Ciencia y religión.- II Opiniones cruzadas
El pasado jueves 26 de mayo se publica en republica.com la primera parte del presente artículo, en la que veíamos cómo después de una convivencia entre ciencia y religión, las cosas se encresparon en la línea del ateísmo generalizado entre los científicos.
Hoy, siguiendo con el mismo tema, iremos viendo que, sin embargo, ni todos los científicos son ateos, ni ven la religión como recurso último de los ignorantes y desesperados. Hay profesionales de la investigación que se mueven en pro de la armonía ciencia/religión.
Entre ellos, destaca Francisco Ayala, nacido en Madrid en 1933, y que estudió Ciencias Físicas en contra de la opinión de su familia, que quería encauzarle a la Economía o el Derecho. En 1961, ya ordenado presbítero, se especializó en Genética en la Universidad de Columbia, en temas, sobre todo de enfermedades tropicales; habiendo descubierto el hecho histórico de que la malaria en África es «una enfermedad hecha posible por el hombre», pues llegó al continente negro hace sólo unos 5.000 años, por la difusión de la agricultura. Además, abrió el camino para la cura del mal de chagas, una enfermedad parasitaria tropical.
Ayala –que descubrió la evolución a través de Pierre Teilhard de Chardin—, sostiene que «las explicaciones científicas no abarcan a Dios, y que Ciencia y Religión no son antagónicas: la religión trata de la relación del hombre con Dios, la moral, y el sentido de la vida. La ciencia, en cambio, se ocupa del mundo físico y de los organismos». Ideas que expuestas en multitud de escritos y conferencias, valieron a Ayala el Premio Templeton-2010; dotado con algo más de un millón de euros, un galardón que está dedicado a distinguir a quienes construyen puentes entre ciencia y religión. En una entrevista que le hicieron al recibir ese premio, se manifestó así:
- ¿En quién cree más, en Darwin o en Dios?
- No creo en Darwin en absoluto. Si creo en Dios, no es asunto importante. La ciencia es materia de vivencia, en tanto que la religión es de creencia; la fe es afirmar cosas para las cuales no hay comprobación empírica, y la ciencia trata precisamente de encontrar las contrastaciones empíricas.
La fe no puede ocuparse de cuestiones materiales, ni la ciencia debe inmiscuirse en las creencias… salvo que éstas, por aberrantes, sean contrarias a la evidencia. Esa es la tesis que defiende Francis S. Collins, que fue director del Programa Nacional de Investigación del Genoma Humano, y que es Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica en 2001. Fue ateo hasta sus 27 años de edad, pero por entonces le llamó la atención la fuerza de varios de sus pacientes, que en los momentos más difíciles de su salud, en vez de quejarse, extraían fuerza y consuelo de su fe. Eso y otros factores, le llevaron a la conclusión de que realmente pueden operarse milagros, para seguidamente concluir que la ciencia no sirve para refutar la existencia de Dios.
Más adelante, en su libro The Language of God, dio un paso más, al estimar que el genoma humano es demasiado complejo para ser fruto del azar y la necesidad, considerando que hay bases racionales para defender la idea de un Creador. Y en esa misma línea, en función de su gestión al frente del proyecto Genoma Humano, llegó a la conclusión de que las bases del ADN –A, G, C, T—, son la verdadera escritura de Dios, en lo cual inspiró al presidente Bill Clinton.
Con base en sus nuevas percepciones, Collins promovió la Biologos Foundation, desde la cual busca la armonía de la ciencia con la religión; haciendo hincapié en la compatibilidad del cristianismo con los descubrimientos científicos sobre el origen del universo y de la vida.
En términos generales, es bien interesante que en 1997, en un artículo publicado en la revista Nature, se recogieran los resultados de una encuesta sobre las creencias religiosas de los científicos: 40 de cada 100 biólogos, físicos y matemáticos dijeron creer en un Dios al que uno reza en espera de recibir respuesta. Debiendo subrayarse que el cuestionario circulado a los efectos, preparado por Edward J. Larson (Universidad de Georgia), se basaba en uno similar de 1914, siendo los resultados muy parecidos en ambas pesquisas.
