Crisis de la Eurozona y economía Mundial¹ VI

El pasado 14 de junio iniciábamos la presente serie, que termina hoy con su sexta entrega, tras haber entrado a plantear y reflexionar sobre los siguientes puntos:

1. Experiencia de crisis anteriores

2. Sin verdadero diagnóstico

3. Medidas tardías e ineficientes

4. Gobierno Rajoy: ¿hizo su diagnosis? ¿tiene una estrategia?

5. Ilustración histórica de experiencias anteriores

6. Segunda fase de la crisis: deuda soberana y política de austeridad

7. Cambios a introducir en el modelo productivo

8. Competitividad y exportaciones

9. En pos del crecimiento: una cuestión de la UE

10. Valoraciones globales

11. Contra la desagrarización

12. Contra la desindustrialización

13. Política ambiental y energética

Hoy, para terminar con la serie, nos ocupamos de una cuestión aparentemente poco económica, la lengua española como valor universal (que será el punto 14) y, trataremos de formular unas conclusiones (último punto, 15).

14. La lengua española: un valor universal

Los españoles poseemos uno de los mayores activos imaginables, la posesión de una lengua, el español (la voz castellano, debe reservarse según la RAE para el idioma antiguo), que hablan unos 500 millones de personas en todo el mundo. Lo cual ha contribuido decisivamente a la inserción de nuestras empresas multinacionales españolas (EMNs) en la América hispanohablante, desde Argentina a Chile y Chile hasta México; con problemas puntuales que no es conveniente ni pertrofiar ni descuidar.

Esas mismas EMNs tienen grandes posibilidades también en otras áreas en que nuestro idioma tiene importancia creciente; como EE.UU. con sus 54 millones de hispanos (2010), y en Brasil; donde además de la similitud de las dos lenguas ibéricas, se da la circunstancia de que el español ha pasado a ser el segundo idioma en gran número de instituciones docentes de primaria, secundaria y universidad. Pero además de las expresiones mencionadas, el español tiene importancia creciente, aunque prima face no lo parezca, en países como China, donde se ha convertido en uno de los idiomas en boga, solo por detrás del inglés.

La base para una nueva política lingüística no puede ser otra que el artículo 3 de la Constitución; según el cual, los españoles tienen el deber de conocer el idioma común y el derecho a usarlo. Y por ello, no cabe permitir que en determinados ámbitos se le trate con hostilidad dentro de España, por ser un gran activo nacional.

15. CONCLUSIONES

De las observaciones hechas y de las reformas planteadas en este documento, se infiere que es necesario un diagnóstico sobre la mala situación que atravesamos en España, para a partir del mismo, diseñar una estrategia global (y ese es el propósito del presente documento), y configurar así un modelo de desarrollo que sea dinámico, flexible, y altamente competitivo.

En ese sentido, en medio de las dificultades de la crisis, deberían saber que viven en un país mucho mejor de lo que muchas veces piensan. Aún más, es una de las más viejas naciones, a cuyo futuro, necesariamente, han de contribuir. Exigiendo para ello las modernizaciones necesarias y participando en ellas sin dejarse llevar por pesimismos paralizantes; ni por perniciosos deseos de gratificación inmediata.

Tenemos capacidades suficientes para ese empeño, y no podemos dejarnos desorientar por la ausencia de una verdadera cultura colectiva de esfuerzo en común, frente a la cultura del maná; esta última, basada siempre, en la manera de obtener privilegios y subvenciones de los poderes públicos.

Ha de recordarse también que en la era de la globalización, la renuencia a los cambios tecnológicos y de innovación, o la ignorancia de los hechos, o la indolencia de los propósitos, todo ello tan frecuente entre nosotros, son factores retardatarios; esto es, que podrían contribuir a una larga prostración económica, con toda suerte de avatares políticos imprevisibles. Todos somos forjadores de nuestro propio destino, algo que tantas veces se olvida a escala de la Nación Española, como puede apreciarse en los últimos tiempos en que casi todo pretende resolverse, popularmente hablando, con manifestaciones a todas horas, reivindicando objetivos imposibles de alcanzar por las miserias en que nos encontramos, mayor o menormente por responsabilidad de todos; aunque algunos tengan más culpa que otros.

En la situación presente, en vez de preguntar machaconamente cuándo se acabará la crisis, lo necesario es plantearse qué vamos a hacer, por nosotros y por el país globlalmente, para contribuir a la recuperación. En esa dirección, con el repertorio de reformas planteadas en este documento, lo que se pretende es una aportación a la estrategia que necesitamos para salir del marasmo económico.

Con ese horizonte, debe recalcarse que en Economía, no todo es económico. O si se prefiere decirlo de otra forma, “la política debe ser, la prolongación de la economía por otros medios”, parafraseando a Clausevitz. De ese modo, podrán impulsarse actitudes privadas y públicas más positivas, para las nuevas generaciones; a fin de alcanzar un ambiente de mayor dignidad, autoestima y entusiasmo. Como propuso en su día el Premio Nobel de Economía Arthur Lewis, al decir que “el entusiasmo es el verdadero comburente del desarrollo”. En ese sentido, estimamos que no estará de más incidir en una serie de acciones:

- Resaltar y cumplir los valores de honestidad y transparencia en los cargos y en las actividades de carácter público.

- Ayudar a que desde la primera juventud se respete a los mayores; en correspondencia a que estos, en general, acumulen experiencias y enseñanzas suficientes para merecerse tal respeto.

- Mantener un espíritu de renovación permanente, para no caer en rutinas prolongadas sine die a lo largo de la vida: cada uno es el forjador de su propio futuro, y no será el padre Estado el que necesariamente haya de labrarle el futuro.

- Enaltecer la cultura del esfuerzo que conduce a la acumulación del capital humano propio; de cada uno y de todos.

16. FINAL

Para terminar, hay toda una serie de puntos sobre los cuales reflexionar adicionalmente:

- Las medidas del día a día no son la solución. Hay que pensar a medio y largo plazo, en un horizonte de futuro, de responsabilidad colectiva, sabiendo lo que pasa y por qué.

- La actual falta de comunicación para que se entienda mejor la política económica en curso, resulta más que patente y deplorable, porque no genera confianza.

- Hay en el ambiente una sensación de decadencia irreversible, cuando en realidad tenemos factores suficientes para recomenzar un crecimiento más racional.

- Ciertamente, España ha pasado de ser la séptima potencia industrial del mundo en la década de 1970, a situarse en el puesto número 15 del ranking por PIB (2012). Es inevitable que los países emergentes avancen, pero no es tan lógico perder PIB durante casi cinco años seguidos (aparte del efecto estadístico de la caída del euro).

Terminamos aquí con la serie que empezamos el 14 de junio, y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de Republica.com en castecien@bitmailer.net.

¹El presente trabajo, ha sido objeto de un primer comentario por un conjunto de colegas, a quienes desde aquí expreso mi agradecimiento; precisando que ninguno de ellos asume ninguna responsabilidad por este texto, que corresponde por entero al autor. Los aludidos colegas son los economistas F. Becker, A.M. Carmona, J.M. Revuelta, A. Rueda, y S.B. Ruesga.

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