Otra vez la Religión I

El año pasado dedicamos en republica.com cinco artículos a temas de religión, que a continuación recuerdo con títulos y fechas:

- Ciencia y religión.- I. Desde Galileo a Holbach, 25.V.11.

- Ciencia y religión.- II. Opiniones cruzadas, 1.VI.11.

- Ciencia y religión.- III. Ateos militantes y conversos consistentes, 8.VI.11.

- Ciencia y religión.- IV. ¿Es posible un enfoque científico?, 29.IX.11.

- Ciencia y religión.- V. Entre Kant y el árbol de la vida. 5.X.11.

1. LA RELIGIÓN: ADAPTATIVA O COOPERATIVA

Empezando hoy con el tema de la religión, siempre en busca de la última verdad, a lo largo de dos o tres entregas en los próximos jueves. Empezando con el tema de si la religión es meramente adaptativa o cooperativa. En ese sentido, desde el campo de la psicología evolucionista, autores como Scott Atran o Pascal Boyer han defendido —en línea argumental similar a la de Darwin y Wallace—, que el sentimiento religioso está en consonancia con la evolución de otros rasgos cognitivos, que interaccionan con el mundo físico y la conducta social con la adaptación de los humanos a creencias y búsqueda de transcendencias.

Otros, en cambio, como David Solan Wilson o Richard Sosis, sostienen la tesis contraria: el sentimiento religioso es un valor relacionado con el mantenimiento de la cohesión y el buen funcionamiento de las sociedades humanas y por tanto trasciende a la propia evolución. En lo que Robert Wright, en su libro The Evolution of God, va más allá; al defender que la religiosidad es un subproducto de algunos rasgos propios de la propia naturaleza humana. Lo que explicaría la tendencia de los seres humanos a asumir creencias y valores del grupo social del que depende su supervivencia. Más concretamente, Wright estima que la evolución de la mente humana está marcada por la necesidad de establecer relaciones cooperativas, pro beneficio mutuo de los grupos o individuos que integran la especie. Para practicar el altruismo recíproco y colaborar en interacciones de suma no cero, como las que se estudian en la teoría de juegos, cuando las ganancias de un individuo no se producen a expensas de otro, sino que ambos resultan beneficiados.

En torno al mismo tema, Jesse M. Bering, profesor de la Universidad de Arkansas y director del Institute of Cognition and Culture de la Universidad Queens de Belfast, autor del libro The Belief Instinct, sostiene que las creencias religiosas refuerzan al progreso evolutivo de la selección natural al generar el sentimiento de que si uno no se comporta con honestidad, tendrá algún tipo de castigo sobrenatural.

2. RELIGIÓN NATURAL

En cualquier caso, a falta de contar con una verdadera genética de la espiritualidad, los investigadores están ocupándose cada vez más de averiguar de dónde vienen las religiones. Y con un criterio mayoritario se piensa que nacen de la predisposición natural a imaginar dioses; con cuyas acciones dar explicación sobrenatural a todo lo que racionalmente no se entiende de inmediato.

En el sentido apuntado, Justin L. Barrett –catedrático de Psicología del Centro de Desarrollo Humano Thrive, de Pasadena (California)— da un paso más, en su libro Born Believers (Nacidos para la fe) donde recoge experimentos realizados con niños pequeños; en quienes percibió una inclinación natural a ser creyentes desde la infancia.

Más concretamente, Barrett sostiene que “del mismo modo que se nace con predisposición para comunicarse mediante el lenguaje, la atracción por la religión es un subproducto evolutivo de nuestro sistema cognoscitivo ordinario. Los recién nacidos quieren dar sentido al mundo que les rodea. Desde luego, los niños no nacen creyentes del cristianismo, el islamismo u otra fe concreta, pero sí de lo que cabe llamar religión natural».

Por su parte, el neurocientífico español Francisco J. Rubia, prefiere hablar de predisposición a la espiritualidad, más que a la religión. «Cuando conozcamos mejor el genoma humano se aclarará su origen genético, porque está claro que tiene que ver con la supervivencia y la selección natural. El pensamiento religioso surgió del animismo, de sueños y visiones en las que aparecen los muertos sin fácil explicación; también del miedo a la muerte», asegura en su obra La conexión divina. Más tarde, a medida que las sociedades crecieron, la religión se instauró como elemento de control de las masas, pero ahora, la neurociencia trata de explicar cómo empezó todo.

3. MISTICISMO CUÁNTICO

Lo que viene bajo el epígrafe número 3 de este escrito, resulta más complicado y nebuloso, pero también más interesante; con el reconocimiento previo de que la metafísica sigue siendo hoy una herramienta de gran valor, tanto para los filósofos como en física teórica. Al respecto, Erwin Schrödinger, premio Nobel de Física (1933), decía de ella que “es el andamio de madera, que sin pertenecer a las realidad edificadas, es necesaria para seguir construyendo; la metafísica de los planteamientos, precede a la física de las batallas”. Por ello mismo, no se debería ser negativos con las religiones, pues lo que pretenden es conseguir una visión elevada de lo que puede haber más allá de la ciencia. El propio Schrödinger, que superó el ateísmo, manifestó: “creo en mente y materia, y para creer en Dios, tuve que estudiar física teórica; hay un camino más sencillo, encastrado en nuestro ADN: rastrear la conciencia, moral y ética humanas”.

Por otra parte, Fritjof Capra, en su libro El Tao de la Física , exploró desde el Ching de Confucio a los Vedas hindúes, para equipararlos con los descubrimientos de la física cuántica; en la idea de que ésta converge con el misticismo oriental y la metafísica.

Pero sin duda, lo más novedoso en la materia, proviene de David Bohm, uno de los mayores expertos en teoría cuántica, colega de Einstein en Princeton, y uno de los pensadores más revolucionarios de la segunda mitad del siglo XX; quien ha tratado de reformular el modo de comprender la naturaleza cuántica del mundo, con una cosmovisión coherente, rica y dinámica, que integra la conciencia en una unidad compleja de energía, mente y materia. En ese sentido, para Bohm, la conformación del estado cerebral cuántico, permitiría explicar la experiencia mística; como la acción directa de una mente cósmica sobre la mente individual. De modo que el alma, al fin y al cabo energía, sería un potencial supercuántico evolucionado, materializado o engarzado con la materia.

Y por último, están los propios místicos, tanto orientales (Buda, Lao Tsé, Confucio…) como occidentales (Juan de la Cruz, Teresa de Jesús…), que invitan a una espiritualidad a través de la introspección, esto es, vía meditación; lo que significa evaluar, cavilar; en vez de levantar la cabeza y estar esperando la venida del Espíritu Santo transfigurado en palomas. “La realidad lo tenemos dentro”, dice Willigis Jäger en su libro más difundido, Adónde nos lleva nuestro anhelo: la mística en el siglo XXI ; donde expone de forma sencilla y atractiva los caminos de espiritualidad frente a las inquietudes del siglo XXI.

En definitiva, en esta primera entrega de Otra vez la religión, hemos visto si estamos ante un fenómeno adaptativo o cooperativo, si hay o no una religión natural, y qué tiene que ver todo eso con el misticismo cuántico. Seguiremos la próxima semana con otros temas relacionados con los que ya hemos ido viendo. Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de republica.com, ya en las fronteras de un verano que meteorológicamente parece haber llegado, uanque aún tengamos varias semanas por delante de estío astronómico (castecien@bitmailer.net).

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