Keynes revisitado

El presente artículo para republica.es, es una reconfiguración del prólogo que he escrito en estos días para un libro sobre John Maynard Keynes de gran interés. Espero que los lectores de republica.es compartan mi opinión.

Ni con leyes ni con decretos, ni con las pretendidas mejoras en la política económica por los sabios de turno, se han erradicado las grandes fluctuaciones económicas. A las que hace más o menos 3.000 años se refería el Génesis, tras exponer con meridiana claridad la secuencia de ciclos de siete años de vacas gordas, seguidos de otros tantos de vacas flacas. Y es que los ciclos –sobre los cuales tanto y tan bueno escribiera Joseph Schumpeter—, se resisten a hacer mutis por el foro, y así lo estamos viendo ad nauseam en el trance actual de la Gran Recesión iniciada en 2007; que está generando un grave deterioro económico que cada vez recuerda más el duro escenario de la Gran Depresión (1929/39).

Precisamente en aquellos tiempos John Maynard Keynes (JMK) engendró sus principales contribuciones teóricas, al presentar por primera vez al mundo su General Theory en 1936; y de la cual tengo la primera edición, en un ejemplar que compré de viejo cuando estudiaba en la London School of Economics por los años 1954 y 55.

Se dice que las proposiciones keynesianas de 1936 no estaban elaboradas con suficiente detalle como para constituir por sí solas un nuevo corpus generalis de análisis económico. Pero sí que bastaron, y aún más, para abrir el camino a nuevos avances de la Teoría Económica, incluyendo el estudio fructífero de los más arduos problemas de mantenimiento de la demanda global y de apoyo a las inversiones públicas, para sortear la depresión recurriendo al déficit spending.

En el sentido apuntado, cabe decir que si bien enraizadas en la versión marshalliana de la Economía Neoclásica, las teorías keynesianas mostraron desde el principio una tendencia fuertemente original, por no decir heterodoxa. Pero ni el mismo JMK se dio cuenta de la ruptura de la sacrosanta tradición, hasta escribir su obra última y más importante, en 1936.

La evolución de las ideas keynesianas, examinadas ahora retrospectivamente, constituyen un proceso de continua reformulación conducente a algo completamente nuevo. Y no sólo por la Teoría General, sino por el papel de JMK en la política económica de guerra del Reino Unido, y por sus posicionamientos en 1944, al crearse el FMI. Cuando defendió la postura pionera de ir a una moneda global (el bancor), que tuvo la más absoluta contra por parte del jefe de la Delegación de EE.UU., Mr. E.H. White, quien más o menos vino a decir: Prof. Keynes, esa moneda global ya existe, es el dólar; y el banco mundial de emisión a que Vd. se refiere, también: es nuestro Sistema de la Reserva Federal.

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Setenta y cinco años después de la Teoría General, podemos discutir sobre la conveniencia de estimular la demanda y generar inversiones multiplicadoras, para crear nueva actividad económica durante las fases recesivas del ciclo –política keynesiana–, frente a la actitud de contención del déficit basada en el equilibrio presupuestario clásico. Pero, en cualquier caso, ningún economista puede negar la relevancia científica de las ideas de JMK, cuya aportación dio lugar a la Nueva Ciencia Económica, tal como se la llamó durante los años de 1940 a 1970. Y como postura en contra, no estará de más recordar a Mr. Mellon, el Secretario del Tesoro de EE.UU. durante la presidencia de Herbert Hoover (1929/1933), cuando dijo aquello de: ¿Qué cae la Bolsa? ¿Bueno y qué? ¿No es un juego? Pues ¡qué cada palo aguante su vela! Así empezó realmente la Gran Depresión, cuando las autoridades económicas se inhibieron para que los mercados funcionaran libremente.

