El país de los 121 vinos

Cuando este artículo se publique en Republica.es, hoy jueves 12 de mayo de 2011, estaré en Ciudad Real, asistiendo a FENAVIN, la gran Feria del Vino Español que se celebra anualmente, y a la que concurren centenares de expositores. Como igualmente acude numeroso público, que quiere negociar en el sector, aprender lo que está sucediendo o simplemente curiosear, que también es algo legitimo. Y hasta llegan a las instalaciones de FENAVIN los que quieren asistir a las conferencias que se dictan en estos días, entre ellos, un servidor de Vds., que seguidamente les transmite una serie de conceptos y opiniones.

  1. 1. INTRODUCCIÓN

El General De Gaulle, aludiendo a las dificultades de gobernar Francia, se le ocurrió el símil de que resultaba más que difícil dirigir un país con 450 diferentes clases de quesos. España, no es para menos si nos fijamos en su vitivinicultura; contamos con 67 denominaciones de origen (D.O.), 2 D.O. calificadas y Priorato, 10 pagos, 42 vinos con indicación geográfica, en total 121 ubicaciones territoriales. Hay por lo menos 3.500 bodegas más o menos comerciales y seguramente más de 10.000 marcas. En esa dirección creo que deberíamos plantearnos cómo aprovechar lo mejor posible un mapa tan extenso como variado; pero también excesivamente compartimentado y en general de microempresas; y por ello mismo, no tan competitivo como sería de desear, en un mundo cada vez con más guerra comercial en lo que es la globalización.

Por lo demás, el vino es un producto especial, no una commodity. Forma parte, en sus calidades más excelsas, de los usos y ritos de la sociedad instalada en el bienestar económico. Y sus conocedores se afanan no tanto en la búsqueda del tiempo perdido, a lo Proust, sino en la persecución de  la calidad de vida; que llega a su cenit a la hora de sentarse a la mesa, vino y mantel.

En definitiva, en los países más tradicionales de vitivinicultura, como lo es el nuestro, el vino se ha convertido en una seña de identidad para quienes conocen sus diversas manifestaciones. Lo cual no ha sido óbice para que el consumo haya ido descendiendo, hasta llegar en España a una cifra de sólo 16,5 litros por habitante y año; en contraste el crecimiento de la producción media, de 40 millones de Hl. que permitiría, por reducción a lo absurdo, 85 l./hab y año.

  1. 2. SIN CULTURA JUVENIL DEL VINO

Frente a la continua caída del consumo interior, quiero subrayar, ante todo, la necesidad de introducir y extender la cultura del vino entre la juventud actual, que en su mayoría desconoce la enorme riqueza que tenemos en el mosaico de un país lleno de aromas y sabores únicos. En esa dirección, pienso que una gran campaña para difundir la más antigua bebida de nuestra historia, sería la mejor forma de luchar contra la droga; al crear las bases de un deleite que, sin excesos, puede acompañarnos de por vida.

Esa gran campaña que nadie se decide a llevar a cabo, y que necesita de un impulso global a partir de los poderes públicos, para ganar el entusiasmo, resulta indispensable para mantener una industria que para empezar ha de contar con su mercado interno. Pues si la pirámide de población consumidora de néctares de la vid se estrecha más y más, y se achata sin fin, el futuro del sector será mucho más difícil.

  1. 3. DESCENSO DEL CONSUMO

Concretando aún más en lo que respecta al consumo interno, las cifras del MARM tanto referidas al panel de hogares como al de establecimientos de restauración, reflejan un claro descenso a los 775 millones de litros de 2010 que ya hemos mencionado, con el promedio de 16,5 litros por habitante; incluyendo, naturalmente, el consumo de 56 millones de turistas, que equivalen prácticamente a lo que sería un millón de personas durante todos los días del año.

Con datos del panel de hogares de 2010 y de Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), del mismo año, el consumo de vino en España sumaría los ya mencionados 775 millones de litros; de los que 470 corresponden al canal de alimentación o consumo en el hogar (60,6 por 100); y el resto, 306 millones, a los vendidos a través de Horeca (29,4 x 100). De modo que sumando el valor económico del vino de ambos canales (con la hipótesis de que Horeca vende a 2,5 veces el precio de origen) resultaría que el total del vino consumido en España tendría un valor de 4.444 millones de euros. Con un gasto medio de 94,5 euros por habitante y año; la verdad es que asciende a más bien poco a efectos de presupuesto familiar.

