La hora de la verdad

Los datos disponibles del martes 24 de julio -cuando escribí este artículo-, son bien expresivos de que la confianza de los mercados respecto a España está en los mínimos de su reciente historia económica. Con una prima de riesgo en 640 puntos básicos, y el bono diez años a 7,6 por 100; con niveles incluso más altos a menor plazo; situación indicativa de que la táctica de recurrir muchas veces a corto, en vez de a más largo en cantidades mayores, ya ha sido detectada como un peligro adicional de la deuda soberana española.

La situación que se traduce en todos esos y algunos otros indicadores (morosidad en el 9 por 100, paro en el 24,5, endeudamiento en niveles insoportables en CC.AA. y organismos públicos, etc.), no significa, sin embargo, que falte demanda de papel español. Como lo demuestra el hecho de que en la subasta del propio martes 24, los marketmakers pidieron casi el triple de lo que España solicitaba. Algo que debe entenderse como una expresión de la voracidad de los compradores de deuda -incluidos los propios bancos españoles que ya son normalmente mayoría en esas adquisiciones-, buscando las más altas rentabilidades; con una cierta seguridad de que para la deuda española no habrá quita, a diferencia de lo que sucedió con la de Grecia, condonada forzosamente en un 70 por 100 de su valor.

Los mercados se manifiestan más difíciles de lo normal por razones también técnicas. Entre ellas, el hecho de que en verano, el trading, al reducirse su volumen global -así lo subrayaba el miércoles 25 el Financial Times en uno de sus artículos editoriales-, amplifica el carácter impulsivo de los operadores, que buscan máximas cotas de interés; a lo cual se agrega que los costes operativos suben por la necesidad de cubrirse vía colaterales.

Por lo demás, y como se puso de relieve en los últimos debates de la Comisión de Economía en el Congreso de los Diputados, Rajoy está siendo castigando por todo un proceso acumulativo, derivado de que las carteras de deuda están muy abultadas. Especialmente, en el caso del Banco Central Europeo (BCE), que en los últimos tiempos de Rodríguez Zapatero y en las primeras semanas de Rajoy, adquirió grandes masas de débitos españoles, frenando así el alza de la prima. Cosa que ya no sucede y que el enigmático Sr. Draghi, Presidente del BCE, manifiesta rotundamente que no volverá a suceder; con la tesis -entre ortodoxa y peregrina- de que “el BCE no está para salvar a los países endeudados”. Como si actualmente la principal función del Instituto Emisor Comunitario de 17 Estados miembros tuviera que ser la oficialísima de preservarnos de la inflación; que brilla por su ausencia, al estar entrando en una rama deflacionistas del ciclo. Lo que se revela incluso con el Euribor, que por primera vez en su historia ha caído por debajo del 1 por 100, siguiendo así las pautas del propio BCE, que hace poco situó su interés básico en el 0,75 por 100.

La desconfianza de los mercados internacionales respecto de la deuda española, se acrecenta aún más por factores que el gran novelista Angel María de Lera supo perfilar claramente en su novela “Los clarines del miedo”. Que ahora, están resonando a los más elevados decibelios, como consecuencia de las peticiones de rescate -las llamen como las llamen-, que están cursando las CC.AA. al recién creado Fondo de Liquidez del Estado, que pretende disponer de recursos iniciales por 18.000 millones de euros. Valencia, Murcia, Cataluña y Aragón ya se han apuntado oficialmente al nuevo invento, y otras CC.AA. harán lo propio en los próximos días o semanas. Creando así una especie de efecto “trompetas de Jericó”: la muralla protectora del recinto financiero público español, está cayendo por resonancias no tan distintas de las bíblicas.

Ya todos procuran no hablar o escribir demasiado sobre “la herencia recibida”. Pero no cabe duda de que ésta pesa más que nunca, pues los tapujos y encubrimientos de tiempo atrás, no pudieron resistir más, y han dado vía a una transparencia que muestra una situación casi letal de tesorerías, cuando hace pocos meses se manifestaban suficiencias que ya no existían por entonces. Así pues, lo que está sucediendo no es todo “cosecha Rajoy”, como pretenden Rubalcaba y cía., sino que mayormente, los lastres que estamos soportando provienen de los años perdidos del iluminado Sr. Rodríguez Zapatero, que por su ineficacia total y su ineficiencia supina, tendría que haber dimitido en 2010, en vez de esperar al 20 de noviembre de 2011 para que las urnas echaran a su partido de la escena central; por el mucho mal que había engendrado el vallisoletano de adopción leonesa, cuyas hazañas se inscribirán algún día en las puertas del Averno, al lado de aquellas palabras que juntos leyeron Dante y Virgilio: “lasciate ogni speranze, voi q´entrate…”.

Pero Rajoy también tiene importantes responsabilidades en la situación actual. La primera de ellas, que sabiendo a ciencia cierta de su victoria electoral el 20-N, el 21 de diciembre, al reunirse por primera vez su Consejo de Ministros, no se arrancó con una “hoja de ruta”. En la que podrían haberse formulado el diagnóstico de una situación que ya por entonces era de suma gravedad, y que tendría que haberse expresado como tal, para soslayar las ulteriores sospechas de malevolencia frente a su antecesor.

