Reflexiones sobre cinco pensamientos del libro de Darío Salas “Moneda Cósmica. La suprema riqueza”

I. Un debate filosófico

Reflexiones sobre cinco pensamientos del libro de Darío Salas “Moneda Cósmica. La suprema riqueza”

El 30 de noviembre de 2011, en la Sala María Zambrano, del Círculo de Bellas Artes de Madrid, se celebró una mesa redonda en la que se reflexionó ampliamente y en profundidad sobre contenidos del libro del ensayista chileno Darío Salas, “Moneda cósmica. La suprema riqueza”.

La presentación (organizada por Asecom, Asesores de Comunicación que dirigen María Gil de Antuñano y Mar Velarde), fue de gran originalidad: tras visionar un video con palabras de Darío Salas –que por razones logísticas no pudo estar en el acto—, una voz en off leyó cinco pensamientos del autor, que luego comentamos los ponentes allí reunidos; en una conversación en la que hubo numerosas menciones a lo tratado intermensa.

Además del autor de este artículo, que hizo de coordinador, presentando a los intervinientes y sintetizando los puntos de vista, las ponencias –en las que se expresaron coincidencias con el autor, entreveradas de comentarios críticos— correspondieron a :

- Diego Quintana de Uña, alto funcionario que fue de la Presidencia del Gobierno de España y reputado conocedor de la Filosofía griega.

- Carlos Rodríguez Jiménez, doctor en Medicina, endocrinólogo y cosmólogo por vocación.

- Marta Sanz, novelista; autora, entre otros libros, de “Susana y los viejos”, finalista del Premio Nadal.

- Pablo Jaúregui, director de la sección de Ciencia del diario El Mundo, y redactor de su revista Eureka.

- Carmen Molina, psicóloga clínica.

A continuación se reproducen para los lectores de Republica.com, en letra pequeña y con margen más ancho, los textos seleccionados del libro de Darío Salas. Para a continuación incluir los comentarios que yo tuve ocasión de hacer al final de cada ronda de las cinco ponencias que me precedieron en el uso de la palabra.

1. Las limitaciones del Homo Sapiens

“Nuestro pensamiento no es libre ni voluntario, debido al carácter invasivo y posesivo de la información subliminal que se apropia de la casi totalidad de nuestra mente. Podemos entender como información subliminal la que recabamos en un estado mental de sopor o vigilia carencial y la publicidad de toda índole”.

Efectivamente, el pensamiento está influido, sin que en general nos percatemos de ello, por el inconsciente; totalmente imposible de controlar. Y también por el subconsciente, que sí podemos aflorar ex post en determinadas circunstancias. Como igualmente influye la información subliminal a que se refiere Darío Salas, de una publicidad que busca penetrar lo más posible en los sujetos receptivos, para desencadenar sus deseos; procurando, desde luego, no exteriorizar los elementos adictivos.

Una cuestión interesante sobre esta primera meditación es si, en las condiciones expuestas, existe realmente el libre albedrío, como se planteaba el desgraciado príncipe Segismundo en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca. Y de existir, en qué medida es ese albedrío meditación propia, y en cuánto está influido por juicios de valor y derivaciones de toda clase de ideologías colaterales, que actúan sobre cada uno a lo largo de su experiencia vital.

El pensamiento, indudablemente, puede educarse, o más bien organizarse; y en esa dirección, tenemos el testimonio de José Ortega y Gasset –transmitido en las Memorias de Julián Marías—, quien proponía a sus discípulos que dedicaran por lo menos quince minutos, día a día, para pensar; en abstracción de la realidad circundante y polarizando los esfuerzos de reflexión en temas concretos. Hoy, podríamos decir que con ese método van educándose las neuronas (haciéndolas más duraderas y avispadas) de las que actualmente, por el progreso de la investigación, se sabe mucho más que en tiempos de Ortega y de Cajal… o incluso de Auguste Rodin; el gran escultor que materializó, como nadie, el acto de pensar; con un esfuerzo en la expresión sólo comparable –ahora me viene a la mente—, al que reflejaba el rostro del gran Hegel ya en edad madura.

