Entre Aristófanes y Esquilo, entre la comedia y la tragedia: ¿Qué está pasando en Grecia?

I. SITUACIÓN DESPUÉS DE DOS RESCATES

Estamos viviendo en medio de todo un torbellino financiero que empezó en el 2010 y lleva camino de convertirse en un culebrón de lo más largo. Es el caso de Grecia, que ingresó en la Eurozona en 2003, utilizando toda una serie de estratagemas y datos poco fiables sobre la aplicación de los criterios de convergencia del Tratado de Maastricht;  ya se sabe: bajo déficit fiscal, poca inflación, tipos de interés reducidos, deuda pública por debajo del 60 por 100 del PIB, y estabilidad monetaria.

Después, vinieron los Juegos Olímpicos de 2004, con toda suerte de complicaciones y toda clase de dispendios, hasta crearse una situación de déficit galopante y emisiones de deuda cada vez más costosas, durante el mandato del Sr. Karamanlis, a quien sucedió Georgios Papandreu que está tratando, con un estoicismo admirable resolver una cuestión de verdadera pesadilla. Más concretamente, por el hecho de que Grecia se convirtió en el primer paciente de Eurolandia, cuando todavía su unidad de cuidados intensivos, la UCI, no estaba ni siquiera creada para atender las primeras dificultades del Eurosistema.

Grecia, siempre entre Aristófanes y sus comedias, y Esquilo y sus tragedias. Dos personajes singulares del siglo IV a.d.C., el mejor tiempo de la Helade clásica de Pericles, que ahora tienen sus reflejos casi 2500 años más tarde, en una situación que cabe calificar de in extremis. A pesar de que en el 2010 hubo una primera operación de rescate importante, por el fondo provisional de estabilidad de la Eurozona, a lo cual se unió un segundo rescate, mucho mayor en el 2011.

En esa concatenación de episodios y propósitos de solución de tantas dificultades, puede decirse que el sistema euro no ha funcionado ni con suficiente capacidad de decisión ni con verdadera diligencia. De modo que semana tras semana, y mes tras mes, estamos pendientes de lo que sucede en Grecia, cuyo Gobierno, actualmente, no tiene asegurado el pago de los salarios de los empleados públicos y de la Seguridad Social sino hasta el próximo mes de octubre solamente.

Es muy fácil decir en este momento que Grecia no debería haberse incorporado nunca al Eurosistema. Y también resultaría muy cómodo denunciar una vez más a las entidades auditoras que dijeron que todos los documentos facilitados por Grecia estaban en orden y eran fidedignos, que los Criterios de Maastricht los cumplían los helenos en lo esencial. Cuando la realidad es que las cuentas griegas, antes y después de los Juegos Olímpicos, son un saco inmenso de sapos y culebras.

El endeudamiento de todo el sistema financiero en la mayor parte de los países de la Unión Europea hizo que no solamente fuera Grecia la nación enferma del euro. A poco de su rescate, vino el de Irlanda, que se había convertido en el tigre celta favorecido por las multinacionales, con bancos que garantizaban el 100 por 100 de los depósitos. Con la circunstancia de que cuando esas multinacionales empezaron a languidecer, todo comenzó a moverse como un castillo de naipes. Luego vino el caso de Portugal, que todavía está en trámites, para ulteriormente evocarse la posibilidad de que otros países con la misma moneda común pudieran entrar en situación difícil.

Eso es lo que en cierto modo anunció el pasado martes 13 (la fecha y el día no podían ser peores), el Presidente Obama, en un discurso absolutamente impresentable. En el que vino a culpar a España e Italia de las dificultades financieras por las que atraviesa EE.UU., algo increíble a primera vista: que dos países medianos, tirando a menores, puedan influir en las finanzas de un gigante de la categoría de la Unión norteamericana.

La explicación de semejante exabrupto, podría estar en que Obama tiene más problemas de los que puede resolver o incluso paliar: dos guerras en marcha sin haber conseguido en ninguna de ellas la victoria, y menos aún la pacificación; una deuda pública federal mayor que el PIB y que solo a trancas y barrancas ha conseguido asegurar en su financiamiento después del trauma que pasó por el Congreso antes y durante el verano; un sistema financiero en dificultades, a pesar de las ingentes ayudas del Sistema de la Reserva Federal, hasta el punto de que el Bank of América, el más importante de EE.UU. sólo está saliendo de sus atolladeros merced a decisiones de Warren Buffet de apoyarlo con sus inmensos recursos; amén de un paro que supera el 9 por 100 de la población activa y que con medidores europeos estaría en la cota del 15 por 100. Muchos problemas, pues, una reelección incierta y como consecuencia, un Obama que tira balones fuera, y echa la culpa de lo que pasa dentro de su país a otros que están fuera de él.

Volviendo al tema principal, si traemos a colación a Aristófanes y a Esquilo es porque los griegos siguen siendo muy comediantes y muy trágicos a la vez. Según algunos testimonios, la república de los helenos dispone de 350.000 millones de euros en activos estatales, que podría vender; siendo su deuda global del mismo tenor. Por lo que cabría una ecuación de cambio para resolver los problemas. Si bien es cierto que esa venta de activos tendría que ser gradual y que las valoraciones de otro tiempo seguramente no son las de ahora.

En cualquier caso, sobre Grecia pesa la acusación que teniendo una cierta solvencia a plazo, prefiere no pagar ni ahora ni después todo lo mucho que debe. Y que por ello mismo, está planteando, a término medio, una reestructuración de su deuda; para reducirla a menos de la mitad, a base de quitas en el capital, recortes en los tipos de interés, con vencimientos más largos.

Pero aparte de lo que diga el primer presidente afroamericano de EE.UU. y de lo que estén voceando los griegos en sus teatros aristofánicos y esquílicos, lo cierto es que en estos precisos momentos, tan perentorios, la responsabilidad del caso, reside en la propia Eurozona y en el Fondo Monetario Internacional. Porque si la crisis griega, en vez de resolverse con un apoyo decidido en los próximos días, se tuerce y acaba en una quiebra desordenada, el pandemónium en la Unión Europea será inenarrable. Por eso tiene tanta importancia lo que las autoridades monetarias del euro y del FMI vayan a hacer en los muy próximos tiempos. Un tema al que dedicaremos la próxima entrega de este artículo.

En cualquier caso, y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.com en castecien@bitmailer.net.

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