Las grandes tareas futuras de la Unión Europea III

Y III. El mensaje que la Unión Europea tendría que emitir

Como recordarán los lectores de Republica.es que siguen esta sección, en los textos publicados en los últimos dos jueves, dimos las entregas primera y segunda de mi discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa, con que me honró la Universidad Rey Juan Carlos.

Hoy terminamos la difusión de ese discurso para los amigos de este ciberperiódico, con la tercera y última entrega, con lo que, a nuestro juicio, deberían ser los grandes cometidos que la UE habría de asumir en el inmediato futuro. Empezamos con un epígrafe 8, en correlación con las dos entregas anteriores.

8. Las tres tareas universalistas de la UE

Se trata, lisa y llanamente de asumir un papel de búsqueda no de nuevas hegemonías, sino de una globalización racional y humana, que comporte un proyecto universal válido en los tres espacios político, económico y ecológico de nuestro futuro; contrarrestando así cualquier eventual pretensión hegemónica, para ir hacia un mundo multipolar, libre de vetos e imperialismos.

En esa dirección, el primer tema es la Reforma de la Carta de las Naciones Unidas, preconizando un mundo sin armas atómicas, en línea con lo que en 2009 planteó Obama a Sarkozy; frente a lo cual la primera reacción del presidente de Francia fue de rechazo a renunciar a su Force de Frappe. Cuando en realidad, sólo un tratado mundial como lo planteado por el presidente de EE.UU., de prohibición total de las armas nucleares, permitirá detener nuevos e inquietantes poderes atómicos en el mundo, abriendo la posibilidad de una nueva organización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Una proposición así puede parecer quimérica, pero no lo es. Entre otras cosas, porque en la propia Carta de San Francisco de 1945 ya se previó, al establecerse que en un plazo de diez años se revisaría su texto original; en el entendimiento de acabar con el derecho de veto de las cinco grandes potencias miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero hoy, 66 años después de suscrita la Carta Magna mundial, seguimos como si la victoria de 1945 sirviera de eterna patente de vetos y abusos de los triunfadores de enfrentamientos ya definitivamente superados.

Por tanto, la UE (de la cual dos países, Francia y Reino Unido, son Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad) tendría que contribuir a cambiar tal estado de cosas. Para ir a un sistema de voto ponderado, extensible a todos los socios de la ONU en la toma de las decisiones más importantes. Tal como desde 1944 ya funciona en el FMI y el Banco Mundial, y entre nosotros, europeos, el BCE.

La segunda gran acción de utopía realizable a plantear por la UE, es ayudar a promover la reestructuración económica mundial con una moneda global. En un momento como el actual, en el cual debe reconocerse el gran valor de ciertas derivaciones de la crisis iniciada en 2007; entre ellas, el hecho de que el G-8 haya abandonado explícitamente los poderes fácticos que se había arrogado, para transferirlos al G-20; más representativo que el G-8, y el G-2, al abarcar el 80 por 100 de la población mundial. Y al estar representados en esa plataforma el triple grupo de países antes identificados: los avanzados camino de la madurez, los emergentes en rápido crecimiento, y las naciones en vías de desarrollo que finalmente están poniéndose en marcha.

En pocas palabras, la UE tiene que presentarse en el G-20 como la expresión del gran agregado económico que realmente es de 16 billones de dólares de PIB global frente a los 14 de EE.UU. y los siete de China; como la Unión de Naciones que más ha contribuido al desarrollo mundial en todos los órdenes, y que puede propiciar una moneda global, a partir de una cesta monetaria del euro, dólar, renminbi y yen. En lo que podría ser un Bretton Woods II / Tratado de Maastricht global; a fin de precisamente globalizar lo más importante, los medios de pago, y poner fin así a un discutible señoriaje del dólar, o a una hipotética prevalencia del euro o del renminbi en el futuro.

La tercera gran cuestión es el Gobierno de la Biosfera, el gran designio ecológico. En el que la UE también tiene mucho que proponer al resto del mundo, pues no en vano es la entidad más avanzada en esa área fundamental. Porque la UE es el origen del que surgieron las pautas para que en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 se pusieran en marcha los grandes proyectos ambientales del planeta azul: la defensa de la biodiversidad, la conservación de los bosques húmedos tropicales, y la lucha contra el calentamiento global y el cambio climático.

