Entre Aristófanes y Esquilo, entre la comedia y la tragedia: ¿Qué está pasando en Grecia?

II. Instituciones europeas, posible quiebra griega, la única salida

La semana pasada, ante la fuerte tormenta financiera suscitada por las dudas sobre la posibilidad de Grecia de mantenerse dentro del euro, hacíamos unos primeros comentarios. Relacionando la crítica situación con dos importantes dramaturgos helénicos del siglo IV a.d.C., para poner de relieve que estamos moviéndonos entre la comedia de griegos que posiblemente no quieren pagar, y la tragedia de lo que puede suceder en Europa si no paga.

También veíamos la interferencia USA, con un discurso de Obama imputando a Europa parte de los arduos problemas financieros norteamericanos, cuando éstos se gestaron a conciencia por las políticas seguidas durante la Administración Bush y también las del propio primer presidente afroamericano de EE.UU.

Hoy retomamos la cuestión, para poner de relieve que la crisis financiera griega lejos de haber amainado, se ha exacerbado en los últimos días. Las renuencias a incorporarse al segundo plan de rescate por parte de Finlandia y Austria, son graves. Como también lo es el hecho de que Alemania, al igual que el FMI, quiera tener todas las garantías de que Papandreu no solamente cumplirá con la palabra ya dada, sino que ajustará aún más la economía de su país; ya en dramática situación por los recortes de gasto público y la mayor presión fiscal, sin ningún síntoma de recuperación en el PIB.

En esta tesitura, aún cabe la gran sorpresa: que el propio Papandreu, dándose cuenta de que no es suficientemente creído, lo cual retrasa las transferencias de perentoria necesidad provenientes de la UE y el FMI, pueda declarar, en un momento dado, que su país se retira del euro, para readoptar el dracma como moneda nacional. Es una hipótesis difícil de aceptar, pero no totalmente descartable; habida cuenta de que las ayudas financieras prometidas se demoran más y más, en paralelo a un declive generalizado de todas las constantes de la economía de la antigua Hélade.

La salida de Grecia del euro en quiebra desordenada, como se dice ahora en los informes sobre el tema, permitiría que el país renegociara sus deudas, planteando una drástica quita de capitales, al menos del 50 por 100, la suspensión del pago de intereses por un plazo seguramente no menor de tres años, el alargamiento de los vencimientos, e incluso la posibilidad de convertir toda la deuda resultante, después de recortada y achatada, en títulos perpetuos con bajo interés.

Esa alternativa que tiene Papandreu en sus manos —por mucho que en el Tratado de Maastricht y en el de Lisboa no se prevea la separación de un país socio del Eurosistema—, es imperfectamente viable. Porque estando claro en el Tratado de Lisboa, por primera vez, que un Estado miembro puede separarse de la UE, cabe aplicar aquel aforismo que dice “el que puede lo más, puede lo menos”. Esto es, si uno se retira de la UE, lógicamente, tiene que ser aceptado que se marche de su sistema monetario.

El problema está en saber qué pasaría si Grecia se marchara del euro. Para empezar, el dracma tendría que ponerse en funcionamiento con un tipo de cambio sobre el euro muy devaluado; por comparación con el que se fijó en el momento de incorporarse al mismo, con un recorte de por lo menos un 30 o un 40 por 100. Lo cual significaría una enorme pérdida del poder adquisitivo de los griegos, aparte de que habría de establecerse un corralilto para restringir la extracción de dinero de las cuentas bancarias. En pocas palabras, la demanda se vendría abajo, y la recesión alcanzaría niveles insoportables, con toda clase de disturbios y problemas.

Para los países acreedores de la República Helénica, la situación sería patética: los grandes bancos franceses y alemanes, entrarían en situación de crisis por la desvalorización de sus carteras de títulos de deuda emitida desde Atenas, ante la incertidumbre de su posible recuperación. Y en la casi total seguridad de la quita ya comentada, sería necesario recapitalizar de sus bancos con un esfuerzo financiero más que gravoso.

Por otro lado, ante el episodio griego, sucedería que la prima de riesgo respecto a la obligación alemana de diez años (el Bund), rompería todos los niveles al alza en los casos de Italia, España y también seguramente Francia y Bélgica. Con el resultado de una dificultad creciente para obtener créditos en los mercados de capitales a precios razonables. Lo que definitivamente llevaría a situaciones de nuevos rescates en la Eurozona, si es que para entonces resulta factible habilitar tales procedimientos; cuando los fondos del sistema provisional de estabilidad financiera de la Unión son más que limitados. Por lo demás, la ayuda que pudiera gestarse en directo con el FMI, ofrecería toda clase de dudas, pues el Fondo impondría, a no dudarlo, condicionalidades muy fuertes.

Todo el repaso anterior de posibles consecuencias de una retirada de Grecia del euro, nos llevan a la conclusión de que sería una operación catastrófica, no solamente para los helenos sino para también los demás europeos, con efectos muy serios en toda la economía mundial. Por ello mismo, la única salida, de momento, es que el Eurogrupo “se ajuste los machos”, y resuelva en muy pocos días, otorgar a Grecia, definitivamente y con toda rapidez, los recursos ofrecidos con el segundo paquete de rescate que hasta ahora ha venido reteniéndose. Esa decisión, significaría, más que nada, comprar tiempo para calmar los mercados, que se retroalimentan en su dramatismo con sus propias premoniciones agoreras. Adicionalmente sería necesario pensar en cómo recomponer la situación con el resto de la comunidad internacional. Y no solamente desde el lado de los bancos centrales (EE.UU., Inglaterra, Japón, Suiza y BCE) que ya están transfiriendo liquidez ilimitada a los sistemas bancarios, sino también el propio Banco Central de China y otros países emergentes, por la cuenta que les tiene. De no ayudar a salvar la situación global, esos países sufrirían el duro castigo de la caída de sus exportaciones —manufacturas en China y energía y materia primas mayoritariamente en el resto—, que se vendría abajo con un contagio inesperado de recesión para los que ahora navegan a tipos de crecimiento por encima del 6 o el 7 por 100 del PIB.

En resumen, como dice la sabiduría popular, “el remedio puede ser peor que la enfermedad“, pero en este caso, la crisis de salud mundial que produciría Grecia si se marchara del euro, sería mucho más grave que el más dificultoso de los remedios.

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