El Océano Pacífico en tiempos de Felipe II: Navegaciones y conquistas españolas entre 1520 y 1606 (II)

El pasado viernes 10 de agosto, iniciamos en Republica.com un artículo, cuatro partes sucesivas, sobre “El lago español: navegaciones y conquistas ibéricas en el Océano Pacífico, siglos XVI a XVIII”. Y en la primera entrega, tuvimos ocasión de ocuparnos de tres primeros epígrafes:

  1. El Lago Español
  2. Las bulas alejandrinas y el Tratado de Tordesillas
  3. Vasco Núñez de Balboa: el Mar del Sur

En la entrega de hoy, jueves 16 de agosto de 2012, abarcaremos las primeras navegaciones de la Nueva España por el Mar del Sur, para apreciar la gran aventura de la primera circumnavegación del globo por Magallanes y Elcano, y terminar esa parte de nuestra navegación con las proezas de Santiago de Guevara (íter desde el Estrecho de Magallanes a México) y de Berlanga (descubrimiento de las Islas Galápagos).

4. Cortés: México, plataforma para la descubierta del gran Océano

Las ulteriores avanzadas en el Mar del Sur se produjeron más al Norte de Panamá, con ocasión del nacimiento de la Nueva España, tras la conquista de México por Hernán Cortés[1].

En las costas mexicanas de ese mar, fueron surgiendo pequeños puertos y astilleros entre los que desde 1528 se incluiría Acapulco; que se uniría con la sede de Cortés en Cuernavaca por un intrincado camino[2].

Pero los gran­des días de la «ciudad de los galeones orientales y las sirenas modernas», Acapulco no llega­rían hasta pasadas otras cuatro décadas, cuando se descubrió la ruta de retorno desde las Filipinas por Urdaneta, según veremos después. Durante un tiempo Navidad, sería el principal puerto del Pacífico para la Nueva España.

La aportación de Cortés y sus lugartenientes, sobre todo Alvarado[3], fue importante, en el conocimiento del Mar del Sur hacia el septentrión, con navegantes españoles que llegaron hasta Alaska (Córdoba y Valdez, cuyos nombres perviven hoy para identificar sendas ciudades), y que por el Sur recorrieron toda la América Central, donde se abrieron grandes puertos para la época, como los de Tehuantepec, Acajutla y Realejo (actual Nicaragua), donde se construyeron grandes navíos, merced a las excelentes maderas de los bosques de esa zona.

Debe reseñarse además, que Cortés ya tuvo una noción integratoria del Imperio español en América, pues en el momento de máximo peligro de Pizarro en Perú, no dudó en enviarle refuerzos desde la Nueva España, abriendo así las primeras navegaciones por la costa americana del Pacífico.

Mención especial merecerían las grandes aventuras del lugarteniente de Cortés, Pedro de Alvarado, conquistador de las actuales Guatemala, Honduras y Nicaragua. Y que también quiso llegar hasta las Molucas, y que igualmente intentó participar en la conquista de Perú, donde al arribar ya se encontró con Pizarro en esas latitudes. Pero dejamos sólo esa mención, por la imposibilidad de abarcarlo todo.

5. Fernando de Magallanes y su Estrecho

El gran salto de los navegantes españoles, o portugueses al servicio del Emperador, se dio a partir del célebre viaje de Magallanes-Elcano. Un proyecto que surgió para resolver el problema de la Ruta de la Especiería por el Oeste (en vez de rodear el africano Cabo de Buenaesperanza) algo que acuciaba a los intereses españoles en su intento de llegar directamente a las Islas de las Especies sin pasar por aguas portuguesas, siempre pendientes, pues, de no entrar en el hemisferio luso.

Ese fue el origen de una serie de navegaciones, entre ellas la muy principal de Díaz de Solís, que identificó el Río de la Plata (1516), del que inicialmente pensó era el definitivo paso hacia el Mar del Sur. De ahí que el proyecto de Magallanes consistiera en buscar un estrecho al sur del Río de la Plata, de acceso al Mar del Sur ya descubierto por Balboa; a fin de seguir después hacia las Islas de las Especies transitando siempre por el hemisferio español[4].