Cuestión esa última, en la que los esfuerzos comunitarios han sido y siguen siendo máximos, con un sentido más resolutorio que el hasta ahora previsto por el G-2, ChinUSA; las dos naciones que tienen máximas responsabilidades como mayores emisores que son de gases de efecto invernadero y que sin embargo se resisten a adoptar grandes decisiones que cada vez se ven más inaplazables.

Se trata, en fin de cuentas, de lograr un acuerdo con el que no sólo se intente detener el cambio climático, sino, sobre todo, se racionalice la generación y consumo de energía, se aprovechen a fondo los recursos naturales —empezando por la alimentación y la agricultura responsable para un mundo sin hambre— y se ponga término, en definitiva a la tragedia de los bienes comunes; para activar la gestión racional de los recursos globales y hacer posible una verdadera lucha contra la pobreza, la mayor calidad de vida de los menos favorecidos, contribuyendo a una mejor salud humana.

En suma, la aspiración es hacer realidad el lema de las Naciones Unidas de que el mundo en que vivimos sea un hábitat hospitalario para todas las especies; tomando conciencia de que el Navío Espacial Tierra puede y debe proseguir su viaje indefinido a través de un Universo que cada vez conocemos mejor.

9. Final

En resumen, queridos amigos todos, el papel a asumir por la Unión Europea de cara al futuro —además de ocuparse de su propio desarrollo y búsqueda de la prosperidad de sus ciudadanos— es el de trabajar por el triple cambio hacia la democratización de la ONU, la globalización racional de la economía mundial, y el efectivo gobierno de la biosfera. Se trata, en síntesis, de promover un nuevo mundo, a lo que ayudarán las nuevas tecnologías cada vez más globalizadoras.

Los tres temas definidos son importantes y acuciantes. Todo lo cual habría de esbozarse en un programa común por la UE, dando así una misión renacentista a la nueva diplomacia de la Unión, que está diseñándose. En ese sentido, sería preciso, para empezar, una reunión ad hoc del Consejo Europeo. Y así se lo plantearemos al actual presidente del propio Consejo Europeo, al presidente de Hungría como presidente de turno del Consejo (de Ministros), a la Alta Responsable para la Política y la Seguridad Exterior, al presidente de la Comisión, y al presidente del Parlamento Europeo; mencionando, obviamente, que ésta es una aportación surgida en el marco de la URJC.

Claro es que cabe preguntarse si los europeos seremos capaces de impulsar la idea de una misión universal; como la que hace 61 años planteó Jean Monnet, con una previsión del más alto valor histórico y definitivamente europeísta para el mundo. Y creo, sinceramente que sí, que los europeos, sí podríamos: We, Europeans, we can do it; para decirlo a los cuatro vientos.

El resurgir europeísta no puede limitarse a pretender meramente la recuperación de las cifras productivas y de consumo de antes de la gran recesión que aún atravesamos. Como tampoco la relevancia de la UE va a recuperarse con una petulante presencia de la Unión en los escenarios, sin ofrecer nuevas ideas para auspiciar verdaderas soluciones a largo plazo, en la dirección de un mundo solidario regido por los más altos sentimientos humanos.

Seguro que son muchos los aspectos pendientes en un planteamiento así. Pero, sinceramente, creo que lo dicho ante un auditorio tan docto, es una selección de propósitos que podemos estar seguros apoyaría la inmensa mayoría de los 500 millones de ciudadanos europeos que somos.

Muchas gracias.

Nota: Con esta entrega, termina, obviamente mi discurso en la URJC del 28 de enero. Y además de presentar disculpas por la transcripción del referido texto —según me pidieron muchos lectores de Republica.es— me ofrezco a desarrollar algunos aspectos de mi presentación, así como a comentar los contenidos que fueron vertiéndose en tres jornadas en República.es. Como siempre, a disposición de los lectores en castecien@bitmailer.net

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