La ausencia de esa inicial hoja de ruta, supuso, inevitablemente, la falta de estrategia a medio y largo plazo; no solo para resolver los problemas más urgentes, sino también para diseñar un “proyecto de país”, que nos sigue faltando por todas partes. Y bien que se lo dijimos entonces a Don Mariano y bien que seguimos diciéndoselo, a él y a todo su equipo económico.

Así las cosas, hoy nos encontramos en un ambiente de financiarización casi total; obsesiva, en la que parece que todo es prima de riesgo, tipo del bono, Ibex 35, morosidad, endeudamientos varios, olvidando -con total falta de lógica y responsabilidad-, que en los últimos años, y ahora acelerándose, España está en la senda de las más graves desagrarización y desindustrialización. Como también padecemos la pérdida de impulsos para que los parados puedan volver a trabajar un día, pues muchos hasta van olvidando sus oficios. Y asimismo, sufriremos por mucho tiempo, las consecuencias del lustro perdido y de las generaciones más jóvenes, que en su fracción más inteligente se deciden emigrar, para no integrarse en el ejército de reserva de los “ni-ni”, que ya superan el millón.

Además de lo ya indicado sobre diagnostico y estrategia, Rajoy, con una especie de fe inconmensurable fe en si mismo, y con la impropia calentura de un éxito electoral que se ha supravalorado, decidió que antes de las elecciones andaluzas de marzo de 2012, no podían abordarse las grandes reformas, financiera, laboral, de las Administraciones Públicas, etc. Como tampoco podía confeccionarse el presupuesto, alegando que no se contaba con unos datos de por aquí, otros de por allá, y hasta unos certificados de buena conducta de la Unión Europea, el FMI, etc. etc.

Esa demora ha resultado la más inmensa chapuza, que ahora estamos pagando el inquilino de La Moncloa y los 47 millones de ciudadanos de la piel de toro. Y para mayor inri, se ha perdió la ocasión de ganar definitivamente en Andalucía para sacarla de las manos del más voraz clientelismo, debido a la política de espera, y a una tal vez excesiva devoción por Javier Arenas, que también podría tener su parte de responsabilidad en tan triste historia.

Por lo demás, las reformas del equipo Rajoy han sido insuficientemente radicales, y así lo fuimos viendo en las seis entregas del anterior artículo escrito por el autor en Republica.com; donde paso por paso, se apreciaron muchas deficiencias y omisiones, que todavía persisten. Y se nos quedó en el tintero -o en el campo magnético del ordenador- un tema laboral importante: la necesaria supresión del PER, que tiene secuestrado el mercado laboral de las zonas rurales de Andalucía y Extremadura desde hace más de veinte años; con una situación ya insostenible de engaños y comportamientos perversos, sociológica y antropológicamente hablando.

Hasta aquí, nuestro diagnóstico de una situación que nos lleva, en el título de este escrito, a nombrarla con el viejo apelativo español de “la hora de la verdad”; esto es, el momento en que terminado el toreo de capote, las banderillas, las picas y la muleta, hay que entrar en la suerte decisiva, y ya saben los lectores a que me refiero. Lo cual, aplicado al caso que nos ocupa, significa que dejándose ya de cualquier remilgo o pretensiones electoreras, Rajoy tiene que llevar la reforma hasta sus últimas fronteras; luchando para que este país que es España, se dé cuenta que no puede seguir viviendo en medio de ficciones y gabelas, manás que ya no caen, subsidios imposibles, mitologías mineras, jornaleros complacientes, banqueros corruptos, financieros osados, empleados públicos en exceso, políticos en mesnadas hipertrofiadas, y toda una retahíla con la que aún podría llenarse otra página.

Seguiremos la semana próxima, en la idea -y ojalá que no fuera así-, de que para entonces todo esté mucho peor, o incluso nos hallamos adentrado en otra secuencia de rescate por la Eurozona. Y como siempre, el autor queda a la disposición de los lectores de República.com, desde este artículo de urgencia de hoy, que al terminarlo, y sin esperar a su publicación, enviaré a Don Mariano Rajoy y a varios de sus Ministros.

2 comentarios
  1. opr says:

    El problema, Melchor, es ¿Qué otra cosa hay que Podemos? Porque lo que no es posible es volver a las andadas PP-PSOE. Que hay que hacer una limpieza a fondo es indiscutible y Podemos es la única opción para cortar por lo sano. ¿Se enquistará Podemos en el Estado como el chavismo? Quizá sí o quizá no. España no es Venezuela, y sobre todo Europa no es América. Sí, hay un riesgo, pero ¿Lo malo conocido es mejor? Esta es nuestra maldita situación.

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  2. mozote says:

    Melchor Miralles, ¡Eres un periodista farsante, como siempre lo has sido! ¡Si no te conociésemos, más de lo que desearías, diríamos que habías perdido la cabeza!.
    Ya vuelves a tu "periodismo de investigación" que tantos "réditos" te dio con ETA. ¡Farsante: ni "investigación" ni "periodismo" únicamente un peliculero barato
    ¡Alguien debería escribir tu "biografía profesional", nos íbamos a partir la espalda de la trompada que nos íbamos a dar contra el suelo!.

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