Reflexiones sobre cinco pensamientos del libro de Darío Salas “Moneda Cósmica. La suprema Riqueza”

II. Fray Luis de León como modelo

El pasado jueves 8 de diciembre se publicó en Republica.com la primera entrega de este artículo, que versa sobre el debate que el 30 de noviembre tuvimos una serie de colegas (Diego Quintana de Uña, Carlos Rodríguez Jiménez, Marta Sanz, Pablo Jaúregui, Carmen Molina y Ramón Tamames) sobre el libro del ensayista chileno Darío Salas.

Ya en la primera parte de esta reseña aparecían los dos primeros comentarios que tuve ocasión en la grata discusión que tuvimos en plan mesa redonda. Por eso, en esta segunda libranza de hoy, la numeración de mis aportaciones empieza en el número 3 y va hasta el 5.

3. El permiso interno

“Es el requisito fundamental para avanzar en la realización de nuestros propósitos. Hay muchas personas que no se dan permiso a sí mismas para ser felices, tener éxito, amar, ser libres, tener sexo o detentar ideas diferentes a la mayoría”.

Ésta me parece una reflexión muy lúcida de Darío Salas. Porque siendo nuestra vida una senda abierta, con un horizonte amplio y libre para quienes saben percibirlo, no todos los humanos tienen la enorme fortuna de tener un carácter extravertido, necesario para no tener que pedir el propio permiso mental; o mejor aún, para romper la autocensura o autorrepresión, que coarta tantas posibilidades de cualquier proyecto de vida.

Efectivamente, hay muchas personas que no se dan permiso a sí mismas para ser felices, etc. Y que incluso, sobre todo pasada la fase de la juventud, se resisten a hacer nuevos amigos; manteniendo sólo “los del pupitre”. Hay que concebir cada día de la vida como una aventura per se, a disfrutar en plenitud, como si fuera la última vez; tal como dice el bolero que en 1940 escribió la compositora mexicana, Consuelo Velázquez, una canción que en España e Hispanoamérica conocemos casi todos.

4. Multiplicando la propia energía mediante la disciplina mental

“Mientras somos niños vivimos pensando en lo que vamos a hacer «cuando seamos grandes», y una vez adultos, permanecemos conmocionados o frustrados por acontecimientos que ocurrieron hace 20 ó 30 años. Hay ocasiones en las que nos sentimos muy importantes, pero lo cierto es que, por lo general, somos abiertamente inconsis¬tentes, siendo percibidos por el prójimo como «carentes de peso»”.

También estoy de acuerdo con la reflexión del autor de Moneda cósmica en este punto. Muchas veces nos encontramos con gente que no tuvo nunca, o la perdió, la alegría de vivir. Y esa pérdida se produce frecuentemente en los años mozos, cuando pensamos que todo es posible y que “vamos a comernos el mundo”. Una osadía que luego, casi siempre, va cercenándose duramente con el paso del tiempo. Creándose de ese modo, al no haber llegado el éxito esperado, situaciones de angustia, filias y fobias desmedidas, rencores, etc. Es algo que está todos los días en las consultas de psicólogos y psiquiatras.

También es cierto que a veces, en esos días en que brilla el sol para nuestros adentros más íntimos, podemos “sentirnos muy importantes”. Para luego, recabando las realidades más serenamente, darnos cuenta de que estamos muy lejos de los niveles autoproclamados. Todo depende también, en buena medida, del entorno, de si se nos admira o se nos vitupera, de si se nos quiere o se nos odia, de si mantenemos o no el sentido del equilibrio sobre nuestra propia persona. Y aquí viene una meditación de Manuel Azaña, cuando en sus Memorias decía aquello de “¡qué difícil es seguir siendo persona, cuando ya se nos considera personaje!”.

5. Fundamentación lógica y científica de los principios personales

“Lo normal (la norma estadística) es que el individuo humano viva en función de lo que tiene, no de lo que es, manipulado por la personalidad, en calidad de sistema que mantiene un estrecho control sobre su comportamiento para encuadrarlo dentro del esquema social predominante.

La opción de vivir en el ser, por el ser y para el ser representa en cambio, de acuerdo a las leyes más elevadas del universo, el plus del éxito como individuo humano y puede conducir a la felicidad más profunda, la armonía, el orden, la coherencia y la sabiduría”.

El primer párrafo de esta quaestio disputata, también me trae algo de la cueva de los recuerdos: los trabajos de Erich Fromm sobre el joven Marx, cuando refiriéndose a las primeras intuiciones del filósofo de Treveris, manifiesta que el hombre tiende a cosificarse, a dar más importancia a lo que se tiene, y no a lo que se es. Con la particularidad adicional de que estamos más o menos encajados en un sistema que hasta cierto punto controla nuestro comportamiento. Para encuadrarlo dentro del esquema social predominante, una idea que firmaría como suya aquí mismo el propio Marx, para seguir hablando de la alienación, como la distancia entre lo que uno hace, obligado por las circunstancias, y lo que libremente querría hacer.

El segundo párrafo de Darío Salas en este punto 5, es lo que para él significa el camino de perfección. Y al respecto cabría remembrar al protagonista de la obra de Pío Baroja, de idéntico título, que se propone buscar no tanto el éxito sino la sabiduría. Y al no dar con ella inevitablemente surge una larga secuencia de frustraciones.

Y me permitiré también mencionar otro caso que me impresionó mucho sobre el mismo contexto: el de Sommerset Maugham, quien en su libro titulado The Summing Up, el resumen de su vida en cierto modo, confiesa que su modelo vital estuvo marcado por una persona tan relevante como Fray Luis de León. Sobre todo de los versos iniciales dedicados a Carlos V en Yuste:

Que descansada vida
la del que huye del mundanal ruido,
y sigue la escondida senda
por donde han ido,
los pocos sabios
que en el mundo han sido.

Al final de las seis ponencias coordinadas –y, todo hay que decirlo, implacablemente cronometradas por el coordinador— se produjo un debate muy animado con los asistentes al acto, en el que se cruzaron observaciones, objeciones, complementos, e incluso especificación de omisiones. Todo, en un ambiente, en mi opinión, de alto nivel dialéctico.

El acto fue patrocinado por persona muy próxima a Darío Salas, el empresario ruso Alexei Antropov, y al mismo asistieron más de un centenar de personas, que abarrotaron el auditorio que lleva el nombre de nuestra preclara filósofa María Zambrano. Terminada la sesión, todos los partícipes en la misma conversaron largamente en torno a un refrigerio servido de muy buena mano por un catering, al parecer cooperativo, y de gente capaz y simpática.

En definitiva, eso me dijeron algunos de los asistentes, fue una sesión llena de pensamiento, que centró la atención de todos; y que en algunos de los presentes (también testimoniado por ellos), dejó huella muy placentera; en medio del mundanal ruido, que dijo nuestro citado Fray Luis de León.

Para cualquier aclaración o comentario, siempre a disposición de los lectores de Republica.com, en castecien@bitmailer.net.

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