Un viaje por el valle del Ebro (I)

1. PREPARATIVOS DEL RECORRIDO Y PRIMERA ETAPA

No es que uno quiera dar cuenta por escrito de todo lo que ve a lo largo de los días de su vida. Pero ciertamente, hay viajes que además de realizarlos, merece la pena darles una expresión escrita, empezando con el ex-ante; a base de una previsión de lo que va a verse. Para después del efectivo recorrido, completarlo con las sensaciones percibidas, episodios acaecidos, etc. Porque es cosa bien distinta concebir una andadura, y contarla después de haberla hecho.

Lo primero es preparar el itinerario, para lo cual me pareció indispensable confeccionar un cuadro con kilómetros y tiempos según las previsiones iniciales. Sobre todo, porque la jornada viajera a que se refiere este relato fue muy apretada, en razón a su génesis: una conferencia en Zaragoza sobre temas ecológicos, y al día siguiente, otra sobre la evolución de la crisis de la economía española.

Así que los viajeros, solamente dispusimos de un crono de once horas, de ocho de la mañana a siete de la tarde, para hacer todo un largo recorrido, desde la capital de Aragón a la antigua sede imperial de la Tarraconense romana: concretamente 325 kms. con toda una serie de paradas que iremos reseñando.

Nunca había seguido el río Ebro de cerca, en su curso de meandros, embalses, y demás bellezas. Un paisaje natural en el que, los viajeros fuimos evocando una serie de huellas de la Guerra Civil y de otras partes de la Historia, a lo largo de la sucesión de villas y ciudades que visitamos: Belchite, Escatrón, Caspe, Alcañiz, Gandesa y Mora del Ebro. Todo siguiendo el cauce del viejo Iber, que dio nombre a la península más occidental del Mediterráneo, la Iberia de España y Portugal en que vivimos.

2. BELCHITE VIEJO Y NUEVO

A 53 kms. de Zaragoza, primero bordeando el Ebro y después hacia el Sur, llegamos a Belchite, con una población actual de 1.700 habitantes. Villa conocida sobre todo por haber sido escenario de una de los choques más dramáticos de la Guerra civil española, consecuencia de la cual la vieja población fue completamente destruida. Así las cosas, en lugar de proceder a su reconstrucción, Franco promovió un pueblo de planta totalmente original, (hoy conocido como Belchite nuevo), dejando el Pueblo viejo a modo de recuerdo de la guerra civil. Cuyas ruinas, sin acondicionar y sin guías, son visitadas por unas 10.000 personas al año; con un recorrido espectral junto a los arcos desnudos del convento de San Agustín y otras iglesias, así como los dinteles de otros edificios que van deteriorándose más y más cada año que pasa.

La construcción del nuevo emplazamiento para los belchitenses se hizo por prisioneros republicanos, alojados que estuvieron en un campo de concentración cuyos restos aún se conservan; llegando a albergar en los momentos punta un millar de presos, que trabajaban para la Dirección General de Regiones Devastadas; la entidad del Estado constructora de toda una serie de poblaciones arrasadas por los duros combates de la guerra civil.

Un lugar también de visita del término de Belchite, es la Cueva de los Encantados, yacimiento ibérico de alto valor arqueológico (y también espeleológico), descubierto en la década de 1970.

3. LA BATALLA DE BELCHITE

¿Por qué la Batalla de Belchite? Dentro de la dinámica de la guerra civil española 1936/1939, se debió al intento de la República de reducir la presión de las fuerzas Nacionales en el frente Norte. Más concretamente, el 24 de agosto de 1937 después de la ocupación de Bilbao, el ejército republicano del Este lanzó una ofensiva en el sector central del frente de Aragón, con el objetivo de hacer tenaza, rodeando Zaragoza por el Norte y el Sur del Ebro.

El ataque de la margen izquierda pronto se detuvo; en tanto que al Sur del Ebro se progresó hasta 25 kilómetros de Zaragoza, sobrepasando Belchite, que quedó cercado por la resistencia de su guarnición de 2.000 hombres bien fortificados. En ese sentido, la idea de reducir ese baluarte de Belchite absorbió un gran cúmulo de efectivos republicanos y un fuerte retraso en los avances previstos; de modo que la operación global de cercar Zaragoza, acabó por malograrse. A lo que también contribuyó la llegada de refuerzos nacionales: las divisiones de los generales Barrón y Sáenz de Buruaga, que nuevamente se enfrentaron con las huestes republicanas al mando de Modesto y Líster; después de haberlo hecho menos de un mes antes en Brunete.

