Antecedentes, creación, y problemas actuales de la Unión Monetaria Europea (I)

Recordarán los lectores de esta área, Universo Infinito, de Republica.com, que la semana pasada terminamos con un artículo sobre Vasco Núñez de Balboa, con ocasión de cumplirse los quinientos años de su gran proeza de la descubierta del Mar del Sur, esto es, del inmenso Océano Pacífico, en lo que sería el arranque de una serie de navegaciones y conquistas españolas en el medio mundo que nos habíamos autoadjudicado en función del Tratado de Tordesillas con Portugal.

He tenido muchas referencias de ese extenso artículo, de tres entregas, sobre todo de compatriotas hispanohablantes de la otra orilla del Atlántico y de cara, precisamente, al Pacífico, y de manera muy señalada de Panamá. Donde se aprestan a grandes conmemoraciones de los cinco siglos de lo que fue para los panameños actuales prácticamente la fundación de su patria; hoy en un proceso de desarrollo espectacular, en lo que constituye una especie de síntesis, para la capital, de Singapur y Miami.

Ahora volvemos a la orilla europea del Atlántico, pero seguimos en lo que empezó en el siglo XV, con la primera globalización, para situarnos en lo que en el presente histórico que nos ha tocado vivir constituye una economía internacionalizada al máximo. Me refiero, concretamente, a la Unión Monetaria Europea, que no pasa por su mejor momento, pero que tiene unas posibilidades extraordinarias si resolvemos, como parece que sucederá a pesar de todo, las dificultades actuales. En ese sentido, iremos examinando los antecedentes de lo que ha llevado a una moneda común, el euro, apreciando los intentos históricos para simplificar el caos monetario en Europa, a través de una serie de episodios que a la postre nos llevan al momento actual.

1. LAS UNIONES MONETARIAS EUROPEAS DE LOS SIGLOS XIX Y XX

Entre los antecedentes históricos de la Unión Monetaria Europea, examinaremos tres casos concretos de uniones en la Europa de los siglos XIX/XX: la de Alemania, el proyecto de Napoleón III para toda una serie de países europeos (Unión Monetaria Latina), y el acuerdo entre los países escandinavos. Y cabe decir que, como iremos viendo, durante la segunda mitad del siglo XIX y en los tres primeros lustros del siglo XX no se hicieron esfuerzos para llegar a un acuerdo entre las tres uniones monetarias europeas que vamos a revisar. Cualquier posibilidad en ese sentido tuvo siempre el grave obstáculo de la profunda aversión política, que llevó a la guerra francoprusiana de 1870. Situación que nuevamente volvería a transformarse en conflicto bélico en 1914.

Sería necesario esperar al final del siglo XX para lograr la gran síntesis europea. Pues como sostiene Norbert Olszak1, en el Libro verde sobre las Modalidades del tránsito a la moneda única, publicado en mayo de 1995 por la Comisión Europea, la UE se comprometió a ir a “la Unión Monetaria, para consolidar la paz y la prosperidad, objetivos principales de la construcción de Europa”; situándose así en la mejor tradición renacentista, en la que debe recordarse uno de los 750 Dichos y Adagios alemanes, publicados por Johann Agrícola D’Eisleben, en 15282, que en traducción española dice textualmente:

Si todos tuviésemos una sola fe,
a Dios y el bien común ante los ojos,
si tuviésemos paz y tribunales justos,
un único de sistema de pesas y medidas,
y una sola moneda con piezas de buena ley,
entonces, todo iría bien en el mundo.

Esa idea de Agrícola la asumió plenamente Nicolás Copérnico (el primero en hacer la revolución copernicana, a la que luego se referiría Inmanuel Kant con la figura del lenguaje que así creó). Y es que Copérnico tuvo siempre un gran interés por una unificación monetaria en su luego atormentada patria polaca y en toda Europa.

Por consiguiente, lo que la Unión Europea planteó con el Euro, ya se intuía como algo muy necesario desde mucho tiempo atrás; sin que llegara a realizarse hasta 1998, a pesar de que durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, se contó con la rica experiencia de las uniones monetarias alemana, latina, y escandinava, que pasamos a evocar muy esquemáticamente.

