Ciencia y religión III

Ateos militantes y conversos consistentes

Lejos de la armonía religión/ciencia de otros tiempos según vimos en la primera (19.V.2011) y segunda (26.V.11) entregas de este artículo, y muy distantes de los discursos conci­liadores que examinamos en ellos, hoy se acercan a nuestra columna el zoólogo Richard Dawkins y el físi­co Steven Weinberg. Quienes consideran la religión como verdadera enemiga de la racionalidad y del progreso.

Nadie puede negar a nadie el derecho a considerarse ateos. Pero otra cosa es el pintoresquismo en que incurrieron los dos citados científicos con ciertas campañas pu­blicitarias en Londres en 2009. Con el lema “Probablemente, Dios no existe. Disfrute de la vida”. Lamentable en verdad; porque si su ateísmo acepta el probablemente, es por la sencilla razón de que carecen de pruebas sobre la inexistencia que tanto pregonan. Al tiempo, se recomienda disfrutar de la vida, porque se supone que Dios no existe. Y uno se pregunta ¿qué más le dará a Dios que unos y otros se diviertan o no?

Después de esa campaña ateísta, Dawkins y Winberg, convocaron en Melbourne, en marzo de 2009, una Con­vención Global Atea, que no tuvo el éxisto que ellos esperaron. Y ulteriormente Dawkins, llegó a lo grotesco en 2010, cuando empezó a organizarse la visita del Papa Benedicto XVI al Reino Unido. Preparada detalladamente por el Gobierno británico y el Vaticano, con actos a celebrar para la beatificación del Cardenal Newman.

Aquella era una gira peligrosa para el Papa, al coincidir con toda la larga estela de escándalos de pederastia dentro de la Iglesia Católica. Lo que para mayor inri condujo a Dawkins y a otros a la idea de que el sucesor de Pedro en el Vaticano debería ser juzgado en suelo británico. Pero, frente a esa y otras expectativas hostiles, al final la visita papal a la Gran Bretaña supuso una suerte de reconciliación de anglicanos y católicos… y la justicia británica no se hizo eco de las pretensiones de Dawkins y Cía. que quedaron en el más absoluto de los ridículos.

Frente a esos ateos militantes, y siguiendo en esto algunas ideas de Juan Antonio Herrero Brasas, con quien he discutido en varias ocasiones el tema, hay que volver al darwinismo, para criticar su idea de que la supervivencia del más fuerte, es la fuerza exclusiva de la teoría de la evolución, para erigir ésta en fuerza sustancial del ateísmo.

Esa fue una tendencia manifiesta en la segunda mitad del siglo XX, defendida por los teóricos más radicales del evolucionismo y muy particularmente por el astrónomo Sir Arthur Stanley Eddington (1882/1944); quien en 1929, con gran entusiasmo, afirmó que, dado un lapso suficiente, un batallón de chimpancés tecleando al azar durante largo tiempo, acabaría escribiendo todas las obras que hay en el Museo Británico. Pero actualmente, la rama de las matemáticas conocida como probabilística, valiéndose de los últimos avances de la informática, ha demostrado la imposibilidad de la predicción de Eddington. Y con ello, sin pretenderlo inicialmente, ha planteado un imponente reto a la teoría de la evolución.

En la misma dirección, Michael Starbird, de la Universidad de Texas, subraya que según el análisis de probabilidades, resulta imposible que a base de teclear una combinación de 18 caracteres (incluyendo los espacios en blanco), surja de modo fortuito la shakesperiana frase de to be or not to be. Y en la misma línea de cambios de actitud Fred Hoyle, en su Matemática de la Evolución, al no encontrar que el evolucionismo sea explicable por la ciencia más exacta de todas, las mates, hizo un llamamiento –hasta ahora sin respuesta— para progresar en ellas en defensa del ateísmo al que nunca quiso renunciar.

Precisamente son esos y otros descubrimientos en materia de probabilidades y de física, los que están generando entre algunos pensadores una auténtica hipótesis científica de la existencia de un poder o inteligencia supremos, que estaría en la línea del concepto de Dios. Ese es el caso de Anthony Garrard Newton-Flew (1923-2010), que sirvió en la RAF durante la Segunda Guerra Mundial, y que estudió japonés para incorporarse al Servicio de Inteligencia de la propia RAF hasta el cese de hostilidades en 1945. Después, se graduó y doctoró en Oxford, y trabajó allí como profesor de Filosofía Moral, asentándose más tarde en la Universidad de Keele, Staffordshire, donde permaneció hasta su retiro académico en 1983.

Flew fue un gran defensor del ateísmo durante la mayor parte de su vida. Sin embargo, el año 2000 comenzaron los rumores sobre su conversión, en razón a que “los hallazgos realizados durante más de cincuenta años de investigación del ADN, sirven de base para nuevos y poderosísimos argumentos a favor del diseño del ser humano”. Muy en confluencia con lo que le sucedió, según vimos la semana pasada, a Francis S. Collins, el director del Proyecto Genoma.

Así las cosas, en 2004 Flew confesó su cambio, en el libro There is a God, en el que explicó en detalle su nueva visión, refiriéndose no a un Dios bíblico, sino a la existencia de algún tipo de estructura superior conforme a cuyos principios se creó el universo, con un código para su posterior evolución. Ciertamente, ese giro total despertó toda clase de reacciones, e incluso llegó a decirse que Flew no era el autor verdadero del citado libro, sino que lo era su coautor, Roy Abraham Varghese; circunstancia que en varias declaraciones ulteriores, Flew descartó por completo.

Podríamos seguir mucho más con toda la secuencia de las cuestiones sobre ciencia y religión que hemos suscitado durante las últimas tres semanas. Pero lo dejaremos aquí, por ahora, sin perjuicio de volver al tema más adelante. Como siempre, a disposición de los lectores de republica.com en castecien@bitmailer.net.

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