Otra vez la Religión II

5. La Biblia: ¿En cuestión o evolutiva?

Después de la entrega del pasado viernes 18 de mayo, hoy jueves 24, continuamos con nuestra serie “Otra vez la religión”. Y tras haber examinado una serie de cuestiones como si la religión es adaptativa o cooperativa, si hay una religión natural, y qué puede decirse modernamente del misticismo, entramos en otros territorios del amplio tema que nos ocupa. Serán si la Biblia es o no evolutiva y si es o no la religión el opio del pueblo; para terminar con la controversia sobre la muerte de Dios y acerca de si existe o no una religión natural que sirva incluso para ateos.

Muchas cosas han cambiado desde que el obispo de Oxford, Samuel Wilberforce, le preguntó a Thomas Huxley —a quien llamaban el bulldog de Darwin—, si él creía descender del mono por parte de su abuelo paterno o del materno. Un siglo y medio después de aquella gloriosa pregunta, la Universidad de Oxford reeditó la controversia y lo hizo convocando un debate, en febrero de 2012, entre el neodarwinista y ateo militante Richard Dawkins, y el obispo de Canterbury, Rowan Williams. Controversia que tuvo lugar en el salón de actos de la Facultad de Teología de Oxford, con un título muy pertinente en la convocatoria: La naturaleza del ser humano y la cuestión de su origen último.

En la ocasión, con la solemnidad propia de la vieja universidad, Dawkins, no dijo que la existencia de un Creador sobrenatural sea imposible, sino que resulta “extremadamente improbable”. Y según algunos comentarios luego publicados, el mejor momento en la controversia fue cuando el obispo de Canterbury le preguntó: “¿Acaso el conocimiento humano se puede explicar por la evolución?”, a lo que Dawkins respondió: “Mire usted, no entiendo ni la pregunta” . En cierto modo, más que una genialidad, esa fue una gracia más de Dawkins, en este caso frente a un prelado. Quien, está claro, llegó al debate poco preparado y desconocedor de la esperable petulancia de su ateísta contrincante.

Pero en el fondo, lo que latió en el debate de Oxford, el mensaje del judeo-cristianismo es o no evolutivo. Y en ese sentido, es interesante la opinión de Werner Arber, Premio Nobel de Medicina en 1978, por su trabajo sobre las enzimas de restricción, y presidente de la Academia Pontifiia de las Ciencias de Roma. Cuyo punto de vista es que el Génesis narra hechos del pasado: cómo hace 5.000 años la gente de la época quiso averiguar de dónde procedía, con resultados transcritos en las Escrituras: nuestro planeta fue creado en un acto único y portentoso [el big bang, el fiat lux, hágase la luz] y más tarde la tierra fue separada del agua. Luego hicieron acto de presencia los seres vivos: primero las plantas, después los animales… “Toda una secuencia de eventos lógica desde un punto de vista científico, lo que supone que en la Biblia se sigue un cauce evolutivo. En ese sentido, las descripciones de los profetas ofrecen muchas pistas, demostrando que ellos mismos no se veían como descendientes de Adán y Eva; y no con menos clones de sus antepasados” . Desde luego, a pesar de sus grandes conocimientos, Darwin no hizo esa lectura de la Biblia después de publicarse El Origen

6. EL OPIO DEL PUEBLO, SEGÚN MARX

Marx que tanta admiración sintió por Darwin (recordemos que quiso dedicarle El Capital, pero el co-padre del evolucionismo, con Wallace, se lo impidió) planteó en torno a la religión algo que hoy inevitablemente resurge; tal como se advierte en la insistente pregunta: ¿Invita la crisis económica a los nuevos pobres a volver a la creencia en la idea del más allá?

A ese respecto, conviene aclarar que lo escrito por Karl Marx en 1843 es lo siguiente “Die Religion … sie ist das Opium des Volkes“, esto es, “la religión es el opio de los pueblos”. Una frase muy manipulada porque en realidad lo que Marx dijo en con esas palabras en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, fue que “la miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra ella”. Para inmediatamente añadir: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad —nada exacrable— ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real”. En definitiva, Marx entendió la religión como el sueño de felicidad frente la más dura realidad. Para acto seguido exigir su erradicación en busca de la verdadera felicidad.

Y a propósito del filósofo de Tréveris, Benedicto XVI, 122 años después de las anteriores aseveraciones, proclamó en su visita México, de marzo de 2012, “la muerte de la doctrina marxista”. A pesar de que él mismo había escrito en 1975, cuando era el reconocido teólogo Joseph Ratzinger, que en la historia del desarrollo de las ideas, la palabra felicidad se había sobrepuesto a la palabra salvación. Veintisiete años después, Ratzinger va más allá, y entiende que la palabra felicidad reduce todo a un mero bienestar individual“.

En definitiva, es la caída de ese bienestar individual lo que lleva a que con la crisis económica muchos retornen a las religiones; sobre todo a las que se sirven a la carta, que incordian lo menos posible en términos de responsabilidades (la idea de pecado, la penúltima, las obligaciones, etc.) y ayudan a proporcionar momentos de bienestar. Una forma de expresión religiosa que Benedicto XVI habrá tenido, sin duda, ocasión de conocer directamente en México. Donde las religiones para gusto y consumo se manifiesta en más de 7.000 asociaciones de fieles a todo tipo de creencias. La mayoría de corte carismático, pentecostal [perteneciente o relativo a Pentecostés ], o evangélico.