Tras los largos procedimientos y negociaciones del caso, de gran complejidad jurídica, técnica y financiera, el 22 de marzo de 1518 se firmó en Valladolid la capitulación por la que se nombró capitán general de una importante flota a Magallanes; con 50.000 maravedíes de sueldo, que luego se ampliaron a 146.000, garantizándosele además el título de gobernador y adelantado de las islas que descubriera. Adicionalmente, obtendría el 5 por 100 de los productos líquidos, amén de hacérsele caballero de la Orden religioso-militar de Santiago[5].

Tras una serie de vicisitudes, la expedición de Magallanes arribó a la que denominarían Tierra del Fuego (por las hogueras de los in­dígenas), y hallaron el Estrecho que luego llevaría el nombre del gran navegante, siendo su travesía (extrañamente en esos parajes) muy feliz. De modo que el 27 de no­viembre de 1520 desembocó la flota en lo que Magallanes llamó Océano Pacífico, por lo en calma en que estaba la mar al llegar a él; entrando así en la inmensa separación de aguas entre toda la América y Asia. El paso recién cruzado, recibió el nombre de Estrecho de Todos los Santos, y sólo mucho después comenzaría a llamarse, con toda justicia, de Magallanes.

Posteriormente, la flota remontó hacia el Norte y, el 1.° de diciembre de 1520, perdió de vista la costa. Y digiriéndose al Noroeste, atravesó la vastedad del Pacífico durante tres meses, favorecido por el alisio del Sudeste; sufriendo los ex­pedicionarios terriblemente por la falta de ví­veres y de agua y también por el escorbuto.

En esa larga navegación sólo vie­ron dos islas deshabitadas: una el 24 de enero de 1521 que Magallanes llamó San Pablo (¿Pukapuka?, en el ar­chipiélago de Tuamotu, actual Polinesia Francesa), y otras que recibieron el nombre de Desventuradas seguramente la actualmente llamada Manihiki, en el archipiélago Cook, actualmente de soberanía neozelandesa).

Cruzado el Ecuador, las primeras tierras pobladas que encontraron fueron las Islas de los Ladrones (después Marianas), adonde arribaron el 6 de marzo de 1521, habiendo impuesto ese nombre por los latrocinios de que fueron objeto por los indígenas. Con una siguiente escala en la isla de Guam, de la que tomó posesión Magallanes para el Rey de España; y que sería española hasta 1898, cuando pasó a ser de soberanía de EE.UU.

En Guam se repostó de víveres, y tras nueva navegación, el 16 de marzo de 1521 arribaron a la isla de Samar, en el archipiélago al cual su avistador europeo denominó de San Lázaro; nombre luego sustituido por Legazpi en honor del Rey Felipe II, constructor del Monasterio de El Escorial.

Magallanes murió poco más de un mes después (27 de abril de 1521) combatiendo frente a los indígenas de Cebú, uno de cuyos caciques no quiso someterse, y como es sabido, sería Elcano quien terminaría la gran expe­dición el 9 de septiembre de 1522, con los detalles que pasamos a dar.

6. Juan Sebastián Elcano: primera circumnavegación del globo

Tras una serie de episodios, Elcano ascendió a capitán de la nao Victoria y a tesorero de la armada, en mando compartido con Espinosa que capitaneaba la otra nao, la Trinidad. Y juntos se ocuparon de buscar la ruta a las Islas Molucas, declarando más tarde el navegante guipuzcoano que fue él quien marcó la derrota que no había querido seguir Magallanes; insi­nuando así que como portugués, su anterior jefe había procurado no perjudicar a su país de origen[6].