Unión Monetaria Alemana

La Unión Monetaria Alemana, con antecedentes desde 1830, se convirtió en realidad a través de una serie de acuerdos sucesivos entre los 45 Estados alemanes resultantes tras el congreso de Viena de 1815, en paralelo a la Unión Aduanera (Zollverein).

Progresivamente, sobre la base de un patrón plata, la Alemania del Norte con el Florín y la del Sur con el talero, fueron acercando posiciones —excluyendo a Austria desde 1868—, para finalmente culminar el proceso en 1871, con el nacimiento del Reichmark de la mano de Bismarck, el Canciller de Hierro3.

El Reichmark, tras la debacle para Alemania con la SGM, fue continuado por el Deutsche Mark: el DM, surgido de la reforma monetaria de Ludwig Erhardt de 1948; que en la década de 1970 se convirtió en moneda ancla del Sistema Monetario Europeo (1979) hasta llegar al mismísimo nacimiento del euro (1998).

Unión Monetaria Latina 4

A diferencia de la Unión Monetaria Alemana que tendía a unificar los países alemanes en un gran Estado nuevo, el proyecto multinacional de la Unión Monetaria Latina (UML), ideada por Napoleón III y puesta en marcha en 1865 surgió para crear un gran espacio común europeo intermedio del Reino Unido y la nueva Alemania que Prusia estaba promoviendo. De modo que entre 1865 y 1868, aceptando la propuesta del Emperador de los franceses, dentro de la UML se agruparon, Bélgica, Francia, Italia, y Suiza; con un sistema bimetálico oro/plata5.

En la UML de Napoleón III estaba la idea de completar su proyecto monetario con una Union du Midi, como fórmula de convención aduanera de los países de la UML frente a la Zollverein. En esa línea de protagonismo, en 1867, y en el contexto de la Exposición Universal de París de ese año, Napoleón III quiso dar un paso adelante de cara a una posible moneda universal. A cuyos efectos convocó una “Conferencia internacional científica para la adopción de un sistema unificado de pesos y medidas de las monedas”, a la que asistieron 22 países6.

Sin embargo, los planteamientos para disponer de una unidad de cuenta mundial, de un gramo de oro, no llegaron a cuajar, por la desconfianza que suscitaba la política extranjera de Napoleón III; que justamente en 1867 entró en el más negro desprestigio cuando su protegido, el Emperador Maximiliano de México, fue fusilado por las fuerzas libertadoras del legítimo presidente Benito Juárez. En el fondo, ni los germanos ni los anglosajones facilitaron que Napoleón III pudiera impulsar su idea universalista.

No obstante, la UML, siguió progresando, con la incorporación de Grecia y los Estados Pontificios en 18697, y una serie de países asumieron sistemas de acuñación inspirados en el modelo preconizado por Francia; como fueron los casos de Rusia, Rumanía, Mónaco, Venezuela, Perú, Chile y Argentina. Siempre con el patrón bimetálico como base; frente al cual siempre estuvo el standard británico de la esterlina en régimen mucho más estable del patrón oro.

Así pues, en 1870, la UML parecía el proyecto en vías de consolidarse, trayectoria que se vio debilitada por la derrota de Napoleón III en la guerra franco-prusiana. A pesar de lo cual, la UML continuó funcionando hasta la década de 1930.

Unión Monetaria Escandinava

En la Unión Monetaria Escandinava, se agruparon tres países nórdicos de la Europa continental (Noruega, Suecia y Dinamarca) hasta 1914. De hecho dejó de funcionar al comenzar la Primera Guerra Mundial (PGM). Para luego restaurarse con muchas dificultades, y finalmente declararse extinta en 19318 .

2. INTENTOS DE UNA MONEDA UNIVERSAL DURANTE LOS SIGLOS XIX Y XX

Pasada la tormenta de la guerra franco-prusiana de 1870, la cuestión de una moneda común internacional fue relanzada desde EE.UU., en 1878, por las incertidumbres que producía el sistema bimetálico en que todavía se asentaba oficialmente el dólar. Sin que por el momento resultara factible pasar al patrón oro; debido, entre otras cosas, a la fuerte influencia política de las industrias productoras de plata en el Oeste del país.

