Las grandes tareas futuras de la Unión Europea

II. Placas tectónicas ChinUSA y mayor trascendencia de la UE

La pasada semana, iniciamos la publicación, en tres sucesivas entregas, del texto de mi intervención en la Universidad Rey Juan Carlos, el pasado 28 de enero, en aceptación de la investidura que se me hizo como Doctor Honoris Causa.

En esa primera entrega, nos referimos a tres cuestiones: el europeísmo integrador de Hoffman y el Método Monnet, la nostalgia como error, y la doble cuestión de las tensiones Este-Oeste y la brecha Norte-Sur.

Tras ese primer planteamiento, hoy, en la segunda entrega, empezaremos con el punto 4 del discurso; que versa sobre la configuración de las placas tectónicas del mundo, para seguir en los puntos 5 y 7 sobre la gran novedad del G-2 o ChinUSA, y las indecisiones de la UE en el retorno al método de la utopía razonable de Monnet.

4. La nueva configuración del orbe: las tres placas tectónicas

El mundo presenta hoy, por consiguiente, un nuevo paisaje, con una tricotomía de espacios que casi podríamos considerar como placas tectónicas; frente a los anteriores modelos de tensión Este-Oeste y brecha Norte-Sur.

El primero de esos espacios, lo configuramos los países europeos avanzados, en buena medida inmersos aún en el persistente trance de la dura crisis que se inició en 2007; como también se sitúan en esa misma placa, con sus propias características, América del Norte y Japón. Formando, todos, un conjunto caracterizable como de desarrollo en la madurez; de crecimiento más pausado… lo que inevitablemente lleva a ceder parte de los viejos protagonismos.

La segunda placa tectónica la integran los emergentes, y de manera sobresaliente los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que constituyen la novedad más brillante del desarrollo económico mundial de los últimos diez años; dependiendo de ellos más de la mitad del crecimiento económico planetario. Como también debe subrayarse que los BRICS han superado la crisis iniciada en 2007 con una rapidez que refuerza su propia identificación como grupo y líder en no pocas cuestiones.

La tercera placa la componen los países en vías de desarrollo (PVD), que mantienen una relación cada vez más estrecha con los BRICS; en lo que ya es un amplio y creciente comercio Sur-Sur, que tan claramente preconizó Raul Prebisch en la década de 1960 y que finalmente se ha hecho realidad; rompiendo con la idea de que la única tabla de salvación sería el célebre 0,7 del PNB, para atender la ayuda oficial al desarrollo (AOD).

Pero el nuevo motor de los PVD no es el 0,7 y la AOD. Desde el punto y hora en que son los BRICS los están generado fuerzas myrdalianas, tipo spread o irradiadoras, para impulsar el crecimiento de los PVD y sobre todo de África, Asía Meridional y zonas concretas de Iberoamérica. Cuyas cifras de PIB están experimentando, aumentos considerables, debido a la valorización de materias primas desde el cobre al coltán, de la potasa al litio, del mineral de hierro a las tierras raras, y de la soja a los cereales; incluyendo, obviamente, todas las energías primarias.

5. G-20, G-2… ChinUSA

Claro es que en una visión compleja del mundo actual, no todo se reduce a la citada tricotomía de las placas tectónicas. También han de apreciarse los grandes cambios que comporta, volis nolis, la aparición del G-2 (el deus ex machina del G-20), que forman EE.UU. y China. Y que podríamos llamar ChinUSA, por la más que evidente simbiosis de ambas superpotencias; a diferencia de lo que fue la animadversión EE.UU./URSS en otros tiempos, lo que supone la expectativa de que no tiene por qué haber una nueva tensión transpacífica. Un tema que requeriría una entera intervención ad hoc, y que plantea una posibilidad en la dirección de que si EE.UU. y China, no pudiendo ya detentar por separado una hegemonía indiscutida a escala mundial, ¿podrían ir juntas a la creación de una especie de bidirectorio universal, haciendo ChinUSA una realidad políticamente activa?

