El cerebro humano

II. Sensaciones, pluralidad de inteligencias

El pasado jueves 27 de octubre, publicábamos en esa tribuna de República.com la primera parte del presente artículo sobre el cerebro humano, con dos apartados, sobre la percepción que se tiene de tan importante pieza del cuerpo humano desde los tiempos de Hipócrates y con preguntas que venían de la mano de los salmos del Rey David, de los premios nobel Watson y Crick amén de Wittgenstein. Seguimos hoy con el artículo, segunda entrega, donde podremos apreciar otros enfoques, de sensaciones y pluralidad inteligentes.

1. El deseo de vivir

En cuanto a las sensaciones, recurrimos a un libro verdaderamente sensacional, en el que se caracteriza al Homo sapiens en su deseo de vivir. Me refiero a Viktor Emil Frankl (1905-1997), neurólogo y psiquiatra austriaco, sobreviviente del holocausto de los nazis contra los judíos, que en 1945 publicó su libro El hombre en busca de sentido. Un texto en el que describió su vida de prisionero de un campo de concentración de las SS, en el que pudo apreciar cómo hasta en más extremas condiciones de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, precisamente por su dimensión espiritual. Reflexión que le sirvió para concebir la Logoterapia, considerada la tercera escuela vienesa de psicología, después del psicoanálisis de Freud y de la psicología individual de Adler.

Siendo muy joven, Frankl había mantenido relación epistolar con Freud, quien le publicó algunos de sus escritos. Pero muy pronto abandonó la corriente psicoanalítica, para orientarse a la psicología individual de Adler, de quien también se apartaría después por diferencias en los enfoques sobre qué es la mente humana. La logoterapia, como su denominación sugiere, trata de dar sentido a la existencia humana sobre tres bases:

- La libertad de la voluntad (Antropología), explicativa de por qué todo hombre es capaz de tomar sus propias decisiones, siendo libre de escoger su destino, para no convertirse en una marioneta (antideterminismo).

- La voluntad de sentido (Psicoterapia): expresa la idea del animatismo, la fuerza del alma y, por ello de la inteligencia y voluntad, presente en el ser humano, que lo hace único dentro del reino animal (Psicologismo).

- El sentido de vida (Filosofía). Para la Logoterapia es un factor fundamental: la percepción positiva del mundo frente al reduccionismo.

La visión de la Logoterapia de Frankl es muy alentadora, y como tantas otras ideas, tiene su base en el hecho de que los humanos disponemos de un cerebro verdaderamente único; con capacidades todavía insuficientemente conocidas, y con facetas muy diversas. Como supo anticipar genialmente nuestro Don Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina de 1906. Referencia que hago, aquí y ahora, a instancias de mi amigo José María Álvarez del Manzano que me consta está leyendo esta serie con especial dedicación. Y tiene todas las razones del mundo para subrayar que Cajal supo anticiparse incluso a experimentos que ahora están haciéndose en el espacio exterior, y que confirman sus tesis de hace un siglo.

2. Diversidad de inteligencias

Pero la inteligencia que hasta ahora hemos venido tratando de manera global, no es algo que pueda medirse con el frío número del cociente intelectual (CI), pues es algo más que una mera expresión alfanumérica. Consiste en la capacidad de ordenar los pensamientos y coordinarlos con las acciones. Y no es una sola, sino que existen tipos distintos de inteligencia que se desarrollan según vocaciones y actividades.

En ese tema ha trabajado Howard Gardner —de la Universidad de Harvard y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, 2011—, para quien en el ser humano no tiene una inteligencia única, sino una diversidad de ellas, que marcan las potencialidades y acentos de cada individuo. Y lo hacen en términos de fortalezas y debilidades y en toda una serie de escenarios diferentes.

La teoría de Gardner puede resumirse con las siguientes palabras: cada persona tiene por lo menos siete inteligencias, habilidades cognoscitivas, que trabajan juntas, que se mantienen como entidades semiautónomas. Y dentro de ese repertorio, cada individuo desarrolla unas más que otras, con diferentes énfasis, según las culturas y los segmentos de la sociedad en que está situado, y también en función de la herencia recibida. Esas inteligencias las enuncia Howard Gardner como sigue en expresión sintética, que acompañamos, de cosecha propia, con ejemplos personales para cada caso:

- Lingüística. Desde la niñez se manifiesta en la facilidad para escribir, leer, contar cuentos o hacer crucigramas: Ferdinan Saussure y Noam Chomsky.- Lógica-matemática. Se observa por el interés con que se estudian los patrones de medida, las categorías de cualquier fenómeno, y las relaciones más cuantificables; así como por la facilidad de resolución de problemas, juegos de estrategia, y experimentos: Bernard Russell y Ludwig von Wittgenstein.

- Corporal y cinética. Es la aptitud para procesar lo que se siente y se ve a través de sensaciones corporales. Caracteriza a los deportistas y bailarines, y también se percibe en las manualidades trabajos de cerámica, talla de madera, etc.: David Silva y Leo Messi en el fútbol.

- Visual y espacial. Algunos construyen mentalmente sus proyectos con imágenes y tienen especial facilidad para dibujar, diseñar, esquematizar, etc.: Dalí y Picasso.

- Interpersonal. Se percibe por la facilidad de comunicarse bien, lo cual permite a algunos asumir el liderazgo de sus grupos. Generalmente, porque entienden los sentimientos de los demás y practican con naturalidad las relaciones interpersonales: Napoleón y Hitler.

- Intrapersonal. Es la inteligencia relacionada con la capacidad de un sujeto de conocerse a sí mismo: sus reacciones, emociones y vida interior, lo que facilita escribir diarios intimistas: Amiel, estudiado por el Dr. Marañón.

Y por el momento, dejamos aquí la cosa para seguir el jueves próximo. Cualquier observación de los lectores será bienvenida al correo electrónico castecien@bitmailer.net.

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