Con ese trasfondo, a la conferencia de 1878 asistieron EE.UU., Reino Unido, Rusia y la mayoría de los Estados europeos. Pero el proyecto no desembocó en ningún resultado concreto, y lo mismo puede decirse del siguiente encuentro de 18819.

Hubo otros intentos, en nuevas reuniones en 1892 y 1897, pero tampoco en esas dos ocasiones fructificó una fórmula específica. De modo que en 1900 EE.UU. decidió pasar del patrón bimetálico al oro, alineándose al mayor realismo que en términos monetarios mantenía Inglaterra desde mucho tiempo atrás. Un significativo avance que se vió ensombrecido por las tensiones internacionales, que al final llevaron a la PGM10.

La Conferencia de Génova de 1922

Terminada la PGM, la Conferencia Monetaria Internacional convocada por la Sociedad de Naciones que tuvo lugar en la ciudad italiana de Génova en abril de 1922, reunió a 34 países; en busca de acuerdos para la reconstrucción del comercio y el sistema financiero internacional, a base de la restauración del viejo patrón monometálico, en una nueva modalidad de cambios oro; según la cual, el metal amarillo sólo se utilizaría para las liquidaciones internacionales, a base de lingotes.

Por otra parte, a fin de hacer más elástica la oferta monetaria de los países, se convino que los bancos centrales pudieran mantener reservas no sólo en oro sino también en monedas convertibles a oro. Como también se ideó que sería necesario intervenir en el mercado para moderar las grandes fluctuaciones del precio del oro. Adicionalmente, se preconizó la independencia de los bancos centrales, la disciplina fiscal, la asistencia financiera a los países del Club Oro en determinadas situaciones, y la cooperación de los bancos centrales en la administración del nuevo sistema financiero internacional.

Frente a esas conclusiones de Génova, John Maynard Keynes se mostró muy escéptico: no vio posibilidad de restablecer el patrón oro, con toda su carga de fetichismo, y debido a las grandes transformaciones del escenario internacional.

En la Conferencia de Génova no hubo representantes de EE.UU., por su expreso deseo de no implicarse demasiado en los asuntos europeos, a raíz de su retorno al aislacionismo, tras la apertura multilateralista del Presidente Wilson.

El retorno del Reino Unido al patrón oro (1925-1931)

Sobre las bases de la Conferencia de Génova, Winston Churchill, siendo Canciller del Exchequer (Ministro de Hacienda del Reino Unido), decidió, en 1925, que el prestigio del Imperio exigía volver al patrón oro, restableciendo la convertibilidad oro de la libra. Decisión adoptada en 1925 y que fue objeto de la más acerba crítica por J.M. Keynes11 , en una serie de artículos titulada Las consecuencias económicas de Mr. Churchill, que se publicaron en el diario londinense Evening Standard, entre los días 22 a 24 de julio de 1925 12.

En los referidos escritos, el gran economista anunció que el Reino Unido, con la vuelta al patrón oro con un encaje oro que significaba una libra sobrevaluada (3,60 libras por dólar), entraría rápidamente en una profunda crisis económica. Profecía que se cumplió paladinamente, de modo que el 21 de septiembre de 1931, por la fuerte recesión ocasionada en la economía británica por la fuerte caída de sus exportaciones (según se vio por el Informe McMillan), el Reino Unido hubo de abandonar definitivamente el patrón oro.

Por esos mismos tiempos la cuestión de establecer en España el patrón oro, fue objeto de estudio por una comisión ad hoc, presidida por Antonio Flores de Lemus, que produjo el Dictamen de la Comisión del Patrón Oro. Documento en el que sabiamente se descartó cualquier idea de asumir compromisos para ir en la misma dirección emprendida por el Gobierno británico13 .

