo patrón metálico.

Desde 1968 fue necesario crear un doble mercado de oro monetario y otro de oro libre, al tiempo que continuaba la caída de las reservas de oro EE.UU. del Fort Knox. De tal modo que para no dejarlas exhaustas, en 1971, el Presidente Nixon decidió la inconvertibilidad del dólar, a lo que acompañó una primera devaluación del mismo; para realizar otra en 1973. El SMI de 1944, ya sin oro ni una moneda ancla firme, quedó condenado a la desaparición.

Desde 1971 entraron en funcionamiento los cambios flotantes entre los países que anteriormente habían disfrutado de los fijos; situación que definitivamente se consagró dentro de la convención del FMI, años después, con las modificaciones conocidas con el nombre de “Reglas de Jamaica”, lo que certificó la defunción oficial del SMI6.

5. LA SENDA AL EURO

Los cambios flotantes supusieron una alteración total del escenario anterior, creando una serie de problemas, que precisamente fueron el origen de la unión monetaria europea y del nacimiento del euro.

Efectivamente para resolver las secuelas de la desaparición del SMI -y fundamentalmente la gran volatilidad de los cambios de dólar respecto a las de varias monedas europeas- los órganos de la integración europea fueron concibiendo una serie de mecanismos para contar con una cierta estabilidad cambiaria entre las monedas de los Estados miembros, que hasta 1971 había sido la UCE, al Unidad de Cuenta Europea (UCE), de valor idéntico al dólar.

Primeros atisbos hacia la moneda común

Con el llamado Plan Werner se pretendió en 1970 dar un fuerte impulso al desarrollo de la unión económica de la CE, incluyendo la idea de una unión monetaria europea7. Sin embargo, el choque petrolero de 1973 descompuso todas las expectativas económicas de la Comunidad Europea y dejó archivada la idea del Plan Werner.

Sin embargo, resultaba urgente establecer un nuevo patrón común o referencia para cifrar toda una serie de magnitudes dentro de la CE, como presupuestos y precios agrarios. Para lo cual se ideó la denominada serpiente monetaria (1972/1979) un sistema de fluctuación conjunta de las monedas de la CE respecto al dólar, que pronto se reveló como imposible de mantener. Aunque ese mecanismo sirvió para fortalecer el DM como moneda de referencia, con el apoyo explícito de los bancos centrales de los países del Benelux y Dinamarca.

Un importante paso adelante fue la creación del Sistema Monetario Europeo (SME, 1977/1998), con el marco alemán DM como moneda ancla y oscilaciones máximas de 2,25 por 100 precisamente respecto al DM. Con posibilidades de devaluación y revaluación dentro del sistema conforme a determinadas reglas.

Pero el SME, debido a las diferencias de inflación entre los Estados de la CE y a la especulación subsiguiente, así como por las devaluaciones competitivas que se activaron con la libre circulación de capitales a corto plazo, acabó por revelarse insuficiente. Por ello mismo, al acordarse el Acta Única Europea en 1987, se convino ir a una verdadera Unión Monetaria. En cuya secuencia histórica no vamos a entrar aquí, por bien conocida su filogenia: Acta Única, Informe Delors (1989); y Tratado de Maastricht (1993), verdadera Carta Magna de la moneda común, y Calendario de Madrid para el euro.

Los Criterios de Maastricht y el calendario del euro

Dentro de esas sucesivas operaciones preparatorias de la unión monetaria europea, resultó esencial la política de convergencia financiera, instrumentada con los cinco criterios de Maatricht (bajos déficit público e inflación, tipos de interés también reducidos, deuda pública a un nivel de PIB soportable, y estabilidad monetaria).

Se trata de transformar gradualmente lo que después sería la Eurozona en un área monetaria óptima (AMO)8, tema al que luego nos referimos ampliamente. Finalmente, las sucesivas etapas y fases del paso al euro se fijaron en el Calendario de Madrid 1995, ocasión en que surgió el nombre de euro, a propuesta del Canciller alemán Helmut Kohl.

Con la efectiva aplicación del Calendario de Madrid, se llegaría a la constitución del Banco Central Europeo, el 2 de mayo de 19989. Momento en que, simultáneamente, se fijaron las paridades irrevocables entre las diversas monedas de los países candidatos, para a la postre lograr la vigencia de la nueva moneda común el 1 de enero de 1999. Aunque todavía con carácter escritural, al no tener aún existencia material, pues sólo el 1 de enero de 2002 entraría físicamente en circulación el euro 10.

Seguiremos la semana próxima, ya en el momento actual, para apreciar el euro en acción y otros aspectos de las cuestiones monetarias internacionales.

Para cualquier tema relacionado con esta segunda entrega, como siempre, el autor está a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

<sup>1</sup>Maurice Niveau, Historie de Faits…, ob.cit., págs. 319 y 320

<sup>2</sup>L. B. Yeager, International Monetary Relations, Joanna Cotler Books, 1966, págs. 317 y sigs.

<sup>3</sup>Robert Skidelsky, ob.cit., págs. 672 y sigs., narra cómo el primer atisbo de lo que luego sería el FMI surgió de una idea alemana expuesta por Walther Funk el 25 de julio de 1940 en Berlín, planteando una unión de clearing para evitar movimientos de oro. Ya en 1938 Alemania la tenía en funcionamiento con veintisiete países para su comercio exterior.

<sup>4</sup>Ramón Tamames, Estructura Económica Internacional, 20 edición, Alianza Editorial, Madrid, 2003, págs. 85 y siguientes.

<sup>5</sup>R.F. Mikesell, The Bretton Woods Debates: a memoir, essays in International Finance 192 (Princeton: International Finance Section, Dept. of Economics, Princeton University, 1994.

<sup>6</sup>Brian Tew, The evolution of the International Monetary System, 1944-88, Hutchinson, Londres, 1988.

<sup>7</sup>Muy en relación con las ideas de Robert Triffin, expuestas con mucha claridad en su libro El caos monetario, versión española en el FCE de México, 1960.

<sup>8</sup>Según la teoría de Robert Mundell, “The theory of optimum currency areas” American Economic review, nº 51, septiembre de 1961.

<sup>9</sup>En la sede del Parlamento Europeo, sesión en la que estuve presente como observador, y que recuerdo con gran precisión, porque aquel fue también el aciago día de la muerte de Antonio Herrero, director del programa La mañana de la COPE, en el que yo participé durante diez años.

<sup>10</sup>Ramón Tamames, Unión Monetaria y Euro: la recta final, Espasa, Madrid, 1998, págs. 171 y siguientes.

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