Espinosa y Elcano llegaron a las Molucas el 8 de noviembre de 1521, el objetivo perseguido desde la salida de España hacía más de dos años, con el coste de numerosas vidas. Allí fueron muy bien recibidos, en Ternate, por el reyezuelo musul­mán Almanzor (un nombre árabe, el Victorioso, bien conocido por los españoles), a quien hicieron regalos en nombre del Emperador; pactándose una alianza, que permitió cargar de clavo las dos naos que restaban, acordándose, además, autorizar el trá­fico del porvenir a los castellanos que arriba­sen a Molucas, de las que tomaron posesión en nombre del Rey de España, a pesar de las dudas de si estaba dentro del hemisfero portugués [7].

De esas Molucas que conocieron Elcano y Espinosa en 1521, España perdió la posesión en 1529, cuando Carlos V buscó una solución política para no litigar con los portugueses (recordemos su matrimonio con Isabel de Portugal, la emperatriz madre de quien luego sería Felipe II). Así las cosas, mediante el Tratado de Zaragoza, Carlos hipotecó sus derechos a favor de Portugal por 350.000 ducados de oro, en un momento de graves penurias financieras; una acción irresponsable por la enorme riqueza enajenada para siempre. Por lo demás, la cuestión de la demarcación no se resolvió definitivamente en cuanto a las demás Islas del Poniente; como se apreció ulteriormente, con la expedición de Legazpi y la conquista de Filipinas, situadas realmente en el hemisferio portugués, según lo pactado en Tordesillas.

Volviendo a la expedición de Elcano/Espinosa, al decidir el regreso para España (18 de diciembre de 1521), en la nao Trinidad se advirtió una vía de agua, que no se pudo reparar, y ante la perspectiva de necesitarse tres meses para carenar el buque, se acordó que que­dara allí Espinosa, y navegara luego, atravesando el Pacífico, hacia Panamá. En tanto que Elcano se aventuró a volver por la ruta portuguesa, ya co­nocida, a través del Océano Indico; para rodeando el Cabo de Buena Esperanza, entrar en el Atlántico, atravesando aguas lusas, con toda clase de peligros de ser retenidos; especialmente en Cabo Verde donde estuvo a punto de arruinarse todo el viaje.

Tras vencer tantos obstáculos y dificultades, los arrojados navegantes, con Elcano a la cabeza, desembarcaron en Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522: dieciocho supervivientes de los 265 que salieron de allí mismo el 20 de septiembre de 1519, casi tres años antes, si bien no todos los demás murieron, pues Espinosa, con la Trinidad, llegó hasta las costas de la Nueva España. Elcano y sus hombres, habían llevado a cabo la proeza de la primera circunna­vegación del globo en dirección este-oeste, cru­zado cuatro veces el ecuador y recorriendo 14.460 leguas; quedaba demostrada experimentalmente la esfe­ricidad de la Tierra.

El 9 de septiembre de 1521 llegaron a Sevilla los 18 héroes que, descalzos, descamisados y cada uno con un hachón en la mano, visitaron las iglesias de Nuestra Señora de la Victoria y Santa María de la Antigua, para dar gracias por el feliz arribo. Debiendo resaltarse aquí que en contra de lo que a veces se piensa, ni Magallanes ni nadie de su expedición pensó nunca en dar la vuelta al mundo, sino en llegar por el hemisferio español a la Especiería. De ahí el gran mérito de Elcano que sí decidió circunnavegar el globo; corriendo para ello grandes riesgos, al transitar por el hemisferio luso desde Molucas hasta casi arribar a Sanlúcar de Barrameda.

El cargamento de especias, y madera de sándalo de la nao Victoria fue entregado al factor Cris­tóbal de Haro, y vendido en Amberes, produciendo un beneficio considerable por encima del coste de la expedición. Y Elcano, con varios de los expedicionarios, compareció ante Carlos V en Valladolid, quien les felicitó, les hizo caballeros y a Elcano le concedió una pensión de 500 ducados de oro anuales, el perdón de viejas culpas, y un blasón con la famosa divisa Pri­mus circumdedisti me.