2. Educación de la voluntad

“Entre desear y querer existe una brecha de años luz, ya que el simple deseo jamás ha bastado para realizar los propósitos…. El deseo no tiene voluntad, solamente apetito.

De manera paradójica, la gente supone que tener fuerza de voluntad es contar con la energía suficiente para “hacer lo que se desea”, cuando, en realidad, la genuina voluntad es la que permite hacer “lo que tal vez no se desea hacer, pero es preciso llevar a cabo por constituir lo correcto”.

Es así como desde el punto de vista de la ética es preciso buscar la perfección moral y espiritual aprendiendo de las lecciones de la vida”.

En relación con la primera parte de este punto 2, yo recuerdo una frase que nos decía un profesor de inglés en el Liceo Francés de Madrid, bien concreta: to will is to can. Que no sé cómo llegó después al Presidente Obama cuando dice lo de yes, we can. No haría falta traducirlo, porque simplemente quiere decir que si algo se quiere realmente, puede alcanzarse. Claro es que si para ello se ponen los medios, pues alcanzar la utopía es siempre difícil, pero posible; cosa muy diferente sería pretender la conquista de la quimera.

En la dirección apuntada, el deseo, en mi opinión —y en esto disiento de Darío Salas— es una parte de la propia voluntad; algo más que el mero apetito que estaría relacionado con actos reflejos y no con el pensamiento en sentido estricto. La propia concepción del deseo, con fuertes dosis de intuición (cada vez está más considerada y estudiada), es el acto esencial para emprender la marcha a nuestro destino.

En relación con el segundo párrafo sobre la voluntad, recordaría la célebre frase del filósofo italiano Antonio Gramsci, por aquello de que “contra el pesimismo de la inteligencia, está el optimismo de la voluntad”. Con ese trasfondo, estimo que la volición es toda una fuerza que nos impele hacia la meta deseada; arrostrando las dificultades inevitables para conseguir lo que uno quiere, poniendo en ese itinerario todo el entusiasmo. También sobre lo cual traeré a colación la frase de René Dubos, cuando destacaba que “entusiasmo viene de en theos, del griego, significando que albergamos un dios dentro de nosotros, que cotidianamente nos anima a hacer cosas”.

Algo así como el deus ex machina del que hablaban los filósofos, para referirse al motor principal de cualquier proyecto. Y volviendo a Ortega, cabe pensar que “la vida es proyecto con todo un repertorio de posibilidades”. Si bien es cierto que algunos dejan pasar su existencia de forma más o menos inútil; y para su desgracia no acaban de tener la capacidad, ni la voluntad, para disponer de un proyecto y realizarlo en la medida de lo posible.

El tercer párrafo de esta meditación 2, creo que se separa algo de los anteriores, con una perspectiva muy distinta. Para convertirse, más bien, en un desideratum; porque “buscar la perfección moral y espiritual aprendiendo de las lecciones de la vida”, incluye, sin duda, grandes dosis de voluntad; pero en ese empeño predomina, sobre todo, la ética, que se relaciona con la inteligencia. Y a propósito de todo ello, no estará de más que extraigamos de nuestra memoria infantil lo que eran, y siguen siendo, las potencias del alma: memoria, entendimiento y voluntad.

Para cualquier aclaración o comentario, siempre a disposición de los lectores de Republica.com, en castecien@bitmailer.net.

3 comentarios
  1. Jesús G. Mingorance says:

    Melchor, te apuesto una comida a que no van a nombrar ni a Esperanza ni a Gonzalez. Esto desencadenará, si sucede, una gestora en Madrid con un mirlo blanco que la presida. Quién puede ser?

    Responder

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