“En el serenísimo capítulo del vino de Barcelona”

EN EL LICEO DE BARCELONA

El pasado viernes 18 de marzo, estuve en Barcelona con un nutrido número de amigos, en una ceremonia poco usual, en la que el vino fue el centro de todas nuestras atenciones. En las páginas que siguen, trato de describir cómo fue aquella fiesta, y cuál su contenido y su filosofía, todavía con el regusto de unas horas que transcurrieron en alegría y amistad; y que me suscitaron algunas meditaciones.

El acto a que me refiero, se celebró dentro del edificio del Gran Teatro del Liceo, donde está ubicado el llamado Círculo del Liceo, el club privado más antiguo de España. Centro que es de numerosas actividades y que, como habría dicho Cervantes, es elegante archivo de Cortesía y pinacoteca maravillosa. Destacando sus doce cuadros del gran pintor catalán Ramón Casas, que los produjo para atender un encargo del propio Círculo, a principios del siglo XX, por la cifra, que entonces parecía astronómica, de 20.000 pesetas; que en valor actual, serían unos 20 millones, o dicho en euros, 120.202, en tanto que en subasta no bajaría de por lo menos cuatro millones de euros.

Se me encargó el discurso de agradecimiento de los catorce caballeros que fuimos armados miembros del Círculo; si bien, en vez de espada, se empleó para ello un sarmiento de vid, muy bien manejado por el Presidente del Serenísimo Capítulo, Joaquín Gay de Montellá. Quien actualmente es Presidente del Fomento del Trabajo Nacional, la CEOE catalana.

ESPAÑA: EL VIÑEDO MÁS AMPLIO Y DIVERSO DEL MUNDO

En mi discurso, podría haberme dejado llevar por temas productivos vitivinícolas. Incluyendo las altas calidades de nuestros caldos, por el progreso de los trabajos culturales, la enología y otros cuidados de crianza.

Como también podría haber mencionado la frustrante caída del consumo del mejor de los néctares en España (sólo 18 litros por habitantes y año, frente a 55 en Francia y más de 25 en los países escandinavos que no tienen vid). Lo cual se debe a una serie de circunstancias; entre las cuales no es la menor, el desconocimiento por la mayoría de nuestros jóvenes, de la cultura ancestral del vino; precisamente lo que más se potencia en nuestro Serenísimo Capítulo.

También podría haberme ocupado de informaciones recientes más felices, acerca de la expansión de nuestras exportaciones, casi 20 millones de Hl. en 2010, cifra que corrobora lo que dice el gran connaisseur Robert Parker sobre el viñedo español y sus productos: es el país con más variedad y potencialidades del mundo.

Creo que todo eso y mucho más habría sido factible plantearlo desde esa tribuna. E incluso no habría estado de más un parangón con el comentario del General De Gaulle, cuando aludiendo a las dificultades de gobernar Francia, se le ocurrió el símil de que resultaba más que difícil dirigir un país con 450 diferentes clases de quesos.

En nuestro caso, en España, no es para menos: contamos con un centenar largo de denominaciones de origen y de la tierra, casi 4.000 bodegas y seguramente más de 10.000 marcas. En esa dirección creo que deberíamos plantearnos cómo aprovechar lo mejor posible un mapa tan extenso como variado; pero también excesivamente compartimentado y de microempresas, y por ello mismo no tan competitivo como sería de desear, en un mundo cada vez con más guerra comercial en lo que es la globalización definitiva.

Sin embargo, los temas mencionados son más propios de un simposium o de un seminario, y por ello, lo que hice ante más de un centenar de miembros y allegados del Serenísimo Capítulo fue una exaltación —moderada y no por ello menos entusiasta—, de los valores y de las muchas razones por las cuales el vino debe ser defendido; como una bebida que, con buen juicio en su degustación, tiene tantas y tan espléndidas facetas.

Por ello, en mi intervención, cité a Omar Kayan, el autor del célebre poema Rubayat, quizá el máximo repertorio de elogios del vino; y cuya mención es inexcusable en una ceremonia solemne, pero al tiempo viva, de tanto colorido y tan bien concurrida como la del Serenísimo Capítulo; que centré en el vino y las Escrituras, así como la sabiduría popular.

EL VINO EN LA BIBLIA

La viña, desde tiempos muy remotos, es uno de los cultivos esenciales en el Mediterráneo. Por eso, los israelitas en su dura travesía del desierto lamentaron en muchas ocasiones haber seguido a Moisés; por la sencilla razón de que tardaba en llegar lo que él les había prometido reiteradamente: “un país donde corre la leche y la miel, herencia de campos de trigo y de viñedos… la tierra de Caná”.