Pero a diferencia de 1914, ahora son más los científicos de prestigio que no solo se declaran creyentes, sino que consideran que hacerlo es casi un acto de rebeldía ante lo políticamente correcto en la Ciencia convencional; que consiste en ser ateo, siguiendo la moda de que cualquier investigador de primera fila tiene que ser incompatible con creer. Así las cosas, la ciencia acaba por convertirse en una religión para una parte de la flor y nata del mundo científico, que se siente muy por encima del común de los mortales; como si ellos mismos fueran dioses en vida.
En la controversia que nos ocupa, la Matemática es una de las áreas más activas, y como recuerda Manuel de León, del CSIC, los matemáticos discrepan sobre si su ciencia es un constructo humano, o si más bien es algo que se descubre, porque ya estaba en la naturaleza [¿dada por Dios?]. En ese contexto, León toma postura, y estima que los desarrollos matemáticos se descubren; con formas que pueden diferir unas de otras. Para luego agregar: Las descubrimos porque son las leyes que rigen el universo… Y eso explica también la admiración de los matemáticos por la belleza, la sensación estética que lleva a algunos de ellos a considerar las matemáticas como la verdad última.
Esa misma postura de que hay una verdad última, la apoya Eduardo Battaner, astrofísico de la Universidad de Granada –y autor del libro titulado Un físico en la calle: fluidos, entropía y antropía—, al subrayar que la postura de que la ciencia no puede responder si Dios existe, no es sincera. De hecho, hoy sigue discutiéndose si la cosmología apoya la creación o no, y si el big bang fue una muestra de esa creación, lo cual abre un debate interesante y pertinente. No estoy de acuerdo con que la ciencia y la religión vayan por caminos distintos. Lo considero una pose: la cabeza es una sola, y todo, Dios y la ciencia, pasan por la misma cabeza.
Avanzando en su tesis, Battaner ve a Dios como una especie de razonamiento que puede salir de la ciencia y vislumbra una necesidad racional de Dios. No un dios que castiga a los malos y recompensa a los buenos, sino un Dios como una necesidad científica. Y concluye con estas palabras: Me convence el argumento de lo contingente: el universo podría no existir, yo podría no existir… es decir, todos somos contingentes; debe de haber algo que no lo sea.
Terminaremos con algunas reflexiones, en las que se hace una ilación de manifestaciones filosóficas: Yo solo sé que no sé nada… (Sócrates). La duda metódica… (Descartes). La razón suficiente… (Leibniz). El mar de dudas… (Metáfora popular). La vida es sueño… (Calderón). La única certeza es la incertidumbre… (Bauman). Y tras esa retahíla de asertos, el Dr. Carlos Rodríguez Jiménez –internista y gran interesado en todo lo relacionado con espacios exteriores—, llega a la conclusión de que Dios es en buena parte, la sabiduría interior que todos los seres humanos poseemos (entusiasmo significa en theos, que llevamos un dios dentro), y por eso, lo hemos desalojado de todo para esperar que hable desde fuera. Así pues, sea usted eremita, místico, matón, criminal o ladrón, Dios es fundamentalmente interior. Y obviamente no existe un Dios exclusivamente para los buenos (el de los seres buenos) o un dios malo (para los malos). Dios es Uno y no es contable, con toda seguridad.
Por su parte, el jesuita Juan Antonio Estrada, catedrático de Filosofía de la Religión en la Universidad de Granada, manifiesta que «La ciencia es metodológicamente atea». Pero frente a esa actitud, expone el testimonio del Premio Nobel de Física Leon Lederman de quien es la siguiente frase: «¿El origen del mundo? Puuuf, qué difícil. ¡Sólo Dios sabe qué pasó!».
Seguiremos el próximo jueves 8 de junio, para retomar las tendencias contrarias a las de la jornada de hoy, al ocuparnos de los ateos militantes. Y como siempre, y para cualquier comentario, observación u objeción, siempre quedo disponible y pendiente de los lectores de republica.com (castecien@bitmailer.net).









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