El viaje de Magallanes-Elcano recreció el entusiasmo por la especiería y por asegurar tan rico tráfico. En­cauzándolo hacia España en competencia con Portugal, para lo cual se fundó una nueva Casa de Contratación en La Coruña, con destino al co­mercio de las especias, entidad que tuvo vida efímera, pues la nueva expedición, cuyo mando reclamó inútilmente Elcano, se dio a un noble de alta categoría, en abril de 1525: García Jofre de Loaisa, de la Orden de San Juan y pariente del prelado García de los mismos apellidos.

En la nueva aventura, Elcano iba en calidad de pi­loto mayor y capitán de la nao Sancti Spiritus, con dos de sus hermanos y su cuñado Santiago de Guevara; y como criado suyo el joven Urdaneta, al que luego nos referimos in extenso. Los Fúcares, principales banqueros de Carlos V, pusieron dinero en la nueva empresa, partiendo la escuadra —de siete buques—, de La Coruña, el 24 de julio de 1525.

Con toda clase de problemas, galernas, sublevaciones, etc., el 14 de enero de 1526 la nueva armada, se adentró en el Estrecho de Todos los Santos, del que a causa de las tempestades, hubieron de salir otra vez por el Atlántico. Y no volvieron a embocar tan proceloso tramo hasta abril de 1526; demorándose al 26 de mayo la entrada en el Pacífico. Loaisa murió el 30 de julio de 1526, dejando el mando a Elcano, ya muy enfermo, que falleció el 4 de agosto de 1526. La expedición quedó sin sus principales cabezas y resultó un completo fiasco.

7. La aventura de Santiago de Guevara: navegando desde El Estrecho a México

La historia que sigue –en lo que podríamos llamar un breve paréntesis entre las mayores navegaciones— demuestra el genio y la resolución de nuestros navegantes del siglo de oro en empresas en principio de no mucho alcance. Narración, breve por razones de espacio, que se relaciona con Elcano, quien al regresar victorioso de su increíble periplo alrededor del mundo en 1522, habló con sus hermanos y demás parientes, escuchándole atónita toda su familia, incluido Santiago de Guevara, su cuñado; quien deslumbrado por las expectativas del nuevo emprendimiento que estaba preparándose, se decidió a probar fortuna, enrolándose en el segundo viaje de Elcano. En el que fue capitán del patache Santiago; una embarcación que en las flotas de entonces se destinaba a llevar avisos de un barco a otro, reconocer costas y guardar las entradas de los puertos.

Ya avanzado el viaje, con tormentas descomunales al salir del Estrecho de Todos los Santos, se dispersaron los navíos de la escuadra y el patache queda aislado. De modo que cuando el temporal amainó, Guevara no pudo reunirse con las demás naos, viéndose forzado a seguir su propio destino. Para lo cual se planteó la ruta a seguir, y tras calcular las provisiones existentes para su tripulación de 50 hombres, se planteó si navegar a las Islas de los Ladrones, o poner rumbo a las costas mexicanas occidentales. A la postre, se decidió, con buen criterio, por la segunda opción.

En la ruta a México, se sucedieron toda clase de desventuras, de hambre y enfermedades, sufriendo la tripulación numerosas bajas. Pero a pesar de tan grandes penalidades, Guevara sorteó las dificultades, merced a sus condiciones de navegante y su entereza, orillando la costa americana del Pacífico para finalmente arribar a la costa mexicana, una navegación por mares que ningún europeo había surcado hasta entonces. Esa hazaña quedará siempre en los anales de las gestas marinas, acreditando a Santiago de Guevara como uno de los más resueltos navegantes.