  1. 4. COMPETENCIA DE OTROS MUNDOS

No hay una “guerra mundial del fin del vino”, como habría dicho Vargas Llosa. Pero sí que existe la más fuerte competencia, que va extendiéndose por el creciente cultivo y la mejor crianza en los Nuevos Mundos de América (California, Chile, y Argentina fundamentalmente), Sudáfrica, Australia, y Nueva Zelanda. Sin olvidar que la superficie de viñedos va ampliándose también en México, Brasil, Uruguay, Japón, Rusia; y en estados de la Unión Norteamericana como Oregón, Arizona, Nueva York, etc. Y con el cambio climático, ya hay más de 100 nuevos bodegueros en Inglaterra. En tanto que en China, la producción está creciendo rápidamente. En definitiva, todos esos nuevos productores, ya son bastante más que emergentes. De modo y manera que en un mercado tan importante como el Reino Unido, los australianos ya tienen mayor cuota que los otrora pantocráticos franceses.

La señal de alerta hay que tomarla en consideración, porque en los Nuevos Mundos del vino, apenas hay regulaciones, como las muy intrincadas de la Unión Europea, en términos de controles de plantación, restricción de las uvas a utilizar en las áreas de denominación de origen, y proliferación de categorías según procedencia, añadas, etc… Que por lo demás sólo los muy expertos son capaces de conocer. De forma que mientras en las nuevas potencias vitivinícolas de los otros mundos, hay grandes dimensiones empresariales y pocas marcas, pero muy bien publicitadas para consumos masivos, en la vieja Europa no acabamos de despertar a las exigentes realidades de los nuevos mercados; permitiéndose además, precios que muchas veces rayan en lo abusivo, sobre todo en una serie de restaurantes muy desaprensivos.

  1. 5. MEJORAS CULTURALES Y PRESTIGIO EXTERIOR

El mundo del vino, ya lo dijimos, es muy antiguo. Pero no por ello se trata de un universo estable, sin apenas modificaciones. Muy por el contrario, constituye un escenario cambiante.

En la línea que apuntamos, y como sostiene Jesús Artajona, de Bodegas Enate, en los últimos tiempos se han producido en España avances en verdad espectaculares: selección clonal, diversificación cada vez mayor de portainjertos, enriquecimientos varietales (que ciertamente pueden poner en peligro el patrimonio genético de los viñedos más antiguos), generalización del cultivo en espaldera en una tendencia a la mecanización casi integral de las labores, nuevos y sofisticados sistemas de riego, dispositivos de precisión para el prensado, innovaciones en la filtración y estabilización, avances en la genética de las levaduras, fructíferas extracciones de colores y aromas, uso de viruta de roble para sustituir en ciertos casos a la barrica a efectos de envejecimiento, potentes herramientas analíticas para detectar cualquier cantidad infinitesimal de sustancias anómalas, etc. Un universo, pues, de mejoras, que a veces van contra la tradición, pero que contribuyen a una mayor difusión.

Por otro lado, y entrando en la calidad del vino español, como dice Ernesto Portuondo[1], en la primavera del 2007 desde EE.UU. llegó la buena noticia del triunfo de los vinos españoles en lo que ya se ha convertido en la nueva Meca del vino mundial. Efectivamente, el que por cantidad y calidad ya es el mercado líder del universo vinícola ha consagrado, a través de las publicaciones más prestigiadas como Wine Spectator, Wine Enthusiast y, sobre todo, la muy influyente Wine Advocate (donde el guru Robert Parker y su equipo publican sus catas y sus comentarios sobre los vinos de todo el mundo), a los vinos españoles como la estrella emergente en el difícil campo de batalla de la competencia mundial.

Las puntuaciones que Parker (en realidad de su adjunto Jay Miller, en el que el polémico pero poderoso prescriptor ha delegado  el seguimiento de los vinos españoles), se ha configurado un catálogo de nada menos que 1.196 etiquetas de nuestro país. Y entre ellos, figuran dos 100 por 100 de Parker: Clos Erasmus del Priorat, y Contador del riojano Benjamín Romeo. Adicionalmente hay cuatro 99, casi una veintena de 98, y nada menos que 78 encima de 95.

La que aquí he disertado, fue la primera parte de mi conferencia en Ciudad Real, y con ella seguiremos en un próximo artículo, porque estoy seguro que entre los lectores de Republica.es, hay un buen número de connaisseurs que pueden tener interés en estos temas. En los que además, nos va mucho prestigio y no pocos ingresos a la hora de exportar.

Como siempre, a disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net


[1] Ernesto Portuondo, “Panorama desde el cielo”, Sobremesa, nº269, 2011.

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