¿Adónde vamos?: Condición humana y destino

II. El futuro humano: muerte del planeta…?

Mis dilectos lectores de República.com, recordarán que el pasado jueves se publicó en este ciberdiario la primera entrega de un artículo mío titulado “¿Adónde vamos?: condición humana y destino”; un texto en el que veíamos las respuestas que pueden darse a la anterior pregunta, en sentido optimista, pesimista e intermedio.

Seguimos hoy con la serie, para ir examinando cómo dentro de las posibilidades del planeta que habita la especie humana, figuran la muerte de la vida en el mismo; como también ha de tomarse en consideración la conquista del universo por la humanidad. Temas, los dos, que abordamos en esta segunda entrega.

Ya en su momento, Isaac Newton intentó dar una respuesta a la cuestión de adónde vamos. Y no a base de la incidencia de la om­nipresente fuerza de la gravedad, sino intentando desentrañar los mensajes ocultos de la Biblia. Así, en sus Escritos Secretos, que destilan erudición hermenéutica, centró sus indagaciones en el Apocalipsis de San Juan; con la siguiente predicción: los sucesos más dramáticos anunciados por el evangelista se materializarían en 2060. De aquí a poco, pues…

En esa línea apocalíptica (o de la Revelación, como traducen los anglosajones la palabra griega, que nosotros mantenemos incólume), el astrónomo Philip Plait sostiene la idea de que a la Tierra le aguarda su Apocalipsis, con un final incluso más  violento que el previsto en las Escrituras. Si bien reconoce que nuestro mundo vivirá mucho tiempo; evitando impactos de meteoritos, rayos gamma y efectos de supernovas que pudieran llegarnos. Pero al final, la destrucción total será ineluctible.

En sus predicciones, Philip Plait combina escenarios muy alarmantes, que parecen extraídos de relatos de ciencia ficción, lo que combina con investigaciones y opiniones de expertos para ilustrar, a su manera por qué el porvenir va a ser tan implacable. Aunque es cierto que admite sistemas de defensa frente a tales macro-riesgos, destacando la función primordial de la pequeña sonda espacial WISE (literalmente sabio, y al tiempo sigla inglesa de Wide-Field Infrared Survey Explorer), una auténtica cazadora de imágenes de asteroides y principal vigilante espacial de la Tierra. Lanzada que fue al espacio el 14 de diciembre de 2009 desde la base aérea de Vandenberg (California); como respuesta de la NASA a las voces que criticaban la escasa atención que la agencia había prestado hasta ese momento a la protección del planeta de las amenazas exteriores indicadas.

Desde entonces, WISE ha detectado alrededor de 30.000 nuevos asteroides –un centenar de ellos cercanos a la Tierra pero que no presentan peligro inminente—, así como 19 cometas no avistados antes. Además, se han espiado cientos de posibles enanas marrones (masas subestelares incapaces de mantener reacciones nucleares continuas de fusión del hidrógeno en su núcleo), y galaxias luminosas. En total, en sus primeros nueve meses en el espacio, la sonda captó 1,8 millones de imágenes, para crear un catálogo de millones de objetos celestes que analizan los astrónomos en la idea de prevenir los posibles riesgos que nos acechan en lo que parece una zona comparativamente tranquila de la Vía Láctea.

Otra forma de terminación de la vida en el planeta Tierra es la que plantea Heinz R. Pagels en su libro El Código Cósmico (1982); la entropía, concepto, derivado de la segunda ley de la termodinámica, que mide “el grado de desorden de un sistema físico cerrado”. En ese sentido, el aumento de entropía se manifiesta que cualquier cosa acaba rompiéndose; los edificios, si no se mantienen, llegan al estado de ruina; y los propios humanos, a pesar de los progresos de la Medicina, envejecemos y morimos. Y lo mismo podría sucederle al planeta Tierra por la degradación de su atmósfera a causa de las emisiones de gas de efecto invernadero, y por el continuo deterioro de su biosfera. Pero también en este caso hay contramedidas como las que están diseñándose con dos convenciones marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y Biodiversidad.

Lo que en cualquier caso está claro es que Pagels no fue víctima de la entropía: la muerte le llegó en un accidente escalando en las Montañas Rocosas, tras una premonición espeluznante, hecha concretamente al final de su citado libro El Código Cósmico, escrito seis años antes. La reproducción de ese texto, merece la pena:

A menudo sueño que me precipito al abismo, algo típico de gente ambiciosa y escaladora de montañas como yo mismo. Siendo el caso que al empezar la última de mis caídas oníricas, me agarré a una roca, pero se fue abajo conmigo. Y pronto me di cuenta de que estaba en un descenso muy especial: no tenía fin, no había fondo. Lo cual fue llenándome de un sentimiento de placer, y en un momento dado, supe que mi yo, el principio de mi propia vida, no podía destruirse, porque estaba inscrito en el código cósmico. Al continuar cayendo en el obscuro vacío, abrazado por la bóveda de los cielos, canté a la belleza de las estrellas, e hice mis paces con la obscuridad.