Con una vida apasionante, globalmente hablando, John Maynard Keynes fue un defensor inteligente de la perpetuación del capitalismo en tiempos de zozobra tan agitados o más que los actuales. Y conforme a sus concepciones ¡qué extraordinaria película no podría hacerse de la vida de Keynes! Y si Vds. me guardan el secreto, esa película se la propuso el autor de este prólogo a Oliver Stone, en carta de la que todavía no hay respuesta. ¿No hicieron un filme sobre John Forbes Nash (Premio Nobel de Economía de 1994), titulado “Una mente maravillosa”? Bueno, pues sin ofender a nadie, el filme de Keynes podría llamarse “una vida maravillosa”: la de un profesor, político, viajero, gourmet, escritor, amigo de las artes, conversador con Churchill y Roosevelt, mentor principal del Círculo de Bloomsbury, y marido de la gran bailarina rusa Lidia Lopokova.

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Volviendo ahora a la doctrina: los tiempos han cambiado y las condiciones de la economía también, con una evidente recuperación de las ideas de Keynes para hacer frente a la actual situación económica, en contra de opiniones antagonistas. Con posiblemente más de lo segundo que de lo primero, al calor de la nueva ortodoxia económica dominante; aun cuando, por lo general, consciente o inconscientemente, se emplean elementos claves del esquema analítico aportado por el gran maestro de Cambridge. Por lo demás, la cuestión crucial hoy es: ¿estabilizar? Sí, desde luego. Pero si la estabilización induce una nueva onda recesiva, dónde originamos las bases de un crecimiento necesario para salir del marasmo económico.

Evidentemente, la recuperación del keynesianismo no puede ser general ni completa. En la Unión Europea prevalece el factor estabilidad de precios, y los países de la Eurozona deben atender a una serie de compromisos económicos y financieros, para hacer honor a los Estatutos del Club. Por otra parte, los resortes de la economía de mercado en un mundo en globalización (Keynes pensó sobre todo en economías cerradas), hoy no pueden sustituirse por virtualmente nada, salvo por productividad, competitividad e I+D+i. Pero con todo, la reconsideración de las ideas de Keynes, continúa sirviendo como auténtica lección de humildad para quienes menosprecian la antes señalada necesidad de salir de la depresión.

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En el libro que tienes en tus manos, querido lector, “Relación entre distribución de la renta y crecimiento en el pensamiento de Keynes”, de Salvador Pérez Moreno, se configuran una serie de ideas para analizar, de manera clara, sencilla, e incisiva, con auténtico rigor científico, muchos de los vericuetos (whereabouts que dicen los anglosajones) de la economía en el momento actual. En particular, en torno a la relación entre crecimiento y distribución de la renta, a la luz de las teorías keynesianas, y opino que obras como la presente permiten al lector adentrarse en el corazón de la Ciencia Económica. Para entrar en la disciplina de la mano de un discípulo ex post (el propio Salvador), del mayor de los economistas del siglo XX; aplicando analíticas para comprender la complejidad del funcionamiento económico y extraer enseñanzas con las cuales contribuir a un mundo mejor.

Y para terminar, quiero decir que pocas veces he encontrado a una persona como Salvador Pérez Moreno –Profesor Titular de Teoría Económica en la Facultad de Ciencias Económicas de Málaga, donde yo fui Catedrático por primera vez en 1968/1971—, que tan entrañablemente viva dentro de la Ciencia que él cuida; de la que aprende, y a la que ya contribuye desde hace tiempo, con trabajos de los que hoy presentamos el más reciente.

A todo lo anterior debo agregar que a Salvador y a mí nos une un eslabón más que darwinista: la persona del Doctor en Economía (aparte de otras y muy buenas profesiones y aficiones) Luis Ramírez Beneytez, que ex abundantia cordis nos ilumina a Salvador y a mí con la sapiencia de sus escrituras.

Como en un libro inolvidable –sus Memorias, “Desde la última vuelta del camino”— dijo una vez Pío Baroja, al prologar a Salvador Pérez Moreno, y hacerlo para su portuaria Málaga vital, cabe decir, como el navegante de un velero: “¡suelta la estacha, marinero, zarpa ya, y pon rumbo a mares lejanos… y que los vientos te sean propicios!”.

Y como siempre, tras la pausa estival, quedo a disposición de los lectores de republica.es para cualquier clase de opiniones, objeciones, complementos, disertaciones, etc. En castecien@bitmailer.net

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