La respuesta parece nítida: no cabe considerar verosímil tal hipótesis. Sobre todo, porque la estructura política y económica del planeta ya no admitiría un imperio ni siquiera bicéfalo; ni tampoco triple con la UE. Aparte de las renuencias que surgieron dentro de esos dos o tres poderes, los rechazos del resto del mundo se harían evidentes.

Atrás quedaron los tiempos en que hubo un imperio español (siglo XVI y parte del XVII), o una grandeza como la de Francia con Luis XIV (XVII y comienzos del XVIII); o, sobre todo el siglo y medio largo de Pax Britannica desde la Guerra de los Siete Años hasta el ya mentado Siglo Americano (1898 / 2000).

Esas expresiones imperiales son históricamente irrepetibles, pues la democracia, con todas sus imperfecciones, se difunde más y más, llegando en nuestros días al área del Islam. Cabe decir, pues, que el mundo futuro no estará sometido a ninguna hegemonía, por antidemocrática, y por ello mismo, será una comunidad multipolar de acción compartida.

6. ¿Una UE poco trascendente? ¿Por qué?

Con esas expectativas no nos detendremos mucho tiempo para apreciar que la UE, como tantas veces se dice, ha perdido fuerza en el escenario internacional, con escasa iniciativa en las cuestiones internacionales primordiales. Eso ha sucedido a lo largo de las crisis políticas de Oriente Próximo, o en torno a las cuestiones de Corea del Norte e Irán; o incluso, lo vimos dolorosamente, dentro de la propia Europa en la antigua Yugoslavia en la década de 1990.

Así las cosas, se ve cómo la UE, no tiene ningún vigor universalista frente al triple escenario actual. En otras palabras, la UE no ha sabido o no ha podido plantear soluciones globales creíbles, y hay que preguntarse por qué ocurre tal cosa. Y no es tan difícil dar una respuesta: se han producido avances significativos, pero los Estados miembros de la UE no se emplean a fondo para poner fin a sus viejos sueños de grandeza y a sus egoísmos nacionales. Entre ellos siguen prevaleciendo los viejos y mediocres propósitos de extraer el máximo de beneficio para cada uno, y no con vistas al conjunto.

7. La utopía realizable de Monnet

Falta en Europa un sentido universalista, precisamente la idea motriz de este Discurso, queridos amigos: la UE debería pronunciarse y actuar de modo diferente a como lo ha hecho en los últimos tiempos. En la idea de asumir cometidos verdaderamente ejemplificadores de cara al resto del mundo, con visión que cabría calificar de utópica realizable.

Y es llegados a este punto cuando recordaré que en las Memorias de Jean Monnet hay un pasaje precisamente utópico realizable. Que surgió en Bonn, en 1950, cuando precisamente Monnet presentó al ya octogenario Adenauer el proyecto de la ya citada Declaración Schuman. Tras repasar su texto con toda atención, el Canciller dijo reflexivamente:

– Sr. Monnet, si estos propósitos prevalecen en el futuro, se acabarán para siempre las guerras entre Alemania y Francia…

– Sí señor —fue la respuesta de Monnet—, y también habremos forjado el primer eslabón del Gobierno Mundial.

Eso implicaba la célebre Declaración para Monnet: alentar un proceso integrador primero del área de los Seis, pero con la ambición de un alcance mucho mayor. Toda una filosofía universalizante, que de forma lamentable, fue difuminándose dentro de la CE/UE.

En definitiva, es la recuperación de esa visión utópica realizable de Monnet, la que podrá servir de base para definir las grandes acciones a desarrollar por la UE en el próximo futuro; según trataremos de exponer en la tercera entrega del discurso que hice el pasado 28 de enero en la universidad Rey Juan Carlos.

Como siempre, a disposición de los lectores de Republica.es en castecien@bitmailer.net.

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