Tras esa poética y dramática evocación, cabe intentar una síntesis: la Tierra podría convertirse en inhabitable de muchas maneras, pero también es verdad que la civilización humana dispone de medios cada vez mayores para afrontar tales eventualidades y garantizar que continúe la estirpe humana con toda su propia evolución futura. Además, existe otra posibilidad de perpetuación de la especie humana que pasamos a ver.

III. ¿CONQUISTA DEL UNIVERSO?: AGUJEROS DE GUSANO

Si la Tierra se viera amenazada y se tuviera la seguridad de que va a ser destruida, o simplemente si el progreso llegara al nivel necesario: ¿cabría la posibilidad de salir, para perpetuar la especie en algún otro lugar del universo? O dicho de otra forma: ¿será factible un día que el hombre viaje en el futuro a lo más profundo del cosmos que conocemos sin el límite einsteniano de la velocidad de la luz?

Para relativizar tales preguntas, cabe recordar que en materia de viajes espaciales, de momento, lo único que tenemos a la vista, después de la aventura de los satélites artificiales desde 1957 y la conquista de la luna entre 1959 y la década de 1970, es el viaje al planeta Marte, distante de la Tierra en su máxima aproximación 56 millones de kilómetros equivalente al 37 por 100 de una unidad astronómica (150 millones de kilómetros; lo que nos separa a la Tierra del Sol como media). Sobre el tema, el cosmonauta soviético Alexei Leonov se expresó en términos muy cautos:

Pregunta (P).– En Rusia hay un grupo trabajando en un viaje simulado, el Mars 500.

Respuesta (R).– Es un experimento para probar la resistencia psicológica humana a efectos de un largo viaje, pero no sabemos nada del sistema de protección de la vida en un vuelo a Marte. Una cosa es hacer un experimentos en la Tierra y otra bien distinta es vivir sin gravedad durante dos años…

P.– ¿Cree que el ser humano podrá colonizar otro planeta?

R.– El único posible de colonizar en el Sistema Solar es Marte. Para llegar a planetas de otras estrellas, habrán de pasar 500 años, cuando quizá ya se tengan naves capaces para ello. Pero Marte está cerca, e incluso allí tendremos mejores condiciones para vivir que en la Luna.

Menos optimistas que Leonov es Martin Rees —profesor de Cosmología y Astrofísica de la Universidad de Cambridge y ex presidente de la Royal Society, que en un artículo publicado en el número de mayo de 2011 en la revista Prospect, afirma que organizar un viaje al planeta rojo es tarea tan compleja y cara, que la única posibilidad de hacer realidad un sueño así, consistiría en enviar misiones tripuladas sin billete de vuelta. Los astronautas se quedarían a vivir allí y pasarían a la historia como auténticos héroes. Esa misma propuesta la defienden Buzz Aldrin, el segundo astronauta que pisó la Luna, y el cosmólogo Paul Davies. Ambos sostienen que sólo así resultaría viable simplificar la expedición, reduciéndose el consumo de combustible merced a naves de menor potencia y llevando sólo carburante para la ida y no para el regreso. Sin embargo, por mucho que el trío mencionado subraye que una misión así no sería suicida, porque no se abandonaría a los astronautas —pasarían en Marte el resto de sus vidas, si bien en permanente contacto con la Tierra—, tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea (ESA) rechazan tajantemente semejante viaje sin retorno: no es pensable por razones éticas.

Para viajes más allá de Marte, algunos físicos, como David Hochberg y Thomas Kephart, sostienen que en un momento dado, la fuerza de la gravedad en el universo primitivo fue lo suficientemente fuerte como para generar gran número de agujeros de gusano auto-regulados; esto es, túneles en el espacio-tiempo suficientemente grandes como para desplazarse por ellos a otras partes del universo, haciendo el trayecto más rápidamente que la luz al viajar fuera del espacio – tiempo.

La existencia de los mentados agujeros de gusano es altamente especulativa, pero si existiera un número importante de ellos —formando una red de corredores a lo largo y ancho del universo— algunos piensan que resultaría factible viajar superando la velocidad de la luz. Y si efectivamente se resolvieran los arduos problemas tecnológicos para navegar por tales conductos, se cumpliría el lema bíblico del creced y multiplicaos del Génesis; que ya no se referiría a los confines de la Tierra sino al universo entero.

Pero respecto las posibilidades de los viajes a través de agujeros de gusano, hay visiones muy críticas. Eso es lo que plantea el astrofísico español Sebastián Sánchez al decir que “no pueden confundirse las especulaciones teóricas, con la capacidad real de llevarlas a cabo. De existir realmente, los agujeros de gusanos, serían similares a los agujeros negros, que van siendo conocidos; esto es, adimensionales, imposibles de expandir espacialmente, y muy difícil de ser controlados. En ningún caso podíamos enviar materia a través de ellos, y menos aun forma viva; es algo físicamente imposible”. La controversia, sin duda, seguirá, pero en cualquier caso, parece claro que los viajes interestelares serán harto difíciles.

En resumen, queridos amigos de República.com, estamos abocados a incertidumbres durante largo tiempo, lo cual es, precisamente, uno de los aspectos fundamentales de la condición humana. Seguiremos, pues la semana próxima con el tema que nos ocupa, y como siempre, quedo a la disposición de todos los lectores, en castecien@bitmailer.net

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