8. Tomas de Berlanga: las islas Galápagos y el ulterior Canal de Panamá

Introducimos aquí, también a modo de paréntesis, la referencia al interesante viaje de Fray Tomás de Berlanga, dominico soriano (1487-1551), que en 1510 embarcó para la isla Española donde fue elegido prior del convento de Santo Domingo. Luego, entre 1531 a 1545 se hizo cargo del obispado de Panamá, si bien dentro de ese periodo residió en México como Viceprovincial de su Orden; para luego, en 1533 ser nombrado consejero de la Corona española. Lo que derivó a que en 1535 se le comisionara para viajar desde Acapulco a Lima, y mediar allí en las disputas que sostenían Diego de Almagro y Francisco Pizarro sobre los límites de sus respectivas gobernaciones[8].

En el viaje que había de llevarle al Perú –siguiendo la ruta inversa de Santiago de Guevara, aunque en mucho mejores condiciones—, una calma chicha y las corrientes marinas apartaron la misión de Berlanga del íter previsto, y le llevaron hasta un archipiélago que él bautizaría como Islas Galápagos, por la gran cantidad de enormes quelonios que pululaban en dichas islas. Cuyo descubrimiento y descripción, se comunicó por fray Tomas a Carlos I de España y V de Alemania, desde la ciudad ecuatoriana de Portoviejo, que un año antes había sido fundada por Francisco Pacheco, por orden de Diego de Almagro.

Nunca pudo pensar Fray Tomás que en 1835, Charles Darwin llegaría a Galápagos a bordo del Beagle; como hito principal de su propia circumnavegación, siendo allí seguramente donde empezó a imaginar lo que, cinco lustros después, en 1859, daría la luz como teoría de la evolución por selección natural coideada por Russel Wallace, con ideas tan rompedoras de la doctrina de la Iglesia de la que Berlanga era obispo.

Además de ser activo en su cometido misionero, nuestro dominico navegante se preocupó de fomentar la agricultura en las tierras del Nuevo Mundo, y fue impulsor de la producción y consumo del tomate en el área caribeña; además impulsó el cultivo del plátano dominico (bautizado así en honor del ilustre prelado) en el área de Tierra Firme.

Pero sin duda, lo más interesante de Berlanga, además de su descubierta de las Galápagos, fue el hecho de que adelantándose casi tres siglos a Lesseps, concibió la idea de comunicar el Atlántico con el Pacífico, promoviendo entre los años 1534 y 36 los primeros estudios para establecer una comunicación interoceánica, aprovechando las condiciones del istmo de Panamá.

El plan que para ello se propuso entonces consistía en aprovechar las aguas del río Chagres en el Atlántico, navegable hasta la localidad de Cruces para, haciendo las obras necesarias, enlazar desde allí con el río Grande a escasas leguas y con desembocadura próxima a la ciudad de Panamá ya en el Pacífico. Pero el proyecto hubo que desecharlo entonces por los enormes gastos de su realización; aparte de que no se tenían los medios técnicos para mover montañas.

Quizás agobiado por el inmenso trabajo misionero y las responsabilidades clericales, a los 50 años, el imaginativo obispo renunció al obispado de Panamá y regresó a su pueblo natal de Berlanga de Soria donde murió en 1551[9].

Y como siempre, quedamos a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.


[1] Ricardo Majo Framis, Navegantes y conquistadores españoles del siglo XVI, M. Aguilar, Madrid, 1946.

[2] O.H.K. Spate, “El lago español”, versión española, edición de Casa Asia, Barcelona, 2006.

[3] Ricardo Majo Framis, Navegantes y conquistadores…, ob. cit.

[4] Ricardo Majo Framis, Navegantes y conquistadores…, ob. cit.

[5] Ramón Ezcarra, “Fernando de Magallanes”, en Diccionario de Historia de España (en lo sucesivo DHE), Revista de Occidente, Madrid, 1952.

[6] Ricardo Majo Framis, Navegantes y conquistadores…, ob. cit.

[7] Ramón Ezcarra, “Juan Sebastián Elcano”, DHE.

[8] Ricardo Majo Framis, Navegantes y conquistadores…, ob. cit.

[9] “Diccionario Historiográfico del Perú”, Manuel de Mendiburu, Imprenta de José F. Solis, Lima 1876 y http://es.wikipedia.org

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