Un viaje por el valle del Ebro (II)

II. ALCAÑIZ Y MEQUINENZA

El pasado jueves 17 de marzo iniciábamos en este espacio de República.es un Cuaderno de Viaje; sobre el recorrido realizado por los márgenes del Ebro; entre Zaragoza y Tarragona, con varias etapas, y paradas en Belchite, Escatrón, Caspe, para finalmente cubrir todo el tramo hasta casi su desembocadura.

Brindamos hoy al lector la segunda entrega del Cuaderno, a partir de Alcañiz. A donde llegamos tras recorrer, siempre en automóvil, 30 kms. desde Caspe hacia el Sur; en paralelo al curso de Guadalope, afluente del Ebro por la orilla derecha, cuyas aguas se acumulan en el Embalse Caspe-II para el riego de toda la comarca.

6. ALCAÑIZ

El municipio, de 16.000 habitantes, está formado por el núcleo urbano central y las pedanías de Valmuel y Puigmoreno. Y puede decirse junto con la localidad de Andorra (minas de lignito) y la capital de la provincia, es uno de los pocos núcleos que incrementa su población; en contraste con el considerable despoblamiento que sufre el resto de la provincia maña. Alcañiz es la capital del Bajo Aragón.

El nombre de Alcañiz, casi no haría falta decirlo, es de origen árabe (Al-Qannis), traducible por El cañizo. Y una de sus primeras menciones de ese topónimo se sitúa en el lapso entre la primera conquista de Alfonso I en 1117 y la definitiva de Ramón Berenguer IV en 1157. Más tarde, en 1179 Alfonso II de Aragón concedió a la Villa el derecho a tener su castillo, al tiempo que otorgó amplios territorios a la Orden religioso-militar de Calatrava. No obstante, la Villa continuó enviando sus representantes a las Cortes de Aragón, y sus habitantes siguieron disfrutando de las prerrogativas marcadas en la Carta Puebla de Ramón Berenguer IV. Se creó así un antagonismo permanente entre la Orden y la Villa, que persistió a lo largo de la Edad Media e incluso al comienzo de la Moderna.

En Alcañiz, en la Iglesia de Santa María la Mayor, los parlamentarios de Aragón y Cataluña, acordaron, tras un largo proceso los veintiocho capítulos de las condiciones para la elección de nuevo rey de reynos de toda la Corona de Aragón (Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca). Lo que culminó en la precisamente llamada Concordia de Alcañiz, previa al Compromiso de Caspe de junio de 1412; por el que finalmente, ya lo vimos antes en este mismo Cuaderno, se eligió al titular de toda la Corona de Aragón.

La expulsión de los moriscos, datada en general para toda España en 1609 (y en 1610 la de los aragoneses) supuso una auténtica quiebra económica sin precedente en todo el Bajo Aragón, por ser la comunidad morisca la que ofrecía los mejores artesanos y agricultores. Posteriormente, la Guerra de Cataluña (desde 1640 a 1652) sería una fuerte carga, pues Alcañiz hubo de contribuir con hombres y dinero a la contienda. Como recompensa, Felipe IV concedió a la Villa el título de Ciudad.

En 1936 y 1937, durante la guerra civil, se asentó en Alcañiz una de las presencias más importantes de la CNT de toda España, con la colectivización de las tierras de labor; emprendiéndose también actividades en materia de sanidad y educación, con hospitales y escuelas. Colectividades que, como ya lo vimos antes en este mismo Cuaderno, se disolvieron por el Gobierno de la República a mediados de 1937, por entender que la acracia no era la mejor filosofía para el esfuerzo de guerra.

En 1938, el día 3 de marzo, cuando estaba bajo mando republicano, la ciudad sufrió un fuerte ataque aéreo del bando nacionalista, con las mismas intenciones de Guernica; en este caso por aviones italianos: ensayo de las más modernas bombas que después se utilizarían en la Segunda Guerra Mundial; atacando tanto a las tropas republicanas como a la ciudadanía, provocando así gran número de víctimas. Sin embargo, semejante aniquilación fue silenciada, tanto del lado nacional como del de la República. Los primeros, por no mostrar cuan cruenta fue la acción; y los segundos, por no desmoralizar a sus ejércitos en combate. El tema salió a la luz recientemente con la publicación del libro “1938, El bombardeo olvidado” de José María Maldonado (Institución Fernando El Católico, Zaragoza, 2003).

En tiempos más recientes, ya en las décadas de 1950 y 1960, el Instituto Nacional de Colonización (INC), dependiente del Ministerio de Agricultura, estableció en Alcañiz dos nuevos pueblos: Valmuel y Puigmoreno, con una interesante experiencia social de asentamiento de hombres y mujeres provenientes —para trabajar el regadío— de diferentes lugares y culturas de España, que con el tiempo fueron generando una identidad común.

En este Cuaderno de Viaje dedicaremos especial atención a Puigmoreno; por ser lugar de residencia del Prof. de Teoría Económica José Ramón Lasuén (fundador, con otros, de la Universidad Autónoma de Madrid en 1971) y a quien los viajeros, visitaron para almorzar juntos. Una comida fascinante: verduras (borrajas y bisaltos) y chuletas de ternasco, todo ello regado con vinos aragoneses de Borja y Cariñena.