Aunque Belchite se rindió al ejército de la Republica el 6 de septiembre de 1937, el resultado de la batalla con la que pretendía formar una gran bolsa en Zaragoza, fue decepcionante para la República. De hecho, lo único que se consiguió fue que en su ataque a Asturias los nacionalistas empleasen inicialmente muy poca aviación.

4. ESCATRÓN

Desde Belchite y después de recorrer unos 59 kms. Hacia el Este llegamos a Escatrón, también en la provincia de Zaragoza, en la comarca conocida como Ribera Baja del Ebro, en la margen derecha del río; con una población de 1.154 habitantes. Allí pudimos visitar las interesantes ruinas de la colonia romana «Celsa», fundada en el año 44 a. C, por el triunviro Lépido.

Próximo a Escatrón, está el viejo Monasterio de Rueda, creado por la orden del Cister; que el siglo XIII se desligó de la disciplina de Cluny en busca del retorno al ascetismo y al trabajo para el propio sustento. Se constituyó de ese modo un factor importante de colonización recristianizadora en la reconquista española, con lo que fue la gran expansión de los monjes blancos en otras partes de España, con monasterios como Poblet, Piedra, Veruela, Rueda y otros.

Consecuencia del proceso desamortizador de Mendizabal, fue la subasta, en 1837, de las tierras monacales y del propio Monasterio (con el traslado de su célebre retablo, a la iglesia parroquial de Escatrón). Así las cosas, tras un largo proceso de destrucción, restauración y rehabilitación, hace pocos años se procedió a la apertura del viejo Monasterio para usos relacionados con la cultura, el ocio y el turismo, por la organización hotelera de Arturo Fernández, que allí realizó un gran trabajo.

Hoy Escatrón vive, sobre todo, de la central térmica del mismo nombre, que se alimenta con el lignito de las minas próximas.

5. CASPE

Desde Escatrón, 25 kms. más hacia el Este, llegamos a Caspe, también dentro de la provincia de Zaragoza, con 9.989 habitantes. Localidad que obtuvo el título de ciudad en el siglo XIX por concesión de la reina Isabel II, a raíz de las destrucciones sufridas en la primera Guerra Carlista.

La ciudad se sitúa a orillas del río Guadalope, que ya no lleva agua en este tramo, al haberse sido desviado sus caudales aguas arriba para verter al Embalse de Mequinenza en el Ebro, el gran reservorio conocido igualmente por Mar de Aragón.

En 1169 Caspe fue reconquistada por el rey Alfonso II y la ciudad creció a partir del núcleo creado por la Orden de San Juan de Jerusalén, siendo escenario en 1412 del histórico «Compromiso de Caspe», por el cual Fernando I, de Antequera accedió a la Corona de Aragón. Un compromiso que dio fama a Caspe y que hoy se recuerda anualmente en la puerta que da acceso al atrio de la Colegiata de Santa María la Mayor, la más bella iglesia del entorno: sobre un estrado se hace saber a todos que la declaración votada por los compromisarios de los Estados de la Corona de Aragón (Aragón mismo, Cataluña, Valencia y Mallorca), resultó favorable a don Fernando el de Antequera, de la reinante en Castilla y León Casa de Trastámara.

La proclamación como monarca Fernando I, tuvo efecto en junio de 1412 y en ella actuó de notario Fray Vicente de Ferrer, que tomó parte muy activa en las sesiones del Compromiso, favoreciendo la candidatura ganadora. Con lo cual se facilitó la futura Unión de Castilla y Aragón en 1476, vía el casamiento de los dos Trastámaras: Fernando e Isabel, los RR.CC.

En la época moderna y contemporánea, Caspe se vio afectada por conflictos militares, especialmente, por la ya mencionada primera guerra carlista. Y ya en el siglo XX, por la guerra civil de 1936/39. Debiendo recordarse también que en Caspe nació la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1927, promovida por Manuel Lorenzo Pardo, debidamente apoyado por el Conde de Guadalhorce, a la sazón Ministro de Obras Públicas del Dictador General Primo de Rivera: una grande y novedosa concepción de las cuencas de los grandes ríos para su aprovechamiento racional e integral.

También en Caspe se aprobó inicialmente el Estatuto de Autonomía de Aragón a principios de 1936; interrumpido en su futurible vigencia por el estallido de la Guerra Civil. E igualmente, la ciudad sirvió de sede del Consejo de Aragón, de los anarquistas de CNT-FAI, entre 1936 y 1937, cuya actividad colectivizadora y ácrata despertó la contra del Gobierno de la República; lo que llevó a su disolución manu militari.

Seguiremos la próxima semana con las demás etapas de nuestro itinerario por el Ebro. Y como siempre, el autor queda a disposición de los lectores de República.es en castecien@bitmailer.net

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