El viaje de estructura económica II

II. Vinos… los de Manzanares de La Mancha

El pasado jueves 29 de marzo, iniciábamos una serie sobre lo que me permito llamar “El viaje de Estructura Económica”, en el lejano año de 1952. Y hoy cubrimos la segunda etapa del recorrido de los dos viajeros protagonistas de la narración (Padre Ramón Moliner y yo), ambos en nuestros jóvenes 19 años.

Serían las 7.30 a.m. —como ahora se dice—, todavía con obscuridad, cuando volvimos a la estación de Puertollano, para por un ferrocarril de vía estrecha viajar desde la ciudad minera hasta Manzanares de La Mancha. Y según pude comprobar en un mapa Michelín al redactar este artículo, el trazado ferroviario, ya desmantelado hace tiempo por falta de rentabilidad, seguía el cauce del Tirteafuera en un primer tramo, y el del Jabalón en el segundo; pasando por los apeaderos de Argamasilla de Calatrava, Aldea del Rey y Calzada de Calatrava, para arribar finalmente a Manzanares. Un trayecto de algo más de 80 kilómetros que nos demoró casi tres horas:

— La máquina es muy antigua, y sobre todo, la vía está en las peores condiciones por falta de renovación… la marcha tiene que ser lenta para no descarrilar –nos informó el revisor—. La verdad es que este ferrocarril lo levantarán más pronto que tarde, pues con un coche de línea bastaría … hay muy poco tráfico…

El trayecto era una belleza pobre, enverdecida por un otoño bastante húmedo. Vimos, sobre todo, olivares en la primera parte del recorrido más bien de serranía y luego, ya en el curso del río Jabalón, aparecieron los viñedos anunciando la llegada a Manzanares, la capital vitivinícola de La Mancha…, pues Valdepeñas es otra cosa, ya que tiene su propio consejo vitivinícola; regulador de su diferenciada denominación de origen.

En mi mochila llevaba un par de libros y algunos periódicos, entre ellos el último número de El Español, un folletón semanal con artículos relativamente largos, entrevistas, etc., que aparte de su sesgo franquista, tenía cierto interés político. Y precisamente en ese número figuraba una entrevista a Manuel Fraga Iribarne, que por entonces ya debía ser secretario general técnico de algún ministerio. Y lo que era más importante: pasaba por ser una de las figuras más prometedoras de la meritocracia del régimen de Franco.

— Ya lo he leído… es un personaje de interés. Y lo suficientemente franquista como para acabar de ministro,… creo que él ya lo tiene más que claro…

— ¿Y podría derivar a otras latitudes ideológicas?

— Bastante difícil de intuir ahora, pero no cabe duda de que es un personaje que se hará valer… será bueno seguirle la pista— sentenció Pedro tan circunspecto como siempre.

Esa conversación de 1953 la he rememorado algunas veces, porque en efecto, Fraga acabó teniendo papeles significativos en el devenir político de España. Llegó a ministro gobierno con Franco en 1962 y, después, en la democracia se recicló desde los Pactos de La Moncloa. Para crear, a partir de la primigenia Alianza Popular de tintes neo-franquistas, el Partido Popular.

Lo que yo en aquel trayecto ferroviario entre Puertollano y Valdepeñas no podía imaginar, es que a lo largo de mi vida coincidiría con Fraga en una serie de momentos, desde el Instituto de Cultura Hispánica, hasta encuentros políticos antes y después de la muerte de Franco, con algunos episodios concretos que un día relataré.

Y retornando al lejano viaje de 1952: al arribar a Manzanares, en el andén de la estación nos esperaba un amigo con quien habíamos convenido el encuentro: Manuel Pedrero, de la Facultad de Derecho, y colega que sería después en la Milicia Universitaria, en el campamento de El Robledo, en La Granja.

Manuel había previsto una serie de visitas a bodegas, donde nos recibieron con entusiasmo a los economistas de Madrid. Un enólogo nos explicó todo el iter productivo, desde la llegada de la uva a la salida del vino. Y nos comentó que en los últimos tiempos estaba avanzando mucho el sistema cooperativo:

— Afortunadamente, se han reanudado las importaciones de fertilizantes, y parece que la pertinaz sequía va quedando atrás… de modo que abonando otra vez, el viñedo después de mucho tiempo nos va a dar cantidad de uva… y por tanto hay que organizarse.