Puigmoreno es una estructura urbano-rural, centrada en la plaza donde están el ayuntamiento y la iglesia; ésta con torre campanario circular y dedicada a San Miguel Arcángel. La población actual, algo mayor que la de Valmuel, se sitúa en unos 400 habitantes, gran parte de ellos dedicados a la fruticultura, lo cual hizo que se construyeran 50 viviendas más desde la fundación del núcleo rural del INC. Con especial dedicación a producir Malacatón de Calanda, que tiene denominación de origen (D.O.), creada en 1999. La zona de Valmuel y Puigmoreno representan alrededor del 35 por 100 de la producción de ese sabroso fruto con D.O.

Unos años después de la inicial construcción de Puigmoreno (1962), un grupo de agricultores decidieron aunar sus fuerzas para conseguir mayores rendimientos. Así nació el Centro Frutícula Cooperativo (actualmente, Cooperativa de San Miguel), que significó gran avance en la modernización de la agricultura.

La construcción del circuito de velocidad Motorland en las afueras de la ciudad, constituye uno de sus principales timbres de atracción.

A pocos kilómetros de Alcañiz, se conservan las magníficas pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga; conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Entre los antiguos poblados ibéricos de la zona, destacan los de El Palao y Tiro de Cañón; cuyos materiales de excavación se integran la Exposición Permanente de Arqueología de Alcañiz, localizada en el edificio conocido como Horno Nuevo de los Almudines.

Llenos de impresiones visuales, sonoras, y anímicas, de tantas cosas de ver, oír y sentir, y restauradas las fuerzas en la hospitalaria casa de los Lasuén, los viajeros volvimos a la ruta: Deshicimos el camino hasta Caspe, y desde allí nos movimos 57 km hacia el Este, siguiendo toda la Ribera del Ebro hasta llegar a Mequinenza.

7. MEQUINENZA

Villa zaragozana, en el Baix Cinca, Mequinença en lengua catalana, la originaria en la zona. Se halla al pie de una montaña, en la margen izquierda del Ebro, no lejos de su confluencia con el Segre. De importante pasado árabe, fue reconquistada en 1133, y en ella se celebraron varias reuniones de las Cortes aragonesas. El topónimo de Mequinenza, el mismo que el de una importante ciudad marroquí, se debe a que ambas poblaciones fueron fundadas por la tribu beréber de los Miknésa.

Mequinenza es área de confluencia de la zona esteparia de Los Monegros y la flora mediterránea, y en su espacio conviven especies de distintos ambientes: aves como martinets, rapaces, y especímenes típicos de ambientes desérticos. Contando también con la activa presencia de reptiles, anfibios, murciélagos…

En lo alto de la colina que domina la ciudad, al borde de un gran acantilado, desde el castillo, a unos 185 metros de altura sobre el nivel de la ciudad, se contempla la espectacular confluencia de los ríos Ebro y Segre. Considerado hoy en día uno de los mejores especímenes góticos legados por la Corona de Aragón, el castillo constituye una pieza fundamental del patrimonio histórico y monumental de Mequinenza.

Durante mucho tiempo, la principal empresa de la localidad de Mequinenza fue Electroquímica de Flix SA, constituida en 1897 por dos sociedades alemanas, una química y otra eléctrica; con participación de bancos suizos y de otros intereses económicos de Barcelona y Madrid. Las razones de esa actividad industrial: en Flix se daban la proximidad de materia prima (canteras de caliza y salinas), y estaba garantizado el suministro del agua del Ebro y de las minas de carbón de la propia Mequinenza y Fayon. Además, había buen transporte para entrada y salida de otros productos: la línea de ferrocarril Madrid-Barcelona, inaugurada cinco años antes, así como el transporte fluvial.

Por lo demás, terminaremos, casi, recordando que entre los años 1957 y 1964 fue construida la presa de Mequinenza, para el aprovechamiento de aguas y de electricidad del Ebro, merced al gran embalse el “Mar de Aragón”. Ubicada a pie de la presa, la central hidroeléctrica dispone de cuatro grupos, con una potencia cada uno de 81.000KW. Por otro lado, aguas abajo del Ebro, la presa de Ribarroja da lugar a otro embalse, cuya cola llega hasta el mismo casco urbano de Mequinenza, manteniendo siempre un nivel de agua estable.

La economía de Mequinenza se basa en la minería del carbón (lignito para centrales térmicas), y manufacturas textiles, y de aluminio. En el área tradicional, industria agroalimentaria, ganadería de porcino y aves, agricultura de secano, y regadío de árboles frutales.

La actividad turística tiene un notable potencial, por la gran variedad de especies que abundan en las aguas del embalse, con carpas, truchas black-bass, lucio, perca y siluro; por lo que algunos definen Mequinenza como un paraíso de pesca. Muchos aficionados acuden a practicar ese deporte, siendo muy apreciado el siluro (especie haloctona y por ello muy criticada a causa de sus efectos depredadores sobre lo autóctono) por su magnífico tamaño; requiriendo su captura técnicas y aparejos especiales.

Seguiremos y concluiremos la próxima semana con la tercera y última entrega de este Cuaderno de viaje por el Ebro. Y como siempre, el autor queda a la disposición de los lectores de República.es en castecien@bitmailer.net.

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