Y es que junto con el pan, el vino constituía por entonces una de las bases de la alimentación. En ese sentido, el rey Melquisedec, ensalzó el pan y el vino, en un gesto que la tradición cristiana ve como la prefiguración de la Eucaristía en sus dos especies: “Vé, come con alegría tu pan y bebe tu vino con el corazón contento”.

En línea con lo anterior, en todos los refrigerios y comidas, desde los más sencillos a los más fastuosos, tenía que haber vino. Así Isaac probó la caza ofrecida por su hijo acompañándose de un buen vaso de tinto.

El vino corrió abundante en festines como los de Holofernes, Asuero y Baltasar. Y María le dijo a su hijo Jesús en las bodas de Canáa: “No hay vino”, y fue entonces cuando se produjo el milagro de trasmutar el agua en el mejor néctar.

No obstante, una comida demasiado vínicamente regada, invitaba al desenfreno que diríamos ahora; siendo el primero que entró por esa vía el propio Noé, el gran inventor de la enología; quien sufrió en sí mismo los peligros del zumo fermentado de la cepa. De ahí que los sabios en toda la antigüedad bíblica y pagana condenaran vigorosamente el abuso del vino, por volver al hombre ruidoso y hosco, impidiéndole trabajar; para a la postre terminar en la indigencia, e incluso en “sujeto con mordedura de áspid”.

Toda la literatura sapiencial celebró las ventajas del caldo de los viñedos, bebido con moderación: permite olvidar las penas; adula los sentidos como la sabiduría alienta al espíritu; regocija el corazón del hombre que no sabría vivir feliz sin beber, como el vino, el amor puede embriagar. “Más dulces que el vino son tus amores”, se dice en el Cantar de los Cantares por Salomón a la Reina de Saba, versículos que Fray Luis de León vertió a nuestra lengua.

Jesús, utilizó el vino en numerosas parábolas e imágenes familiares, y lo evocó para ilustrar la necesidad de una renovación profunda y total: “vino nuevo que no se guarda en los odres viejos”. Además, el Redentor instituyó la Eucaristía dando gracias al Altísimo sobre el pan y el vino; en la última cena, cuando consagrado por su palabra, el contenido de su copa se volvió en sangre de la alianza nueva y eterna. Para decir al final, levantando su cáliz (el santo grial): “Haced esto en conmemoración mía”; que fue y sigue siendo el supremo brindis.

El mismo Jesús se denomina a sí mismo “la Viña verdadera”, aquella de la cual “el Padre es el viñador, de modo que todo el que permanezca en él fiel a su enseñanza, se equipara al sarmiento que se alimenta de la misma savia que la cepa que le sostiene y para dar fruto. Sin embargo, toda rama que se separe del pie de la vid se seca, y hay que cortarla y quemarla: así serán tratados aquellos que se hayan separado de Jesús”.

21 PROVERBIOS SOBRE EL VINO

Los enuncio, con una cierta agrupación, según las diferentes facetas a que se refiere cada una de las máximas aquí incluidas.

Características

 Al vino y al niño, criarlos con cariño.

 El buen vino es oro fino.

 Clases de vino, sólo dos: el bueno y el mejor.

 Tres prendas de mujer hermosa para el vino: buen color, buena nariz y buena boca.

Denominaciones de origen

 Vino de Rueda, bébalo el que pueda y deme de él si algo queda.

 Vino de Toro es oro… y prieto como moro.

 Vino jerezano, vino soberano.

 Del vino del Priorato, nadie se sentirá harto.

Beneficios del buen caldo

 Alforjas y buen vino hacen llano y corto el camino.

 Sea bueno o sea peleón, sin vino, mala digestión.

 Comiéndolo con vino, no será nocivo lo dañino.

 Dijo el sabio Salomón: el buen vino le sienta bien al corazón.

 El buen vino alegra los cinco sentidos: la vista, por el color; el olfato por el olor; el gusto, por el sabor; el tacto, por levantar la copa; y el oído, al brindar, por las copas al chocar.

Prácticas culturales y comerciales

 Al mal sarmiento, buena podadera.

 La viña: en marzo la cava, y en marzo la poda.

 El vino que es bueno, no ha menester de pregonero.

 De popa a proa: cuando lo embarcas, el vino se empeora.

El vino en la dialéctica y en filosofía

 Llamad a las cosas por su nombre: al pan, pan; y al vino, vino.

 De todo hay en las viñas del Señor.

 In Vino Veritas.

Por la transcripción de los pasajes de la Biblia (de autores supuestamente sagrados), por los proverbios incluidos (del libro de Martínez Kléiser), y por las porciones de texto de mi propia cosecha (añada del 2010), mis más cordiales saludos a todos los lectores de República.es, a cuya disposición quedo, como siempre, en castecien@bitmailer.net.

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