Por un tratado de supresión total de las armas nucleares

El jueves pasado, día 13 de octubre, publicábamos en esta sección de República.com la Agenda Obama para el desarme nuclear total, examinando sus contradicciones. A lo que agregamos ahora la falta de decisión del presidente de EE.UU. para plantear el referido objetivo con un verdadero modus operandi; que ligue el tratado para poner fin a la amenaza atómica con la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU.

Es preciso el fin del derecho de veto en el Consejo de Seguridad, para avanzar a la supresión de las armas nucleares. Un objetivo muy difícil de conseguir, lo cual no es óbice para señalar que el tiempo apremia. Lo cual obliga, con los precedentes de la Comisión Blix de 2007 y de la propuesta de Bank Ki-moon, a buscar un acuerdo de desarme, que sería cada vez más difícil, si una serie de países continúan avanzando el armamentismo atómico, como sucede con Israel, Pakistán o India; y con posibles nuevos Estados nucleares al estilo de Corea del Norte e Irún. En tanto que algunos emergentes, están entrando en una auténtica carrera de rearme convencional altamente sofisticado.

En el cuadro adjunto, figura el ranking del gasto militar en el mundo, que da una primera idea del fortísimo dispendio conjunto de los seis países principales según sus presupuestos de defensa: 1,04 billones de dólares (de doce ceros). Con un predominio más que claro de EE.UU. y un crecimiento superrápido de China; en ambos casos, con serias dudas sobre la exactitud de sus cifras. En el caso de EE.UU. no se incluye todo lo habilitado para las guerras de Afganistán e Irak (de un coste total en torno a tres billones de dólares entre 2001 y 2011). Y en lo que a China concierne, los precios unitarios son mucho más bajos que en EE.UU. Debiendo señalarse que el cuadro no refleja la calidad de los armamentos que, sin duda, tienen el más alto nivel tecnológico de EE.UU.

Los referidos volúmenes de gastos militares suponen un freno para otras actividades públicas perentorias en los países indicados: sanidad, educación, seguridad ciudadana, justicia, I+D, y en general bienestar social e innovación; al dedicarse más del 2 por 100 del PIB en todos los casos, con situaciones extremas para EE.UU. y Rusia. Potencias en las que el gasto militar es de más del 4 por 100 del PIB, algo que, como es notorio, influye negativamente en los equilibrios económicos de ambos Estados. Sólo en Japón hay un límite cuasiconstitucional (hasta ahora …) al gasto en defensa, que no puede superar el 1 por 100 del PIB.

Por otra parte, y a efectos comparativos, debe recordarse que en 2010, el total de la ayuda oficial al desarrollo, de los más desarrollados a los países del tercer mundo no superó el nivel de los 100.000 millones de dólares. En otras palabras, en armamento, municiones y otros gastos de Defensa de los seis países con mayores gastos militares, resulta ser diez veces lo que se canaliza a favor de la extrema necesidad de los países en vías de desarrollo. En definitiva, se trata de encontrar un futuro sin armas ni guerras, y mucho más solidario desde los más ricos a los más pobres.

Para un acuerdo de este tipo, cabe la posibilidad que un país o grupo de países que aspiran a la paz y la distensión y que no tienen aspiraciones hegemónicas puedan plantearse la idea de presentar un proyecto ad hoc ante las Naciones Unidas. Que subsiguientemente debería ser la fuerza convocante de un Grupo de trabajo para esbozar el proyecto de la ONU de supresión de armas nucleares.

Después, ese texto habría de estudiarse por el Club Nuclear de los Cinco (EE.UU., Rusia, Reino Unido, Francia y China), cuyos miembros, con toda seguridad tendrán objeciones para aceptar una idea así. Para resolver lo cual, EE.UU. y Rusia podrían actuar conjuntamente, en continuidad de su colaboración en una serie de tratados de reducción de armas nucleares, desde el SALT de 1972 al nuevo START-2010.

Logrado un acuerdo EE.UU./Rusia, el tándem de las dos primeras potencias nucleares, habría de plantear la cuestión a China, como nuevo gran poder económico ya con considerable arsenal atómico. Y acto seguido, con todos los prolegómenos que sean necesarios, en el marco de la UE debería abrirse un debate para que el Reino Unido y Francia abordaran una posición conjunta próxima a las tres mayores potencias nucleares. Los demás países nucleares ya citados no tendrían más remedio que seguir la misma senda.

En pocas palabras, lo primero es convencer al Club Nuclear de los Cinco. Y para ello resultará decisivo que surja la propuesta del 71,5 por 100 de la población mundial, de 188 países –de los 193 que forman las Naciones Unidas— que no son miembros permanentes en el Consejo de Seguridad.

En síntesis, si vis pacem, para pacem. Contra el viejo aforismo de si vis pacem, para bellum, hay que prepararse para la paz. Esa es la mayor responsabilidad para todos los ciudadanos de hoy: “la más alta ocasión que podrán ver los siglos”, parafraseando al clásico (of course, Miguel de Cervantes).

Para cualquier observación, ampliación, objeción o muestra de aprecio, como siempre castecien@bitmailer.net. Hasta la próxima.

3 comentarios
  1. Juan Carlos says:

    Si no fuera por que el mismo se encargo de espetar a otras personas ser hijos de sus padres, tu razonamiento seria justo. Pero no lo es. Y no lo es por que este personaje le espetó a otras personas ser hijos de sus padres y cómo eso les condiciona o ha condicionado. Igual que le condiciona a el. Esta muy mal no aplicarse los mismos argumentos que los que aplica a sus adversarios.

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    • An Lórez says:

      y ¿Concrétamente cuando y a quién a espetado ser hijo de su padre?. Tendrás algún dato. Algún link o algo para corroborar lo que dices ¿no?

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  2. Andres Cutillas says:

    juan carlos hay que ser miserable para acusar sin datos, pero ya sabes critica que algo queda.....

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