EE.UU: fuera del patrón oro (1933)

En cuanto a EE.UU., a partir de diciembre de 1931, se enfrentó a importantes salidas de oro en defensa de su precio (35 dólares la onza troy), debido a la acción de ciertos bancos centrales de convertir sus tenencias de dólares en el áureo metal; especialmente por parte de Francia.

Así las cosas, en abril de 1933, F.D.Roosevelt decidió abandonar también el sistema, como una de las piezas de su paquete de medidas dirigidas a aumentar los precios domésticos en lucha contra la deflación originada por la Gran Depresión14.

En resumen, en esta primera entrega del artículo sobre lo ya comentado al principio de la presente entrega, hemos desbrozado lo principal de la cuestión hasta los años 30 del siglo pasado. Seguiremos el próximo jueves, con otra fase, que espero sea del interés de los lectores de Republica.com. Y como siempre, quedamos a su disposición en castecien@bitmailer.
1 Norbert Olszak, “Histoire des unions monetaires”, Presses Universitaires de France, París, 1996.
2 Citado por Norbert Olszak, “Histoire des Unions Monétaires”, ob cit, pág. 4
3 C.L. Holtfrerich, “The Monetary unification process in nineteenth century Germany: relevance and lessons for Europe today”, in M. De Cecco, A. Giovannini (éd), An European central bank. Perspectives on monetary unification after ten years of the EMS, Cambridge, Univ. Press 1989, p. 216-189. Del mismo autor: “Did monetary unification precede or follow political unification of Germany in the 19th century?, European Economic Review nº37, 1993, p. 518-524.
4 Norbert Olszak, Histoire des unions monetaires, ob. cit. pág. 34 y sigs.
5 De facto la UML fue la inspiración de la peseta, en 1868, como consecuencia de la Revolución de Septiembre, la Gloriosa, cuando las efigies de los Borbones, tras el destronamiento de Isabel II, fueron sustituidas por la idealización de la nación española. Ramón Tamames, Dos grandes decisiones económicas de los gobiernos revolucionarios de 1868 y 1869: La peseta y el arancel librecambista, Congreso de los Diputados, Madrid, 2012. Como información general sobre los temas monetarios en España en la época, Juan Sardá, La política monetaria y las fluctuaciones de la economía española en el siglo XIX, CSIC, Madrid, 1958.
6 Norbert Olszak, Histoire des unions monetaires, ob. cit. pág. 41 y sigtes.
7 Interesantes las relaciones que con la Unión Monetaria Alemana y la UML establece Wolfgang Munchau en su artículo “The Flaw that threatens the eurozone”, en Financial Times, 6.IX.04.
8 Norbert Olszak, Historie des Unions Monétaires, ob. cit., págs. 67 y siguientes.
9 E. James, De l’adoption d’une monnaie de compte internationale considérée comme un remède à l’instabilité des changes (thèse sc. Pol. Et écon.), París, 1922, p. 106-125. Citado por Norbert Olszak, ob. cit. Pág. 54.
10 Esa situación no fue óbice, sin embargo, para que se produjeran dos uniones monetarias concretas, aunque fueran de pequeña dimensión: la de Luxemburgo con Bélgica, y la de Liechtenstein con Suiza. Norbert Olszak, ob. cit., págs. 57 y 59.
11 Sobre la conferencia de Génova vista por Keynes, Robert Skidelsky, John Maynard Keynes 1883-1946, Macmillan, Londres, 2003.
12 La versión española de los artículos de J.M. Keynes pueden verse en Ensayos de Persuasión, Crítica, Barcelona, 1988.
13 “Dictamen de la Comisión del Patrón Oro” (Anejo B-1), edición de Información Comercial Española, nº 318, febrero 1960. También el comentario de Alberto Ullastres sobre el Dictamen, y el libro de Ramón Tamames “Ni Mussolini ni Franco. La dictadura de Primo de Rivera y su tiempo”, Planeta, Barcelona, 2008.
14 Xavier Tafunell y Francisco Comín, “La economía internacional en los años de entreguerras (1914-1945)”, Historia económica mundial siglos X-XX, Crítica, Madrid, 2005.

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