Pero aparte de la crisis económica y otros avatares relacionados con la religión, lo cierto es que ésta ha resurgido con fuerza en otros espacios, con gran incidencia en los medios. Es lo que también Karen Armstrong llama el “retorno de la religión, traducido en las manifestaciones irracionales e intolerantes: dogmatismo e integrismo; fundamentalismo y fanatismo; rigorismo moral y disciplinar; discriminaciones de género; limpiezas étnico-religiosas; prácticas del terrorismo en nombre de Dios; procesos inquisitoriales contra los creyentes heterodoxos; rechazo de la interpretación en la lectura de los textos sagrados, etc.”.

Todo eso lo explica Armstrong en un libro En defensa de Dios , en el que se dibuja el auge de la espiritualidad como un refugio frente al mundo, lejos de la vieja misión de transformarlo según la tesis 11 de Feuerbach. En definitiva, en ese contexto, la religión aparece como el suspiro de la criatura oprimida a que se refirió Marx; pero a diferencia de lo que en éste había de grito de ira, el suspiro en cuestión se queda en mero síntoma patológico de lo que está mal, como un deseo frustrado, sin necesariamente un propósito de cambio .

7. MUERTE DE DIOS Y RELIGIÓN NATURAL PARA ATEOS

Habrá o no resurgir según y cómo se mida. Pero lo que está claro es que al mismo tiempo hay una desacralización del pensamiento, sobre todo en los países europeos más desarrollados. En esa dirección William Hamilton (1924-2012) fue el teólogo con las ideas más contundentes de la teología de la muerte de Dios; junto a Thomas Altizer, Paul van Buren y Gabriel Vahanian. Y precisamente con Altizer firmó en 1966 un libro de gran éxito: Teología radical y la muerte de Dios . Cuatro años antes, en solitario, había dado a la luz La esencia del cristianismo .

De la gran difusión del movimiento muerte de Dios, promovido por Hamilton y sus colegas, da idea el sonado artículo de portada en el Time Magazine (3.IV.1994), en el que se manifestó: “Decir que Dios ha muerto es decir que ha dejado de existir como ser trascendental y se ha vuelto inmanente al mundo. Las explicaciones no teístas han sustituido a las teístas, en lo que es una tendencia irreversible; hay que hacerse, pues, a la idea del deceso histórico-cultural de Dios, y aceptar que Dios se ha ido, pasando a considerar el mundo secular como normativo intelectualmente y bueno éticamente” . Sin embargo, a Hamilton nunca le gustaron las estridencias de ateos como Richard Dawkins. “No soporto esas acusaciones sin matices contra la religión: en sus escritos percibo mucha superioridad. Están demasiado seguros de sí mismos y hablan en un tono fundamentalista” .

Y termina así la segunda entrega de nuestra serie sobre “Otra vez la religión”, tras haber examinado si la Biblia sigue puesta en cuestión o es una narración evolutiva, el recordatorio sobre Marx y el opio del pueblo, y la muerte de Dios. Tras lo cual me permito incluir, a modo de anexo, una interesante conversación entre Armando Diéguez y Alain De Botton sobre la religión para ateos. Se trata de un extracto de una conversación más amplia, que va debidamente referenciada, que creo no tiene desperdicio.

Pero frente a la muerte de Dios, y sanseacabó de los Hamilton et alia, Alain de Botton, uno de los filósofos más leídos del mundo, asume la tolerancia proponiendo una religión para ateos , a modo de puente entre laicos y creyentes. Y desde ese enfoque Botton arremete contra Richard Dawkins que ha dominado el debate en el Reino Unido, y defiende una aproximación más respetuosa (casi reverencial) hacia el fenómeno religioso.

Más concretamente, a la pregunta de si cree en Dios, Botton responde que no. Pero agregando a continuación: “nada más lejos de mi intención que dedicar un libro de 300 páginas a probar su no existencia. Respeto mucho a los creyentes. Es más, me indigna la actitud intransigente de ciertos ateos. Lo que propongo es dejar de lado la fatídica pregunta -¿existe Dios?- e intentar responder a temas más interesantes. Dawkins ha llevado el ateísmo a un callejón sin salida. Es un hombre cerrado e instransigente. Para él, cualquier persona religiosa no está en sus cabales. Dawkins reprenta para mí un ateísmo macho, arrogante y opresivo. Me dan ganas de preguntarle: ¿Acaso no es usted humano y tiene sus propias dudas?… La ciencia, al estilo de Dawkins, corre el riesgo de reducir el mundo a una dimensión mecanicista. Los científicos tienen que admitir que los hombres no somos máquinas, que no nos comportamos siempre de un modo racional y que también nos movemos por esperanzas, deseos, miedos…

En el sentido apuntado, la ciencia nunca reeemplazará a la religión o al arte. A veces necesitamos consuelo, no sólo explicaciones… Pero mi intención —concluye Botton— no es convertir ateos, sino hacerles ver que aun no creyendo en Dios hay elementos religiosos que nos pueden ser de gran utilidad e inspiración en la vida secular.

Eso es lo que puede llamarse la aceptación de la religión natural, en el sentido de que entre los principios comunes a casi todas las religiones está el de ejercitar nuestro sentido moral: hay que ser más humilde, más generoso, más amable…, contener nuestros impulsos egoístas. El mensaje resulta bien simple: Es bueno ser bueno.

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