El enólogo se veía que tenía intención de ilustrarnos a fondo, con orgullo por su trabajo y por la nueva organización menos individualista.

Los excedentes aparecieron, efectivamente al año siguiente, 1953, e hicieron que el Ministerio de Agricultura obligara a todos los establecimientos de hostelería a ofrecer, sin necesidad de que lo solicitaran los clientes, la mitad de un cuarto de litro de vino gratuitamente por comensal. Una disposición que yo leí en la prensa y que en una ocasión en que estaba cenado con Enrique Múgica y algunos otros compañeros de la Universidad, al no ofrecérsenos la célebre mitad de cuarto, lo exigí, explicando al tabernero que estaba en esa obligación. Y al negarse a atender nuestra solicitud, se organizó la marimorena, amenazándonos con «llamar a la pareja»; ya se sabe, a la Guardia Civils, o a la policía, para restablecer la tranquilidad. Aunque al final, lo cierto es que con gran complacencia de Múgica, que veía como la ciudadanía estaba más alertada sobre sus derechos, el ventero cedió a nuestra reclamación.

Volviendo a la visita a Manzanares de la Mancha, recorrimos dos bodegas más, y vimos cómo se embotellaba el mosto, para los abstemios y también para zumos de frutas. Los vinos se almacenaban en grandes tinas de barro o de cemento armado, porque siendo blancos no necesitaban de madera.

— Lo que también podrán ver Vds. hoy, por estar en plena producción –nos dijo uno de los bodegueros—, es la elaboración del alcohol de orujo, que obtenemos de la pasta que queda después de prensar la uva: una mezcla de casca, pepitas, hollejas, etc. Todo eso, el bagazo se deja fermentar de manera natural, se mezcla con agua caliente, se destila, y así se obtiene un alcohol que luego se expende con 40 grados: es el orujillo, un estupendo aguardiente para tomar después de un buen almuerzo. Claro que también lo beben los obreros muy de mañana «para matar el gusanillo», según dicen… Otra cosa es el alcohol de uva que sale de la destilación del propio vino, naturalmente, no de los mejores caldos. De esa labor se obtienen las holandas, un etílico de alta calidad para consumos de boca como aguardientes, colonias, etc.

Después de la visita a tres bodegas, no hará falta decir que ya estábamos en tanto animados por la ingesta de los espirituosos. Por lo cual, resolvimos irnos a comer algo al casino, donde Manuel Pedrero nos presentó a sus amigos del pueblo, que enterados de nuestra aversión al régimen, nos contaron historias de lo que fue el 18 de julio de 1936 en la zona: grandes convulsiones y paseos de terratenientes que no consiguieron escapar. Y a la terminación de la guerra, a la inversa: eliminación física, sin ninguna clase de juicio, de los cabecillas sindicalistas que no habían podido tomar las de Villadiego… es decir las de Valencia y Alicante para embarcarse en el primer buque de nombre extranjero disponible.

— Sí, sí, aquí, después del uno de abril del 39 se fusiló mucho. La inmensa mayoría ácratas, porque esta zona de La Mancha estaba llena de partidarios CNT-FAI, con una personalidad especial de busca de una cultura popular… Pero en julio del 36 ellos también había hecho lo suyo… una tragedia para todos…

Anduvieron contándonos sus batallas, hasta que hubimos de levantar la sesión, y en el coche de su padre, Manuel Pedrero, nos llevó a la estación de Manzanares, a eso de las dos de la mañana, a fin de tomar el tren descendente de Madrid en dirección a Córdoba.

Lo que sucedió en Córdoba, la ciudad de los califas y que también lleva por sobrenombre La Llana, será objeto de una tercera entrega el próximo jueves 12 de abril. Y como siempre, a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net a quienes deseo una buena Semana Santa, que venga bien regada de lluvia, que buena falta hace.

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